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NUMERO 728 A B C. D O M I N G O 2 D E JUNTO D E 1 507. OCHO PAGINAS. EDICIÓN j. PAGINA 3 A B C EN BARCELONA, MIGUEL S. OLÍ VER PONCEPTO DEL El expreso de Barcelona ofrece estos días PERIODISTA un aspecto d e sumo interés. Van y vienen diputados, senadores, publicistas, representantes de la producción. En los cuartos del slifiing y enflas mesillas del vagón restaurant, saliendo de Madrid para, la capital de Cataluña, continúan las conversaciones sostenidas momentos antes en el salón de conferencias del Congreso. Asistimos á una grande y provechosa remoción de ideas. Nada hay en nuestras costumbres públicas, en nuestros organismos sociales, en todo el instrumental de la civilización española que pueda escapar al interés de este inmenso y continuo debate. Unos viajeros leen periódicos; otros cuentan sus últimas impresiones. En el grupo dfe más cerca se habla de la Asamblea de- productores; en el de más allá coméntase la abstención de los liberales; con uno y otro motivo la conversación acaba por recaer sobre el pleito de Catuluña y de los solidarios. Un viajero va cortando las hojas del último episodio de Pérez de Salvador Cañáis sobre La Solidaridad catalana. Al terminar la lectura y volver la última hoja del opúsculo, uno de mis compañeros de coche pregúntame qué tal me ha parecido. Dígoleque, ámi jucio, es un trabajo que hace honor á un publicista, no obstante las rectifí caciones parciales ó de puntos secundarios y Galdós, La de los tristes destinos. Yo leo el folleto EL CRIMEN DE LA CALLE DE GAL! LEO LA VICTIMA EL MATADOR MERCEDES BENITO VILLARRÓYA MARIANO GARCÍA PÉREZ Fots. A B C eoncretos á que puede dar materia; y resumo mi opinión en el sentido de que mejor todavía que por su mérito intelectual ó literario, se recomienda por su valor como acto npbléy como expresión de una voluntad tío dañada Entonces se generaliza la conversación acerca del periodismo, acerca de su trascendencia en crisis tan honda como la actual, acerca de sus hombres y las facultades qué juzga primordiales ó más necesarias en el publicista cada interlocutor. Vuelvo á intervenir en la charla y expreso de este modo mis preferencias. Por lo común y visto hasta ahora, la reputación de los grandes periodistas se ha hecho depender de una sola fase de su personalidad, de un solo aspecto de sus aptitudes. Así la gloria, la gloria momentánea y aparente, cuando menos, ha sido para los brillantes en perjuicio de los acertados justos y previsores. Todo lo ha resuelto la brillantez artística. La popularidad se ha dejado conquistar, no por quienes abrían más hondo surco ó señalaban una dirección más conveniente á los destinos del país, sino por quienes decían las cosas, fueran las que fuesen, envueltas en metáforas más ricas y en párrafos de rotundo y bien trabajado epifonema. No me refiero ahora, claro está, á los simples guerrilleros y sparafuciles de la pluma, que van de un periódico á otro; como el antiguo lansquenete de una hueste a otra hueste, ofreciendo su lanza para combatir á quien quiera y donde quiera. Los batalladores de oficio, políticos iy periodistas, que no se proponen más que batallar, que buscan la pelea, no como un medio para un alto fin, sino como una finalidad ó deporte en sí mismo, esos constituyen una negación de todo sentido moral, y su existencia será imposible el día en que. se organice normalmente en España una opinión pública digna de tal nombre. Me refiero, por el contrario, á otros que si bien no pueden ser incluidos en esta categoría por sus efectos, por su influencia sobre la marcha de los negocios nacionales, por su acción perniciosa y retardataria, por haber alentado y adulado todos los extravíos del vulgo, han escrito y continuarán escribiendo los más hermosos a r t í c u l o s para las peores causas, y entre flores y sinécdoques preciosas han conducido y conducirán al país de caída en caída, y de abismo en abismo. En cierto modo, esto no es más que repercusión en la Prensa de lo que ha acontecido en el Parlamento; al cabo de cien años de grandes oradores, hemos debido convencernos de una triste verdad en la cual no sé si el bollo vale por el coscorrón. Nos cabe la honra de haber tenido la tribuna más brillante del mundo en el país peor gobernado de la tierra. Por todo ello yo llamo gran periodista, gran publicista, no aí hábil, primoroso y mágico hilvanador de artículos deslumbradores, cuyo sentido, cuya deslealtad, cuya falta de verdad objetiva y de intención elevada se hace evidente á los ocho días; no á esos estilistas más ó menos impecables y elocuentes cuya obra de ayer y de anteayer y de siempre, no bien salida de la pluma se revuelve