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n ULMISRO 70 a A B C. MARTES 7 P E MAYO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA aria que venderlo de 12 á 20. Así es que- cuanto más se produce más se pierde. Traducimos d o s UatQs para, qu guestpos exportadores no se forjen grandes ilusiones 5 para que comprendan qué, mientras dure la actual situación, resultará difícil conseguir de Francia una rebaia en sus aranceles. TRluuNA LIBRE Es iüdudable que sí ei Br. Mejía, en vez de ser un hombre de ciencia sincero y modesto, hubiese caído en 1? tentación de acudir 4 las periódicos- y á los artículos, que con abruma dora frecuencia nos referen cosas estupendas y maravillosas, y de frecuentar los palones mundanos, poseería un renombre envidiable. Pero el sabio doctor sólo se ocupa actualmente de resolver el problema de prolongarla vida humana, de. trabajar sin descanso para lograr lo que ya algunos de tbs colegas proclaman corno cosa resuelta, y no es cierto, aunque pueda llegar á serlo. Hombre activo, estudioso, incansable y tenaz, el Dr. Síeiía afirma que la aplicación de las corrientes alternativas de alta frecuencia, le están dando, desde hace quince años, resultados muy estimables; pero leálmente confiesa que aún no ha llegado al fin que- persigue, y declara que si bien el peligro de la cristalización y endurecimiento de venas y arterias ha disminuido de un 80 por 100, no ha desaparecido todavía por completo. ¡Y cosa rara! Esa sinceridad, esa honradez profesionales el mayor triunfo de su carrera. LPS muchos que acuden á su clínica van á ella con entusiasmo y fe. Aquellas habitaciones están llenas de aparatos extraños que semejan á jaulas unos, á ratoneras otros, y algunos. ¡horror, recuerdan atrozmente el patíbulo, Sólo que de ellos se sale con energías nuevas, que 110 es precisamente lo que ocurre con el tablado que evocan. El Pr. Mejía es el hombre de l a s sorpresas; siempre da más de lo que promete; los jueyes, cuando recibe á los pobres, los cura y les paga l iego la visita eon mucha delicadeza... Hombre frío, casi seco, lento para el diagnóstico, el Pr. Mejía pertenece al reducido nú tuero de los que han emprendido con empeño la noble tarea de aliviar los males que agobian á la Ivunianidad, Y así vive tranquilo, modesto, estudiando y trabajando con tenacidad y constancia y con la firme esperanza de prolongar la vida á los mortales. Tanto y tan bien había oído hablar de él que quise conocerle. Su actividad, su tenacidad para el estudio, sü amor á la ciencia y su vida de constante trabajo habían excitado tni curiosidad de manera extraordinaria... Me lo figuraba bajito, apergaminado y con el pelo y la barba de inmaculada blancura. Un. amigo común me llevó á Sacias, ese delicioso país del Oise, adonde de tiempo en tiempo va á descansar, á descansar un día, y mi sorpresa fue inmensa. El Pr. Mejía es alta y fuerte; en su barba negrísima apenas brillan algunos hilos de plata, y yo, que le creía incapaz de estar quieto un momento, le encontré sentado á la orilla del Jume, que parte en dos su jardín, cubierta la cabeza con un ancho sombrero, sentado en una silla de tijera, con una caña en la mano, miraudo atentamente el corcho que flotaba en las tranquilas aguas, y esperando inmóvil que las (truchas quisiesen buenamente picar... Y al contemplarlo pensé que este buen doctor no practica, como el otro, el refrán que reza: A rió remelto, ganancia de pescadores F. MORA LÓGICA Y TÉCNICA uy atinado nos parece el artículo del repatado escritor militar P. Jenaro Alas, pu ¿blicado en A B C, y no podemos menos do ad herirnos en un todo á sus sensatas observaciones, que nada tiene de grave pene, pudiera haber revestido gravedad por la forma de acometerlo, si la cordura y la sensatez no hubieran predominado. Pejahdo aparte lo de ¡os rugidos de ¡a fiera, y ¿o delfuego del polvorín, etc. etc, porque nada de esto es técnieo, y nosotros, conformes eoa el escritor citado, consideramos el asunto técnico, y solamente técnico, y prescindiendo de las conveniencias ó intereses de Cuerpos, sean los que fueren, -llevaremos también nuestro grano de arena á la opinión. Creemos qwe al país, dado caso que. se tengan que defender sus costas ó puertos militares, lo mismo le importará que sean de Ejéreito ó de Marina quien las defienda, con tal que lo hagan bien y dejen su son españoles, hijos suyos, y basta puede darse el caso que sean de una misma familia. En cuanto á la conveniencia de que la factorías marítimas