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MAÜRID, DOMINGO J 4 DE ABRIL DE 1907. N Ú M E R O SUELTO, 5 CÉNTIMOS ígíf i ig %l IH l BÍ l l l6 ai CRÓNICA UNÍ VER SAL I L U S T R A DA. AÑO IJL NÚM. 679. 2 É P O C A MEJORAS EN SAN SEBASTIAN OLEMNE ACTO DE COLOCACIÓN DE LA PRIÍVÍERA PIEDRA DEL EDUiCJO DESTiNADO A ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS, MUSEO Y BIBLIOTECA MUNICIPAL Fot. Frederic. A B C E N BARCELONA. P O R M I G U E L S. OLIVEF O R R l E N T E S LL Es digno de observarse eL fenómeno q u e TERARJAS o f r e c e n actualmente las letras en Cataluña. A medida que son más intensas las manifestaciones políticas, la producción literaria entra en una fase de mayor serenidad, de mayor pureza, de mayor desinterés. Trasladado el combate á la Prensa periódica y al mitin, el arte, y especialmente la lírica, lian ido perdiendo aquel tono de arenga y vindicación que tuvieron en el período y? wü sía propiamente dicho. Los tendencias son cada vez más amplias, más rigurosamente fí íí? í: y. Obsérvase como un movimiento de compensación entre la política, intensamente territorial, y la literatura, que propende á adquirir el sentido de lo universal y perennemente humano, sin perder por ello el de lo propio, ni abandonar eígem zis loci. Los viejos floralistas habían montado todo un simbolismo patriótico, con la condesa v u cia, el castillo en ruinas, el arpa que gemía sola; habían evocado después las sombras inultas del conde de ü r g e l y de Carlos de Viana. Unos eran bardos ossiánicos, otros llegaban hasta extender á la vida cotidiana su misión providencial de trovadores. Atribuían á su hermandad una significación esotérica, diríamos, y semi- ocultista. De aquí se pasó á la arenga patriótica y al apostrofe, para despertar á los nietos de Pedro el Grande á los nietos de Fivaller á los nietos de Pablo Claris La condición más celebrada de estas odas era la robustez ó el brakó, como decían. Sin embargo, aquellos floralistas y Tirteos eran, por lo común, funcionarios, diputados, gobernadores y hasta ministros alguna vez, que desdoblaban admirablemente y de buena fe su personalidad elegiaca 5 su personalidad oficial. El contraste con lo de ahora no puede ser mayor. Existen los Juegos Florales, y todo poeta concurre á ellos; pero el floralista desaparece y va cediendo el paso al escritor se gúu la acepción general de la palabra. Está próximo á celebrarse el quincuagésimo aniversario de la restaxiración de dichos Juegos; se estudia su reforma, y no falta grupo que pida, fundándose en razones estrictamente literarias, su abolición, como algo que ya ha vivido su vida, está en oposición con las costumbres actuales y debe ser eliminado á tiempo. Si tratáramos de caracterizar esta última fase de la lírica, diríamos que la impresión de conjunto es la parnasiana ó neoparnasiana. Claro es que las influencias son mas numero- lAíAlE 1, t, BORBON EN MADRID D. JAJM EN LA PUeKTA DEL SOL, EL DOMINGO 3) DE MARZO sa í y que se observa en la obra de los poetas ióveues, huellas y rastros de más varia y reciente lectura; pero no puede desconocerse que aquélla es ahora la nota predominante. En la formación del gusto estético han colaborado sucesivamente todas las mauifestaciones de la literatura universal en los veinte años últimoS; desde Ibsen á Maeterlinck y Verhaeren, desde Ruskin y Rossetti á d Annunzio, desde Vcrlaine y Mallarmée al más reciente de los merctirinnos. El simbolismo, el naturismo, la vaguedad hermética, la preciosidad sxmtuaria, todo ha ido llegando y casi siempre por arrastres turbulentos que han producido meras superposiciones antes que verdaderas amalgamas. Todo se ha ido depurando también, poco á poco, hasta resolverse en el nuevo parnasianiS mo de que hablaba. Así, el soneto constituye ahora una verdadera obsesión. Rarísimo entre los floralistas de ptira sangre, ha venido á convertirse en la manifestación lírica más habitual, no obstante el prestigio de Maragall y de sus discípulos, propagadores de la Síz rt- íra viva y de la espontaneidad libérrima de la forma, tínico camino, según ellos, que puede conducir á la plena poesía, á la poesía en acto puro, á lo inefable. El joven poeta José Carner viene á representar la tendencia contraria: el exquisitismo retórico opuesto al exquisitismo rudamente es iritual, si bien aprovechándose de éste y coincidiendo con él muy á menudo. El segundo IJibre de sonets, que ha publicado hace poco, es una muestra interesantísima de sus innegables facultades. No pocos de tales sonetos vienen comprendidos en las formas ó tipos conocidos desde líeredia, Ayala, d Annunzio y Rossetti. Son los plásticos, los mórbidos, los prerrafaélicos En otros, en cambio, ha llegado á la creación, á la personalidad perfecta, y son aquellos en que se entrega á su poder de evocación con rasgos en apariencia excéntricos y á su sentido poético de la vida habitual ó burguesa, con una gota de ironía amable. A alguna de tales joyas fuera difícil buscarle precedente en ningún idioma. Volviendo, pues, á mi observación capital, se observa en los asuntos y temas un desinterés más amplio, una. desvinculación respecto de la historia y la pagesia, Claris, Lauria, Entcnza van quedándose tranquilos después de dar su nombre soberbio á las más soberbias calles del Ensanche. Repasando los fascículos de los Juegos Florales de toda Cataiuíia, las colecciones poéticas y antologías de liltima hora, las revi! 5 tas y publicaciones, s. jlo por los títulos y lemas puede deducirse esta impresión. Los versificadores han invadido y van lenta-