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A B C. MARTES t 4 DE MAYO P E 1903 v OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 5 Sociedad Ginecológica, penetró en el Instituto fundado por su gran maestro Federico Rubio, en la Real Academia, en todas partes, eon la reposada rapidez del tren de lujo correcto, silencioso y á su hora. Por aquellos tiempos ejercía yo de nuevo apóstol de la infancia, como me calificó, mi desde entonces fraternal amigo. No olvidaré que uno de sus primeros escritos, referente, á la alimentación de los niños, me Ip transmitió para obligarme á la propaganda de la redención del niño, que más lá necesita, decía, err estos tiempos que el esclavo y el loco. Ignoro si mis pobres esfuerzos han correspondido al mandato de mi hermano mayor, pero sí me regocija recordar que la lactancia materna por nosotros preconizada en toda ocasión y momento, se impone ya, afortunadamente, en todas partes, á despecho de los egoísmos sociales y de las modas exóticas. La naturaleza, escribía Gutiérrez, dotó á la mujer para el niSo de ese néctar tan sabroso, como inmenso es el amor que le elabora y que á la par sirve de lazo para perpetuar la estrecha unión de dos seres antes identificados en una personalidad. Nada, ni nadie puede ni debe oponerse á esa tunción augusta. En cuanto se separa á un hijo de su madre se relajan los santos vínculos que contribuyen á que ambos estén sanos y sean buenos. ¡Bendita sea la Ciencia que nos permite invocar su nombre para que realicemos esta propaganda redentora! Referir detalles biográficos en uiía rápida si lueta sería tarea presuntuosa y ridicula. Los éxitos operatorios, las batallas profesionales, las minucias de la yida, las grandes y pequeñas cosas de la existencia humana son detalles de interés secundario. Pasan los años, desaparecen los hombres, sólo perdura lo espiritual, lo permanente del alma humana. Y en el alma de GUTIÉRREZ vibra hoy, lo mismo que antaño, elamor á la humanidad y á la Ciencia. Encanecióse su barba, pero aún se mantiene erguido su torso, brillando su claro talento á través de los grandes y expresivos ojos. En las enarcadas cejas, en la encorvada nariz, en la recogida testa un genial caricaturista acaso vería los rasgos de un águila caudal. Como ella se ha remontado con manso vuelo á grandes alturas, seguido por el acendrado entusiasmo de los que le admiramos y amarnos. Desde sus tumbas se habrán estremecido de gozo el insigne RUBIO y GALÍ, gran león de la Medicina española, pero sobre todo aquel varón justo y honrado que conoció todas las dulzuras y los desengaños todos de la profesión, el inolvidable, dignísimo y augusto Patriarca de la Ginecología nacional, que se llamó en vida D. FRANCISCO ALONSO Y RUBIO. EM 1 ñ FRANCESA POR TELEGEAFO PARÍS, 1 3 7 T. 1 1 n discurso de uriana. En la sesión celebrada está tarde en la Cámara de los diputados, el ministro monsieur Briaud, contestando á las interpelaciones que le habían sido dirigidas, pronunció un elocuente discurso, que ha sido elogiadísimo. Comenzó reivindicando la responsabilidad de sus actos; dije que sus compañeros de Gabinete son solidarios con él de las determinaciones del Gobierno, y pidió que se le juzgue, 10 por su discurso, sino por sus actos. He aceptado el Poder, anadió, por consejos áe Jaurés. Hoy los socialistas no admiten que haya reformadores en el Gobierno, porqué esto les aisla en el país. (Aplausos en la mayor parte de los escaños. La Confederación del Trabajo, que se halla en manos de los anarquistas, no representa á los Sindicatos obreros. Al tratar de la cuestión sindical, demostró Mr. Briand que los maestros de primera enseñanza sindicalistas son apenas 800, entre los 118.000 maestros que existen en Francia. Respecto de la destitución del maestro Ne gre, dijo que rio podía proceder de otro modo sin faltar á su deber. (Todas las izquierdas ovacionan al orador. La Confederación. del Trabajo, añadió, al llamar hacia sí á los funcionarios, quiso provocar la confusión y el desorden, sin provecho alguno para obreros ni funcionarios. (Se repiten los aplausos en todos los bancos de la izquierda. E 1 Gobierno, prosiguió Mr. Briand, se niega terminantemente á autorizar á los maestros de primera enseñanza para que se sindiquen. No dejará que se formen Asociaciones que podrían hablar, al país por sobre el ministro. Después del discurso de Briand, dase por terminada la discusión general, y por no haberse presentado aún la orden del día más importante, que es la de la delegación de la izquierda, se aplaza el debate hasta mañana, y se levanta EL CIEQO. ¿QUIEREN DECIRME LAS BUENAS ALMAS POR DONDE SE VA A LA JEFATURA la sesión. INDISCUTIBLE DEL PARTIDO? EL TRANSEUNTB. -ÍPOR AQUÍ, HERMANO, POR AQUL. Í GRABADOS t a apertura de Cortes. Por separado reseñamos extensamente la solemne ceremonia de apertura de Cortes verificada ayer en el Senado, y de la cual damos dos interesantísimas fotografías en la parte gráfica del presente número. 