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NUMERO 726 A B C. VIERNES 3 DE MAYO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 5 Hasta los cuarenta años, yo ho vivió o como iodo el mundo, sin privarme de cuanto me agradaba. Pero á partir de los cuarenta, im higiene es absolutamente rigurosa sYo no como carnes rojas, 110 bebo más que viiio blanco con un poco de soda en las comidas, y huyo de todos los alcoholes. CÓmo con preferencia cosas ligeras, carnes blancas, legumbres; cuando me siento con ca guuíi. pérdida de fuerzas, ¡as recobro con una copa de Champagne. Teng o todo el día la ventana de mi habitación abierta en. el buen tiemjjc y entornada durante la época invernal. TJna higiene severa y una completa y minuciosa toilette son necesarias siempre á ia mujer y á la artista. Este es mi secreto que revele 4 todas mis jóvenes compañeras. Interrogada sobre su opinión respecto á la Salomé de tótrauss, representada con ¡tanto éxito en París, respondió: -Yo no podría cantar, nunca la paite de la protagonista. Soy muy buena católica y jamás me sería posible cantar una cosa religiosa en escena. Y después, la música de Salomen es para mis condiciones; es una exaltación wagneriana. Yo amo á Wagner; paro nunca pude cantar sus obras; no van á mi voz, como, por ejemplo, las. de Verdi y las de Gounod. Sin embargo, y o admiro la creación wagneriana. ¿Conoció usted á Wagner? -No; jamás quiso conocerme personalmente. ¿Por qué? -Porque rehusé crear la Kundry de Pani ái. Ricardo Wagner, que entonces era violinista del Coyent- G arden, declaró muchas veces á Mauricio Strakosch, mi buen hermano, que para mí había escrito la parte de Kundry. Cuando supo mi negativa, Wagner se puso furioso, y desde entonces nunca quiso que me presentaran á él. -2 Í 2 ÜÍ. PASÍS, 3o, 9 C n la calle de Mandes de esta capital se ha desarrollado un sangriento drama, que ha llevado la consternación al ánimo de sus numerosos y pacííicos moradores. En una taberna establecida eu una de las bocacalles que á ella afluyen, entraron León Rcrax, de treinta y ocho años, 3- Nicolás Curty, de veintiséis, ambos carreteros de oficio, y bebieron sendos vasos de vino, sin que al parecer ocurriera nada que turbara la aparente buena armonía de 1 os dos camaradas. Salieron á la calle, y ya en la de Mandes, Curty sacó un revólver de su bolsillo y disparó sobre León, que cayó pesadamente al suelo en gravísimo estado. El criminal se dio á la fuga, y para contener á los que intentaban perseguirle, exclamó. blandiendo el arma: Advierto que está cargado y hago fuego sobre el primero que se acerque. El agente de Seguridad Tardieu y el cabo Moreau llegaron á los alcances del asesino, pero éste disparó sobre el primero, pasándole la bala rozándole la cabeza. El cabo consiguió cogerle por el cuello; pero Curty, casi tocándole la ropa con el cañón del arma, disparó por tercera vez, alojando la bala en el corazón de Moreau, que cayó muerto en el acto. Libre nuevamente, emprendió la. fuga, siendo seguido por otros agentes que intentaron capturarlo, hasta que un operario del Matadero, de hercúlea constitución, sg interpuso en su camino y, á cambio de algunas contusiones, consiguió despojarle del revólver y derribarle al suelo. Los numerosos testigos de aquella escena acudieron presurosos y empezaron a p i acucar un verdadero lynchamiento con el feroz criminal, quien, á duras penas pudo ser arrebatado de la muchedumbre, en un estado lastimoso, á causa de los golpes, puntapiés, y de los garrotazos qne le propinaron las infinitas personas que le rodeaban. El carretero León Roux ingresóen el hospital en estado gravísimo. ENCUENTRO DE DESAPARECIDOS POR CABLE EL CAIRO, 3o, i.i a. EL TEATRO REAL A yer expiró el plazo para la presentación de solicitudes de arriendo del teatro Real. Se presentó un solo pliego que no será abierto hasta hoy. Díjose ayer que el firmante de esa única pro- s posición, industrial acaudalado de esta corte, está asociado