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NUMERO 722 A B C LUNES 27 DE MAYO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 6. MADRID. CARRERAS D E CABALLOS E N EL H J P O D R O M O FINAL D E L A C A R R E R A GRAN PREMIO D E MADRID L O S C A B A L L O S V E N C E D O R E S PALM? PRIMER PREMIO, DKOYECTO PARA L A INSTRUCClon GENERAL ANT S E G U N D O Fof. Goñi. Conteste- racTdes. tp título, y eñ forma- nijodestísitriáíJei gfcit tk general -del íBjércitqr D. Fernando P. r imo de River a, iaíédact. adó y hecho imprimir, para estudio de. los seño res senadores, -la. tesis, queden fonna. de enmienda, al proyectó dé ley de bases paira la instrucción militar obligatoria; se propone desarrollar en su; día. -v El general Primo de Rivera; es hombre que alcanzólos tiempos de. aquellos soldados- ciudadanos que sellama- r o n Espartero -Narváez, O Prim y Serrano, y que no en vano se codeó con ellos, siquiera á buena: distancia: gerárguica; tó ja no cbdomiú, ni un. japonés fullj, -es úrí. español de buen sentido, que nó qúi ere extender los pies más allá de la manta Vayan unos pái raíos demuesüa El Ejército necesita, para poder llevar á cabo su alta misión, ffífc í v J 4 V MADRID. LA FIESTA DE SANTA RITA EN LA IGLESIA DE SAN JOSÉ UNO DE iLOS PUESTOS DE FLORES SERVIDOS POR DISTINGUIDAS SEÑORITAS EN EL ATRIO DEL TEMPLO Fot. A B C una reorganización completa, tanto en el orden moral como en el material... Sólo coíi mucho dinero y mucho tiempo se podría conseguir el ideal, y el que no yeá, ni cigá ni lea, ni aprenda, ni. respire que lá masa social lo que desea, sobre todo, son economías, no se inspira en la realidad. Este respeto alas aspiraciones de. la. masa social es lo castizo; querer sobre- ponerse á ella á fuer- za de bravatas, es malísima traducción dé un original mal conocido. Y sigo copiando: Para que él Ejercitó pueda satisfacer en. todo momento las necesidades nacionales, lo primero que hace falta es precisarlas aspiraciones del país ante la política general dé Europa, y en su vista fijar el número de hombres dé que se ha dé cojia- poner el Ej ército: par á, 11 e n a r a q u é l l a s cümplida. -mente. Esta es labor exclusiva del Gobier: no, y mientras éste no la lleve acabo, es in- útil cuanto se intenté por los ministros. de la Guerra, pues su obra entonces, en vez de responder á una ver BIBLIOTECA DE A B C 146 LAS DOS BARONESAS 14? Una apariencia de cariño He ai z iodo lo qve zdo qué venís á hablarme de casamiento desigual? Tal ez hemos hecho una tontería el uno. y e l o t r o a l casarnos; pero debéis hacerme la justicia de confesar q u e m e h e portado con. vos como u p caballero, y, que no h e derrochado, como otros muchos haríán en mi lugar, en queridas y pérdidas al juego, las rentas de. yuestra fortuna... Agradecédmelo, tratemos de vivir en buena inteligencia, conservemos en aüesfcra casa la apariencia de u n a calma de buen tono, y no demos á nuestros criados él espectáculo de escenas corno. la de hoy Vos no sois una víctima... Tenéis aquí en el campo un nermoso parque y un cosque incomparable... Tenéis á mi madre que os quiere, á pesar de los malos proce dimientos de Mad. Desfontaines hacía ella... ¿Qué os falta? Nada absolutamente... Encontraos feliz y no os quejéis más. üeonida había escuchado esta larga relación, comprimiendo los latidos d e su corazón y aüógandosus. sollozos; Estas palabras frías y buscadas, insultantes en su fínura, le daban luz al mismó. tiémpo q- Bé tórtura. Comprendía todo, aun lo que Max no decía. Era, ¡pues, verdad... -Ca tenacidad de Mad. -Desfontaines. había causado la desgraijia de su hija. Si Ja viuda del banquero hubiese dejado á Max en el contrato la libré disposición de las rentas y de la fortuna, ó por lo menos de una parte de ésta fortuna, Max, agradecido, tal vez hubiese sido capaz de amar, y la baronesa. Germana la hubiera tenido amistad. Iveonida resp. ondióestremeciéndose: Tenéis razón, Max... Mé desengañáis... Hacía mal en quejarme y. en lio rár. Nada me falta. ¿No gozo de. laimayor dicha de la tierra? Cumplo mi deber de mujer honrada y lamas faltaré, á- él. Iva joyen baronesahabía tenido ¡fuerzas para, contener momentáneamente suslágrimas y sdfocar sus sollozos; perola emoción sobrepujó á su voluntad. y para no dar á su marido el espectáculo de una nueva crisis de dolor, cubrió su cara con las dos manos y salió apresuradamente del comedor Max hizo un gesto de cólera y de desaliento. -iQué existencia 1- -murmuró con los dientes apretados La baronesa viuda le pasó el brazo por los hombros y le dijo con voz melosa: -Hijo querido, tú tienes alguna culpa El barón se estremeció- La culpa 1- -replicó -Sí 1- (Y en qué, decidme- -Leonida tiene razón en quejarse Eres duro con ella- -Madre mía- -interrumpió bruscamente M a t -p o r tercera vez, en dos días, defendéis contra mí la causa de mi mujer, á quien en el fondo odiáis ¿Cual es vuestro objeto -Te engañas- -replicó la baronesa- -No odio á Leonida y me echo en cara el no haberla querido bastante ¿Tenía la hija culpa de la tenacidad de la madre, que especulaba con nuestra mina? ¿Debía ser la responsable? ¡Cieito que no 1 Por ptra parte, los desagradables resultados de esta tenacidad no eran irremediables Si tú hubieses sido buen mando, Leonida, seguramente, hubiese sido la primera en proponer los medios de asegurar mi porvenir para el caso en que la desgracia hubiese caído sobre esta casa- -La desgracia es mi muerte- -replicó con amargura Max- -y os pido que observéis que todavía estoy vivo- Bien vivo, gracias al cielo 1- -exclamó la baionesa en un arrebato de hipócrita ternura- -tY Dios me preserve de verte mopr! Prefiero moiir yo misma 1 Y sin embargo, no puedes dudar que h a y casualidades inespeiadas y crueles Hace tres semanas, u n a de esas casualidades te había puesto álab puertas de la muerte.