7 l Dr. Gutiérrez. Al insigne tocólogo, de merecida fama universal, Dr. D. Eugenio Gutiérrez, cuyo retrato aparece en estas páginas, dedica un interesante artículo su Colega y querido colaborador nuestro El Dr. Fausto. 1 a comunión en el Hospital. Dimos ayer la noticia de haberse administrado el Sacramento de la Comunión á los enfermos del hospital Provincial. Durante el acto obtuvimos la fotografía que hoy reproducimos. SliUETAS CONTEMPORÁNEAS acé veinticinco años que ingresó en la So ciedad Ginecológica Española un joven montañés, de gallarda presencia, simpático ros- tro y modesto continente, deseoso de cultivar la difícil especialidad de enfermedades de la mujer. En aquella Corporación, compuesta de escaso. pero muy escogido personal científico, reinaba. una atmósfera de afectuosa tolerancia y fraternal afecto. Era su presidente un hombre honrado, digno y sabio, celoso en mantener los fueros profesionales, pródigo en difundir enseñanzas, severísimo con el vulgo, al cual no aduló jamás, paternal con los principiantes, á quienes aconsejaba y protegía en todo momento Pertenecía á la generación insigne de los Argumosa, Corral, Martínez Molina y tantos más, maestros estudiosos é indulgentes, médicos llenos de abnegación y caridad, escritores cultos- f elegantes cuya influencia educadora contribuyó indudablemente á formar nuevos espíritus amantes del verdadero progreso científico. El joven montañés había ejercido en un partido rural, volvía del extranjero y demostraba un entusiasmo extraordinario por sus especiales estudios. Expresábase con suma claridad, hablaba in esas arrogancias petulantes que revelan á tiro de palabra á los hombres vanos é impacientes áridos de repartir á manera de prospecto callejero los conocimientos adquiridos en, rápidas y desordenadas lecturas. No llevaba las ideas en el cerebro como conducen los iluminados tranvías á una muchedumbre abigarrada que se amontona en el vehículo y se renueva incesantemente, produciendo su vista desvanecedor mareo. Los juicios y razonamientos estaban bien acomodados cual viajeros de tren expreso que se sabe de donde vienen y adonde van. De suerte que al oírle EL. DR. FAUSTO referir cosas nuevas, enunciar sus dudas y comentar fracasos, comprendían sus consocios que el inteligente conductor (para seguir la comparación) iría muy lejos y sin riesgo. Moreno de coló? con barba negra recortada, sus facciones de perfil aguileno pronunciado eran enjutas y su cara permanecía inmutable, en tanto que toda la expresión anímica condensábase en los ojos grandes y candidos, y, E l PLAZO TEOXIMO PUBLICARA sobre todo, en las bien trazadas ¡cejas que al enarcarse c fruncirse acompañaban con mímiSU PRIMEE NUMERO ca singular á 3 a palabra que fluía lenta y un tanto monótona de los labios entreabiertos. Su mirar, entre cejijunto y asombrado, ejercía una misteriosa sugestión sobre los, oyentes. Los ojos abiertos é impávidos reflejaban sin esfusrzo la sonrisa benévola y familiar rev ¿lador $i. de afecto ó la fría impasibilidad de una indifeAPARECERÁ EM BREVE rencia severa doade se percibía- ua desdén nttnca ofensivo. Asiera y así es EU ENÍO GuT I ÉKRSZ. Con ISiMíoteca Calleja. La novela semanal mas b el mismo erguido andar con que entró en la rata, 300 páginas en 8, en pasta, 80 céntimos. BIBLIOTECA DE A B C 112 LAS DOS BARONESAS 109 La baronesa viuda- había recibido á todo el mundo, explicando la imposibilidad de er á sn hijo. Las visitas se sorprendieron, u n poco de t a n rigurosa consigna, cuyos motivos les parecían obscuros. De ahí dieron por hecho que el- médico desesperaba de salvar á su enfermo y que lo secuestraba en la soledad como medida de prudencia, pudiendo ma- nifestarse á la hora menos pensada uri acceso de hidrofobia. Poco á poco se hicieron las visitas m á s raras, y al cabo de quince días nadie se presentaba en el chalet. Pedro Lion, con frecuencia interrogado por los