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NUMERO 728 A B C. DOMINGO DE JUNIO DE 1907. OCHO PAGINAS: EDICIÓN; 1. PAGINA MADRID. DEL ATENTADO DE LA CALLE MAYOR f I; 4 1 t 4 f 1 1. -t FIGURAS DEL PROCESO DOLORES. VILLAFRANCA, LA AMIGA DE MORRAL, ENTRANDO EN LA CÁRCEL MODELO PARA VISITARA FERRER í Fot. E. Blanco. RECUERDO A LAS VICTIMAS PROYECTO DEL MONUMENTO CONMEMORATIVO Fot. Walter. A CALLE DE He aquí la Cenicienta de la villa. Es la calle me SERRANO jor, la más linda. Es también la más desgraciada. Es de las vías públicas la más europea. Si se la compsa 3 ía: i. ppx. -ejemplo, con el bulevar: de Saint- Germ inV de; -París, v; no. sale perdiendo ñinguna i dos rcaíles en Id. comparación. Larga muy lái ga; recta, muy recta; ancha, moderna, dotada: de: arbjDládQ; aí) u: iidante, poco la falta para ser una dé las priniérás. si no la primera de las calles de Madrid: Ese poco que leiálta; es el celo de, un- Ayuntamiento justo, laratención de un alcalde que no tenga los ojosá componer. Hace dos años hicieron la caridad de darla unas aceras de cemento unos mecheros para gas incandescente y una docena de bancos de pintado pino y hierro. De alumbrado eléctrico está desheredada. Otras calles, ni tan bellas ni tan principales, MADR 1 LENER 1 AS como la de Alfonso XII ó la dé la Princesa, tan aquel- paso se halla interceptado por el tranvía y se las quita al siguiente, como ha ocurrido distantes del centre como ella y menos habi- colorado. Es decir, que en vezdeser el tranvía ahora, y los vecinos de esa calle y de las que tadas, tienen un arcó. voltaico en- cada- poste elqüe dé paso al público, es el público el que la circundan han de viajar asándose y doliéndel tranvía. La Cenicienta, la: de Serrano, no tiene que- desviarse. dose de tanta crueldad. No protesten otras cacuenta con otra luz que la dantesca de esos A la mortificación material sigue muchas ve- lles madrileñas que tampoco tienen jardineras. mecheros de resplandores macabros. ces otra moral, que clama al cielo, porque cla- No se las dan porque nó pueden dárselas, porPara qué la mortificación corporal haga alas mar álas autoridades es inútil. Los tranvías que las entrevias no se lo permite pero esa gentes que la frecuentan renegar de ella, él mencionados hacen- alto. Ya hemos- dicho que calle de Serrano con su doble vía, con sus aml Ayuntamiento ha ideado no dotarla de un mí- por allí ni en los alrededores hay un retrete plias entrevias, con su crecidísimo yecindariti; sero urinario. Y ¿cuenta que rsu; g tensión; se para señali. -Los empleados de aqttel servicio, puede tenerlas, las merece, y la Compañía: G- eV 1 mide por cientos demetros; y. y qíte son- taa- ínortSTéS COülo los demásj con tor íieralj. tan espléndida dé. servicios, tan celosa ¡Ah! pero, en cambio los Vecinos, de la parte; dos los urgentes apremios de los demás, apro- de su deber, tan amable con Madrid, no se las alta, declarados, sin duda por las autoridades vechan la parada en pleno cruce de las calles da á esa calle europea á esa pobre Cenicienta, hijos reprobos de Dios, están sometidos, á otras de, Serrado- y de Lista para evacuar algún a ne- por contagio del desdén que hacia ella sienten mortificaciones- no menos, dolorosas. Las tran- cesidad, y allí, al pairo de un tranvía, pegados las paternales autoridades. vías cangrejos hacen su parada reglamentaria áél como para besarle, la eVacuan. Los tran- Si desde la plaza de la Independencia á la calle del General- Oráa- -iy cuidado que hay caen la esquina de la calle de Lista, precisamen- seúntes, ¡señor alcalde maypr! han de volver la te en el centro de e s t a y en el de. la línea de cabeza; las vecinas de aquellos sitios no han minata! -ven ustedes una pareja de Ordeu pú blico ó de la Guardia municipal á cualquier prolongación de la acera de los números pares de asomarse á los balcones. de la callé Cenicienta. ¡Pobre Cenicienta! El otro tranvía, el qué re- hora del día ó de la noche, afirmen ustedes que De modo que la gente que sigue su camino corretodala. calle poniendo en comunicación lian asistido á la más grande de las casualidarecto de la acera, ha de echarse, al llegar á el barrio más populoso de Madrid con eL cen- des de este mundo. Y digan lo mismo si, en Lista, al medio de la calle de Serrano, porque tro, no le pone jardineras, ó se las pone dos días cambio, no encuentran un centenar ó dos dé BIBLIOTECA DE A B O 166 LAS DOS BARONESAS +167 Y Mas, cuyo sistema nervioso estaba sobrexcitado, rompió en. sollozos. ¡Éso no sucederá! -dijo Luciano, cuya fuerza moral se