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NUMERO 682 A B C MIÉRCOLES ¡7 DE ABRIL DE 1997. OCHO P GIMAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 EL REY D E ITALIA E N GRECIA A T E N A S GRAN PARADA M I L I T A R A N T E E L PALACIO R E A L E N HONOR D E L REY D E ITALIA. -SS. M M LOS REYES D E ITALIA (i) Y DE GRECIA CON SU E S T A D O MAYOR Y E L A L C A L D E D E A T E N A S P R E S E N C I A N D O E L D E S F I L E D E LAS T R O P A S h) Fot. Croce, III Cuarta. Omnium. 15 obstáculos; handjcap so- no tendría el lucimiento que debería tener, Eso. ¡Dar y dar vueltas á la noria... bre el muro y barra á un metro. Objetos de pues el puerto pesa mucho. FILOSOFÍAS DE LA HISTORIA ¿Sirvióle de algo pelear con furia. arte de la infanta doña Isabel, de la condesa FIESTAS EN BARCELONA Prepárase la si- -de sus generales, por la incuria- -de París y 1.000 pesetas; y EL EPÍLOGO DE UNA GUERRA ciudad conno alcanzó ni siquiera una victoria? Quinta. Consolación, para los caballos que I dal á celebrar grandes fiestas sportivas que inEl gran Kuropatkine estaba en Coria no hayan ganado premio en estas pruebas. dudablemente vendrán á redundar en benefiy sufría, además, de albuminuria. Hoy florece de nuevo en mi memoria Si preguntáis qué es eso al doctor Lluria, la epopeya inmortal de la Manchiiria, NA DIMISIÓN El presidente del Ma- cio de la vida industrial y comercial de la po dirá: ¡Filosofías... de la Historia! que en los comienzos de la actual centuria drid Foot- ball Club, se- blación. Entre otras, figuran grandes concursos de Llegó, al fin, la noticia extraordinaria ensangrentó los libros de la Historia. ñor Padrós, ha presentado la dimisión de su de haberse ya evacuado aquella arteria Allí se supo coronar de gloria cargo. Motivos de delicadeza le habían llevade aerostación, patrocinados por el Real Aeropletórica de sangre mercenaria... la raza japonesa- -á quien la injuria á tomar esa resolución, quizá debida á recien- Club de España, de esgrima, tiro, de caballos, Mientras fueres, ¡oh Rusia! un pueblo paria tes discrepancias con los otros clubs que en Ma- carreras á pie, de automóviles, de motos, ciprocaz de Europa motejó de espuria, -Soriano dixit con su cara seria, ¡y ella ciñó el laurelde la. victoria! drid hay y tal vez á alguna protesta sobre el clos, regatas de vela, remo y canoas automó- viles y una fiesta escolar gimnástica. ¡no le lleves á nadie la contraria... A su rival la suerte fue contraria, campeonato últimamente celebrado. El Ayuntamiento ha votado para estos feste y al ver al pueblo ruso en la miseria, Es de sentir tal decisión, porque el Sr. PaCARLOS MIRANDA me acordé de. la ruina de Samaría... drós ha hecho muchísimo por el desarrollo de jos un crédito de 209.000 pesetas. ¡Como el de Madrid! RUBRYK Mientras fueres (que dijo el otro) un paria este sport entre nosotros y porque tal vez sin- -nota semifestiva y semiseria, -su decidido concurso, pierda la preponderancia NOTAS DE SPORT ¡no le lleves á nadie la contraria... que había tomado. CONCURSO HÍPICO En Sevilla se celebrará en los días 21, II 22 y 24 del actual un Concurso hípico civil- mi- AUTOMOVILISMO Tenemos entendido No le lleves á nadie la contraria! litar, en el que habrá interesantes premios. que entre las fiestas dijo Soriano (i) con su cara seria, Cinco son las pruebas de que constará. proyectadas durante el próximo Salón de Mamás abstrusa que un fondo de La Iberia, A los coleccionistas de nuestro fomás triste que una agencia funeraria... Primera. Inauguración, para caballos que no drid, figuran las