extraños, permanecía impenetrable. Todas la mañatias, luego que el doctor se había marchado, iba á dar noticias á la baronesa viuda; pero tampoco á ésta decía absolutamente nada más que lo que el doctor le había mandado que dijese. Todas las mañanas se presentaba Mr. d Harblay en las habitaciones de la joven á fin de informarla por sí mismo; p e r o t r e s días hacía que la puerta permauecía cerrada para él, y se veía obligado á dar las noticias por conducto de la doncella. El primer día había preguntado si Mad. de Tréves estaba indispuesta. La respuesta negativa que obtuvo, y el haberse renovado los siguientes días la no admisión, dejando libre campó á las conjeturas, produjeron en él. no u n a herida de amor propio, sino una pena en el corazón. ¡Por qué le trataba Leonida no solamente como á indiferente, sino como 3 importuno de quien se huye, y como enemigo de quien se desconfía? ¿Había ella adivinado su amor y lo consideraba como u n a ofensa? Arrastrado por su pasión, ¿no se había permitido demasiado pronto pedir s u parte en las penas, en los sufrimientos, en las lágrimas de la joven? ¿No le guardaría rencor? f He aquí lo que el pobre Luciano se preguntaba sin poderse á sí mismo responder. La incertidumbre constituía para él un verdadero suplicio. Llegaba hasta maldecir la funesta casualidad que á esta casa I había traído, y pensaba seriamente en retirarse. Pero al momento sé confesaba á sí propio que nada en el mundo le decidiría á abandonar á Mad. de Tréves que se hallaba sin aliado, sin a r o o sin defensor, entre personas que la hacían sufrir. Cuando, por tercera vez, chocó contra u n a puerta cerrada, el golpe fue particularmente rudo. -Esto no puede seguir así- -dijo; -me moriría... E s necesario que la vea ma- ñaña... Absolutamente necesario. Este mismo día volvió Luciano á las cinco de la tarde y entró en el cuarto. de su enfermo. Este, medio acostado en un gran sillón, cerca de la ventana, estaba leyendo. Una banda de seda negra sostenía el brazo herido. Él rostro estaba pálido, obscurecida la frente, triste la mirada. Al ver entrar á Luciano el barón se incorporó y le alargó la man valida, pues de gastar el ultimó cuarto, no me quedaba otro recurso que morirme de hambre. Te debo eterna gratitud, como se la deberé también al Dr. d Harblay, pero todavía más á ti que á él, pues él no me ha dado más que sa asís. iencia y tú me das tu dinero. Jorge seguía con los billetes de Banco y el papel sellado en la mano. -Vas á darme recibo- -dijo él. Marieta le miró con sorpresa. ¿Recibo? -repitió- Sí. -Entonces estaba yo equivocada... ¿Tú me das este dinero 6 me lo prestas? -Te lo doy. -Entonces, para qué este recibo? -Es una simple formalidad. -Ésta formalidad debe tener un motivo. De seguro que lo tiene. Cebes también decírmelo. -He aquí el motivo: tú estás sin familia y no tienes interés por nadie en eJ mundo. -Igualmente que nadie en el mundo, excepto tú, se interesa ppr m Mr. de Nerville prosiguió: -Por otra parte, yo no soy rico. -L llegarás á ser... -interrumpió Marieta. ¡Sea! Pero todavía no lo soy. Supongamos que tu llegues S morir. ¡No tengo maldita la gana de morirme! -Sólo se trata de una suposición. ¿Quién te heredaría? El erario público. Convendrás conmigo en que eso sería muy. estúpido, -Haré mi testamento á tu favor... -respondió riéndose Marieta. -Es. mucho más sencillo que hagas un recibo... No des á esto uinguiia importancia, y no busques en mí una segunda intención que no existe. -En suma, no tengo más que conformarme... Veo que has traído papel sellado... -Naturalmente, aquí no se le podría uno procurar. ¡Eres hombre precavido... Acércame la mesa, sobre la cual hay plunias y tintero. Mr. de Nervllle acercó la mesa, colocó delante de Marieta la hoja de papel sellado y mojóla pluma en la tinta. El primo de Max dictó: -Reconozca haber recibido de Mr. Jorge de Nerville la suma di siete mil francos Ú título de préstamo... el médico apretó ligeramente. Marieta se interrumpió, dejó la pluma y mirando frente á frente á su antiguo amante, pronunció estas palabras en tono burlón: -Ño creo una palabra, mi buenísimo Jorge, de la historieta que me acabas de contar. ¿Quieres saber mi opinión acerca de lo que me estás haciendo escribir? -Nó deseo otra cosa. -Y bien; piensas que tendrás necesidad de mí un día ú otro para una cosa grave; temes que te regateé mi colaboración y quieres podar hacérmela forzosa... ¿He adivinado? Torge se estremeció.