estén en un todo dependientes únicamente de la autoridad de Marina, salta á la vista del más lego en la materia, pues es condición precisa para la buena armonía dei conjunto y para la eficacia de lgs operaciones, OBRAS EN Mh CONGRESO y hasta para evitar antagonismos que ahora se- -SI, CLAVADLOS B 1I N: NO SEA QUE CON EL CALOR DE LA JJÍSCUSJON VUELEN quieren suscitar. Agí lo han comprendido Inglaterra, Alemania é Italia, y los mismos pasos POR EL AlRi. hubiera seguido Francia si hubiese tenido en (De A Campana de Gracia, de Barcel na. el Gobierno otro ministro de Marina. Yno es la razón de que el Ejército en esas que más venden. Les faltan recursos para pa naciones deje mucho que desear, como se ha digar los intereses de sus hipotecas y la quiebra chp, pues bueji Ejército tiene Inglaterra, y nales amenaza. Los grandes propietarios son ción militar por excelencia es Alemania. Ni deudores del Banco Hipotecario (Cre dü Fon- quiere significar que el Ejército no sirva para estos casos, n las regiones v nícolas del Mediodía de cier) los pequeños deben dinero á las Cajas de mismo si talni mengua ninguna sería para el cambio se efectuase. Francia la crisis económica viene siendo erédito agrícola. Tierras que antes valían un La razón es la necesidad de la unidad en él muy aguda y eso explica que desde Nimes millón ha encontrarían hoy día comprador por hasta Perpignan se eleven claraores de deses- 200.000 francos. Citaré el caso de un propieta- mundo, y en la dirección de los elementos de rio, cuya finca producía 10 000 francos, anua- defensa, elementos que para esas plazas son peración y de protesta. En mítines donde millares de propietarios, les, y que tiene hoy que contentarse con una meramente marítimos, y que como tajes no de comerciantes y de obreros del campo pro- renta de 1.800 francos, de los cuales hay que pueden estar subordinados más que á autori- fieren quejas y lamentos amargos expónense deducir 600 para impuestos. En 1895, las viñas reivindicaciones y hasta amenazas. ¡No pa- valían de seis á ocho mil francos por hectárea; garemos los impuestos, exclaman unánimes algunas, como las del barón Hirsch enPignan, alcanzaron el precio de 15.000 francos por heclos pueblos; no podemos pagarlos! Y como creemos interesante para nuestros tárea. Pues bien, hoy sería difícil encontrar un agricultores conocer lo que en las provincias comprador dispuesto á pagar la hectárea vinícolas del Mediodía de Francia está pasan- 2.000 francos, do, nos hacemos hoy eco de lo que allí suceaU Otro dato daremos que demuestra la inten- EU PLAZO PBÓXIMO PUBLICARÁ- Según los periódicos franceses llegados sidad de la crisis vinícola: si comparamos el SU PRIMER NÚMERO en ayer á Madrid, actualmente la miseria es muy rendimiento de la renta de tabacos 1 1905 con grande en esos campos que no hace muchos la de 1904, venios que en aquel año en el departamento del Gard, disminuyó en más de años constituían un emporio de riqueza. El vino, que antes era la base de la riqueza 100.000 francos, atribuyendo la Dirección de general, causa ahora ruinas, en vez de ser una Contribuciones esa baja á la miseria de los alfuente de prosperidad. Así lo comunica á su deanos. Y es natural que la crisis sea aguda si se periódico un redactor de Matin, que ha ido á Cette para hacer una información sobre la tiene en cuenta que el hectolitro de vino vale menos de lo que cuesta. Van ya, varios años crisis económica de aquel país, y añade; El vino se vende más barato de lo que cues- que el hectolitro se vende á 8 ó 10 francos y B i b l i o t e c a Calleja. La novela semanal más bata, y los propietarios pierden más á medida cuesta, según las tierras, de 8 á 15 francos. Ha- tata, 300 páginas en 8. en pasta, 80 céntimos. honor á buena altura; pues los unos y lps otros LA CRISIS VINÍCOLA EN FRANCIA E NO HUBO MOTÍN POR TELÉGRAFO PARÍS, 6, 3 T. f esmmtiendo lo dicho, por un periódico, en el ministerio de Marina han declarado que es inexacto que se haya producido ningún motín á bordo del crucero Víctor Hugo. Lo sucedido se reduce á que unos 40 marineros desembarcaron para ir á divertirse, según suelen hacerlo las tripulaciones antes de que sus barcos se hagan á la mar. APARECERÁ EN BREVE BIBUQTEOt, DE A B C W LAS DOS BARONESAS 89 tante es ser desgraciada sin sser culpable. ¡Pejadme las sati accionés del de ber y las voluptuosidades del sacrificio! Poco á poco espiraron las palabras en sus labios, indinó la cabeza y es c largo tiempo. Pasaba de la media noche, cuando