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NUMÜRU 704 A B C JUEVES 9 DE MAYO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 5 gusto del público, no nace más que relajarle Eos salones, dice, se llenan de público que va á admirar los cuadros vivos. Si esa gente es tan admiradora de la estatuaria y de ía escultura, ¿cómo es que no visita lus i Iii! eüs y la Real Academia? Porque buscan una emoción grosera carnal, más iue una sensación artística. La desnudez del cuerpo humano no es iadecente. Pero se la hace indecente por cualquier detalle que la abandona ó que la vela. El más célebre filósofo moderno ha dicho que la Ventis de Médicis, en su perfecta desnudez, es propia y magnífica. Pero si se la pone en la cabeza un sombrero parisiense ó sobre las pantorrillas unas ligas, se la convierte en im- piidica. a Y es verdad. Los empresarios de esos e. spectáculos así lo han reconocido, y de común acuerdo lian suprimido los cuadros plásticos en los programas de sus espectáculos. MAPAMUNDI Ante los tribun a l e s de Pati acnbn de verse un proceso insigiiiíii anle por el delito que se persej uía, pero curioso, y eñ el mal juega un papel importante un producto Spafiol: las cerillas. Sabido es que las cerillas, conin los naipes, constituyen un monopolio del Estado francé. i y que ambas cosas constitilj en en sus fronteras un contrabando de los que más persecución sufren. Bueno; dos vagabundos, dos golfos, que diríamos por aquí, se presentan á los gendarmes y les brindan unas cajas de cerillas españolas á bajo precio. Los ifendarmes detienen á los osados contrabandistas y les entregan á la justicia. Se verifica el juicio y los procesados son condenados á 50o francos de multa. Son insolventes y por lo tanto han de sufrir la detención equivalente; dos meses de arresto en la cárcel de la ciudad. ¿Tienen ustedes algo que alegar? -pregunta el presidente, después de leída la sentencia. -Sí, señor- -contesta uno de los reos, -que nos parece escasa la condena y que, además, no nos conviene por lo corta. Estupefacción general. -Advertimos al Tribunal- -agrega el desahogado criminaU- -que somos reincidentes. Acabamos de sufrir otros dos meses de prisión en Niza también, por vender cerillas españolas. Kn Diciembre último cumplimos en Arcachón otros dos meses de encierro, y algo ha de valemos la leincidencia, porque en nuestro plan no entra ir á Biarrit hasta Septiembre, que es cuando empieza allí la temporada. -K. xplíquese usted- -ruge el presidente. -Pues es muy sencillo. Nos hemos propuesto pasar cada estación del año en una ciudad de las que se recomiendan por su clima. Pasamos el otoño último en Arcachón. El invierno último en Niza. Ea primavera vamcs á pasarla en Pau, y e l verano, Dios mediante, en Biarritz. Con los dos meses que vamos á estar presos ac uí no salvamos más que los meses de Mayo y Junio. -Pero si se os condena á un raes más- -dice el presidente, no sabiendo j a si reír ó si sentir indignación, ¿qué haréis el mes de Agosto? -Ir á la frontera española á comprar las necesarias cajas de cerillas para hacer el negocio de Biarritz. Advertimos al presidente que viajamos á pie y necesitamos por eso tanto tiempo. Los estimables golfos han sido condenados. en efecto, por reincidentes, á tres meses de prisión. Pasarán, pues, el verano en Biarntz, rmdiendo culto á la moda. Pero el caso no puede servir de estímulo en España. Si hubiese en Francia tan malas cárceles y servicio penitenciario tan malo como aquí, ¡un demonio habría prójimos aficionados á veranear á costa del Estado! Q O L F E R I A INGENIOSA H O M B R E D E DOS Un proceso que acaba d e verse CORAZONES en Ñapóles, ha dado á conocer un nuevo género de estafa. José Di Maggio tuvo la suerte de X enir al mundo con dos corazones. H ta extraña particularidad fué confirmada en un examen médico verificado en el Hospital militar de Roma. Los ravos Rcetgen hicieron ver que Di Maggio posee dos corazones, uno del tamaño natural y otro más pequeño. i Con dos corazones en el cuerpo debe hacerse suerte, pensó el afortunado hombre, j para lograrlo empezó por hacer mucha publicidad, has- El juez Jano, ó la justicia es igual pata todos en Francia PONlFERENCl