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NUMERO 730 A B C. MARTES 4 DE JUNIO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 3 civilizados, que por una simple cuestión de etiqueta han suprimido la ostentación de las armas y no pueden empuñar un fusil mientras se pasean por las calles, pero que esconden el revólver en el bolsillo y vigilan al prójimo cautelosamente... Imaginaos quelos hombres, los más civilizados de los hombres, andan todos por el mundo con el arma siempre alerta- las calles de las grandes poblaciones son na hormiguero de bombas pequeñas que pueden estallar de uno á otro mo mento: bastará un pisotón, un agravio cualquiera, para que la oculta y pequeña bomba estalle, y caiga muerto un indiduo... El hombre que viste levita ó chaqueta, que lee la prensa diaria y que saluda atenta y urbanamente, ese hombre se figura: que vive lejos del hombre de los bosques, lejos, muy lejos, y que nada le une á él; pensará que su levita, su. diario rotativo y sus zapatos ingleses le apartan del salvaje definitiva, absolutamente; pero quitadle la levita, el periódico y los zapatos ingleses, desnudadle de su vestido civilizado, y aparecerá el revólver, el lazo de unión entre el hombre de los- bosques y el hombre de las calles asfaltadas. El revólver no se diferencia del hacha de pedernal, sino en que es más mortífero, más cobarde... Perojá las buenas gentes de Eibar les tienen sin cuidado todas estas elucubraciones sentimentales ó filosóficas. Ahora mismo me detengo á mirar al fondo de un taller, donde los obreros están trabajando asiduamente, sin la menor tortura moral, sin ningún malestar en la conciencia. Uno de los obreros sale á un corredor acristalado á ver pasar el tren y á ver el sol; está canturreando, y trabaja mientras canturrea, y su trabajo consiste en probar el juego del tamborcillo de un revólver. Con el dedo mueve el gatillo, le da vueltas al tambor, dispara, vuelve á disparar. levanta la mano y apunta: ¡pim, pjm. J sale una bala ideal y otra vez dispara: ¡pim. pim... No sale, claro es, ninguna bala. El revólver brilla al sol, reluce como si fuese de plata, semeja un juguétillo inocente. Y el obrero lo maneja también como á un bonito instrumento dé juego. ¡Pim, pim... Se figura el bueno del operario que aquéllo ca. rece de toda malicia. Pero un gorrión, que venía á comerse una miga de pan en el cómodo refugio de un árbol, oye el golpe del gatillo, mira el revólver y arranca á volar, dejando en la huida su pedazo de pan en el suelo... El gorrión ha comprendido el valor de ese juguete bonito que reluce al sol de primavera; el gorrión sabe que la muerte se esconde en ese juguete de los hombres; sabe muy bien el gorrión que los hombres son unos seres terribles que no descansan jamás, que ponen su inteligencia al servicio de su ambición dominadora, qué cambian las hachas de pedernal por las escopetas para matar más certeramente. ¡El gorrión sabe ya qué clase de ñera es el hombre! A B C EN LAS FABRICAS, PQR J. M. a SALAVERRIA PISTOLAS Y ESCOPETAS Siempre que -i- -vengo aEibar se me encoge el corazón dentro del pecho. Porque él revólver es uno de los instrumentos de guerra que más horror me producen; la pólvora es la invención humana que más detesto; la ciega é invisible bala me hace estremecer con el temblor y la repugnancia que nos sugiere la víbora. Eibar está lleno de revólvers, pistolas escopetas; Eibar es la patria de la pólvora, de la muerte; cada, vez que vengo á Eibar se me achica el corazón. Por otra parte, Eibar aparece á la mirada del viajero como una población fosca en donde no habrá medio de encontrar ni alegría, ni reposo, ni caras amables. Aquellas montañas que rodean al pueblo ¡son tan altas, tan obscuras! aquellos bosques, barrancos y pedruscos ¡empañan de un modo tan austero el ambiente de la villa, entonan tan sombríamente el reducido valle... t a s casas han tenido que aglomerarse en una especie de hoya, una junto á otra, y apelotonadas entre el río y las montañas; los talleres han ocupado la mayor parte del pueblo; al río lo han ahogado, lo han puesto turbio, y no ha quedado un espacio libre para plantar árboles ni flores; Además, el ruido de las correas, de las máquinas, de las bocinas... Eibar aparece, en fin, ante los ojos del viajero como una población sombría cuya misión de fabricar pistolas ahuyenta cualquier otra idea benigna y regocijada. Pero apenas ha penetrado en Eibar, el viajero pierde todo temor y ve con asombro que entre el aspecto superficial y la entraña del pueblo no había relación