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NUMERO 697 A B C. JUEVES 2 DE MAYO DE 1507. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 6 sus patrióticos apostrofes, tachan de cursis y hueros, las otras generaciones. Borraron, al fin, los años las huellas de la hecatombe; impetuosos huracanes derribaron altas torres, y no faltan, más bien sobran, espíritus superiores que piden que se supriman revistas y procesiones... ¡Es eso tan... europeo! ¡Se lleva tanto en Osbome y en Chicago y en Ginebra. y en Stokolmo y en Londres sonreírse de las glorias de los héroes españoles, que aquí es casi de mal tono hablarde Bailen y Móstoles! De modo que es conveniente convenir, mientras no soplen otros vientos, si es que soplan, en que fueron unos zotes las majas y los manólos que acuchillaron dragones, puesto que es, todo el que muere por la patria, un alcornoque. Ya se sabe que eí que quiera ser, en los tiempos que corren, europeo y avanzado, tiene que acatar las órdenes y enarbolar la bandera triunfadora en todo el orbe con el lema consabido: ¡Sólo de pan vive. el hombre! to con el cual acaban de verificarse pruebas muy intereáantes. Estas se hicieron en Cartagena á presencia de ilustrados jefes de la Arsnada, según dijimos ayer. El inventor demostró la posibilidad de hacer explotar un torpedo fijo por medio de las ondas hertzianas, y de consiguiente, poder suprimir los cables conductores necesarios en los torpedos actuales para enviarles desde tierra la corriente que los hace explotar. El resultado fue completamente satisfactorio, quedando demostrado en la práctica lo que el inventor se propuso. Hemos dicho que ésta es una aplicación que el Sr. Balsera da á su invento, y añadiremos que aún tiene otra más importante, eomoes el hacer verdaderamente práctica la telegrafíasin hilos. Bien sabido es que los sistemas actuales de telegrafía sin hilos tienen todos el grave inconveniente de que estando comunicando una estación transmisora con su receptora, cualquier ptra estación transmisora puede ac. tuar también é imposibilitar la recepción, pues las radiaciones ú ondas se extienden en todos sentidos por el espacio, resultando que los reveladores de ondas ó- cohesores acusan todas las que á ellos lleguen. Ahora bien; pudiera evitarse todo esto estableciendo un perfecto acuerdo, ó, en una palabra, sintonizando cada estación transmisora con su receptora correspondiente; pero de tal manera, que no pudiesen perturbarse unas á otras. Esto resulta imposible de conseguir en ninguno de los actuales sistemas radiográficos y, por consiguiente, todos adolecen del grave defecto antes dicho; habiendo resuelto el señor Balsera este problema con su invento, és por lo que tiene éste una importancia grandísima, además de sus múltiples aplicaciones prácticas. No hace muchos días que en la intendencia de Marina y en presencia del capitán general del departamento, efectuó el Sr. Balsera otras pruebas para demostrar que un torpedo ó torpedero submarino era susceptible, merced á una disposición por él ideada, de ser dirigido én todos sus movimientos y hasta la distancia que la vista alcance, por medio délas radiaciones hertzianas emitidas desde un buque ó desde tierra; y como el torpedo ó torpedero submarino debería sus movimientos á los aparatos registradores de ondas que en él llevara y que vienen á constituir lo que podría llamarse un servomotor radiográfico, dicho se está que, por las razones antes expuestas, el inventor aplica su sistema á este servomotor, y poniéndolo de cierto modo én acuerdo perfecto, es decir, sintonizándole con, la estación que hade dirigir el torpedo, evita en absoluto que cualquier otra estación radiadora, por cercana que esté y potentes que sean sus radiaciones, pueda perturbar en lo más mínimo los movimientos del torpedo ó torpedero, el cual sólo obedecerá á la éstacióa que lo dirige. El Sr -Bálsera rqbó