por fia se levanta para acostarse, Pasaron algunos días sin que ocurriesen incidentes dignos de ¿aliar íugai en esta narración. Mr. de Tréves estaba mejor cada vez. Luciano d Harblay venía dos veces al día y daba cuenta á Leonida de la mejoría que se notaba en el estado de su marido. La joven baronesa parecía alegre. Había preguntado al doctor si levantaría pronto la consigna que había dado y cuándo podría, al fin, penetrar en el cuarto de su marido. -Lo más pronto posible, estad segura- -había respondido Mr. d Harblay. -Comprendo vuestra prisa, es bien legítima; pero en interés del enfermo debo exigir todavía por algunos días la soledad para él Era preciso someterse, y Leonida no insistió. XX jj a 4 a vez que la casualidad ponía en presencia a l a joven baronesa, de TrS ves y á Mr. d Harblay, apenas cambiaban algunas palabras. Por otra parte, esto sucedía raras veces, pues la joven evitaba toda ocasión de encontrarse á solas con él. Leonida había vuelto á sus costumbres anteriores, y se sentaba á ¡a jaesa con su suegra y Mr. de Nerville. Los tres habían arreglado su apariencia á las circunstancias. Jorge prodigaba las más delicadas atenciones á su prima política. La baronesa viuda, sin afectar cambio completo, lo cual hubiera hecho demasiado brusco contraste con su actitud insolente y hostil de otras veces, se mostraba bastante deferente, aunque siempre fría, con su nuera, y no hablaba Hada de Max. La joven baronesa se sentía menos triste, ó por lo menos su tristeza había cambiado de causa. En cuanto se encontraba sola, se abandonaba á largas distracciones, y á veces súbitos sonrojos sin aparente causa reemplazaban la palidez de su rostro. Luciano d Harblay seguía visitando á Marieta en el hotel de La Campana de Oro. La reducción de las fracturas iba operándose sin complicaciones desagradables. En suma, el estado de la enferma era todo 1 satisfactoria que podía espe rarse. Santiago respondió sirviéndose de los sigjaos del lenguaje de los sordojudos, mudos, lenguaje que Leonida- comprendía muy bien. -Padecéis demasiado en esta casa y quiero arrancaros á esta vida de tormentos. -Cálmate, Santiago- -dijo vivamente Mad. de Tréves. TMTengo ya el hábito de sufrir, y hace mucho tiempo que estoy resignada. El mudo hizo un gesto de cólera, y volviendo á su pantomima, continuó: -He visto al médico. ¿A cuál, á Mr. d Harblay? -Sí. ¿Le has encontrado? -Le esperaba. ¿Y. qué le querías? -Quería saber si os quedaríais viuda. ¡Ah! -exclamó Leonida con un movimiento ele W- iTor. ¿Deseasla muerte 3 e Mr. de Tréves? -Sí. ¿Por qué? -Porque después de un largo martirio es menester que seáis feliz... El mudo significó por gestos las palabras que acabarnos de reproducir; pero sin duda el lenguaje de los signos le pareció insuficiente para expresar su pensamiento cou bastante energía, y cogiendo la pizarra, que no abandonaba aunca, escribió de una tirada las frases siguientes: Nirigvna criatura en el mundo ha sufrido ni sufre tanto como vos, ai lo ha merecido menos... Las lágrimas que derramáis sin quejaros caen gota á gota sobre nii corazón, y le abrasan como plomo derretido- -Vuestras mejillas se ponen pálidas y se os hunden los ojos... Las penas de vuestra alma matarán vuestro cuerpo, y yo no quiero queasísea... Quiero que viváis y que seáis feliz... Un hombre se apoderó de vuestra juventud para mortificarla y marchitarla... Si este hombre no existiese, sonreirían vuestros labios en vez de estar tristes, y vuestros ojos, brillarían, en vez dé estar velados por el llanto... H 03 ha permitido Dios que este hombre esté en peligro... ¡Su muerte sería la liber tad para vos. Su muerte os abriría las puertas de un porvenir lleno de luz y de alegría, tanto como lleno de tinieblas y dolores está el pasado... Deseo que sea hecha justicia, y pido á Dios la muerte de este hombre. Después de haber escrito rápidamente, Santiago tendió la pizarra á Leoni da, que le miraba espantada de su sobreexcitación. Leyó, y fue doble su espanto. Le parecía que el vértigo se había apoderado de ella. Temblorosa, levantó los ojos hacia el mudo, y le dijo con voz apenas dis tinta: -Nadie en este mundo es dueño de su destino, amigo mío... Hay que aceptarlo, pues, dócilmente, cualquiera que sea... Dios me ha destinado al sufrimiento... Estoy resignada, y sufriré hasta el fin sin quejarme... Te prohibo que aborrezcas al barón de Tréves y que desees su muerte... Santiago meneó la cabeza, y su enérgica pantomima respondió: -Es imposible. -Te lo manda.