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NUMERO 689 A B C. MIÉRCOLES 24 DÉ ABRIL DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 3 rfi 1 ÍÍÍ- JÍ ¡lS- -V. -í LA SOLEMNIDAD MILITAR DE AYER MADRID. EL OBISPO DE SION (i) Y LOS CAPELLANES CASTRENSES, PRECEDIENDO A S. M. EL REY (2) CAPITÁN GENERAL (3) Y CUARTEL REAL, Y ESCOLTADOS POR EL GENERAL GOBERNADOR MILITAR, SR. ECHAGÜE (4) AL COMENZAR LA JURA Fot. Goñi. A B C EN SOMORROSTRO, P O R T. M. a SALAYERRÍ A P A M 1 N O D E Es smuy de mañana; ape 1 a M I M J n a si puede el sol desva necer los nubarrones que se agarran á la montaña, ¡y por todo- Bilbao, como un paño que empieza á descorrerse con pereza, va fluctuando, ondeando, levantándose la bruma matinal. El tren arranca del mismo pie del puente de Isabel I I un tren vivaracho y alborotador, igual que todos esos vivaces trenes de las zonas ricas, industriosas é impacientes de actividad. Vamonos á las minas, aquellas célebres, casi legendarias minas de Somorrbstro; mejor dicho, aquel lugar semi- epopéyico en que antes se ventiló la discordia entre la reacción y la democracia, y ahora viénese ventilando, en larga sucesión de huelgas y muertes, ía discordia entre el trabajo y el capital. Vamonos á las minas; sube y corre, alborota y silba, tú, tren vivaz, y llévame allá dónde nii curiosidad, siempre en vela, Impuesto su objetivo. A medida que el tren avanza, la niebla se va diluyendo en la claridad. del día. El 1 valle se ensancha. El sol rompe las nubes definitivamente. Allá abajo se agolpan los buques junto á los cargaderos. Más allá se ven todavía, últimos rezagados de la vida idílica, unas huertas, unos prados, unas casucas de labradores. Y bordeando la ribera se ven los palacetes de los ricos, de los mineros, banqueros, navieros, comerciantes, esos famosos potentados bilbaínos que: han sabido atraer por espacio de tanto tiempo la curiosidad ó el odio de la opinión. Ahora sin duda duermen, amparados por la inocencia de la mañana, que es el hada amable enemigadetoda violencia. Pero las fábricas y los cargaderos y la geate de trabajo, esos no duermen. Hay á lo largo del Nervión como una robusta iniciación de todas las fuerzas productoras. Hacia el lado de la mar se levantan las colosales chimeneas de los- Altos Hornos. Entran y salen los obreros de un lado- y de otro, silban las sirenas, se cruzan los trenes mineros con los tranvías. Elsol asciende en el espacio y rodea las cosas, las más discordes y enemigas, con su igualitaria, conciliadora! luz. De repente, el tren se ha desviado y ha emprendido la carrera por la cuesta de un valle, hacia el corazón de las minas. Primero aparecen caserías blancas, una aldea, un riacho, una carretera por donde pasan borriquillos y carretas; y cuando más amable y ¡sereno era el paisaje bruscamente se adelanta un plano inclinado... luego viene un tranvía aereo... llega una escombrera de mineral... Ya estoy en Ortuella, punto avanzado de la zona minera. Y en Ortuella, lo primero que salta á mis ojos es un grupo de hombres toscos, manchados uniformemente por un color amarillo, que les tamiza desde la cara hasta los zapatos; hombres de movimientos pesados, automáticos y rígidos, que acarrean el mineral desde los depósitos hasta el tren. Aquí ha. perdido ya la vida esa flexibilidad que caracteriza al tra, bajo libre y más civilizado de las ciudades; aquí la vida pareced- e- reglamentada, con- tada y medida por voluntades enérgicas y de Asciende la mañana, corre un viento tibio, hurtado ttn reloj, la gente que le persigue, la inmenso poder. El vaivén de los trenes, el gol- sube de las tierras llanas un hálito campestre, policía que le prende... pe de las azadas, el paso de los hombres, todo primaveral, y el sol- ¡oh, padre de la verdad, Un diluvio de pobres, casi tantas como esadopta aquí un aire de militarismo. Los obre- conciliador de las cosas más enemigas, com- pectadores, que asalta y molesta á la concuros que llevan