en la práctica todo esto ante el- seHor cap áTa e eíal, qbm, d hemos dicho, quedando dicfío s eñbf altamente eómplasidó y satisfecho del éxito. Esta aplicación del invento á los torpedos automóviles y á los submarinos fue presentada or el Sr. Balsera al ministerio de Marina, haiéndola acogido muy favorablemente este departamento ministerial y disponiendo pasase 1 inventor á Cartagena, donde pudiese experimentar, para que la Junta técnica de la Escuela de Aplicación del crucero Lepan fó diese informe. La Junta está convencida de la importancia del invento y sus fines prácticos, como lo demuestra el favorable informe emitido. INVENTO NOTABLE oven oficial de El i sera es inventorTelégrafos D. Matías Bal- de un maravilloso apara y á os vates que lanzaron SINESIO DELGADO NOTAS PARISIENSES ha tenido días pasados la feliz idea de ofrecer á sus íntimos y á un número limitado de periodistas una representación de la ópera Salome que debe ponerse próximamente en escena én París, y que tanto da que hablar desde que los americanos la rechazaron y los alemanes la aclamaron con entusiasmo. Aunque no sea fácil prever e l efecto que producirá en una gran escena esta obra representada en un cuadro tan limitado, y en cierto modo improvisado, puede, sin embargo, asegurarse que Salomé es una de las obras más curiosas y tal vez más intensas que se han repre: sentado desde Palleas. Es indudable que el poema de Osear Wilde, con. sus violencias y su constante preocupación de mantener en la misma forma de originalidad, se presta alas fantasías del compositor. -Los recitados de Salomé ájuan Bautista, sus ardientes confesiones de amor, el furor sensual con que le. habla de sus cabellos, de sus labios y de sus. ojos, para terminar despreciando aquello que acaba de ensalzar con. tanto exceso, causan, una impresión violenta. El furor de Herodes, su turbación, la exasperación de sn deseo; y la locura de Salomé al contemplar la cabeza del precursor, cortada en medio de un silenció trágico; sus crisis de saciedad y el cinismo de esa criatura, ávida de sangre, acariciando la cabeza del decapitado, como si reposase aún sobre sus hombros, pudieron efectivamente asustar las susceptibilidades del Nuevo Mundo. J En verdad, la hija de Herodes va demasiado lejos; se comprende, pues, que en el momento de caer el telón, Herodes ordene á sus legip NA REPRESENTACIÓN El eminenteprofesor del ConDE SALOMÉ DE RI- servatorio, ilionC H A R D S T R A U S sieur Ismardon, D MATÍAS BALSERA; INVENTOR DE NOTABLES APLICACIONES DE LA TELEGRAFÍA SIN HILOS, CUYAS PRUEBAS ACABAN DE- VERIFICARSE CON EXCELENTE ÉXITO EN CARTAGENA O P L A S DEL JUEVES. V f g Os DEMAYO Y van roncas las mujeres empujando los cañones. López Garda. E Gran cosa fue el heroísmo que entre estampidos y voces llevó á morir á las majas y á los manólos de entonces- que ¡ilusos! por. una idea, al parecer santa y noble, hicieron aquel. esfuerzo colosal, inmenso, enorme, para detener el paso ante unas- tapias de adobes á soldados aguerridos y en cien i.i des vencedores. Horroroso fue el combate, brutal y sangriento el choque, pelearon como fieras las mujeres y los hombres, y, al fin, los vencidos fueron, en revueltos pelotones, prisioneros por éldía, fusilados por la noche... Fue de la- hpmérica hazaña grabado el relato en bronces í que no. podrán ser eternos porque él tiempo los carcome, BIBLIOTECA DE X B C 82 BIBLIOTECA DE A B C 83 Una especie dé. delirio se apoderó de él, y cogiendo las manos de Leonida, exclamó casi sin conciencia de lo que decía: -Señora, me atormentáis... me destrozáis... Vuestras. lágrimas me vuelven loco... vuestros sollozos me matan... Mad. de Trévés levantó la cabeza bruscamente. Sus sollozos se contuvieron. Sus lágrimas cesaron de correr. Miró á Luciano con extremada sorpresa y curiosidad devoradora. Bajo el peso de estas miradas que parecían querer penetrar hasta el fondo de