alguna. I a gente, que se pasa la vida construyendo armas, carece de toda preocupación siniestra; viendo reir y cantar á estos pacíficos hombres, se creería que su oficio es un oficio íníantil como el de la construcción de juguetesíStis manos están ejercitándose diariamente en suavizar cañones de escopetas ó en encajar los tatnborcillos de los revólvers; de sus manos salen todos los días cientos de armas que han de servir para matar; las traiciones, los asesinatos, el tiro por la espalda, la mujer muerta, el caminante muerto, todos esos actos nefandos tienen su origen en las indiferentes manos- de estos obreros, y estos obreros que, al igual de Júpiter, proveen de rayos á la Fatalidad, son las gentes más animadas, dispendiosas y alegres de toda la provincia de Guipúzcoa. Como hay trabajo para todos, y como las ganancias son muy grandes, las gentes de Eibar sólo sienten una preocupación: la de divertirse. ¿Cómo pasar el rato de otro modo en un valle angosto, entre negras y altas montañas? ¿Cómo ahuyentar las ideas de muerte entre escopetas y revólvers? Han dispuesto, pues, la vida en una forma agradable y epicúrea, rodeada de barriles de cerveza, de cubas de sidra, de botellas de buen vino riojano; una vida de bien comer, de merendar los domingos, de cenar por la noche opíparamente y de cantar luego á coro bellos cantos del país unas veces, y otras veces algún retazo achulapado de las últimas zarzuelillas. I a gente de Eibar inunda el mundo de revólvers, y ella se inunda de regocijo... La misma forma que adquiere aquí la fabricación de armas favorece al bienestar y agrado de los habitantes. En Eibar no hay apenas fábricas; los veinte talleres de armas que existen no merecen siquiera el nombre de fábricas. Por el contrario, la fabricación se realiza por el sistema del destajo. Un obrero tiene en su casa su taller, trabaja él, trabajan sus hijos, y entregan sencillamente la tarea familiar á los jefes de los talleres. Ni tienen tampoco que apurarse los obreros por la perfección de la obra total: un obrero se dedica toda su vida á hacer culatas; otro, cañones; otro, tamborcillos, y así, trabajando libre é individualmente, las gentes de Eibar viven la vida más agradable que pudo soñar un operario. Y de esta manera tan sencilla se fabrican los cientos, los miles, los millones de armas. En ib se construyen próximamente 70.000 es- Vi EL MATADOR PE TOROS JOSÉ CLAROS, P E P E T E J ÚLTIMO RETRATO HECHO EN LA TARDE DEL DOMINGO ANTES DE- COMENZAR LA CORRIDA EN QUE FUE COGIDO POR EL SEXTO TORO Fot. Mínguez. copetas por año, p 30.000 pistolas, 2 x 00 tercerolas y carabinas, 150.00 revólvers... Imaginad... Imaginaos una cantidad tan monstruosa de armas, saliendo todos los años de este pueblecilio para los cuatro extremos de la tierra. lias armas s a l e n encajonadas honestamente, lo mismo que si fueran maquinillas de tostar café: llegan á las ciudades y á las aldeas, las ven los hombres, las compran... Imaginaos la emoción con. que. empuñará una carabina aquel aterazado berberisco que sueña la muerte de los infieles, la guerra sania y el exterminio de la humanidad impía; imaginaos al habitante de los Balkanes, que linda con la barbarie y no concluye nunca de familiarizarse con la civilización; aquellos yalientes hombres de corazón primitivo, llenos de odios tradicionales. Imaginaos, últimamente, á los hombres p s general el malestar de los mercados, asi en Europa como en América, y la Prensa inglesa, deseosa de informar á sus lectores sobre las causas de ese malestar, celebra estos días interviús con personalidades financieras del Reino Unido. He aquí lo que ha manifestado á un redactor del Daily Telegraph un banquero muy conocido de la City: Prescindiendo d é circunstancias momentáneas, es evidente- que el malestar presente tiene su origen en las tendencias socialistas que se manifiestan en las legislaciones de los principales pueblos. Vemos, por ejemplo, que en América el presidente Roosevelt está, en lucha con los truts y con las Compañías de ferrocarriles. En resumidas cuentas, tiene miedo, retrocede; sus futuros discursos serán, 5 ro al menos lo supongo, más conservadores. En Inglaterra, la desconfianza que inspira el Ministerio radical al mundo de los negocios, lo paraliza todo. EL MALESTAR r ECONÓMICO a DESPUÉS DE LA COGIDA EL PÚBLICO AGOLPÁNDOSE Á LA PUERTA DE LA ENFERMERÍA DE LA PLAZA DÉ TOROS TRASLADO DE PEPETE DESDE LA PLAZA A SU DOMICILIO EN UNA CAMILLA, PARA. CONOCER EL ESTADO DEL TORERO HERIDO ESCOLTADO POR MUCHOS DE SUS AMIGOS Fots. Irigoyen