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NUMERO 669 TRIBUNALES A. c. J U E V E S 4 D E ABRIL DE 907. oxnTO J XOTWB; PAGINA 5 No sabemos lo que ha de ocurrir en los días sucesivos, pero es lo cierto que ayer, y gracias á la habilidad de un letrado ilustre, se há dado un paso gigantesco e; i el esclarecimiento de la verdad. Así se reconoció unfjnimémente entre el público que presenció ia sesión, y es de justicia consignarlo, como l e es también el tributar 4 i D. Melquíades Alvarez el elogio que SU habili- dad merece UN PASANTE LIBROS RECIBIDOS LA CAUSA DEL TERCER DEPOSITO TERCERA SESIÓN A la una y media de la tarde y con más pú blico que el primer día, reanúdanse los debates de este juicio. Comparecen en primer término los peritos Sres. Marvá, Bellido, Arévalo, Arenas, Jalvo, Gallego, Arrillaga, Carderera, XJhagón, Eche garay, Torres Quevedo, Ugarte, Peironcelli, García Benítez, y toman asiento en estrados. Concedida la palabra al Si Marvá, éste manifiesta que se propone reflejar en su informe la opinión de la mayoría de la Comisión en el examen que realizó del hundimiento y causas del mismo. Nos encontramos, agrega, en nuestro estudio con que en la orientación Norte á Sur ha bía una serie de bóvedas derruidas, con vigas, también abatidas, pero formando verdaderas escuadras; es decir, que las ruinas parecían las de una obra intencionadamente destruida. La zona, señalada por la mayoría como el punto donde se inició la catástrofe, es amplia, extensa, sin que se haya podido fijar concretamente el lugar donde comenzó el hundimiento. La Comisión estuvo conforme en que primero había de examinar las causas que podían haber determinado la catástrofe, y en esto con- 1 a acción popular. vinimos en que aquéllas podían atribuirse, ¿Cuál fue el fundamento capital de la obra como en todo hundimiento, á la falta de soli- del Sr. Rivera? Perito. -El de que había dé estar sometida dez de los cimientos, la mano de obra, dimensiones de las bóvedas, etc. etc. pero exami- á una carga uniforme. nando detenidamente el Depósito, nos encontramos con que reunía excelentes condiciones, p l Sr. Arenas. y, por consecuencia, rechazamos como causa Afirma que sostuvo en el voto particular determinada del derrumbamiento la primera que la carga de prueba era mayor que la calculada vez y media; pero aplicada ea las condi 4 e las aludidas. En cuanto á la segunda, afirma terminante- ciones en que se aplicó, dio por resultado la mente que las arenas eran de calidad superior, de cálculo. que se lávaban, y ea una palabra, que los ma- Añade, en oposición al Sr. Marvá, que tenia teriales empleados en la construcción resulta- el proyecto una doble margen de seguridad y dice que ni técnica ni económicamente había ron inmejorables. En el mismo sentido se explica respecto á la posibilidad de cargar toda la obra con capa de solidez de la obra, dimensiones de las bóvedas 80 centímetros. Esta carga sólo puede hacerse y solidaridad del edificio, sentando como con- parcialmente durante el período de pruebas; clusión que si el calor, y en general los ele- por consiguiente son inexactos todos los cálcumentos étnicos, pudieron tener alguna influen- los que se hagan partiendo déla carga de pruecia sobre la construcción, no determinaron en ba, porque ésta no era la que había de resistir la obra en definitiva. absoluto el hundimiento. El Sr. Marvá habla extensamente de los coeEl fiscal Sr. Mena dirige algunas preguntas al perito, que éste explica con detalles; pero ficientes de seguridad, citando casos de fatiga como su informe es puramente técnico, no es molecular verdaderamente asombrosos, aunaventurado asegurar que, exceptuando á los que no en todos los países se llega á la realizaIngenieros que asisten á la vista, ao lo entien- ción de obras de igual atrevimiento, puesto que Nueva York, por ejemplo, marcha en pride nadie. Fiscal. -I a obra, que estaba calculada para mera línea en este punto. El Sr. Arévalo opina que los materiales recubrirse de tierra, ¿no sufriría con que se aminorase la carga en alguna zona, por ser estala sistieron perfectamente hasta el momento de fue más directamente se resintiera por la ele- la caída y que ésta se verificó por un vuelco, ración y descenso de la temperatura? Y par- debido á la presión de fuerzas horizontales y tiendo de esto, ¿no constituiría una impruden- no por aplastamiento. El fiscal pregunta al Sr. Arenas si tenía cia el descubrir una faja de tierra, exponiénresistencia el edificio para la carga de cálculo dola á esos bruscos cambios atmosféricos? Perito. -Las maniposterías, dice, no son co- y para la de prueba efectiva. El perito contesta afirmativamente á la primo los metales, porque éstos sienten más la acción del calor que aquéllas; por consiguien- mera pregunta, pero á la segunda no puede te, esas variaciones de temperatura exterior no contestar. Promete hacer el cálculo en su casa Be transmiten al interior de la masa, eino muy y presentarlo hoy en. la sesión. lentamente, y otro tanto ocurre cuando la capa El Sr. Arévalo agrega que en la cubierta del es de tierra. Depósito había lineas de menor resistencia, que De esto deduce el perito que la ola de calor eran las que. iban de Norte á Sur, y por consifue se advirtió