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NUMERO 7 3 A B C. MARTES 28 DE MA. YO; BE 1907. OCHO PAGINASrEDIClON i. PAGINA 6 EXPOSICIÓN DE GANADOS Y MAQUINARIA. -AGRÍCOLA J 1 4 I i f! J í -IV EJEMPLARES NOTABLES PREMIADOS PREMIO DE YUNTAS DE BUEYES, GANADO DEL MARQUES DE LUQUE; 2, PREMIO Í E TRONCÓ DE MULAS A LAS PRESENTADAS POR EL SR. GARCÍA PEDRERO 3, GARAÑÓN, DE RAZA ESPAÑOLA x PREMIO A LA GANADERÍA DEL SR. UDAETA; 4, PREMIO AL GANADO DE CERDA, LOTE Í E 0 JOSÉ MARÍA EZQUÉRDO r y Fots. Goñi. líos hermanos Simón y Bindo Peruzzi pres ¿Pero hay prescripción para las d e u d a s honor para que no sirviese de fórmula de pago. taron el año 1300 una suma de 60 millones á Reales? Son hombres prácticos; quieren oro contaa: los reyes Eduardo II y Eduardo III. Cuenta la crónica del mencionado periódico te y sonante: vil metal. DJE; LA: L. os prestamistas no fueron pagados nunca. que cuando el lord alcalde de Londres oyó haAdemás la familia Peruzzi no está ahora en X J N PLEITO JPE... M 1 JL Esa cantidad, pina Es decir, que, siendo florentinos, pasaron á la blar de este asunto, ofreció á los Baldi, unos una posición tan desahogad a. conio. rcuando bicoca! reclaína categoría de ingleses. Pero el recibo original se asociados en los negocios délos Peruzzi, el de- hace unos cuantos siglos prestaba millones á MILLONES una apreciable ía- ha encontrado en Bristisch Musetim. recho de hacer figurar en sus armas las de la- los Eduardos- de Inglaterra, antecésores. -del VII actual. Ingleses que no son de Inglaterra, liana, la de Peruzzi, á la Corona de Inglaterra. Con los intereses del capital durante seis- casa Real inglesa. Báldi aceptó y hasta pidió autorización, que sino de la propia Italia, se llaman Andana en cientos años la trampa -asciende á los 1.000 El Cormere della Sera 1o afirma, y lo explica logró, para poner esos blasones en la basílica punto á pagar, y así no hay negocio posible. con pelos y señales, porque hay. que reconocer millones del ala. Naturalmente, la ley inglesa establece tam- de la Santa Cruz. eme la: cuestión es peliaguda. Además, el marqués de Peruzzi va á ca snrse I os Peruzzi, -más largos, más cucos ó más pronto en landres con una joven inglesa, y, I, a historia data de larga fecha; pero no es bién, la prescripción. Esta deuda debe considerarse prescrípta. vivos como décimos por aquí, declinaron ese naturalmente, quiere mostrarse espléndidu, l de contar. Á TRAVÉS BIBLIOTECA DE A B C 150 -I, a tiene. LAS DOS BARONESAS 151 ias dé su mujer se encontraban á los dos extremos del chalet, pero que un corredor las ponía en comunicación. KLpjrimer año dé su matrimonio, Max, dé noche, seguía, con Dastante frecuencia este corredor, pero ¡áy! desde mucho tiempo hacía, parecía como si- hubiese olvidado su existencia, Abrió el cerrojo de la puerta que ponía en comunicación su cuarto de layarse con el corredor que conducía al cuarto de Léonida, y se entró sin luz por. este corredor, Después de haber dado algunos pasos se detuvo. í Cosa singular: su corazón latía apresuradamente y el sudor humedecía su. frente. ¿Acaso voy á enamorarme de mi mujer? -se preguntó á sí mismo. TJh sonrisa no exenta de ironía crispó sus labios y volvió á seguir su ca mino cuidando de no hacer ruido con sus pasos. En. el momento dé llegar ala puerta del cuarto de Leonida, volvió; á déteiierse; pero esta vez ya no era para hablar solo con motivó de lo que sentía ó creía sentir. Una voz se oía en ei cuarto de Mad. de Tréves, una voz de hombre ¿Quién podía estar á esta hora nocturna en él cuarto de I, eonida? l ¿Un amante? ¿I, a amenazadora predicción dé la baronesa viuda se realizaría tan pronto: Ivia sangre, violentamente arrojada del corazón inundó el cerebro dé