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NUMERO 695 A B C MARTES 3o DE ABRIL DE 1907. OCHO P A G I N A S E D I C I Ó N i. PAGINA 6 EN EL CAMPAMENTO DE LOS ALIJARES TOLEDO. LOS ALUMNOS DE LA ACADEMIA DE INFANTERÍA REALIZANDO PRACTICAS DE CAMPAÑA. TOMA DE MNA POSICIÓN Y EXPLOSIÓN DE FOGATAS Fot. Garccs. Por lo que al Canadá concierne, existen razones políticas de índole muy especial, que son dignas de tenerse en cuenta, y éstas provieLONDRES, 1 1 DE ABRIL DE 1 9 O 7 nen de la existencia de determinados vínculos L PORVENIR DE LA La Conferencia morales que establecen una marcada aproxiColonial, cuyos mación. GRAN BRETAÑA trabajos han La exteriorización de estas afinidades no se dado comienzo en esta capital hace pocos días, ha manifestado todavía, afortunadamente; pero es quizá el acontecimiento de más importancia siempre constituye un peligro que es preciso de cuantos de su género se han celebrado, y es precaver, por lo que pueda ocurrir en lo futuro. de creer que el resultado de sus deliberaciones Aunque ya he dicho que las deliberaciones no sólo habrá de afectar á Inglaterra, sino á de la Conferencia son secretas y de ellas sólo todo el mundo civilizado. se tiene un somero extracto que se facilita á la El hecho de que las discusiones de la Asam- Prensa, puedo adelantar que en la mayoría de blea no puedan ser presenciadas por los repre- los asambleístas se nota un noble y generoso sentantes de la Prensa ni por el público, ha impulso de avance, hallándose en minoría los producido un gran número de comentarios y que opinan que se debe seguir como está, y bastantes críticas en la opinión; pero no deján- hasta, si fuera posible, retroceder algo en el dose llevar de la impresión del momento, há- camino emprendido. llase justificada tal medida, pues seguramente Sea cualquiera el resultado final, lo que sí es áe habrán de tratar asuntos de índole delica- claro es que las relaciones entre la madre padísima, cuya divulgación no pueda convenir tria y las colonias han de estrecharse en gran por altas razones de Estado. manera, y á ello contribuyen en gran manera Poco puede predecirse en líneas generales los festejos y los agasajos con que los respecacerca del resultado de la Conferencia, y no se tivos delegados han sido acogidos en la mesabe tampoco si se procurará equiparar la si- trópoli. tuación de las diversas colonias. Han sido objeto del recibimiento que se ha A la hora presente, Canadá es la única que dispensado siempre en Inglaterra á los visitangoza de los mayores privilegios, contándose tes más ilustres. entre ellos el inapreciable del sel governmenír, Después de la recepción que se verificó en el esto es, el derecho de gobernarse á sí propia, y Guildhall, los delegados fueron espléndidaes muy dudoso que tal beneficio se haga exten- mente agasajados en el Eighty Club (el Club sivo á las a i más. de los 80) uno de los más importantes círculos ECOS DE LONDRES liberales de Londres, y en el 1900 Club, círculo conservador que dio en sn honor, en el Albert Hall, una comida de 2.000 cubiertos, figurando entre los comensales, las personalidades más prestigiosas é ilustres de la capital. El elemento personal no es el que menos contribuye á que nazca el afecto y la buena armonía entre los asambleístas, y en los discursos de salutación se han puesto de relieve las buenas intenciones que á todos animan. Resulta curioso, por ejemplo, ver deliberando juntos al Dr. Jameson, al general Botha y á lord Roberts, personas que pelearon con encono, y en campos opuestos desde luego, durante la pasada guerra anglo- boer. Ahora sus aspiraciones son comunes y todos sus anhelos convergen en un punto: en el engrandecimiento y prosperidad de la madre patria Es de advertir, sin embargo, que el general Botha, actual primer ministro del Transvaal, fue el primero que trató de evitar á todo trance una guerra con la Gran Bretaña, y que durante todo el tiempo que estuvo al mando de las tropas boers, obró con un humanitarismo digno de todo género de encomio y alabanza. Las demás figuras salientes de la Asamblea son: sir Wilfredo Laurier, primer ministro del Canadá; el honorable Alfredo Deakin, quizá uno de los delegados que más valen, primer