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NUMERO 7 33 ABC VIERNES 7 DE JUNIO DE 1007. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 6 bastón. En muchos de estos detalles puede estudiarse, como eii un libro abierto, él ea- í rácter de. una persona. Así que para evitar malas, interpretaciones, lo mejor es qué salgáis á- la calle siir bastón. C e hahablado muclio estos días en Berlín de un escándalo que ha tenido su ori ¿gen etí una aventura espiritista. ünaseñora de avanzada edad creía que la casa en que habitaba se veía muy frecuentada por los espíritus; que á diario turbaban su. reposo. La p obreseñpra denunció 16. ocurrido á la policía, la que después de minuciosas investigaciones pudo descubrir que el au ¿tor de la broma espii ritista no era otro que la propia hija de la de nunciante. Lapolicía intentó proceder contra la muchacha, pero advertida la madre, ofreció cien marcos para que la cosa nd siguiera adelante. Los policías entonces exigieron una suma mayor, y la pobre eieja acabó por entrega! 40.000 marcos para que no molestasen más i su hija. La cosa, sin emoargo, llegó á conocimiento de las autoridades, que han arrestado á los policías, y condenado á la vieja á 10 marcos dé multa. La hija, que ya hace tiempo demostraba una perturbación mental, ha sido recluida en tiu manicomio. Y así ha terminado la aventura de los espíritus. -XXX. MAPA I- tace unos días, euando ¿lemenceau llegó á su despacho dé la Presidencia, previno al portero para que si cierta persona preguntaba por él, la dejase pasar inmediatamente. Ef éctivamente, á eso de las once, un caballero fue introducido con una solicitud y atención extraordinarias en el salón cito de Gleinenceau, con gran asombro de algunos senadores y diputados que esperaban en la antecámara. ¿Era un embajador ó un delegado de la Confederación del Trabajo? Nadie lo sabía. A través de la puerta cerrada llegaron á oídos de los curiosos algunas interesantes palabras. Es chino, y yo quiero que sea chino- -exclamaba Clemenceau. -Ysin embargo- -decíale su interlocutor, -yo creo que un indiano... -No quiero ningún indiano- -repetía el presidente; -será chino ó no haremos nada. ¿Qué significación tenía este diálogo? ¿Se discutía en el despacho del Presidente ha vasta concesión mundial? NOj la cosa era mucho más sencilla. És sabido quel. Clemenceau es autor de una comedia en un acto, curiosísima y muy filosófica; titulada El velo di la felicidad. El empresario que ha conseguido el permiso para representarlaen Italia, Re Riccardi, tiene ya escriturado á Novelli para crear el protagonista; pero Novelli no quiere que el personaje sea chino, cotiic aparece en el original, y pretendía transforma río en un indiano. Esta es la importante cuestión que motivó la visita de Re Riccardi á Clemenceau, que valerosamente ha resistido al deseo de Novelli, He ahí un acto de energía bueno y saludable. p l bastón, según manifiesta la Ledme ou; idus, es uno de los expresivos indicios para conocer el carácter de una persona. Allaríus, el maestro de baile del hijo de Na. jpoleón IIÍ, decía que sólo en la manera de llevar él bástóii se podía distinguir la ímpoitancia del personaje, 1 Lo mismo piensa el actor Le Bargy, que cui dajauy espeeialmeute el modo de manejar el bastón; ora cuando le hace oscilar con la íegu... laridad de, un péndulo, j a trazando en el aire inoiinetes rápidos, se podría descubrir toda una psicologáadflteresante. El hombre que no se preocupa para nada de la elegancia, lo tiene en una sola mano, junto ón el periódico que lee. El hombre que se da importancia, lo lleva muy á la vista, haciéndole sonar sobre el pavimento con frecuencia. Del que camina cerca de vosotros, dándose MADRID. UN TORERO MILLONARIO golpes de bastón en la espalda, huid, es un VICENTE SEGURA, EN LA MUERTE DE SU PRIMER TORO. saltado. No deis tm céntimo por la inteligencia de EL DIESTRO ENTRE BARRERAS MOMENTOS 1 ANTES DE TOMAR LA ALTERNATIVA Fots. Goñi é Irigoyen. aquel que se complace eu chupar el puño del J N CONSEJO DE MJN 1 SW T R O S EN PARÍS POS TELÉGRAFO PARÍS, 6, 9 M, piñal de la huelga marítima. Los ministros se han reunido esta mañana en Consejo. Mr. Thomson dio á conocer á sus colegas que la huelga de los inscriptos marítimos estaba tei minada en Marsella y el Havre. I a Conferencia de Paz. Luego los ministros, estudiaron Jas i s! tiones que serán sometidas á la Conferencia de La Haya, y acordaron las instruceiotiés que han de darse á los delegados de Francia. Mr. Pichón ha indicado el sentido de las declaraciones que hará ínsmana en la Camarade diputados en contestación á la interpelación de Mr. de Pressense referente á este particular. También los ministros acordaron nombrar como adjunto á los delegados á Mr. Marcelitt Pellet, ministro de Francia en La Haya. Las elecciones para los Conseils genéraux (Diputaciones provinciales) se celebrarán el 31 de Julio próximo. TAe elecciones. lJ BIBLIOTECA DE A B C 178 LAS DOS BARONESAS 179 Jorge dio el rifle y la carabina Iyéonida se echó el arma al hornero, apuntó é hizo fuego. La bala tocó en la placa, pero con una desviación de cerca de 50 centP 1 metros. -Sería adversario muy poco temible en un