cestas, unos hacia arriba, otros pensador de todas las amarguras... -el sol rrencia. Una mujer que pide cinco céntimos hacia abajo, silenciosos y por la misma línea inunda igualitariamente lo mismo las paredes para ayuda de un panecillo y disimula bajo de paso, se me figuran hormigas de un hormi- blancas del hospital, que la mole del templo, el mantón una carsra de panes con la que apeguero descomunal. Y las vagonetas de los que las viviendas de los miserables, qué las nas puede... tranvías aéreos se me figuran, lo mismo que dantescas rocas de la montaña. Para todos ¡También muy madrileño! los hombres, automáticas y obstinadas hormi- guarda el astro un beso de conciliación y de AEMECE gas que traen y llevan, con el mismo ritmo esperanza. Y á mí me trae también una caricia siempre, el mineral desde la montaña al valle, de primavera y un poco de esperanza y serey. vuelven vacías á la montaña, para volver; nidad para hundirme en las miserias humallenas. y otra vez vacías... Siempre igual, un nas... día y otro, año tras año, automáticas, ordenaLECOUVREUR AnatoléFranPues bien; vamonos adelante, hundámonos das, lab! or tosas, ciegas, cómo los hombres, como en el foco de las minas. cerecuerda en e las horinigas... los Aúnalespolitiques et littéraires, algunos deta Abandono, pues, el tren y subo la cuesta del lles dé la vida de la gran artista Adriana Lecamino por entre campos de maleza que en alcpuvreur. gún tiempo serían tal vez maizales y praderas, Ella dominó por completo. la voluntad de y ahora solamente son campos eriales que se Mauricio de Sajpnia, modificando su carácter. agostan y embravecen ante el avance de las I A JURA Nada faltó en la solemnidad mi- Cuando emprendió la conquista del principado escombreras. Nada respetan estas escombrer- -litar de ayer. El cielo vistió de de Curlandia, Adriana, segura del triunfo, emras: son torrentes de escoria rojiza que surgen gran gala; el sol más encendido que nunca; el peñó todas sus joyas y le envió 50.000 francos. de la cumbre de un monte y avanzan inflexi- cielo más azul que nunca. De gala las tropas. Menos conocidos fueron sus amores con bles hacia el valle, y expulsan ó se tragan los De gala medio Madrid. El otro medio se con- d Argenta! La madre deljoven amante, viensembrados, los arroyos y las viviendas. Estas sumió de ira por no poder asistir á la fiesta. do á su hijo enloquecido por la actriz, y ante escombreras tienen un algo de ciega autoridad Primero la misa, después la jura, por último el temor de que la desposara, pensó en hacerle que ante nada se para, como si, en efecto, fue- el desfile. Hay que reconocer que el espectácu- emprender un, largo viaje; pero Adriana, sabesen fuerzas ciegas que lo mismo Tés importa lo es brillante y de lo ooco netamente español dora del proyecto, escribió á la madre una notragarse un árbol en flor que una casa de la- que nosqueda. bilísima carta, en la que le prometía curar á su branza; la mina necesita desahogarse, los resLa Castellana fue escenario adecuado para hijo lentamente de aquella pasión. tos necesitan arrojarse, y allá van acumulán- función, tan llamativa. El público fue inmenso. D Argental tuvo conocimiento de este rasgo, dose y rodando monte abajo. A veces también, Las mujeres, con vaporosos trajes de primave- cuando ya tenía ochenta y cuatro años de edad se tragan, en un súbito corrimiento de tierras, ra, sombreros multicolores. y sombreros de to- y la Lecouvréur había muerto. á un pobre hombre, y esto suele ser lo más nos chillones, constituían una nota, una man- Aunque un poco tarde, d Argental no pude? triste. Pero á la escombrera no le importan ni cha de color á lo largo de las alamedas. Los por menos de conmoverse. un árbol, ni una casa, ni un hombre: el mine- tranvías convertidos en racimos humanos. Los A propósito de su muerte, Anatole France ral la empuja, el mineral tiene prisa, y más vendedores de agua de la fuente del Berro pre- recuerda que no sólo