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NUMERO 698 B C. VIERNES 3 DE MAYO DE 1907. OCHÓ PAGINAS. EDICIÓN i PAGINA 6 -u 1. M A D R I D E N E L C E N T R O D E D E F E N S A sociAt- MESA PRESIDENCIAL DE LA VELADA QUE ANOCHE SE CELEBRÓ EN HONOR. DE LOS NUEVOS CARDENALES MONSEÑORES RINALDINJ, 2, Y AGÜIRRÉ, 3, CON LOS CUALES APARECEN EN EL GRABADO EL OBISPO DE MADRID- ALCALÁ, ÉL DE SANTIAGO, 4, Y EL PRESIDENTE DEL CENTRO. MARQUES DE CASA ARNAO, 5. Fot. A B C mento el gran filántropo, cuando la Universi- luntad del testador, para fomentar el desarroLa de otro filántropo yanqui, también falledad de París reúne hace dos días á su Conse- llo de las ciencias, para costear los estudios á cido. recientemente en Ohio, es también digna jo, por un asunto importante y extraordinario. los jóvenes que sientan amor al saber y carez- de ponderación. Su donación consiste en aseEl vicerector Liond da lectura al testamen- can de recursos para cultivar sus aficiones. gurar, con los intereses de un capital legalA FILANTROPÍA EN Otro, donativo to de Mr. Co inerey, otro filántropo que acaba 1 El nuevo caso, de esplendidez, traerá teas síf mente constituido, el suministro gratuito de de. morir, dejando su- fortuna á la institución otros de análoga y positiva utilidad pública, libros paira sus estudios á 50.000 alumnos, los- -E L EXTRANJERA que representan los maestros del saber. En América esos donativos son frecuentes. Las jtnás necesitados, de los centros de instrucción Mr. Comerey dejará la Universidad- cuatro Universidades norteamericanas son casi todas tde sepáis. Prevé el caso, qué ya en otras naíudio, ¡pero no en España! El Instituto Pasteur, ricas. -La iniciativa individual es mucho más ciones se practica, de que los estudiantes curde París, acaba, apenas de disponer la distri- millones de francos. sen sus asignaturas sin estudiar en libros, esto bución de los millones eme le deió en su testa- -Este dinero servirá, s e g ú n la- última vo -eficaz que la oficial en todas partes. A TRAVÉS BIBLIOTECA DE A B C 86 LAS DOS BARONESAS 87 No se le- consideraba como criado, aunque él no perdía ocasión de hacerse útil, y gozaba. de libertad. completa. f, Desde lis dos deíatarde, es: decir, desde el instante en quele; hemos viste acercarse á Mr. d Harblay en una setídá del bosque, para tener con él la singular entrevista que nuestros lectorés, conocen, Santiago Habért no se había presentado delante deXeonida. Aceñas le habían visto entre ellos, lps. criados. Hacía sus comidas apresaradamente y luego se alejaba sin que nadie se cuidase de saber adonde iba. Su rostro, de continuo taciturno, lo estaba cada vez mas. Presa de profunda tristeza, Santiago. Habért erraba sin rumbo, por el bos: qué- de. ChanMlíy, ó. bien. se- encerraba en el cuarto que lé habían destinado encima de las caballerizas del chalet: I as preocupaciones, cada, vez mayores, del excelente hombre, nos parecen la; cosa más... fácil de comprender. Pensaba día y noche en. Jas palabras del. doctor. Vuestra ama quiere que viva su marido, y haré todo cuanto pueda poi salvarlo. Esta sencilla frase había producido en el mudo una impresión terrible. Iva voz seca, y casi- severa de: Luciano d Harblay, echándole en cara un ex ceso de celo, que hacía nacer en él malos pensamientos, le había herido en el corazón. El médico, jurando. salvar á. Max de Tréves, aparecía como un enemigo más, que venía á traer al, chalet de í, amorlaye nuevas angustias y nuevos í dolores. Esta creencia se. apoderaba de él; ningún razonamiento podía desvanecerla. -te bastaba saber que Lebnida era desgraciada, y su desgracia era demasiad. o ciertaj para que un rencor adusto. se apoderase de él contra cualquiera que le pareciese podía, aumentar sus penas. La muerte de Max de Tréves debía traer, según él, la libertad, la calma y la del detestado marido, una nueva existencia comenzaría para la joven viuda. Había entrevisto, todo eso en un. sueño, en el momento en que el perro ra- bioso mordía á Mr. de Tréves. Las preguntas hechas al doctor en el bosque de Chantilly, probaban hasta qué punto podía llevar Santiago Habért su ciega abnegación. ¡De. manera, que esté hombre vivirá! -se decía pensando en Max. Después se preguntaba desalentado: ¿Qué podré hacer para, arrancar mi hija, mi Leonida, á este martirio de todos los momentos? ¿Cómo me arreglaré para que no sufra? Si Santiago Habért hubiese podido deshacer entré sus nervudas manos á la baronesa viuda, al barón Max y á Luciano d Harblay, lo habría hecho, no sólo sin vacilar, sino cqn alegría cruel; con voluptuosidad feroz. Con respecto á Luciano, sobre todo, una espantosa tentación asaltaba su mente. dicha á s uWja- querida. JDel otro lado de la tumba cerrada La comidafue triste... Ivásnotícias eranbuenas. Se manifestaba sensible mejoría. Bl médico consideraba á Max completamente fuera de peligro. Hemos dicho cuál era, en casa del barón, lá posición de Santiago Habert, posición excepcional, pues el marido de la nodriza d ¿Juéonidá no estaba obligado á ningún servicio particular. -Si á este médico le sucediese una desa- racia. el barón. JVIax) privado de su