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NUMERO 674 A B C MARTES 9. DE ABRIL DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN i. PAGTNA 6 3 tí j M EL NUEVO PATRIARCA LATINO DE JERUSALEN ENTRADA DE MONS. CAMASSE 1 POR LA PUERTA DE JAFFA, DESDE LA CUAL SE DIRIGIÓ PROCESIONALMENTE AL SANTO SEPULCRO Fot, C. Raad. DE AGRICULTURA J í r su aparición en diversas provincias, con 1 a general satisfacción que es de suponer. El temporal ha alcanzado, además de Valladolid, á otras provincias, entre ellas las de Palencia, Zaínora, León, Ávila, y últimamente Madrid, y lo encapotado que sigue el cielo, las más veces parece indicar que el tiempo iniciado se afianzará y generalizará más en todas partes. NI- ERCADO DE TRICEOS El tan deseado tempo i ia l Este cambio del tiempo ha sido causa de que la cotización gen eraldeesteiproducto es la misen los mercados -prodiietores ele. la Península ma que la de semanas anteriores. se haya venido abajóla tirantez anterior de los Eñ Barcelona ha dominado mucha calma, precios, dejando su puesto ala- flojedad. debido á las pasadas fiestas y á estar algo proEl retraimiento de 1 OS: compradores h a có- ¡vista la- molinería, de: modo- que los precios rrido parejas con la actividad de los vendedo- han declinado medio real en fanega; rDe esperes, los. cuales se lian apresurado; á cúde- r en rar es que forzosamente. tendrán que reanudar baja, antes de que el descenso adquiriera ma- las compras estos fabricantes, y, enconsecuenyores proporciones. -cia, volverán á subir los precios, á no ser que Xa situación del negocio de harinas 1 ha va- las lluvias de estos días hayan- sido generales riado con motivo del cambio del- tiempo: La. y abundantes, como ya se dice; pues en este baja de los trigos ha contenido la tendencia al- caso sería; fátil que los tenedores de trigos escista que hasta hace poco se registraba, pero tuviesen dispuestos á hacer algunas coneesio- nes y dar salida asus: existencias. En Villada (Palencia) se han cotizado: trigo, á 40,50 reales fanega; centeno, á 27. E l precio medio general del trigo, en los mercados reguladores de Castilla, durante la semana que media desdé los días 25 al 31 de Marzo del año en curso, ha sido el siguiente: Salamanca, 23,41 pesetas los 100 kilos; Zamora, 23,63; Palencia, 24,07; Valladolid, 24,51; Burgos, 23,92. El precio medio general, es, pues, de 23,90, contra 23,86: la semana anterior, lo que muestra una diferencia en alza de 0,04. BIBLIOTECA D E A B l 7 ó El doctor había escuchado á la joven sin sorpresa; pero con una emoción involuntaria. Comprendía bien que iba á pronunciar la sentencia de muerte para la que uo vivía más que de su gracia y de su belleza. -Sea, señora- -dijo al cabo de uno ó dos segundos. -Exigís de mí la franqueza, y os responderé francamente. -Gracias, doctor. Os lo agradeceré, aunque vuestra respuesta sea un golpe de muerte. -La gravedad de vuestra 1. idn es tal, que después de la curación completa, la pierna izquierda queda 4 Ü s corta que la derecha. ¿Mucho más corta? -Más de un centímetro. ¿Entonces quedaré coja? ¿Muy coja? -Sí. ¿Estropeada, en fin, deforme? El médico no respondió. La joven comprendió este silencio Se puso muy pálida. Una. sonrisa indefinible entreabrió sus labios. -Gracias, doctor- -dijo con voz baja y temblorosa. -Al menos sé á qué atenerme... Sé lo que me espera... ¡La miseria! -Siempre puede evitársela miseria... ¿Y cómo? -Por medio del trabajo. ¡El- trabajo! Catorce horas de costura ó de bordados y seis reales por día, todo lo más -Con seis reales se vive. ¡Ah, llamáis á eso vivir! Yo le llamo morir poco á poco, á fuego lento... En fin, veremos. -Tenéis amigos... ¡Pardiez! La amistad de esos señores es de una naturaleza coinpletamence especial... Para ellos, yo era un objeto de arte, una porcelanita de Sajonia de la buena época... Un cacharrito de la familia rosa... Intacto, subían las pujas... ¿Hay en la porcelanita una rotura... el cacharrito está hendido y mal compuesto? Pues la primera se mete en un rincón y al segundo se le arroja lejos y no se vuelve á hablar más de ello. ¡Vuestras amigas... La enferma se echó á re r y exclamó: ¡Mis amigas! ¡Querido doctor, qué sencillo sois! Mis buenas amigas, sin retruécano, se gozarán de mi caída. ¿No tenéis familia? -No, á Dios gracias. ¿Para qué sirve la familia en nuestro oficio? -En fin, ¿qué vais á hacer? ¿Lo sé yo acaso? Os repito que veré. ¿Cuánto tiempo tengo todavía que estar aquí? Seis semanas ó os meses Dróximatnente 23 La enferma frunció las cejas: una expresión de profunda angustia se pinto sn su rostro. ¿No me abandonaréis, doctor? -dijo de repente. -Casi tendría derecho, señora, á ofenderme de esa pregunta. Un médico digno de este título, no abandona más á su enfermo que el soldado abandona su puesto de combate. ¿Aun cuando el enfermo en un momento dado se encuentre demasiado pobre para pagar los, cuidados que recibe? -Si alguno de mis compañeros no tiene más objetivo en su carrera que el interés del dinero, lo compadezco y no le imito... Tened la bondad, señora, de no pensar en mis honorarios... -Doctor, sois un hombre excelente y. os doy las gracias; pero todavía no estoy reducida ala escasez pecuniaria de que acabo de hablar... Exageraba hace un momento, cuando afirmaba que no puedo contar con nadie. La conversación fue interrumpida por dos golpecitos dados discretamente á 1 a puerta del cuarto. ¡Adelante! -dijo la enferma. La señora Daval se presentó Tenía una carta en la mano. -Acabade llegar el cartero- -dijo; -trae una carta dirigida á la Srla. Marieta Mtitel, hotel da la Campana de Oro. Es para vos, ¿no es verdad, señora? Éste es el nombre que me habéis dicho. -Sí, es para mí... Dádmela. La hostelera presentó la carta á la herida, y se retiró. El médico se había puesto en pie. Fue á tomar de Una silla su sombrero de paja y sti bastón, y se preparaba á salir. -Querido doctor- -le dijo. lajoven cuyo nombre nos es ya conocido, -03 pido que esperéis algunos minutos; todavía tengo que. haceros una pregunta... Permitidme tan sólo echar una ojeada sobre esta carta. -Hacedlo... señorita... esperaré. -Gracias, doctor. El médico se acercó á la ventana, mientras Marieta rompía el sobre aprestu radamente. Sacó un pliego, que desdobló y recorrió, ó más bien devoró su contenido. Esta rápida lectura produjo en su fisonomía una expresión de tristeza, a l a cual siguió la irritación y luego la sorpresa. Sin embargo, la carta era corta. No contenía más que un corto número de frases; pero cada uua de ellas tenía SU valor. Marieta lintel volvió á meter el pliego dentro del sobre. -Doctor- -dijo. El médico se separó de la ventana y volvió al lado de la cama. -He concluido- -continuó la enferma, -y he aquí la pregunta que quería dirigiros: si no me engaño, habitáis en el pueblecito de Coye... -No os engañáis, señorita. -Coye. ¿Está cerca de Lamorlaye? -A dos kilómetros todo lo más. AS DOS BARONESAS