para la empresa con una iinpor tantísima casa editorial, representante á su vez de las principales casas editoriales extranjeras, la cual empieza á hacer grandes innovaciones en el Real, y sobre todo hacer arte con artistas de primer orden y con obras cuyo advenimiento á Madrid está pidiendo la verdadera afición, an sido encontrados un sargento y tres soldados de un destacamento de 25 hombres que, mandados por un oficial, salió en Abril para Dongola, en la Nubia, y cuya suerte se ignoraba. El oficial murió, y ha sido hallado su cuerpo. No se tiene noticias del resto del destacamento. H CONCURSO DE GANADOS 1 no de los medios indirectos de protección á la cría caballar, y en general á la pro duccióñ de todos los animales domésticos, soa los Concursos. El que ayer terminó en esta corte ha obtenido un verdadero éxito, habiendo sido visitado MAPAMUNDI Avelina. Patti h a declarado á un redactor de ¿Jecho de París, que próximamente cantará. El barbero de. Sevilla, defiriendo á l o s deseos d e l gran artista Eduardo de Keszké. El reparto será, realmente admirable. La Pat ti cantará la parte de Rosina; Anselmi, la del conde de Almaviva; Pini Corsi. la de Don Bartolo, y Reszké, la de Don Basilio. Se trata, pues, de un verdadero acontecimiento artístico. QUE DICE LA PATTI LA PAZ UNJVERSAL CON TANTA Y TANTA PAZ, ME PARECE UE VAN Á VOLVER PRONTO MIS TIEMPOS (De Pasquino, de Turín) Sin embargo, después de esta representación única, la Pattí ya no cantará más que en funciones de beneficencia, pues la insigne artista, que ya ha entrado en los sesenta y cuatro años, reconoce que la retirada se impone. Antes de abandonar la escena definitivamente, la Patti dará en Inglaterra algunas funciones de despedida. Una actriz, ha dicho la Patti. al periodista francés, debe conocer el momento psicológico en que ha de abandonar el teatro, y ya sólo está bien qué se muestre al público en circunstancias excepcionales. La Patti regresará después de su último adiós al arte á. su. tranquila residencia de SueBiblioteca Callejo. Un. novela snmana. 1 más bacia, -con su esposo el barón de Cederstroni rata, 300 páginas en S. en pasta, 80 cíntimn? Respondieiido á una curiosidad del redactor Para VIAJAR GRATIS oslo, verano, comprad de IJEcho ¡le París, dijo la Patti: ¿Usted quiere saber: cómo he llegado á la donde regalen füJPOXES- KILOMETRÍDS. Sirven d e s d e c u a l q u i e r n ú m e r o edad que t e n g o conservándome perfectamente? P K I E B B V d UOK d e CUBA. DIE 25 ASÍO 8 No tiene nada de extraordinario mi remedio. Único legitimo de América. Superior al eognae. EL LIBRO ILUSTRADO APARECERÁ EN BREVE BIBLIOTECA DE A B tí 164 LAS DOS BARONESAS 161 -Me acosté muy tarde... forge prestaba cada vez más atención. Max continuó: -Y he leído una cosa que me ha causado la más violenta y peuosa imsresión. ¡A pesar de mi absoluta prohibición! -exclamó Luciano. -Las impresio nes violentas píaeden no destruir mi obra, sino eternizar una convalecencia que quisiera ver terminada. -Querido doctor, ¡uq soy culpable... Dios sabe que no buscaba yolas emo clones que me han venido encima. Me las han causado sin intención, y su complemento ha sido la lectura de que os hablo. ¿Qué habéis leído tan terrible? -Lo sabréis en seguida; pero antes tengo mucaas cosas que deciros. ¿0 acordáis de la conversación que tuvimos hace unos días? ¿Con motivo de qué? -Con motivo de Mad. de Troves. Me reprochabais amigablemente y de la manera más cortés el no saber apreciar una mujer tan bien dotada como la mía, desde todos aspectos... Luciano sintió que se ponia encendido, Mr. de Nerville se inclinó hacia la ventana para no perder palabra ie la conversación. -Sí, me acuerdo- dijo el doctor con voz insegura, -Hablé según mi conciencia, y lo que pensaba aquel día lo pienso ahora. ¿Habéis olvidado mi profesión de fe respecto al amor: ¡No! Me habéis confesado que en ninguna época de vuestra vida habéis tenido uñ sentimiento digno de este