ministro de Australia; Mr. F. R. Moor, primer ministro del Natal; el Dr. L. S. Jameson, primer ministro de la Colonia del Cabo; sir Ro- bert Bond, primer ministro deNewfounland, y sir J. W. Ward, primer ministro de Nueva Zelanda. Por. ahora, estoes cuanto de la Conferencia se sabe; más adelante, tal vez dentro de muy pocas semanas, algo se habrá podido traslucir de su resultado, que siempre y como antes apunté, resultará beneficioso tanto para la metrópoli como, para todas y cada una de las colonias- británicas. W. A. C. ABC GRATIS A los coleccionistas de nuestro folletín les resultará gratis A B C El valor de la Famosa novela de Móntepin Las dos baronesas, impresa en papel satinado, con ilustraciones de Medina Vera y encuadernada con las artísticas tapas en tela estampadas en oro que les regalaremos oportunamente, será mucho mayor que la suma abonada por los suscriptores y lectores de A B C, á quienes les resultará nuestro diario completamente gratis. BIBLIOTECA DE A B C 76 LAS DOS BARONESAS 73 Traigo á mi hijo el médico de nuestra casa, que llega en este momento de París, y él es quien levanta la incalificable consigna que habíais dado, Mr. d Hárblay se había propuesto conservar su sangre fría; pero á este insulto, palideció. Sin embargo, respondió con calma aparente: -Si mi honorable colega de París viene aquí á título de amigo, le niego la entrada en este cuarto. Si, por el contrario, se presenta como médico, voy á retirarme al instante para dejarle solo, dueño de la vida del señor barón, pues yo declino toda responsabilidad, si se cesa de atender á todas mis prescripciones. ¿Quién, pues, tiene el derecho de mandar aquí? -exclamó con furor la baronesa. ¡Yo, señora! -replicó vivamente Leonida, que acababa de aparecer detrás del grupo formado por su suegra y los dos hombres. -Yo tengo este derecho, y hago uso de él para afirmar que lo que hace Mr. d Harblay bien hecho está. -Y yo- -dijo á su vez Max, con voz débil- -he dado plenos poderes al doctor d Harblay. ¡Respetad, pues, sus órdenes! ¡Tal es mi voluntad Al oir hablar así al herido, Germana de Tréves se puso verde de cólera, y Piedagniel hizo una mueca de desanimación. -Querido colega- -dijo Luciano, dirigiéndose á él, -dentro de algunos minutos tendré el gusto de i r á hablar con vos. Cerró la puerta, echó el cerrojo y volvió cerca de la cama. Una violenta agitación nerviosa acababa de apoderarse del enfermo. ¡Esas gentes me lo matarán! -pensó el joven médico. Después añadió en voz alta: -Os ruego que os tranquilicéis. Gracias por haberme apoyado hace un instante; os prometo que lo que acaba de pasar no se repetirá. Por toda respuesta Max estrechó de nuevo la mano del doctor. -Dad al señor una cucharada de la poción- -dijo Luciano al ayuda de cámara, y luego que hubo visto ejecutada esta orden, se despidió del enfermo diciéndole: -Hasta la tarde. Y salió. Volvamos á ver á la baronesa viuda en el momento en que veía cerrarse delante de ella la puerta del cuarto, después de haber oído á Max aprobarla conducta de Leonida y dar la razón al Dr. d Harblay. Ah! -balbució con los dientes apretados, mirando á su nuera con expresión de odio implacable. ¡Esto es indigno, y vos sois, señora, quien atraéis sobre nosotros semejante ultraje! ¿De qué ultraje queréis hablar? -respondió la baronesa joven. ¡Me parece que la consigna existe para mí lo mismo que para vos... La puerta del cuarto de Max para vos y para mi está igualmente cerrada; pero yo quiero que mi marido viva, y he sostenido al doctor que me promete salvarle... La vida de vuestro hijo está entre las manos de Mr. d Harblay, y hubieseis debido acordaros de ello. ¿La vida de mi hijo entre las manos de semejante mediquillo? He ahí lo que niego con todas mis fuerzas- -replicó agriamente la baronesa viuda, alzando los hombros. -No tengo la menor confianza en este desconocido, y he lia úiado á. uno de los príncipes de la ciencia contemporánea, á un médico cele- i. 1 üí V M i i I. 1 í -Soy yo, vuestro médico- -dijo esie útti- mo. ¿Me reconocéis? -Muy débil... Sin embargo, he dormido mucho tiempo ¿Sentís dolor de cabeza? -La cabeza está pesada; pero no me duele. ¿Estremecimientos nerviosos? -No. ¿Sudores fríos? -Tampoco.