A INTERNA C l O N A L DE VENECIA En breve se reunirá en la ciudad del Adriático la Conferencia internacional para aprobar los anteproyectos de Tratados referentes á la Limitación de la responsabilidad de los armadores. Hipotecas y privilegios marítimos, discutir el cuestionario del Comité nacional de Amberes respecto á los Conflictos de ley en materia de fletes y redactar el anteproyecto que haya de servir de base á la unificación del Derecho marítimo en la materia. El distinguido marino D. Juan Spottorno, designado de Real orden para representar al minusterio de Marina en dicha Conferencia, hn formulado las conclusiones del cuestionario que presenta España y que abarca todo lo relativo á fletes en caso de pérdida del buque, de venta del cargamento, detención del buque y retraso de la carga v de- ícarga. A la circular que el Sr. Spottorno envió á las 22 Cámaras de Comercio del litoral de España sólo han respondido ocho, entre ellas las de Barcelona, Vigo, Sevilia, Ferrol, Santander y Mahón. Las restantes parece qne ni siquiera han acusado recibo de dicha circular, á pesar d e Tiene usted Ja bondad, caballero, de ex- tratarse de un asunto de tanto interés. plicar al Tiibunal qué razones le lían impulsa V. a i sado para distraer esos cuatro millones de francos? Indudablemente le ha arrastrado á usted el lujo, ese lujo que obliga á cometer tantas ¡Vamos! Diga usted pronto qué motivos te han impulsado á cometer ese crimen, ese atentado contra la saciedad, ¿por qué ha robado usted un pan de cuatro libras? J o se excuse usted con el hambre, porque no es un pretexto admisible. faltas... (De le Vivant, de París. ACTUALIDADES EN PLAZO PRÓXIMO PUBLICARA SU PRIMER NÚMERO E. L ta que encontró un buen señor, llamado Tuffoleti, que se interesó por 61 y que llegó ha. ta ofrecerle la mano d e su cunada, joven, bella v además riquísima heredera. Di Maggio, que pretende ser de noble familia, pidió á su amigo una fuerte suma, para hacer frente á los gastos de boda. Estaba esperando una porción de miles de liras que debía enviarle el Museo Anatómico de Madrid, al cual habla vendido la propiedad de su cadáver mediante la cantidad de 70.000 francos. El ffi (í (7 íá hizo efecto. Su pre. untrt hermano político le dio esa cantidad. Pero el Museo madrileño no enviaba un cuarto, ¡naturalmente! Vino la r. -w wí del señor Tuffaletti; la convicción del engaño, después, y, finalmente, la denuncia á la justicia. El tribunal h a condenado á Di Maggio, por estafa, á cuatro años de prisión, coSa que ha sentido co 7 t todos sus corazo? ics. El procesado protestó después de leída la sentencia, diciendo; Observad que condenáis á la Ciencia. Y luego al paño diría: ¿De qué le sirve á un hombre tener tanto corazón? EL UBRO ILUSTRADO APARECERÁ EN BREVE L D E S N U D O EN Til obii po de Londres -i w r- i ATPRRA e m j s r e n d i d o una iiNtiLA J tiKKA c, i ¿j. gica campaña conÍ I I P t? A Ped dí la. cas U JH O i- IV O F. Villa. Carretas, 11. tra los cuadros vivos ¿ue se ofrecen en muchos cafés- cantantes d e Londres y su proEl gusto agradabilífiimo, la fácil mezcla, con agaa y la vincia. eoiiservaeión ilimitada, lian PonlribinMo i, la graa El puritanismo inglés considera que la ex- fama qiip an a la t EBEVIKIWA- AI BO! ICAhibición en público de estatuas vivientes es AR l K VKS. Arenal, 2; Alcalá, 7, y Tctuán, H. demnsiadosugesliva. Sicalíptica, diríamos aquí. VATL un artículo ue Ormiston Chanta, escritora muy conocida, publica en kh Dixpaich, clama también contra esas exhibiciones, como clamó hace algunos años al emprender otra IiÍqniuHS l otosráflcas Capüia R i c h a r d campaña por el estilo, y dice que el espectáculo, lejos de evocar el amor al arte y educar el P PHOTO- HALL PLAZA deí ÁNGEL, 2 0 BIBLIOTECA DE A B C 100 LAS DOS BARONESAS 97 ¿Próximo al campo de catrerasF- preguató vívaaiente tarifta. -A 20O metros, poco más ó menos. ¡liso es excelente... ¿Has tratado en nombtc mío! -Todavía no, es menester entenderse. ¿Habrá el diablo detrás de la cruz? -No, pero no podía yo obrar sin consultarte... v ante todo importalaa saber si te gustaba la cosa. -Me gusta... quisiera que eso estuviese y a hecho... -Entonces el resto corre de tu