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NUMERO A B C MIÉRCOLES i5 DE MAYO DE ¡907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 5 BSVJILA, 1 4, 3 TV I J a llegado el infante D. Carlos deBorbón, acompañado de su ayudante, el marqués de la Mesa de Asta. En el andén le esperaba el capitán general Delgado Zuleta. El Infante aguardó en la misma estación la salida del espreso de Huelva, etí el cual montó para dirigirse á Villamanrique. Regresará á esta población el próximo viernes. TRIBUNA LIBRE Pamhard de 50 HP, en el cual fue á la Cnsa de Caruoo. La saudade Palacio f if como lo easeña? 1 grabado ntis ocupa el p auer higarett núes ra información g áíi a jioy, tina continuada y entusiástica man estación popular de simpatía á D. Alfonso XIII. cjl concurso de bandas. Del verificado en calidad de festejo popular ayer tarde en la Plaza de Toros, damos noticia en otro lugar de este mismo número. preposición de automóviles. Continuamos hoy ía publicación de la reseña ilustrada de la Exposición de automóviles que comenzamos hace días. LA DEFENSA información, hube. de expresar desde otras columnas mi modesto criterio en el asunto que aqui se debate. No pensaba, ciertamente, volver á hacerlo aliora, y si, robando tiempo á deberes ineludibles, me asomo á esta tribuna, bien sabe Dios que es porque estimo que en lo que va dicho en ellas hay un fondo de equivocación lamentable en tirios y troyanos. No creo yo, en efecto, que el punto discutióle, ó, por mejor decir, de conveniente aclaración, sea el dilucidar si el mando supremo de los cacareados vértices ha de recaer en general de mar ó tierra, ni lo que es más aún, si á las baterías de costa deben mandarse soldados ó marinos. influido por cauH ace ya algún tiempo áque, que motivan esta sas no muy ajenas las ACTUALIDADES EN PLAZO PRÓXIMO PUBLICARÁ SU PRIMER NÚMERO EL LIBRO ILUSTRADO APARECERÁ EN BREVE Peluquero. Servicio 26 ota. i n f a n t a s Lo que debe perseguirse, ó aclararse, és soiameute la consecución de la debida unidad de mando en los frentes de mar, ya que en la acj tualidad sólo existe un dualismo que poneá nuestras tres bases en disposición de buscar, sin duda alguna, el más rápido camino de un desastre. -l- -i Sobre dicha unidad, no es preciso gran insistencia, pues es axioma militar el divide y vencerás que muy bien puede aplicarse á la duplicidad de mando expresada, y en cuanto fá qvism. deba ejercer sobre tales frentes la difeteion suprema, resultaría pesado repetir las frases de Moltke, de que no siendo un combate entre baterías de tierra y barcos, sino una forma de combate naval aquella dirección debe confiarse á un almirante, ya que confuerzos nava es han de combatir las baterías, y á un generai de Ejército las del frente de tierra, oponiendo así á los ejércitos soldados y á las escuadras marinos Mas téngase bien entendide que esta unidad de dirección no implica en modo alguno que las baterías de costa deban, estar servidas por marinos, np; si los que las sirven hoy lo hacen tan bien, ¿á qué vendría el plagiar al aprensivo que estando bueno se quiso poner mejor? T, R técnica marítima que se requiere es otra, referente no sólo al conocimiento de los tipos de. buques por sus siluetas en las lejanías, sino al de la táctica naval y á otros mil detalles exteriores, que permiten formar idea de las intenciones de una flota, conocimientos difíciles, muy difíciles, para el profano, y que, de consiguiente, tienen que estar á cargo de marinos, y de marinos muy escogidos por el Estado Mayor de la Armada entre los dedicados á tales estudios; de igual modo que la Marina interviene el servicio semafórico en cuanto so- cimiento fundado en el año Í 88 í. Los M a d r a z o 6. 