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NUMERO 739 A B C JUEVES í 3 DE JUNIO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 3 MADRID. EN LA EXPOSICIÓN DE INDUSTRIAS MADRILEÑAS SS. MM. Y ALTA SERVIDUMBRE SALIENDO DEL EDIFICIO PRINCIPAL DE LA EXPOSICIÓN, DESPUÉS DEL ACTO INAUGURAL m: Fot. Garfa U L ARTE Y EL AUTOMO -YlL. POR JOSÉ RAMÓN v M É L l D A p. l automóvil ha- llegado á ser- símbolo de nuestra épo ca vertiginosa, audaz emblema de la nerviosidad: en que se- agitan nuestras sociedades. -Ija Sociedad equilibrada, sana y robüstá- que produjo el Parténón augusto y la Venus. de Müo soberana, no conoció el aguijón del vivir rápido; 110 padeció fa fiebre de la velocidad, características de nuestra época. Mas no por estotéma er le ctór, poseído- del legítimo orgullo, de pertenecer á una época en que el progreso ha conquistado aquel niedio de locomoción que á todos los inventados- excede errrapidezy en docilidad á la voluntad- individual, vayamos á -cometer el contrasentido dé reprocharle reprochándonos, haber nacido tan tarde. En medio de la satisfacción que sentimos de haber nacido en ésta época de adelanto, tenemos el: sentimiento de que no veremos el adelanto, aún mayor, de mañana, y fatigados de tanta agitación y hastiados del prosaísmo, que constituye, á pesar de todo, él fondo del cuadro que la humamidad de hoy Ofrece á nuestros ojos, también sentimos no haber jilcanzado el sereno ambiente y la quietud olím 1 pica de aquel ayer dorado y magnífico, risueña aurora de la vida- europea. Condición- humana es el descontento de la propia suerte. que tal vez se funda en un deseo legítimo y noble, el de lograr la perfección. Además, hoy existe otra causa que mantiene y alienta ese descontento, cuyo síntoma es ésa misma fiebre dé rapidez que las modernas sociedades padecen, y es que entre fórmulas viejas, por las cuales nos regimos aún, y nuevos inventos que empiezan á transformar las costumbres, vivimos una época de transición, de crisis, -de revolución y mudanza, que deseamos pase pronto, llevándonos á uüa consolidación de todo eso á que aspiramos y que constituir debe nuestro propio triunfo. Acaso el ansia de rapidez, de cierto convertida én. enfermedad, ha nacido de la misma facilidad y multiplicidad de medios de que hoy disfrutamos; Pero esa rapidez há hecho víctimas. El arquitecto á quien se confió el plan general, vastísimo y soberbio, de la Exposición Universal de Chicago, á quien se impuso brevísimo plazo para desarrollarlo, lo que consiguió gallardamente, poniendo en el empeño su juvenil energía, murió de resultas del esfuerzo. No es único en nuestros días este ejemplo de agotamiento. Y no tan sólo las vidas; el gusto, el arte mismo sucumbé en este vértigo del progreso material. Hace poco se ha celebrado en Madrid una Exposición de automóviles magnífica, la cual Ua puesto de manifiesto los variados y poderosos medios de locomoción rapidísima inventados y perfeccionados hasta el día, juntamente cpn los progresos que para conseguirlo ha logrado la industria, de cuya gloria corresponde, á España una- parte, de la cual: debemos enorgullecemos. El autor de estas líneas recorrióla Exposición, contempló los monstruos déla. velqcidad en ella presentados; al- púbHcp, admiró esa fase útil y práctica del moderno progreso, sintió ese legítimo orgullo nacional. Pero al cabo, de todo ello, preguntó con él pensamiento: ¿Y dónde está el; arte? Mucho podría decirse aquí, para hacer notar que ciertas manifestaciones, del progreso, como, por ejemplo, las, construccipnes. de hierro, sirviendo cual ningunas al aspecto utilitario de la vida, se desarrollan divorciadas, al parecer, del arte, ofreciéndose, a v e c e s como, su ¡negación y antítesis. Pero absurdo sería pensar en una oposición ó antítesis, de la utilidad y el arte. Si los, puentes