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NUMERO 691 A B- C. VIERNES 26 DE ABRIL DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 3 EL, ESCRUTINIO GENERAL EN EL AYUNTAMIENTO DE MADRID t l ASPECTO DE LA SALA DE SESIONES DURANTE LA JUNTA DE ESCRUTINIO. EL SR. t MORAYTA LEYENDO UNA PROTESTA A B G EN SOMORROSTRQ. P O R j M. a SALAV RRJA Sinceramente confi eso que alsubir camino de las minas, llevaba yo, como buen hombre de letras, formado previamente mi cliché. Los hombres, de letras son unas terribles personas á quienes gusta prejuz- gar las cosas y arreglarlas de manera que sirvan á sus fines, particulares, y así es como los escritores franceses, por ejemplo, al viajar por España, traen con antelación formado él cliché del bandolerismo, la gitanería y el chulapismo españoles, y. no hay fuerza humana, que les haga ver l a realidad tal como ella es, sino tal como dios quieren que sea; y lo mismo les sucede á los escritores sectarios- -Blasco Ibáñez, Dicenta, etc. -para los cuales el mundo de los hechos no tiene ningún valor mientras, no se; sujete á su plan ó á su cliché de propagandistas. Pero los hechos se ríen de los literatos, y ahora se. han reído también de mí. Porque yo llevaba en la imaginación una visión tétrica: de las minas, un cuadro, espantoso en que se confundían las c a v e r n a s subterráneos, los hombres hacinados, el fuego grisú... De repente llegó la realidad y mi plan tremebundo se vino al suelo. 1 las minas de Somorrostfp no hay Un cavernas. ni subterráneos, ni lóbregas galerías. Ivasiininas. de Somorrostro están expuestas al sol como unas simples canteras, y él trabajo se realiza al aire libre, en grandes explotaciones que ocupan inmenso espacio, y en donde los obreros, ya que sudan mucho, pueden cuando menos revolverse, respirar el aire d é l a montana y ver el cielo, que no es pequeño bien. Las minas se hallan en la cumbre y en las laderas de los cerros, y sus propietarios no tuvieron más faena que descubrirlas, armar un ferrocarril, escarbar la tierra y llevarse el mi. neral como quien se lleva arena de una playa; en este- respecto, 1: 3 minas vizcaínas han. sido el negocio más rico y fácil; mejores que las minas de oro, y origen de fortunas jincreíbles por lo rápidas y grandes. Tan sencilla érala explotación, tan ricos los veneros, que en menos de veinte años se han agotado minas que parecían eternas; no había más que arrancar el hierro de la cantera, llevarlo á los vagones y embarcarlo en los buques. En el primer momento, los propietarios sólo se cuidaban dé escoger la vena. vertiendo el mineral menos rico en las escombreras; pero ahora, cuando algunas de las minas. se han agotado, aquellos residuos que antes se despreciaban, comienzan á utilizarse por medio de máquinas lavadpras que separan la tierra de las partículas de. Hierro. Son estas minas, como los terreiib: fecundos, que dan dos cosechas. Algunas de las minas se han acabado. ¡Qué paisaje tan triste y desolado el de estos barrancos vacíos, desiertos, silenciosos! Figuraos la cumbre de un cerro, que ha ido royéndose poco á poco y que ha quedado al fin limpio de toda tierra y de todo jugo; una concavidad profunda y espaciosa se abre en forma de circo ó de cráter, en donde solamente permanecen las rocas de caliza, semejantes á puntas aguzadas que señalan al cielo; una vagoneta olvidaCORAZÓN ENDEELLAS MINAS da, en, un rincón de la sima, una mata que comienza á verdear en la vertiente de la roca, una casucha de mineros que se ampara en un repliegue de la mina abandonada... Silencio, soledad y desolación. Pero las minas, para dicha de los bilbaínos y de la industria universal, no se agotan á un tiempo; por cada, cerro que se descarna y vacía, hay otro cerro que se ofrece á la explota ción, henchido de hierro, sin contar el mundo subterráneo que aún no sé ha intentado explorar. Junto á un 1 mina abandonada se abre otra mina nueva; las vagonetas corren, por los planos inclinados, los obreros escarban el ce- rro, sale el mineral en abundancia... Queda todavía hierro para muchos años. Estoy ahora en laparte alta, del; monte, viendo en mi rededor toda la urdimbre del trabajo minero. Mis prejuicios tétricos- han desaparecido completamente, y mé veo obligado á confesarme á mí mismo que en este lugar y en estanora, dentro del foco de las célebres minas, en lugar de ideas siniestras llegan, á mi cerebro ideas plácidas, contemplativas. Acaso sea la primavera, que ahora rompe con la. misma virginal belleza qué un capullo temprano; tal