duelo- -dijo riéndose. Max, tirando con una mano sola, metió su bala á cuatro centímetros, á le Sumo, del punto central. Jorge, decididamente muy fuerte, hizo blanco tres yeces seguidas, cubriendo sus tiros. Mi Augay también quiso tirar, pero su inexperiencia era completa y la casuálidádile sirvió mal; sus balas no dieron en la placa Én una palabra, todos hicieron hablar á la pólvora, hasta que la campana del chalet anunció la comida. Sentáronse á la mesa. El notario debía marcharse alas ocho. Max trató en vano de detenerle. El deberprofesional hacía necesaria su vuelta á París, y á la hora indicada- subía al carruaje que debía conducirlo á la estación. El cielo se había puesto muy obscuro. Ráfagas incesantes, precursoras de violento huracán, torcían las copas de los árboles. y pasaban silbando lúgubremente por entre las ramas- La temperatura, bastante alta durante todo el día, había bajado algunos grados. -Realmente tengo frío- -murmuro 1 Max al entrar, después de haber acompañado á Mr. Auguy hasta la escalinata. -Ya ha llovido en alguna parte y las cataratas del cielo se precipitarán esta noche sobre Chantilly... Mi pobre doctor se mojará hasta los huesos... Mucho echo de menos á mi buen Luciano d Harblay... ¿Pero no te encuentras mal? -preguntó la baronesa viuda. -No, aunque con mucho frío y molestado. -Es menester que te vayas á descansar, hijo querido... El doctor te lo mandaría si estuviese aquí. -y voy á hacerlo como sí él p e lo mandase... Me siento angustiado, estoy inquieto sin saber por qué... Lebnida, amiga mía, ¿queréis acompañarme hasta mi cuarto? -Con muchísimo gusto. Max besó á su madre, díó la mano á Mr. de Nerville. y salió, apoyándose en el brazo de la joven baronesa. ¿Sé habrá enamorado verdaderamente de su mujer? -preguntó la viuda á su sobrino cuando se encontró sola con él. -Cualquiera lo diría, tía. v. -Y bien. Tanto mejor después de todo... Leonida se ha portado bien con nosotros, y si Max se decide á hacerla feliz, tendrá razón. ¿No eres de mi opinión? -Sí, tía- -respondió Jorge con tono vagamente burlón. -Buenas noches, sobrino. -Buenas noches, tía. peetivos, mientras que Leonida veía acostarse á Max, á quien agitaban ios escalofríos precursores de la fiebre. En cuanto subió á s u cuarto, Jorge encendió la lámpara, pasó á su cuarto de vestir, se desnudó rápidamente y se puso el traje de caza que le hemos visto preparar antes de la comida, abrochó las polainas sobre los zapatos, ató el pa fiuelo de seda alrededor de su cuello, se metió bien en la cabeza el somf brero de fieltro flexible, y volvió á su cuarto. Allí colocó la lámpara en la mesa de noche, á la cabecera de su cama, bajó la mecha para disminuir la claridad, y colgó de uno de sus ojales sú cadena del reloj, de la cual pendían algunos dijes ds cierto valor artístico. La esfera del reloj, indicaba las ocho y media. Mr. de Nerville casi desconocido por su cambio de traje, puso una llave en su bolsilo y se dirigió hacia la puerta que conducía al pasillo que le hemos visto seguir la víspera, cuando llevaba al notario al cuarto de Leonida de Tréves. -Siguió este pasillo, bajó una escalera de servicio y abrió una puertecita que daba al parque. Apenas estuvo fuera, cuando tuvo que llevarse rápidamente la mano á la cabeza para sostener el sombrero, que una ráfaga amenazaba llevarse. Lo sostuvo, metiéndoselo casi hasta los ojos. La borrasca continuaba con fuerza, entrechocando los árboles, rompiendo ramas, sacudiendo las chimeneas del chalet, haciendo crujir las ventanas mal seguras de las casas de Lamorlaye. El cielo estaba negro como la tinta. Sin embargo, no caía ni una gota de lluvia. La atmósfera se enfriaba cada vez más. ¡Inútil es disimular el ruido de los pasos! -murmuró Jorge. ¡Con semejante aquelarre no se oiría á Dios tronai! Atravesó el parque, se dirigió al pabellón del tiro, entró y encendió una ce- nlla, cogió el rifle que se puso á la bandolera, cogió varios cartuchos que dejó caer en uno. de los bolsillos de su pantalón, salió y llegó á la puerta que conocen nuestros lectores, que desde el parque conduce al medio del bosque. Abrió la puerta con la llave de que se había provisto, la volvió á cerrar y se encontró en el bosque. Jorge, como Luciano, d Harblay y como los guardas, conocía todas las alamedas, todos los caminos, todos los senderos y todos los atajos del bosque. Sin un segundo de duda, á pesar de las espesas tinieblas, caminó con paso rápido, y bien pronto se encontró á la orilla del camiao de Chantilly, camino que había que atravesar para llegar á los estanques y al bosque de Cotnine- fies, término de su viaje nocturno. Desnués. la baronesa v su sobrino se separaron para irse á sus cuartos res- Agachándose por la espesura, como un cazador á la espera, inmóvil y el oído alerta, al borde del foso, esperó algunos instantes para asegurarse de que ningún amanante, ningún carruaje seguían el camino, y que no podría tener encuentro alguno que le comprometiese. Soledad absoluta. Ningún ruido más que el del viento. Mr. de Nerville, ya tranquilo, se enderezó y saltó el fosó. En algunos minutos se puso en la pradera rodeada de álamos ue se extiende desde el camino al viaducto-