le fue prohibida la sepulallá, más adentro, la empresa, el capital, la in- gonando su fresca mercancía. Legiones de gol- tura en; el camposanto, sino también en aquedustria, la vida mecánica del mundo tienen fíllos escoltando á las bandas de música mili- lla parte del cementerio destinada á los niños prisa y ante nada se detienen. Yo creo que esas tares... que morían sin recibir las aguas. bautismales. rojizas escombreras, que avanzan y se lo traPor orden del prefecto de Policía, el cadáver Todo muy madrileño. gan todo, son la viva expresión de nuestro El desfile fue. sobre todo, lo que hubo que fue transportado por dos mozos, que lo entei brutal, ciego y autoritario régimen de la in- v e r rraron furtivamente en un lugar desierto y le dustria Primero el Rey, seguido de numeroso Estado jano del faubourg Saint- Germain. Voltaire escribió unos versos memorables, Pero el camino ha doblado; aparece una en- Mayor con su mezcla de uniformes: extranjecañada; enfrente hay una colina y en la punta ros los de los agregados á las Embajadas, y reprochando á Francia aquella bárbara ferode la colina una gran casa blanca, que es el nacionales los délos generales y jefes de nues- cidad. Voltaire recordaba que la austera Inhospital. Y más adelante, surgiendo como de tro Ejército. Luego la escolta Real y las escol- glaterra había expuesto y sepultado en Westencanto, he allá arriba el pueblo de Gallarla, tas parciales de los jefes con variedad de trajes. minster el cadáver de su gran actriz Ana Aidcentro oficial de la zona minera. Luego la Infantería, marchando al compás fields. Nada tan extraño, tan. original y tan nuevo del popularísimo pasodoble Los voluntarios, recomo íá población que se levanta á mis ojos. cuerdo el más- grato que nos queda de las últi- RUEÑOS CONSEJOS Ahora todos los hi gienistas están de Tiene un color especial, distinto del de los de- mas guerras, porque á su compás desfilaron más pueblos, un color pardo y rojizo que da á también los héroes, llenos de abnegación hacia acuerdo en que el tomar bebidas calientes en las casas un aire de vetustez y ruina. Están las la guerra. Los nuevos soldados, sin armas aún, la mesa, es útilísimo para las digestiones y macasas puestas en anfiteatro, encaramadas en la moviendo los brazos con brioso movimiento. ravilloso para los estómagos delicados. La opinión parte alta de la ladera. La iglesia destaca su Después la Artillería levantando estrépito y modo, que ya higienista se ha divulgado de tal muchas personas mole sobre los tejadillos. Las chimeneas de los nubes de polvo. Finalmente los Húsares azu- la comida infusiones calientes debeben durante hogares humean. El sol brilla con toda su les, los Húsares rojos, los Cazadores, los Cora- hojas de naranja ó de otra planta té, manzanilla, aromática. Lo pompa primaveral. Como intrusos, ó como co- ceros al galope de los caballos y precedidos de importante es el calor; el aroma se deja á gusto los clarines cuyo toque es el más imponente, el sas fantásticas, de entre las casucas asoman del consumidor. furtivamente unos arbolillos en flor, semejan- más solemne, el más militar de los himnos militares. tes á sonrisas infantiles en aquel semblante A PROPOSITO DE UNA La reciente huelfosco y vetusto. Y encima del pueblo hay una Todo muy español... ga de la alimenm r E, HUn LC crestería de rocas alineadas y puestas de punCuando termina el ordenado desfile militar Í Í tación en Pata, tan raras en su forma y situadas tan deco- comienza él anárquico desfilé civil de clases y rís, trae á la memoria el recuerdo de las difícirativamente, que ellas cierran de un modo sexos que gritan, ríen, charlatean y flirtean... les condiciones en que vivieron los parisienses conveniente el fondo panorámico del pueblo y Muy madrileño. en la época de la Revolución. dan á éste un tono de agria originalidad. Gritos, carreras, tumultos, un ratero que ha En 1795, poco más de un decalitro dé harina MAPAMUNDI CRÓNICA