pruebas del kilómetro lanzado lletín les resultará gratis A B C l ¡Rasgo de observación extraordinaria, hayan ganado en Concursos hípicos premios y detenido. El valor de la famosa novela de Participando- de la idea de que hoy no vie juizá inspirado por la musa Egeria... superiores á 250 pesetas. Premio: üri objeto de Montepin Las dos baronesas, impresa Port- Arthur, para Rusia, fue la arteria arte de los infantes doña María Teresa y don nen á resolver problema alguno dichas pruedonde agotó su sangre temeraria, Fernando, y 1.000 pesetas de la Real Maestran- bas, -creemos oportuno recordar el sumo cuien papel satinado, con ilustraciones dado que hay que tener en ellas, no tan sólo za de Caballería de Sevilla. cual lo fue Babilonia para Asiría, de Medina Vera y encuadernada con por los que tomen parte, sino por el lugar dony la urbe de Laibach para la Iliria... Segunda. Recorrido de caza. Un objeto de arte las artísticas tapas en tela estampadas ¡Y para obispos la ciudad del Turia! de la infanta doña Isabel y 4.000 pesetas. Sal- de hayan de celebrarse, que en Madrid no enen oro que les regalaremos oportunavar 14 obstáculos, parando algunos pies á tie- contramos adecuado ninguno, á no ser que ¡Olí, la filosofía de la Historia... hayan de practicarse en alguno de los paseos rra; altura máxima: 1,50 metros. ¿Qué hizo el Imperio ruso en la Manchuiia, mente, será mucho mayor que la suma sino dar y dar vueltas á la noria... Tercera. Nacional, para caballos de cualquie- públicos, en cuyo caso podrían ocasionar conabonada por los suscriptores y lectora raza nacidos en España. 12 obstáculos por tratiempos entre los espectadores, poco acosres de A B C, á quienes les resultará tumbrados á esas clases de carreras. (i) Este Soriano- -lo digo lo menos. Un objeto de arte del príncipe don antes que lo diga él- -nuestro diario completamente gratis. Mucho más práctico nos parece la prueoa del Carlos y 2.000 pesetas del ministerio de la no es Soriano (don Rodrigo) Guadarrama, aunque también prevemos que Guerra. es Soriano (don Manuel) OPLAS DEL MIÉRCOLES u A B C GRATIS BIBLIOTECA- DE A B C 46 LAS D O S B A R O N E S A S 47 gro es infinitamente menor de lo que por lo visto criéis. Tranquilizaos, pues, señora; no os entreguéis á una desesperación que no tiene ninguna razón de ser... Gracias al cielo, he podido combatir el mal antes que fuese demasiado tarde; si se me deja completa libertad de acción, creo poder responder del éxi 4 ¿Salvaréis á Max... ¿Lo curaréis? -Con la ayuda de Dios, sí, señora, lo espero... Pero con una condición. ¿Cuál? -Que se me obedecerá en todo... ¡Ah, os lo juro... ¿Qué habrá que hacer? -En primer lugar, evitar el ver al enfermo. ¿Me cerraréis la puerta de Max, á mí, á su madre? -Es necesario, señora, en interés mismo del herido. ¿Y esta rigurosa consigna existirá también para mi nuera? -preguntó con inquietud la baronesa. -Para ella, como para vos, señora... La consigna es general... Se le hará saber luego á Mad. de Tréves. La viuda replicó dando un suspiro de satisfacción: ¿Qué le importará esta prohibición? ¡De seguro que no le hace sufrir como á mí! ¿Qué importa su ternura de esposa al lado de un amor de madre? ¡Ah, señora! -dijo en tono grave el doctor. -Vuestro amor de madre es lo que yo más temo, pues sus manifestaciones involuntarias serían funestas. Mi herido necesita una calma absoluta, completo reposo de cuerpo y espíritu. Ninguna fisonomía que demuestre tristeza debe inquietar su mirada... Ninguna palabra que haga alusión al peligro que ha corrido, debe pronunciarse delante de