cuenta. ¿Y cómo? -Yo no tengo por qué obrar en tu nombre, y deseo n o mezclarme pAra nada en la compra... por el momento al menos... ¿Y entonces, cómo haremos? -Tratarás tú misma con la viuda Páreur... (es el nombre de la que réndrt. El estado delicado de su hija la obliga á partir para el Mediodía, su pafa natal. -Pero -o esto 5 en cama, y si esa señora tiene p n s a de vender, no voy á poder tomar posesión. -Es preciso que la vea. y te entiendas con ella sobre este particttlar, y tflBi bien en lo que toca al precio de la venta... te doy carta blanca. -No te apures. -Vas á escribir á Mad. Pareur. ¿Qué? -Voy á dictarte. Jorge colocó delante de Marieta Ux p. cartera, papel, tinta y pluma, y dictó estas cuatro líneas: Señora: Tened la bondad de pasar lo más pronto posible á Montgresiü, H o tel de la Campana de Oro, para tratar de la venta de vuestro estaWecimiento con vuestra muy humilde servidora, que por un accidente tiene que guardar cama, M A R I E T A MrTBi. XXI en el momento que J ulio Cordier, colocado, pero había le presentamos a nuestros lectores, todavía estaba dicho á su principal que pasados algunos días pensaba dejarle, y habiéndole recomendado uno de ¡ÍUS condiscípulos de la escuela de Farmacia á Mr. Godelot, éste se le asociaba con entusiasmo. Terminemos el retrato moral del aspirante á boticario, confesando que carecía por completo de ciertas delicadezas. Sabiendo que era guapo, abusaba desuflmo, y muchas de 8 us antiguas queridas podían afirmar que él onocía tan perfectamente el fondo de sus bolsi líos como el de sus corazones. J o r g e de Nerville, al preparar su ajenjo, había escuchado distraídamente la conversación del boticario y Julio Cordier. Sin comprometerse, deseaba obtener algunos detalles de la librería en venta. Con una seña llamó al mozo del café. Este se acercó. ¿Desea algo el señor? -Deseo algunas noticias. ¿Cuáles, señor? ¿Hace mucho tiempo que vivís en Cbantilly? -Hace dos meses, señor, y es demasiado... Felizmente, dentro de tres días me vuelvo á París... ¡Bonito país es éste! Un enterramiento de primera clase, excepto los días de carreras. -Este hombre se va- -pensó Jorge; -puedo preguntarle sin temor. Después, en voz alta, dijo; -La tienda vecina al café está de venta, según creo... -Sí, señor. ¿Y por qué motivo? -La hija de la viuda Pareur, una niña ue dieciséis 6 diecisiete años, está dañada del pecho, según parece, y los médicos aconsejan á la madre q u e la lleve ai Mediodía, que es su país natal... con este motivo la madre se decide á vender... Se puede comprar esa tienda por bien poca cosa. ¿Sabéis cuánto piden por ella? -He oído hablar de 7.000 francos, con la parte de adorno, mobiliario y mercancías... H a y s ó l o en novelas por más dinero que ese, los mejores autores, y aquí se alquilan m u y bien... ¿Acaso el señor desearía comprar el establecimiento? -No, pero conozto alguna persona á quien podría convenir. -No ha 5 sino hablar con la viuda Pareur, y pronto estará hecho el negocio. La buena mujer lo apresurará todo lo posible para llevarse á su hija. ¿Estáis seguro que el gabinete de lectura está acreditado? ¡Oh! Lo que es eso, sí señor. La viuda Pareur gana dinero, todo el mundo lo sabe; la librería marcha bien, y el comercio de modas igualmente. -Está bien, muchas gracias. ¿El señor v a á ir á ver á la viuda de Parear? Terminado este corto billete, la Ardilla le pií -o un sobre, escribió l a s s e ñ a i dictadas también por Jorge, y dijo: -Es menester llevar al correo esta carta. -No- -replicó Mr. de Nerville. -Hay que enviarla por uu propio... Laa cosas mejores son las que se hacen pronto... De Montgresin á Cbantilly, p a afldo poK la encrucijada de la Mesa no hay mucha distancia, Mad. Daval, a instancia tuya, se encargará de mandar la epístola. Marieta miró á Jorge. -Pero si esta señora Pareur pide el dinero al contado. -dijo, guardándose muy bien de hablar de la suma girada por Lucila Magnin. -Es seguro que lo pedirá. ¿Y bien? -Y bien, no tengas miedo... Pasado mañana por la tarde vendré á verte... í a me dirás en lo que habéis convenido, y yo haré de modo que puedas cumplirlo. ¡Decididamente eres un buenmudiaclio! -exclamó transportada Mariettt