su alma, el joven médico sintió que se turbaba, volvió á un lado el rostro, al cual, una oleada de sangre había vuelto color de púrpura, y soltó las manos de I, eonidá. Esta no comprendía nada de lo que acababa de pasar. No se explicaba ni las frases entrecortadas que acababa de pronuncia! Mr. d Harblay, ni el ardor de su- voz, ni la llama que salía de sus ojos; tampoco trataba de comprender; sentía á la vez uña opresión singular y un vago sentimiento de alegría. A estas complejas emociones sucedióun momento de silencio. Luciano lo rompió. Su voz todavía era febril; pero había recobrado su apariencia habitual de tranquilidad. -Esta casa sólo me ha sido abierta desde ayer- -dijo; -tan corto, espacióle tiempo ha sido lo suficiente para demostrarme que lucháis heroicamente contra una tiranía que no tiene disculpa. Os detestan y hieren vuestro corazón. ¡L O atormentan; lo despedazan! -balbució Leonida. ¡Quisiera estar muerta! El joven médico se estremeció. ¡Oh, Señora... señora... no habléis de morir! -respondió con- voz trémula. -No habléis de morir á vuestra edad, en que apenas comienza la vida, y cuando largos años de felicidad pueden suceder á un período: de sufrimiento. Mad. de Tréves sacudió la cabeza melancólicamente y replicó: Y- ¡La felicidad! No creo en ella. ¿Porqué? -Porque nací con mala estrella, y tengo la firme convicción: que. luchó en vano contra mi destino... He hecho cuanto he podido para ganar el cariño dé los que me rodean... ¿De qué me ha servido... El único resultado de mis esfuerzos es aumentar el odio que se ceba en mí. -Mr. de Trévés sufre la peligrosa influencia de su madre; pero: es imposible que os aborrezca. XVI 11 jHyespués de un minuto de silencio, que pareció á Luciano largo como un a- siglo, la joven baronesa dijo lentamente: -rQue Mr. de Trévés me ame ó me aborrezca, poco importa; es preciso que viva, es preciso saivarle. -lie salvaré, señora- -respondió 1 con exaltación Mr. d Harblay; -me parece que tendría el poder de realizar un milagro para evitaros el sufrir, para impedir que lloraseis. Ya no encontraríais la felicidad imposible, os lo aseguro si tuvieseis á vuestro lado una abnegación fiel, un amigo verdadero. -Quizá; pero no. tengo ni lo. uno ni lo otro. ¿Me pérmiteréis que os ofrezca esa abnegación? ¿Me permitiréis ser ese a m i g o? ¿Vos? -murmuró Leonida estupefacta. ¿Vos, caballero? -Concededme el derecho de evitar que sufráis, ó de intentarlo al m e n o s continuó Luciano con calor. -Sé curar los sufrimientos del alma, como- se curan l s del cuerpo. Mad. de Trévés hizo un nuevo movimiento de cabeza. -Para curar las enfermedades de mi alma- -replicó- -sería necesario hacer desaparecer las causas, y vos no podéis hacer desaparecer los odios que me rodean. -Quizá... ¡El intentarlo sería querer lo imposible... ¿Quién sabe? Decidme solamente el motivo de esos odios. -Busquemos, pues, los dos... ¿La baronesa viudaha sido siempre para vos ío que hoy es? -No por cierto... Cuando me quería hacer su nuera, ó más bien, cuando quería hacer de mi fortuna la fortuna de su hijo, era muy amable y me demostraba una ternura hipócrita, por la cual sencillamente me dejé engañar... ¿Por quién fueron tratados Jos asuntos de interés? Por los notarios dé las dos familias... Las discusiones fueron muy largas. ¿Vuestra madre y la baronesa Germana no intervinieron alguna vez en- éstas discusiones... -Sí, más de una. Mi madre se preocupaba por mi porvenir, y rehusó ceder en muchos puntos importantes Las cláusulas del contrato no son todas de gusto de mi suegra. ¿Me permitiréis qué os pregunte qué posición se crea á la baronesa Germana, si Mr. de TréveS llegase á morir? -Recibiría sobre mi fortóna tuia renta vitalicia ¿X) e qué importancia? -De seismil francos. ¿Y nada más? No. -nada más s- -Y o m i s m a lo ignoró. su principio de la conversación, Leonida le miró con extrañeza y: curiosidad.