Max. Durante un segundo tuvo la idea de lanzarse á esta puerta, romperla si se resistía y hacer justicia... lt reflexión le contuvo, y toda idea de violencia inmediata desapareció ¿Qué sabía él? ¿Qué seguridades tenía? Muy pálido y respirando con dificultad, llegóse á. la puerta y: apoyando el hombro en la pared, se inclinó para poner el oído en el agujero de la llave I, a voz de hombre se hizo muy clara. Max oyó: -Una causa que viene de lejos, desde mi casamiento. Y Lebnida explicó l o que saben ya nuestros lectores, relativo á ciertascláusulas del contrato, insertas y sostenidas por la firme voluntad de madama üesfontainés. ¡De ahí vienen todas mis peñas! añadió la joven. -La baronesa viuda dé Tréves está persuadida que yo la arrojaría de esta casa si mi mando llegara á morir, y la idea dé vivir en una medianía cercana á la pobreza la espanta. A causa de ésto me odia, y ha enseñado á su hijo á detestarme. Todo esto cambiaría, sinduda, si la situación de dinero se hiciera otra. ¿No se podría modificar el contrato que vos mismo habéis redactado? -Es el notario de la familia Desfontaines- -pensó Max, informado por éstas palabras y sin dejar de prestar oídos á la conversación. -Es imposible- -respondió Emilio Auguy. -No se pueden modificar las dis posiciones dé un contrato. ¿Habéis traído el mío, como os lo he pedido? ¿IyO habéis vuelto á leer? -Con mucha atención. ¿No encierra una cláusula que dice que después de mi matrimonió seré libre de disponer de mis; bienes? -Sin duda, pero con el consentimiento de vuestro marido. -Sabía eso, poco más ó menos; pero en vuestras manos existe, desde la muerte de mi madre, una suma de la cual puedo disponer sin éste consenti: r -Sí. miento. -No he dudado en acudir á vuestro llamamiento, hija mía- -decía mbnsieur Aüguy, -Aporque la causa que os hacía desear una conversación conmigo, efai siníduda, apremiante... Hábía adivinado vuestros dolores... Esperaba las la. -grimas que- veo correr. ¿Quién es el que así habla? -se preguntó el barón, tranquilizado por esfes palabras, y- viendo- desaparecer el fantasma del adulterio. teoñida no pudo responder, sino sollozando. N EÍ notario prosiguió: -NolloréivS, -hija mía I,o s momentos s o n preciosos... Sois desgraciada; -Sí, ¡oh! sí, desgraciada, m u y desgraciada... ¿Mr. d e Treves os engaña? -1,0- preferiría. -Sí, puesto que Mr. de Tréves ignora su existencia. Así lo ha querido vuestra madre. ¿Qué cantidad es esa? -Ochocientos mil francos, aumentados con los intereses acumulados en tres años; lo que forma un total de más de novecientos veinte mil francos. -Quiero disponer de los réditos de esta suma. ¿En favor de quién? -De mi suegra por valor de veinticinco ó treinta mil francos, y del primo de Mr. de Tréves por élresto. ¿Queréis permitirme que os diga mi opinión á propósito de vuestro pro yectó? -Osla pido. ¿Cómo? -exclamó el notario estupefacto -Otro amor le serviría de disculpa. Su abandono sería menos insultante Max me desdeña, me aborrece. Eso no es posible. v. -Y, sin embargo, no es sino demasiado cierto. -Todo aborrecimiento necesita una causa. ¡Ybien! ¡Espuralocura! -No- -replicó vivamente L. eonida, -ao es locura, si á. ese precio compro la paz... la tranquilidad... el reposo, ya que no la felicidad. -Cedéis á uxiá trama urdida contra vos por vuestra suegra y por vuestro marido, que os traen á un arreglo... para obtener de vos, á fuerza de humillaciones y ofensas, lo que hoy estáis dispuesta á hacer. ¡No digáis eso! -exclamo I, eonida. -Si esa conspiración existe, mi sarido. no es cómplice, tengo la firme creencia y la convicción... Mas; me despedaza continuamente el corazón: pero, ante todo, es un hombre honrado y leal. Mr. de Tréves sentía que se encendía su frente.