1 U LOÜIVAO FM V F. VMa. Carretas, Ct Aguas deloa catarros agudos y crónicos. Estableazoadas Radio- activas Curación 11. POLÍTICA PRACTICA EL AMERICANO- ¿ESTÁN USTEDES JUGANDO A VER A QUIEN LE TOCA SACRIFICAR UNO DE SUS NACIONALES, PARA TENER EL DERECHO DE APODERARSE DE UNA CIUDAD MARROQUÍ? EL ALEMÁN- S I PERO SEREMOS MAS VIVOS QUE LOS FRANCESES, Y CUANDO LA HAYAMOS OCUPADO, NOS QUEDAREMOS CON ELLA DEFINITIVAMENTE (De le Boa Vivará, de París. PRIMERA CAS EOEL tan do, pues, como natural consecuencia, la necesidad de una armonía perfecta entre flota y baterías, que sólo puede ser producto de absoluta unidad de dirección. Debe, pues, mandar el frente de mar el almirante, quien dará á los jefes y oficiales de Marina, en los fuertes y posiciones de dicho frente, la intervención que juzgue oportuna en la parte técnica marítima relativa á la defensa; mas sin confundir esto con la dirección ejecutiva peculiar del distinguido Cuerpo de Artillería que hoy la tiene á su cargó. Esta unidad en el mando de ambos frentes, armónicamente ligada por su fusión en la junta de defensa de la plaza, quedando subordinados soldados á marinos y marinos á soldados 4 cuando sea menester, como ramas que son del mismo árbol, institutos hermanos y de finalibreviene un casus belli. dad idéntica, verdades éstas por desgracia muy Y esta técnica naval es tanto más indispen- olvidadas en España, donde siempre ambos sable, cuanto que no siendo las bases niaríti ministerios han vivido en el más funesto dimas sino puntos de apoyo de la flota, su ac vorcio. Esta unidad, repito, es lo que debe poción sobre el contrario depende en íntima liga nerse á la discusión serena y noblemente, en tón de las fuerzas navales que protejen, resul palenque de miras elevadas y con el altruismo que corresponde á los que, unidos poflazof 6 ALCALÁ 8 históricos de comunes glorías y desdichas, tic pueden nunca manehar sus uniformes con el cieno impuro y asqueroso de particulares egoísmos y esto será seguramente á lo que tienden, no Iqsjuntilas, sino las juntas de defensa análoMARTIN G. LABIANO gas á las existentes en todas las naciones que Invitamos á las para marchan hoy á la cabeza en materia de orga- cioso local, donde señorasver el ique evisiten ester iesps podrán nm nso y va ado nización naval y militar. surtido en abrigos d e P a r í s de colorido único y JUAN GRUMETE GRANDESALMACENES DE SANTá CRUZ NUESTROS f á D. Alfonso XIII. La ceremonia de la apertura de Cortes reunió anteayer en las inmediaciones de Palacio y calle de Bailen un gentío inmenso. El Monarca regresó al alcázar de la plaza de Oriente apenas terminado el acto parlamentario en el Senado; cambió de traje, y acompañado del conde de San Román, montó en su automóvil exclusivo de esta casa. También podrán ver preciosos Impermeables Oaclie- poussifcre para automóviles; lanas y sedas preciosas para trajes, de cuya confección se encarga. Especialidad en M a n t i l l a s d e encaje 1, P l a z a de Sta. Cruz, esquina á la calle de la Bolsa Gran Peluquería y Perfumería de Cachón y Berrocal. Sucesores de Trullas. C a r r e r a d e S a n J e r ó n i m o 7 y 9. E s t u f a s d e desinfección. VIDA INTELECTUAL. Cada número de esta revista consta de 100 páginas. Precio: 30 céntimos. El número 1 se halla de venta en las librerías y puestos de periódicos. Pedidos á la Casa Editorial de L a Ult i m a Moda, Yelázquez, 43, M a d r i d BIBLIOTECA DE A B C 116 LAS DOS BARONESAS 113 ¿Me resbalare hacia el crimen, como Santiago Habert? S e levantó y apretó entre sus manos la frente. pMr. de Tréves vio este movimiento y adivinó la causa. ¿Qué tenéis, doctor? -dijo incorporándose en su butaca XXV I uciano d Harblay, al oir la pregunta de Max, sintió un estremecimiento por todo su cuerpo. Se rebeló contra la idea que le aomlnaoa, contra la tencacion que se apo deraba de su alma, y con voz lenta, dijo: -No tengo nada, señor barón... Pensaba cuan latíl os seria nacer a vuestre alrededor algunos felices, si quisierais prescindir del egoísmo escéptico que os seca el corazón... No queréis nada, no teméis nada, ni siquiera la muerte, puesto que nada os ata á la vida, salvo aquéllo de que mejor puede uno prescindir, según mi opinión, la fortuna... Tenéis una madre, una mujer... Entre estos dos seres podríais disfrutar de la mayor felicidad que es dado gozar- al hombre