nombre. ¿Creéis, querido doctor, que el amor pueda venir á cualquiera edad? -No cabe la menor duda, y si esta pasión se manifiesta después de pasada la primera juventud, es más violenta y transforma al que la siente. -iAh! ¡Cuánta razón tenéisí- -exclamó Max. -Yo me encuentro t ransfonnado Pn a de súbito terror, Luciano se estremeció. J a e contuvo su respiración acelerada. Mí T. continuó: toy enamorado, apasionadamente- enamorado. e quién? e mi mujer... Amo á Mad. de Tréves. Mf d Harblay recibió el choque de esta confesión con heroico valor. Ni un músculo de su rostro se movió, pero sintió su corazón cogido en un torno y sus uñas entraron en las pálmasele sus manos. ü n sudor frío humedecía las sienes de Mr. dé Nerville. -Sí- -prosiguió Max, -amo á Mad. de Tréves. con todas las fuerzas de mi ali: ia; la amo con amor inmenso que no se acabará sino con mi vida, y la veo ahora, como vos mismo la veis, la más hermosa, la más buena, la más perfecta de as mujeres... A pesar de su dominio sobre sí mismo, el joven médico palidecía. Un sufrimiento agudo, celoso, le mordía en medio del corazón. Este hombre que, dócil á sus consejos, comenzaba á amar á Leonida, era el marido, y tenia, por consiguiente todos los derechos de un marido... -Y bien, señora; á pesar de la autoridad de estos ilustres profesores, que tantos pasos han hecho adelantar á la ciencia, rechazo lo que dicen sobre este punto, pues otros sabios americanos, ingleses y alemanes, que también son autoridades, afirman lo contrario y apoyan lo que dicen con numerosas é indiscutibles pruebas... Yo he estudiado estas pruebas, hehecho experiencias, y habiendo tenido buen éxito, tengo el derecho de decir aue estoy seguro de mí m i s m o firme -Supongamos, sin embargo, que os engañáis... -Es imposible. -He ahí una palabra atrevida... Dios sólo es infalible. La es una cosa humana, sujeta á error; Luciano se inclinó; -Es verdad... -dijo sin convicción. Mad. de Tréves continuó: -Así, pues, suponiendo, que os engañaseis, ¿habría peligro para mi cn vivir al lado de mi marido? Mr. d Harblay se levantó bruscamente. i- ¡Ah, señora! -exclamó con voz que la emoción hacia temblorosa. ¿Creéis que os hubiera expuesto á un peligro de todos los días, de todas las horas, si no estuviese seguro que Mr. deTréves está curado, y que en ninguna época puede reaparecer el mal? ¿Creéis que no os hubiera dicho: Huid de esta casa, donde una espantosa catástrofe puede alcanzaros? -Es que- -prosiguió Leonida sin dejarse apartar de su primera idea- -si la sombra siquiera de una duda existiese en vos, como en muchos de. vuestros ilustres colegas, yo hubiera podido entablar y obtener una separación. -Una separación... -repitió Luciano d Harblay, en cuyo cerebro penetró un mar de ideas confusas. -Sí... una separación que, volviéndome la libertad, me hubiese permitido alejarme del peligro. -En efecto, señora... Los Tribunales llamados á juzgar la cuestión, pronunciarían su fallo, sin duda alguna, en favor vuestro. ¿Debo dirigirme á ellos? ¡Oh! Por Dios señora, no me preguntéis más... -balbució el joven médico, presa de una especie de delirio. -En el fondo de mi corazón se oculta un secreto que se me escaparía con mis respuestas... Un secreto que no debéis saber y que no sabréis nunca... Mr. de Tréves está curado, lo jnro... A los que os hablen de pedir la separación basada en el peligro que acabáis de señalar, responded resueltamente: No! Antes de dar su sentencia, los magistrados me consultarían, y yo sería vuestro adversario. Luciano d Harblay sentía despedazarse su corazón. Ocultó entre sus manos la cabeza. Dos gruesas lágrimas rodaron por sus ardientes mejillas. Leonida, nó menos conmovida, so menos trastornada que él, le miraba. -M e ama como yo, lucha en nombre del deber contra el amor... Lo que he hecho está bien hecho... Al cabo de un instante, Mr. d Harblay separó sus manos y levantó la cabeza, ¿Es esto todo lo que queréis saber ¡sefiora? -preguntó con voz algo más