contra ellos, sino á quienes pueden someter ajuicio de residencia su pasada labor y releer sus artículos y recordar su obra g e n e r a l sin que les afrente, sin que los he- v i S í: í: íSH i chos hayan conseguido triturarla ó envilecerla, sin que aquellos párrafos sonoros y aquellas imágenes meridionales vengan escandalosamente desprestigiados por la historia y la realidad, que no supierou conocer de antemano ó que, á sabiendas, ocultaron y escarnecieron. Tema hay en este asunto para un libro ii téresantísimo. Una historia de la Prensa en los últimos cuarenta años, en la cual se contrastaran las campañas con los resultados, las predicaciones previas con los hechos consumados después, las profecías presuntuosas con los fracasos sufridos, y, en suma, la desautorización que los hechos han venido á fulniinar contra no pocas pretensiones de infalibilidad; ese libro serviría acaso para edificación general de profesionales y lectores. Llamemos gran publicista á Balnies, cuya obra resiste el contraste de la Historia; llamémoslo á otros más obscuros que por ir contra la corriente, por no halagar las pasiones de la muchedumbre, por afrontar con valentía la impopularidad, han entendido que la misión del escritor público era buscar la verdad antes que dorar la mentira, y sufrieron ámenudo desdenes y ultrajes; parecidos á los que el cirujano recibe del paciente en la operación salvadora. Para declarar eminente á un periodista, es preciso tomar el conjunto de su obra, veinte, treinta años de su labor, y compararlos con los anales de España en el mismo período. Si ante esos jueces puede levantarla cabeza; si de un lado ú otro no se le increpa como falsario ó como inepto; si la prosa añeja le recuerda sangre ahorrada antes que Sangre vertida, y encumbramientos y glorias para la patria mejor que humillaciones y vergüenzas, ese, aunque escribiera con un humijde cálamo y no dispusiera de plumas de oro con puntas diamantinas, ese merece la corona cívica que los pueblos reservan á sus verdaderos servidores y á sus consejeros y guías leales. t -Í; i ff; i- V! Í: y t SENADO SESIÓN DEL DÍA I DE JUNIO DB I 9 O 7 t í v Jí t 4 í j 1 4 H 1 Se abre la sesión á las tres y media, bajo la presidencia del general Azcárraga. Los escaños están poblados de senadores y diputados. En las tribunas reservadas y públicas, mucha gente. Una de las primeras está llena de elegantes señoritas. Es leída y aprobada el acta de la anterior. En el banco azul sesientan los ministros de Estado y de Fomento. ORDEN DEI, DÍA Continúa el debate sobre el Mensaie al discurso de la Corona, V LA SOLIDARIDAD El Sr. ABADAL consume el segundo. turno v; p en contra. Comienza pidiendo benevolencia al Senado por ser el encargado por la minoría de Solidaridad catalana, de abordar el llamado problema de la Solidaridad. El mensaje de contestación tiene las mis mas vaguedades que todos los mensajes. No sotros representamos ese espíritu dé renovación que se ha llamado pavoroso proble ma; y venimos contra vosotros los que ocupáis el poder y que ponéis esas vaguedades que MADRID. LA CUESTIÓN DE LOS MARINOS v nada dicen. EL GENERAL INSPECTOR DE INFANTERÍA DE MARINA, D. VÍCTOR DÍAZ Y DEL RIO Nosotros aspiramos á implantar esta renovación que ha de ser la felicidad de la patria. No queréis entendernos porque nosotros traemos aspiraciones nuevas en pugna con vuestro rutina rio proceder. Nosotros representamos un pueblo y no un partido como el vuestro y los que medís con vuestro pequeñerasero. Es tan amplia nuestra significación, que en ella caben desde r e p u b l i c a n o s hasta carlistas. Hemos sacrificado todas nuestras ideas en aras de la renovación total de la política que hasta ahora ha regido á España. E 1 pueblo nos ha seguido, nos ha entendido y por eso, sin fijarse en la diversidad de opiniones, se h a fundido en l a única sola aspiración grande que nos mueve y nos ha traído á esta Cámara. sSonios distintos á vosotros, porque reflejamos la fisonomía del pueblo. Somos distintos, porque en vez de querer, como vosotros infundir vuestra fisonomía y vuestros sentimientos alpueblo, nosotros procedemos á la inversa. Estarnos orgullosos de nuestro triunfo, porque él ha purificado el sufragio en Cataluña, y esto puede ser el principio de la renovación á que tendemos. Y esto queda desde l u e g o como ejemplo. (Entra el Sr. Maura. S i g u e diciendo el 4 LA CORUNA. HORRIBLE DESGRACIA ATROPELLO POR EL TREN, EN EL PASO Á NIVEL, DE ÚÑ CARRO OCUPADO POR OCHO MUJERES, DOS DE LAS CUALES QUEDARON MUERTAS Y HORRIBLEMENTE MUTILADAS. Y LAS OTRAS SEIS HERIDAS DE GRAVEDAD orador que no ha habido Gobierno después de un siglo de lucha y á pesar de las muchas leyes dictadas