en este mundo... Para esto, ¿qué sería preciso? ¡Haceros amar... y saber amar... Digáis lo que queráis, Mad. de Treves siente por vos mucho afecto... Amadla... Consagrad vuestra existencia á hacerle la vida tranquila, feliz, y ella os hará conocer esta felicidad de que os hablo y que no conocíais. ¡Ah! ¿Sabéis, doctor, que sois un moralista modelo? -dijo riéndose monéieur de Tréves. ¡Apreciáis como nadie las alegrías del hogar y las voluptuosidades conyugales... Debéis casaros... ¿Queréis que niegue á mi madre que os busque novia? Luciano exhaló un suspiro y contestó: -No me casaré nunca, señor barón. -Soltero recalcitrante- -repuso Max con aire de asombro. ¡Ali! entonces es que sentís una pasión en el corazón; una pasión por una mujer que no es libre. ¿Es eso, doctor? ¿Un pequeño amor adultero... Mr. d Harblay palideció un poco. -No- -murmuró. -No es eso... Tengo una pasión, es verdad, pero es por la ciencia, sólo por la ciencia, y eltrabajo me absorbe por completo. -Doctor, sois un hombre honrado, y juiero ser vuestro amigo- -dijo con tono serio Mr. de Tréves. -Si hubiera tenido á mi lado, cuando empecé á vivir, un consejero como vos, sería probablemente muy distinto de lo que soy... Es demasiado tarde ahora para variar; ya no hay remedio... Esto no me impide el comprender que tenéis razón... Quizá no he querido bastante á Mad. de Tréves, que, á pesar de su origen plebeyo y comercial, es unamuier excelente. muy distinguida y muy honrada... Luciano se estremeció, y no sin un gran esfuerzo, consiguió ocultar SU turbación. Max continua -Ya lo veis, querido doctor- -dijo Max de Tréves; -aie confoiTao coa toaat, vuestras prescripciones. Me habéis mandado que me levante y lea para dis traerme... Me he levantado y estoy leyendo... No hay más sino que mi lectura me distrae muy poco. ¿Cómo os sentís? -preguntó Mr. d Harblay- -Abatido de cansancio. -Este cansancio precisamente es el que yo quería obtener. ¿Porqué? -Porque traerá el sueño y no tendré ya que nacer uso de narcóticos para haceros dormir. -Perfectamente; pero debo confesaros, querido doctor, que me aburro horriblemente... Parezco un: prisionero. -Y con efecto, lo sois, ó lo habéis sido nasca a- -L, a. soledad se hace cada día más insoportable, y la sola vista de mi ayuda de cámara, todo me lo vuelve negro. -Mi opinión es que hay que evitar esto. -El medio es bien sencillo. Alzad la consigna, que ya me parece no tiene fundada razón de ser. N ecesito sol, aire, movimiento. Necesito hablar y oir oces. ¿Habéis sentido hoy, durante el día, esos ligeros escalofríos de que me hablabais aún ayer? -Ni uno sólo. -Entonces os permitiré salir de vuestro cuarto y del chalet; pero con lá condición de que iréis más allá del parque. -Convenido. ¿Podré recibir á mis amigos? -Todavía no. Tendréis que contentaros, por ahora, con ia sociedad de muestra madre, de vuestra esposa y de Mr. de Nerville. ¿Habéis visto á mi- madre? -No. La señora baronesa no puede perdonarme, según creo, una consigna cuya necesidad no comprendía y que le parecía tiránica. -Me encargo de que hagáis las paces con ella- -dijo sonriendo Max. -Seréis buenos amigos cuando ella os conozca como os conozco yo. Puedo verla desde hoy? -No, mañana. Al dejaros iré á decirle que mañana almorzaréis con ella. -Y con vos, querido doctor- -dijo vivamente el barón. -Cuento con que seíéis de los nuestros. Estaremos en familia. El médico pareció dudar. ¡Oh! Tengo empeñó en ello- -prosiguió Max. -No podéis negarme la pri nera cosa que os pido. Decidme pronto si aceptáis. Luciano d Harblay pensaba en Leonida. No necesitaba más que aceptar, para encontrarse al día siguiente á sn lado, con intimidad, viviendo su misma vida algunas horas. -Acepto, señor barón- -respondió. -Y yo os lo agradezco mucho... Estoy seguro que vais á entenderos á las mil maravillas coji mi madre... ¿Lo dudáis? El joven doctor hubiera podido responder: No lo dudo pero le vino la idea de aprovechar lá ocasión, inesperada que se le ofrecía, para defender la causa de Leonida.