vez sea el sol, padre de la verdad, enemigo de todas las exageraciones; acaso sea el paisaje que mis ojos llegan á ver desde esta cumbre. Abajo se tiende el Abra del Nervión, con las risueñas poblaciones de Algorta, I, as Arenas, Portugalete; las chimeneas de los Altos Hornos humean en el fondo del paisaje, hacia el Mediodía; sobre las tierras bajas, sobre las colinas que se extienden al pie de Gallaría, blanquean los caseríos y las casas labradiegas; en- frente, se. asoma el mar, por; entre las montañas de la costa, y liacia el Poniente, lo mismo -que una banda de aves blancas y graciosas, bulle una multitud de aldeas, barriadas, y caserías, que entre todas componen el valle, dé Somorrosf- ro, Hay una profunda caima en la montaña, y los mismos ruidos del trabajo toman un aire dé bondad y de candor al llegar, a l a cumbre; el golpe simétrico dé un picachón, el rodar desuna vagoneta, el estampido de un barreno, el silbido juvenil y alegre de una locomotora, todo vie ne hasta mí cómo cernido, depurado y limpio de horror. Hay una calma, una placidez... Sin embargo, cuando abandono la. cumbre del monte y me voy camino de las explotaciones dp la zona baja, el espectáculo adquiere una fuerza. mayor y va asaltándome la visión del- trabajo moderno, de este trabajo militarista, feroz y sin piedad que caracteriza á nuestra época metalizada. A. la orilla d. ei camino se levantan las miserables casas de los, obreros, empañadas por. el uniforme, tinte rojizo del mineral, y á sus puertas se asoman algunas mujeres sin juventud ni belleza, mujeres pajizas que. han llegado de los cuatro vientos de ISspañaá envejecer en estas soledades; en esas pobres casucas vívenlos mineros hacinados, á veces en una suda promiscuidad de sexos. Gracias al sol; el cuadro no se. éhhegreee en absoluto; el sol, piadoso padre de las criaturas, ompensador de las injusticias, que trae un poco de alegría y un buen torrente de luz primayéral, y que hace saltar, reir á los chiquillos, como. si efectivamente sw porvenir fuese un bello samino de rosas. fuerte, tan original y fantástico, que rae creo trasladado á un siglo muy remoto, á una civilización muy distante. Es una mina que tiene, como pueril paradoja, el nombre femenino 3; caprichoso, de Concha; pero en ninguna ocasión podrían ir tan contraríos la cosa y eínombre. Esta- mina debieran haberla llamado Pentón, ó Cíclope, ó Dante... En efecto, la mina que. se abre á mis pies podía servir al Dante de lugar adecuado para encerrar á figuras de su poema; mina profunda, con una profundidad de 80 ó cien, metros; mina espaciosa, con una anchura de medio kilómetro; mina que se abre en forma de gradería, y cuya última grada es circular y pequeña cómo un pozo; mina deforma extraña, que sugiere el recuerdo de las canteras de los Faraones. Su color es uuiíor me, pardo y enérgico, y las paredes de sus graderías semejan acantilados de un mar salvaje; una suerte de vías y pía aos inclinados comunican eütre sí y dan al lugar un aspecto de ordenada animación. Y los obreros trabajan por grupos en diversos lados, y los que están en el fondo de la mina parecen desde lo alto tinos obstinados enanitos que arañan la roca... Pero ha llegado la hora sania de la comida, y los capataces han levantado la mano; los picachones caen á tierra, estallan los barrenos cómo la nutrida descarga de una tropa, todos sé marchan á comer. Fuerza será también que comamos yo y mis amigos. ¿Dónde comeremos... Sencillamente, en el hospital de Gallarta; allí donde su director, el Sr. Areilza nos ha preparado un ágape campesino. M mientras comamos, el Sr. Areilza, conioade más de ilustre, cirujano es un pozo de conocimientos universales, nos dará detalles del trabajo en las minas, délas huelgas pasadas. y de lasque se avecinan, y finalmente, nos explicará sobre el terreno aquella feroz y tristeñientt heroica batalla de Somorrostro. Bruscamenfeapárece ámi vista un cuadro ían POPLAS DEL VIERNES MENUDENCIAS ¿Hay bubónica. -Natal. t I 4 En el suelo nacional (de Norte á Sur, de Este á Oeste) no hay actualmente más peste que la peste electoral. Dos amigos... Un pariente... Cuatro mozos de estación... (No hubo apreturas, realmente, cuando llegó Salmerón. ¿Tu novia es rica? -Muy rica. Porque el padre de mi chica tiene, entre otras gangas vnrias, la de votar en Guernica al diputarlo Gf. ndarias. Nota qae en las coplas mías doy porque la sé de fijo: Han transcurrido ¡seis días! sin que le peguen á Urquijo LOS INTERVENTORES FIRMANDO LAS ACTAS Fots. A B C.