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NUMERO 697 A B C. JUEVES 2 DE MAYO DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 3 MADRID. LA FIESTA DEL i. DE MAYO PASO DE LA MANIFESTACIÓN OBRERA CONJSUS BANDERAS Y ESTANDARTES POR LA PUERTA DEL SOL Fot. Goñi. DE SALAMANCA l í N A M U N O POETA Y mientras yá ca yendo la tarde y el cielo se ilumina de un resplandor rojizo, Unainuno nos dice gravemente que acaba de componer una oda, una oda á Salamanca. Unamu 110 da largos paseos todas las tardes, y rara vez es acompañado, en sus temibles caminatas de la carretera de Vigo, por los serios y doctorales colegas suyos. Prefiere la compañía de los muchachos, de los estudiantes, y como él tiene más que un alma moza, un espíritu infantil, cotí, ellos se entiende á. maravilla, y con ellos charla, y ellos son sus mejores confidentes y sus más leales amigos. Y comienza el rector de Salamanca la lectura desús sáneos, á campo abierto y en pleno atardecer. Recítalos en un tono salmodioso, litúrgico, un tanto extraño. Mueve la diestra en ondulaciones pintorescas; recita con todo el cuerpo y con toda el alma, ruda, nerviosamente, y nosotros que contemplamos su facha exótica, sus vestidos de pastor protestante; que sentimos cómo aquellos sus pensamientos van tejiendo en nuestras almas mozas, comenzamos á interesarnos vivamente en la lectura. Y recita Unamuno, imperturbable: Al pie de tus sillares, Salamanca, de las cosechas del pensar tranquilo que año tras año maduró en tus aulas duerme el recuerdo. Duerme el recuerdo, la esperanza duerme, y es el tranquilo curso de tu vida como el 1 crecer de las encinas, lento, ento y seguro. furtivamente, en los pupitres universitarios de razón el alma robusta de su ciudad, y pide que Salamanca pregone su nombre en los venidelas aulas. ros, siglos. Como en los troncos vivos de los árboles, Anochece. Se ha perdido el oro crepuscular de las aulas así en los muertos troncos en. las, doradas piedras que vemos desde el grabó el amor por manos juveniles campo; Este comienza á cantar su tonada nocsu eterna empresa. Allí Teresa, Soledad, Mercedes, turna. Noshan llenado de paz, de una suave y Carmen, Olaya, Concha, Blanca y Pura, deleitosa paz, los versos del maestro. ¡Los henombres que fueron miel para los labios, mos vivido todos, como ahora dicen, y el recbrasa en el pecho. tor los: ha vivido en. nosotros! Recordamos Y Unamuno concluye la lectura dé sus sán- nuestros ensueños de la mañana, el odio que eos. Dice que guarda en las honduras del co- nos ha inspirado un. profesor pedante, el amor 1 ü 111 É lili émm con que hemos mirado al piadoso bedel cuando nos ha anunciado la conclusión de la inso- portable conferencia. ¡Aquel buen bedel, nuevo Sansón, libertador de filisteos, merecía un canto triunfal de Saínt- Saeñs... Callamos todos. Entramos en la ciudad, cuyas callejas, obscuras y castísimas, semejan, según la oda, los quebrados surcos de un campo urbano. Y. de trecho en trecho, rasgando el girón de la neblina pétrea, en una reja luminosa asoma una. mujer. El galán estudiantil, despreciando la proximidad del examen, da rienda suelta á su libertad y á su amor. Despídese Unamuno de nosotros. Es muy tarde para él- -la nueve de la noche, -y Unamuno se acuesta muy pronto, como. las gallinas. Odia el trasnocheo, y, á duras penas conoce al sereno de su calle de Libreros. I,o s estudiantes comentamos, en alegre plática, las hermosuras de la oda, y más tarde, prosaicamente, la cuestión social del día: el casamiento de íyolay la riña de Concha y de Rodríguez. Lluego, se retiran ásus deliquios amorosos los más, á la intimidad de sus hogares algunos, á la exégesis grave y docta de l P dectas los menos. Y cuando entramos en los patios de la vieja escuela salmantina aquella triste mañana del 2 dé Abril, Unamuno, agitado, nervioso, con el rostro completamente enrojecido por la emoción, nos manda que entremos en el paraninfo ¿L, a situación comienza á ser grave verdaderamente; los chiquillos continúan apedreando las ventanas del Gobierno civil; los polizontes custodian el edificio, y un orador, que tiene una tremenda semejanza con Krapotkine, dice cosas terribles contra aquel pobre Póncio que por ser débil fue pecador, y que por no saber manejar cuatro latiguillos retóricos en la plazuela, llenó de luto el corazón de una ciudad tranquila. La Guardia civil, acuartelada, espera un aviso cualquiera para cargar sobre nosotros... Unamuno, frenético, descompuesto el cordaje de sus nervios, rompe á perorar desde las gradas del Paraninfo. Nadie atiende. Unamuno insiste, vocea, chilla, se impone al fin... Habla... Queridos estudiantes: Contened vuestros arrebatos. Esto no puede ser. Se os hará justicia. Calmaos. Os pido, os suplico, que os calméis. Contra la razón de la fuerza, oponed vosotros, muchachos, la fuerza de la razón: ¡Plan! Una piedra rompe los cristales que caen, estrepitosamente, sobre el suelo. Unamuno se entristece y calla. Se vocea por todos; la garganta de la ciudad vomita apostrofes. Salen los estudiantes del Paraninfo, atropelladamente; la Guardia civil viene á lo lejos. Relinchan los caballos, ansiosos, ¡ellos también! de sangre. Los estudiantes salen á lá plazuela. Unamuno, pálido, los ojos brillantes, cargados de una inmensa melancolía, destroza los grupillos, ordena que abran de par en par las puertas déla escuela; patea, grita. ¡Nada! La mañana es hermosa; los pájaros están de diar- ÉÉ Bill Wm Continúa su oración el pensador formidable, el robusto pelotari vasco de las ideas. El poeta lia prohijado á Salamanca; siéntese, en sus versos, padre de la ciudad toda y sabe cantarla con paternal amor. Después de todo, él ha concluido con su modorra de ciudad muerta; el ha sacudido su pereza inacabable, excitándola con diabólicas paradojas y con extraños embolismos. Riéndonos por dentro, nos vengamos todos, á nuestras anchas, de Unamuno. Nos dice mil veces que él ha conquistado á Castilla y ha sido nuestra Castilla la que le ha conquistado á él, hombre fuerte, pero no tan fuerte como nuestro pueblo. Cantares de amador viril son las estrofas, cuyos ecos se pierden en el campo, durante esta tarde memorable. A lo lejos, las torres de la ciudad, los enormes corpachones graníticos de sus monumentos, nos hablan de fe, paz y fuerza. HP 1 1 Y después de ensalzar á Salamanca paternalmente, habla Unamuno de nosotros, sus estudiantes. Oímos religiosamente. Ya sabemos que va á cantar nuestras rebeldías, nuestras intimidades novieras, la imagen qué en nuestros ojos, cargados de lecturas soporíferas y boyunas, ha dejado la visión de una muchacha, cuyo nombre hemos grabado mil veces, 1 i 1 i JBW 8 lilíSil m MADRID. UN BOMBERO HEROICO QUE SE DISTINGUIÓ EXTRAORDINARIAMENTE POR SU ARROJO s j N C E N D I 0 D E ANTEANOCHg Fot. GoñU