él. Con este objeto, exijo para él aislamiento. Por otra I arte, este aislamiento será de corta duración... Pronto os permitiré que veáis á vuestro hijo. ¡De manera, que los cuidados que reclama su estado, le serán dados- por los extraños! -dijo la baronesa con amargura. -Por su- ayuda de cámara durante el día, y en la noche por una enfermera que yo elegiré entre las mujeres más inteligentes de vuestro servicio. -Está bien... Ya sé que un médico es dueño de su enfermo... Me someto, pues; pero protesto... El rigor me parece excesivo. -Lo juzgo indispensable. -Obedeceré... No veré á mi hijo; pero ¿me prometéis que mi nuera tampoco lo verá? -Os lo prometo; no habrá ninguna excepción. ¡Sea en buen hora... Alejar á la madre y dejar á la mujer la puerta abierta, hubiera sido demasiado injusto. Ahora, doctor, decidme cómo ha sucedido este horrible accidente... ¿El señor, vuestro sobrino, no os lo ha contado? -No. Habéis entrado aquí en el momento en que yo principiaba á preguntarle. Luciano d Harblay hizo una sucinta relación de los hechos que nuestros lectores conocen. Cuando hubo acabado, la viuda exclamó con furor: ¡Oué injusta suerte, que ha querido á mi hijo por única víctima! Otra persona estuvo, como él, amenazada- -replicó el médico. ¿Quien? -La señora baronesa de Tréves. -Sin embargo, ella ha vuelto sana y salva. -Sí- -dijo Jorge de Nerville, -gracias al señor doctor. ¿Qué ha hecho? -Se arrojó entre el perro rabioso y mi prima, á la cual salvó por un milagro de arrojo y de destrezaLa viuda lanzó al médico una mirada de encono. -Después de haber predicho la catástrofe, mi nuera ha sabido substraerse al peligro- -murmuro con voz sorda. ¡Hay mujeres fatales! Luciano d Harblay frunció las cejas. ¿Qué decís, señora? -exclamó. ¿La baronesa, de Tréves había predicho ía catástrofe... -Había tenido un sueño de mal agüero... -respondió Jorge. -Y la asaltaban presentimientos tristes... Ella quería apartar á su marido de este paseo... ¡Esta mujer. debe tener a. jettatura! -añadió Germana de Tréves coninde ible expresión de odio. ¡Hace mal de ojo! El doctor sintió que la sangre le subía violentamente. al rostro, mientras que un sentimiento de resistencia y aversión hacía palpitar su corazón. Pero no se reconocía con derecho para expresar en voz alta esta resistencia y esta aversión, y después de un instante de silencio, dijo: ¿Tendríais á bien, señora, hacerme conducir á la habitación de Mad. de Prevés? La viuda llamó á su doncella y le dio la orden de conducir al médico al cuarto de la baronesa joven. Luciano d Harblay se inclinó y siguió á la camarera. Luego que la- puerta se hubo cerrado detrás de él, Germana de Tréves. dirigiéndose á su sobrino, exclamó: ¡Ese hombre me es odioso! Le detesto. ¿Habláis del doctor, tía? -preguntó Mr. de Nerville. ¿Y de quién Inabía. de hablar? -Pues, ¿por qué le detestáis? -Todo en su persona me desagrada, me inspira instintiva aversión... Des: onfío de él... Me da miedo... Nada me prueba que salve á Max... -Promete salvarle. -Las promesas nada cuestan. ¿Quién me responde de su ciencia? -Nadie, convengo en ello; pero parece estar seguro de sí mismo. -Y eso, ¿qué prueba? La ignorancia con frecuencia es presuntuosa... Sí mi hijo muriese... ¡Ah, tía! No lo creáis- -interrumpió Mr. de Nerville. -Ciertamente que no lo creo; pero hay que preverlo y temerlo todo, y tomar uno sus precauciones. ¡Pensáis hacer venir un médico de París? -Sí, pienso. -Tened cuidado, tía. ¿De qué? ¿No teméis ofender al que ha atacado al mal en un principio y dado grandes pruebas de desinterés?