colgantes de- hierro por donde los trenes como enjaulados cruzan los ríos, nos parecen absurdamente sustentados por cintas; si la torre- Eiffel é infinitos ¡soportes de su tipo, nos parecen antiestéticos, es tan sólo porque ese- nuevo elemento de construcción, que ha producido una revolución en, la arquitectura, pide para su peculiar embellecí- miento ún arte nuevo, nonnato todavía y que sólo podrá aparecer cuando pase la crisis social producida por tales adelantos. r El arte no tendría razón de ser, no respondería á una necesidad én el armónico concierto d é l o material y lo inmaterial, si no fuera el medio de expresión plástica y permanente de las ideas, qne. cpn ser eternas se nos muestran tan fugaces. El día que el arte encuentre nuevas formas que expresen la. ligereza y el, carácter aérep de las constracciones dé hierro, éstas tendrán fisonomía estética propia. De igual modo el automóvil necesita siquiera un accesorio plástico que exprese su rauda velocidad. I,o echamos de menos por lo mismo que á nuestros ojos el automóvil es un coche sin caballos; artefacto ilógico, semejante á un individuo sin piernas, que por virtud de u n mecanismo, falto de la apariencia de tales extremidades, las supliera. Todavía puede pasar, mientras llega el invento deseado, que ciertos automóviles lleven ante el coche el motor qué le arrastra. Juntamente con la necesidad satis- fecha, está la idea expresada con lógica, ya que no con arte. Pero los automóviles en que el motor va bajo la caja del coche, ésas cómodas berlinas que arrastran por Madrid á. señoras y niños, estéticamente consideradas son un contrasentido. Ante esos pescantes faltan los caballos, que para la mayor velocidad de lo que ellos permiten serían otro contrasentido. Nosotros colocaríamos ante el pescante, como remate ó solución decorativa y simbólica, u n avance, á manera de proa de nave, que. habría de representar cuando menos un, águila, si no un hipogrifo violento que simulara rasgar el aire con las alas abiertas. Aquí de los artistas, que campo tienen para inventar formas y símbolos adecuados. Mas quienes están obligados á estimular esta reforma del automóvil son los automovilistas, que por pertenecer en su mayoría á las m a s elevadas clases de la sociedad, dónde el buen gusto tiene su arraigo y el arte sus Mecenas, pueden procurar fácilmente el remedio. Ya que n- VJo intentaron en la pasada Exposición propómganselo pará la próxima: anuncien tm premio; al mejor automóvil artístico; y no teman de escribir juntos estos. dos vocablos que parecen antitéticos. No hace mucho nos. decía quien tiene motivos para apreciar el. mal; que en París s e a d vierte espantosa crisis en las industrias artísticas, por. ejemplo, en la joyería, desde que se ha desarrollado la pasión por los automóviles. Sé gasta él: dinero- en éstos y no en aquéllos productos d é l a industria. El gran arte se halla igualmente, olvidado. Entre nosotros el fenómeno es evidente. ¿Qué Exposición artística ha logrado el núínero y cuantía de las ventas que se ha visto én la Exposición de automóviles... I a gente ahora, nos decía hace muy pocos días u n sujeto, no quiere comprar cuadros; aunque estén baratos, ni los mira; ahora no se piensa m a s q u e en el automóvil. Y contestamos: 1,0 triste es que la generación de la bicicleta no ha querido leer á Cervantes, y la del automóvil no. mirará á Velázquéz; No hay tiempo de eso; el vértigo lo domina todo; él automóvil lo arrolla todo. No. es mucho pedir el embellecimiento del automóvil siquiera. TRIBUNA LIBRE población, cuantas arrobas de agua adicione aumentando el, volumen y. rebaj. andDla. Eureza y clase, más utilidadesle: repprta -iy 1 dá ¡áfit. el uso y ¡el abuso en perjuiícip; Qel f público, cojisumidor, y beneficio exclusivo y partictüar del expendedor. Í, f- LOS VINOS Y LOS ALCOHOLES