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NUMERO 729 A B C -L U N E S 3 D E JLINIO DE 1907. O C H O PAGINAS. E D I C I Ó N P A G I N A 6. J f -w Í i -v. J LA 1 SLA. DE C O R T E G A D A PAISAJE DEL FUTURO REAL S 1 TJO Í) É LA RÍA DE AROSA Fot. F. Gómez. A TRAVÉS SE YES POR LA NOCHE No hay di- cha com- gría, s 9. tisfaccÍQii, ¿no es una- felicidad? Y- siñ embargo, un Rey: como Haakon no puede realizar un pequeño. capricho nocturno. El lunes pasado, Haalson VII, rey. de Noruega, h, ábía. regresado, antes dé ías doce, de la comida dada en su honor en el Elíseo. Claro él cielo, frescala. nbche, sintió el deseo dé respirar al aire libre. -Poco después dé mé Allí fúérUn soldado de. íá Guardia republi: dia noche, de chaqueta, con un canotier dé paja. caria quien: le salió al paso, y. la escena anteblanca, aban. donó, sus. liabit; a! 2i ómes, y: evitando iorvyplwió á retraducirse. Iá: escaler- a principal, déEde -aú sé éiií; pnlra iSisgiis tád a %0 inepv; ipso, él- Monai- ca jbri- -1 ban chambelanes, delegados- del. Aprotócoíó -y isiónéro yólvfóá susháis itaciónes. ujieres, entro eri un larg q corredor que le lleAldía- siguiente, -por la mañana, divúlgase vó á; u ia escalera que da, un patio interior su aventura. Él. capitán Debeugriy, comándan del. ministerio. -Derepénte, Un agentédepolicíá ¡te militar del palacio; i; déspués de- consultar á viene á su encu eritró y- K dice: 1 susjefési se; preSenta, al Rey, y le entrega, bajo -No se pasa. r- sobre, -la contraseña els santo, yseñaípara cir- cular por la casa y una autorización para salir -No se pasa; esa es la orden. -Si desea usted i d e e l l a salir, acuda al comandante militar- del palacio. El Rey sonríef da las gracias y- hace un ade -El Rey no insiste; varía de nimbo y átraviex mán que párefcía significar: sa las oiiciñas. MENSAJE SANTIAGO D E CHILE, I, I O Al. Yá es a l g o t a r d e! pl- Mensaje leído á las Cámaras por el prest dente Montt declara que el Gobierno chi. ¡leño fundará su pólittca exterior sobre la ba i se de 1 cordialidad, y renueva, 1 sincera gratila tud del Gobierno y déi pueblo entero hacia to das las naciones que les han dado tari elocuentes pruebás: de simpatía, con motivo déla tefrfc ble catástrofe de Agosto del año pasado. -Al recordar esta triste fecha hace constar BIBLIOTECA DEJV- B C 1 11 170 LAS DOS BARONESAS r 171 r t 1 y 1 t i 1 1 rNo: nos haremos esperar. I uciáno encontró á Max perfectamente repuesto, tranquilo, sonriendo, sincalentura y disporiiéádose á vestirse, ayudado por su criado. teoriida háb íavuelto á ocupársu puesto en el banco rústico. En el momento énque daban las tres, un. carruaje se detevo- delaiite. de la verja, y e l notario Emilio Auguy echó pie á tierra. Mad. dé íréves se dirigió a esperarle rápidamente. ¡Exacto, mi antiguo amigo! -exclamó alargándole la, mano- -Como un, notarió- -respondió él riendo. ¿Estátodb corriente? -Todo. i 1 Tomatído elbrazo dé; Mr. Auguy, le mzo; atravesar el patio y subir los peldaños de la escalinata. Aloir el ruido de un carruaje, la baronesa viuda se había acercado á una ventana. i, 1 íl J T -Ya veis, señora- -dijo con emoción, -que os he obedecido, JCeóriida se adelantó algunos pasos hacia él. -Va veis, señora- -dijo con emoción, -que os he obedecido. -Os lo agradezco, doctor- -replicó lafoven con voz temblorosa. ¡Subís al cuarto de Mr. de Tréves? j- v. -Sí, señora. ¿Tendréis la bondad de venir con él al salóia cuando os haga pasar recado? Vio al notario, le reconoció y frunció el. entrecejo. ¿Quévi erie á 1 hacer aquí este personaje? -se preguntón- -El es quien tuvo la: culpa de que- triunfara la obstinación odiosa de Madl Desfontaiaes, y que hubiese prevalecido su opinión en: el contrato de su hija. Este es pájaro de mal agüero, ¿acaso tiene papel en la sorpresa que nos promete I, eonida? Después de esté corto monólogo, la vieja se instaló en una butaca y cogió ún periódico paira darse airé de hacer algo. Casi al mismo tiempo, la joven atravesaba el umbral de la puerta con monsieur Auguy. Este. se aproximó á Mad. Germana, y en cambio de su profunda cortesía, no recibió sino una simple inclinación de cabeza, seca, superficial, casi des- cortés, acompañada de una mirada llena- de rencor y desdén. En honor déla verdad, él no demostró que le importara gran cosa I eonida tocó un timbre, y dijo al criado que se presentó: -Id á decir alseñór barón que le ruego venga á reunirse conmigo. En se- guida avisaréis á Mr. dé Nerville que le espero aquí. -Esta bien, señora. Max acababa de vestirse cuando el criado cumplió su cometido. -Leonida me llama- -dijo alegremente á Mr. d Harblay. -Es buen agüero para un marido que se ha enamorado de su mujer. Bajemos pronto... Dos minutos más tarde entraba en el salón con el doctor, al mismo tiempo que Jorge de Nerviile, algo más pálido que de costumbre, el cual saludó á Mr. Auguy como si apenas le cphosiese y no le hubiera visto el día antes. A la vista del notario todo el cuerpo de Max se estremeció. Un pensamiento absurdo, pero no por eso menos terrible, atravesó por su cabeza. Se acordaba délo que había oído la noche anterior, se preguntó si el notario no vendría al chalet como procurador, como representante de I eohida. I a palabra separación vino á sus labios lívidos; mortal sensación defirióse apoderó de todo su ser. Esta primera impresión, sin embargo, tan dolorosa- y tan poco fundada, no duró más que un instante.