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NUMERO 687 A B C. LUNES 22 DE ABRIL DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGINA 6 J r t. t i Vj ni EL ATENTADO CONTRA SALMERÓN EN BARCELONA L CARRUAJE Y EL COCHERO QUE CONDUCÍAN A LOS SRES. SALMERÓN Y CAMBO EL PUBLICO REUNIDO A LA PUERTA DE LA CLÍNICA DEL DR. FARGAS Y SUS ACOMPAÑANTES, CUANDO FUERON ASALTADOS, DONDE FUE TRASLADADO EL SR. CAMBO, (X) LUGAR POR DONDE PENETRO LA BALA QUE HIRIÓ AL SR. CAMBO PARA PEDIR NOTICIAS DEL ESTADO DEL HERIDO Fots. Moraga: El censor tachó la palabra libre. ¿Cómo substituirla? -preguntó el autor ele artículo. -Piénselo usted- -repuso el censor, -pero eí. Turquía no se le puede permitir al hidrógeno ninguna libertad. No menos feroz es la censura para los libros. Entre otros, están prohibidos en el Imperio. Constantinopla, de Amicis; el Cid, de Corneille: el Hamlet, de Shakespeare; las novelas de Zola, y hasta los libros de Pierre L, oti. Para leer los libros prohibidos se necesita la confianza del librero, para que los entregue reservadamente, ó pedirlos por medio del cónsul. Se ha descubierto el motivo y el remedio de la calvicie. I,o s calvos pueden ya respirar libremente, porque en la respiración está precisamente la causa y 3 a cura de la calvicie. Es un médico... americano, como es natural, el que lo anuncia, aunque no es el primero; eíel doctor Délos Parker, del colegio de Medicina de Detroit en el Michigan. Según él, se presenta la calvicie porque ss respira mal. El aire viciado de los pulmones, cuando no es convenientemente espirado, circula como un veneno por la sangre y atrofia las raíces del cabello, que se nutre de modo insuficiente y nocivo. El Dr. Parker apoya su teoría en algunos experimentos hechos en personas predispt; es FIN MURIÓ PORLA CALVICIE ESTÁN El conde de Persignac prosigue en la Revue, la EN BOMBAY amenidad de la censura turca I os periódicos turcos no pueden nombrar nunca á Armenia ni á Macedonia. Un día el Stamboul, diario francés de Pera, debía publicar: Ayer el vapor Armenia chocó contra el Niger; el Armenia ha naufragado. El censor substituyó la palabra Armenia por Armonía. No se puede decir que en Turquía les quede á los periódicos, al menos, el derecho de ocuparse á placer del tiempo que hace ni de los meses; por ejemplo, del mes de Agosto no se puede hablar, ni de la luna. He aquí por qué: Un poeta tradujo las fábulas de I, afontaine al turco; pero la censura impidió su publicación á causa de la fábula que se titula La cigarra y la hormiga, y como en turco á la cigarra se 1 le llama la bestia de Agosto -y el Sultán ha ¡nacido en ese mes, se entendió que era alusión irreverente y delito de lesa majestad. Respecto á la luna, como una de sus lases es a media luna, y el poder del Sultán se va reduciendo considerablemente, se ha prohibido hablar de ella. Un periódico científico, describiendo una vez! a experiencia de la producción del hidrógeno, acababa el artículo diciendo: El oxígeno del vapor de agua se combina con el hierro, y el hidrógeno queda libre. MADRID. EN SAN CAYETANO BAUTIZO, CELEBRADO ANOCHE, DE L NIÑ ABANDONAD POR UNA MUJER DESCONOCIDA EN EL RASTRO Fot. A B C BIBLIOTECA DE A J C LAS DOS BARONESAS 59 La joven, al verle, dio un grito de alegría y le tendió las mano Mr. de Nerville se las tomó y dijo estrechándoselas: ¡Cómo, es verdad... No quería creer la mala noticia que abajo acaban de darme. ¡Ay, mi pobre amigo, es demasiado verdad... Sin embargo, en mi desgracia tengo un consuelo: es el ver la presteza con que habéis venido. Yo pensaba entonces, poder contar con vos, pero no os esperaba hasta mañana, por lo menos. La joven, al verle, dio un grito de alegría. y le tendió las manos. -Me puse en camino en seguida que recibí vuestra carta. Confieso que era grande mi curiosidad. ¿Solamente vuestra curiosidad? -Una mentira galante vendría tal vez bien aquí, pero prefiero la franqueza, querida Marieta... Hemos estado dos años sin comunicación directa el uno con el otro, y yo trataba de adivinar qué capricho imprevisto os inducía á escribirme y darme cita aquí... -Tenemos que hablar. -Eso me figuro; pero, ¿hablar de qué? -Un poco de paciencia... En primer lugar, sentaos al lado de mi cama Jorge hizo lo que le pedía la Ardilla, la cual prosiguió: ¿De manera que mi hostelera os ha dicho que tengo una pierna rota? ¡Ai! Sí... -Rota por dos sitios, querido; las piernas se componen, y de diez veces, siete no se conoce; pero las fracturas mías son tan complicadas, que después de la curación me quedaré deforme, coja, estropeada, en fin, ridicula- ¡Ah, mi pobre Ardilla! -dijo Jorge con sincera compasión. ¡Sea en buen hora! por lo menos me compadecéis... ¿Y quién podría no compadeceros? ¡Pardiez! L, as personas que se burlarán ae mi, y que me llamarán bomban... ¿Y cómo ha sucedido este terrible accidente? -Dios mío, muy sencillamente... ¿Habéis oído decir aue vo era 1 a queríd 3 del conde de Bernay? -Sí, y me he alegrado mueno por vos; Bernay es un hombre muy chic. -Chic, sí; pero aún más fastidioso- que chic- ¡Oh! ¡Como la lluvia que cae! Y celoso? ¡Celoso de su sombra... En una palabra, hace cinco semanas vine á pasar un día en Chantilly para reanimar mi moral. ¿Con Bernay? ¡No, qué disparate... Con Spinder, el del teatro de la Renaissance... Ya sabéis, Spinder, el que imita tan bien á Capoul en el teatro y fuera de él. Es gracioso el tal Spinder; yo me había encaprichado por él, pero no importa, ¡aquel día tuve una picara idea... Después de almorzar se me antojó alquilar un carruaje para pasear á Spinder por el bosque... Encontré un panier muy limpio, y á él enganchado un viejo resto depursangque había, ganado en otro tiempo en las carreras, y que todavía andaba, nos dijeron, sus cinco leguas por hora. muy guapamente... Henos aquí en camino... Spinder guiaba... El caballo parecía tan manso como un carnero y corría como una bala, cuando he aquí que en una cruz de caminos, Spinder quiere torcer á la izquierda, el caballo quiere volver á la derecha, Spinder se encapricha, el caballo también... Hasta acpí no había gran mal; pero mi bueno de Spinder, creyendo que ganaría el pleito empleando los grandes medios, blandió su buen látigo y empieza á dar á brazo encogido sobre el animal, como sobre un simple penco de la Compañía general de los pequeños coches de París...