l a situación decadente y ruinosa que atra viesa esta, clase de riqueza en España, tanto en los cultivadores de la vid como en las importantísimas industrias vinícolas productoras de la! primera materia Vino, y la no menos respetable fabricación de alcoholes vínicos, está pronto á desaparecer con los laudables proyectos d l excelentísimo señor ministro dé Hacienda, presentados á las Cortes del reino el día 6 del actual y leídos con entusiasta patriotismo por estadista tan conocedor de las necesidades de su. nación. I, a supresión del impuesto de Consumos del vino en las capitales de provincia, facilita la venta económica del artículo, favorece á las clases media y necesitada para su adquisición á precios módicos y de mejor calidad; evita la fabricación artificiosa y clandestina de vinos que en la actualidad se viene ejerciendo én perjuicio dé los consumidores, que aumenta poderosamente el consumo particular. Razones técnicas que están al alcance de imaginaciones avisadas prueban este irrebatible aserto, razonando que mientras el almacenista tenga- que satisfacer 2 pesetas 60 céntimos por una arroba de vino a l a entrada de la Que. esto es cierto lo oímos á diaripieri- las principales poblaciones adonde el impuestbies elevado y lá vigilancia: de ¡puertas. interviene con celo, las introducciones, En las innumerables reclamaciones de. Sindicatos vinícolas álosPodeies. ipúblicos. splipitando protección para; tan abaiidoiiada iriqueza, se ha argüido, que. elmalestar. de Jayitiyinicultura y la causa de. su continuada decadencia se deriva déla excesiva producción. y s auinento de plantío, teoría equivocada, pues p ra cien hectáreas, de viñedo aumentado, hay; más de 200 destruidas, y filoxéraijas; conviniendo opiniones autorizadas. en que. la única. íausa de este estado: ruinoso radica en; el, excesivo impuesto de Consumos sobre, el vinp, por la razón antes ¡mencionada, y en las ¡dificultades y trabas para la elaboración alcoholerai viéndose precisados, los viticultores. de muchas. -regiones á proporcionarse mercados parasus vinos y á precios rúinpspé, huyendo. de la. intervención fiscal de la vigente ley de- Alcphpíes. Pero suprimiendo el. primero: y modificada la segundarespecto á la tarifa; C, desaparece radicalmente, el malestar, despertando- envíos ámbitps productores el iecp, de- confianza que por más de. dos años permanece ahogado; bajo el terror de su mísera existencia. Más de seis millones die habitantes dé: viticultores, jornaleros de viñas, fabricantes, de alcohol vínico y cuantos en la agricultura vitícola descansan sus modestas riquezas, y medios de subsistencia, ansian anhelosamente reforjnas tan salvadoras, y, de convertirse en leyés los proyectos del excelentísimo señpr ministro de Hacienda, referentes á la supresión del impuesto de. Consumos sobre los. vinos de pasto, y la modificación de la tarifa C del impuesto de alcoholes, se salvará riqueza tan importante, cambiando el aspecto mísero del cultivador en horizonte de esperanzas halagüeñas que- permitan el reposo tranquilo á millares de españoles. Así lo reconocen viticultores de todas las regiones productoras, desde Levante 1 áíTorte y Mediodía, asilo estiman y aplauden clases modestas en esa riqueza interesadas; así lo entienden los señores diputados vitícolas, quetan brillantemente lucharon en épocas anteriores, guiados del espíritu del más: acendrado patriotismo; lo mismo esperábamos de otros dignísimos representantes én Cortes, para que, con su poderosa influencia, cooperen briosamente, á ayudar la acción salvadora de redención. iniciada por el señor ministro de Hacienda, sin reparos ni distingos por diferencias de hábito político ó de partido, porque al tratarse de la salvación de una riqueza nacional, que á todos afecta, debe procurarse el remedio antes de la definitiva decadencia.