aumentó con el deber prof esional. Si una instancia de ese género se entablara, contra vos, lo que Dios no quiera, tomaría vuestra defensa en la información médica, y me siento capaz de convencer á Mad. de Tréyes y al tribunal. ¿Haríais eso? -exclamó Max cogiendo las manos al doctor y estrechándoselas. -Lo haría. ¡Ah! sois el mejor de los hombres y de los amigos... Jorge de Nerville, en el qtiiosco, pensaba: ¡Este diablo de doctor es más molesto de lo, que se podría decir... ¡Si alguien ó algo me desembarazase de él, sería ui; a verdadera suerte... Mr. de greyes había obligado á Luciano á que se sentase ásulado. -Todavía una palabra- -dijo. -Me devolvéis la esperanza, pero no disipáis mis dudas. Continuemos razonando en el sentido déla hipótesis inadmisible de antes. -Si os empeñáis, no tengo inconveniente- -replicó el joven médico con re. ¡signaeión. XXX VI TÜIonsieur de Tréves sacó su Agenda de bolsillo, l a abrió, cogió l a noja d é p a p e! d e cartas en q u e había escrito algunos renglones antes d é salir, y se l a presentó á Luciano, diciéndole: -No, no sería u n asesinato... L o h e previsto todo; leed este escrito y guar: dadlo. -Cuando noseha. Kecho más que, contener el mal, ¿cuál es; el período más Ikrgo qué puede pasar antes de la última crisis? ün año. r- ¡Y bien! De vos depende el tranquilizarme, completamente, querido doctor. ¿De qué manera? ¿Queréis consentir en no separaros de mí en u n año? ¿q é? P ¡E s- i m p o s i b l e! y -Tengo madre. -Vuestra madre vendrá con vos á vivir en el chalet; es cosa convenida. Luciano se estremeció á la idea de lo que tendría que sufrir encontrándose día y noche, durante un año, bajo al mismo techo dé la mujer qué áinába. -Pero... -balbució. ¡Mis deberes, mi clientela! -Tendríais diariamente un carruaje á vuestra disposición para visitar vuestros enfermos. Yo los visitaría con vos. Me habéis dicho qué casi todos son pobres... Yo añadiría á vuestros cuidados, socorros pecuniarios que adelantarían muchas convalecencias. Os debería la vida, la tranquilidad, la dicha. JEstamos conformes? ¿Consentís? -No puedo sin consultarlo con nu madre. -Pues consultadlo pronto. -Os responderé pronto, y desde ah. ora os prometo que sí la cosa no puede nacerse conio deseáis, no por eso seré menos asiduo á vuestro lado, viniendo dos veces al día á visitaros. ¿Dispuesto á reconocer los síntomas dcl. mal agüero? -No se presentarán. V. ¿Y á meterme una bala de revólver en la cabeza si se presentase? -continuó Max Luciano d Harbláy se levantó de unsalto y retrocedió pálido y asustado. Meteros una. bala de revólver en la cabeza! -repitió con horror. ¡Eso sería u: i asesinato... El joven doctor desdobló el papel con mano temblorosa, pasó sobre él la vista y se puso muy. pálido. En el quiosco, Jorge de Nerville se había incorporado y se inclinaba á la centana para tratar de ver. ¿Que papel es: ese? -se preguntaba. ¡No! ¡no! No aceptaré eso nunca- -exclamó Mr. d Harblay volviendo á d a blar el papel. Max. replicó fríamente: -Soismuy dueño, pero os advierto que mi resolución está tomada... ¡irrevocablemente tomada... Si no aceptáis, voy- á volverme á mi cuarto, y hacerme saltar la tapa de los sesos; os lo aseguro bajo palabra de honor. Luciano se paso más pálido todavía. -En semejantes condiciones- -dijo- -es imposible una negativa... Gedo pues; pero obligado y forzado... Cedo á la violencia moral, pero protesto. -Poco me impórta que protestéis, querido doctor, con tal que cedáis... ¿No os separaréis nunca de esta declaración? -Os lo prometo. -i- ¿La llevaréis siempre en vuestra cartera? -Siempre. -Y si la catástrofe prevista fuese inminente, ¿obraríais? -Sin temor puedo óntíráér ese compromiso, puesto que la catástrofe es inadmisible. La arruga profunda dibujada en la frente de Max se borró. CJn rayo de alegría brilló en sus ojos. -Querido doctor- -dijo tomando el brazo de Luciano d Harblay, -acabáis de: darme una existencia nueva. -Volvamos al chalet, y tacedme la cura. Despuéslo llevó consigo. Jorge. de Nerville los vio alejarse. ¿Qué papel es ese? -murmuraba. ¿Qué papeles ese que debe guardarse con tanto cuidado... ¡Será menester que yo lo. sepa! En: cuanto estuvieron en el cuarto de Mr. de Tréves, Luciano desató las vendas que envolvían el brazo enfermo, y dejó al aire la herida, cerrada ya ea más de tres cuartas partes. -Me parece que va bien, doctor- -dijo Max interrogando. -Sin duda; pero bastarían dos ó tres noches de insomnio como la pasad para enardecer la sangre y retardar la cicatrización completa... Hoy estoy me-