en los primeros días de Abril guiente, si por la presión de alguna fuerza se no pudo influir tan rápidamente en la obra del rompía la cubierta, había dé ocurrir esto por Depósito, aunque alguna zona se viera des- las Imeas mencionadas. ¿Cuál ha sido esa fuerza horizontal? No pueprovista de la cubierta de 10 centímetros con que estaba resguardada en un principio. No do precisarlo, pero cualquiera que sea, es in- hubo, pues, imprudencia por parte de los ingenieros al dejar á la intemperie unaffaja de las bóvedas. Hablando de las. causas que pudieron (no lo afirma) influir en el hundimiento, refiérese á la acción de la temperatura, á la mezcla de los materiales, al apisonado y á una porción de elementos que si aisladamente y en buenas condiciones no afectan á la solidaridad, pueden, en determinadas circunstancias, originar un derrumbamiento de la construcción. Fiscal. ¿Pero qué deficiencias en la mano de obra pudieron contribuir á la catástrofe? Perito. -Teniendo que construir cerca de 4.000 pilares no es posible realizarlos con aquella escrupulosidad con que se realizarían 50 ó 100, y esto mismo puede decirse de toda la mano de obra Fiscal. ¿Pero hubo alguna deficiencia gravísima en ella, de tai modo que por sí misma y con independencia de las demás pudieron determinar el hundimiento? El perito entiende que no y afirma que si hubo error estuvo en que la realización del proyecto del. Sr. Rivera tenía que pasar por un período de ejecución y éste es, precisamente, dada la grandiosidad del edificio y otras causas, el que encerraba más peligros. Fiscal. ¿De modo que estima usted atrevido el proyecto del Sr. Rivera? Perito. -No; estimo qué en él la margen de seguridad durante la ejecución era pequeña. dudable que ha encontrado utio ó varios plintos débiles y esto lia determinado el derrumbamiento. El Sr. Arenas cita algunos autores extranjeros que tratan de los efectos solares, manera de medir el trabajo de los rayos del sol, etcétera, etc. para deducir la energía que absorbió la cubierta del Depósito destruido, y cuya energía era suficiente para levantar del suelo la torre Eiffel. Supone, por último, que la entrada dé los operarios produjo vibraciones que, al realizarse, en unas bóvedas ya quebrantadas por las energías acumuladas por el sol, precipitaron la catástrofe, rapidísima por esta razón. El Sr. Mena pretende interrogar nuevamente al Sr. Marvá acerca dé algunos puntos ya conocidos; pero el Sr. Alvarez (D. -Melquíades) opónese, manifestando que si se hace esto, él, siguiendo tal ejemplo, provocará una discusión científica con cada uno de los peritos, que es por lo visto lo que el representante de la ley desea. El fiscal insiste en su proposito y el Sr. Díaz Cobeña se adhiere á las manifestaciones de D. Melquíades Alvarez por entender qué se busca una discusión científica completamente inútil. La Sala, sin resolver acerca de esto, porque entiende que no puede hacerlo hasta qué no haya terminado el interrogatorio del perito que informa en primer término, concede la palabra á D. Melquíades Alvarez para formular una pregunta que condense, dice el elocuente orador, las conclusiones que se derivan de los dictámenes de la mayoría y minoría de la Comisión jwe examinó las obras del Depósito y que actualmente se halla ante el Tribunal para esclarecer los hechos origen del proceso. Suponiendo, pregunta el Sr. Alvarez, que esas causas (impresiones atmosféricas, desigualdad en la carga, vibraciones en las bóvedas) y cuantas pueda suponerse que han tenido alguna influencia, directa ó indirecta en el hundimiento del Depósito, fueran exactas, dertas, dogmáticas, y suponiendo que hubiera, respecto á su existencia, uniformidad de opiniones, ¿determinaban imprevisión, descuido, negligencia ó Imprudencia en el contratista de las obras? El fiscal, antes de que el interrogado contestase, hizo constar su protesta, pidiendo que se declarara impertinente la pregunta; pero el señor Higuera, presidente del Tribunal, declaró, de conformidad con D. Melquíades Alvarez, que aquélla no sólo era pertinente, sino hasta indispensable, puesto que constituía el eje de la cuestió. n que había de someterse al Jurado. Consignadas las protestas, del fiscal y del representante del Ayuntamiento, Sr. Abril, habló nuevamente el Sr. Marvá, pero como sus explicaciones no satisficieron al letrado que había formulado la pregunta, hubo de repetirlo; en términos mis concisos. ¿Hay responsabilidad por descuido 6 negligencia para el contratista de las obras del Depósito? Dadas las causas, ciertas 6 dudosas, las cuales atribuyen los peritos la catástrofe, ¿cabe suponer que el Sr. Rivera sea responsable de lo ocurrido por haber obrado con imprudencia temeraria en la realización de las obras? Marvá. -Tanto el ingeniero inspector, como el vigilante y el contratista, se hallan en idéntico caso, y en ningún modo, si hay responsabilidades, puede exlgirseles a ellos. Con esta Importantísima respuesta, de uno de los más ilustrados peritos que el fiscal trae á este juicio, terminó la sesión de ayer tarde, que, como puede verse, tiene verdadera trascendencia, porque aleja la idea del delito que se atribuye á los ingenieros procesados. BIBLIOGRAFÍA I IRA ANDALUZA, POESÍAS- Alentada por el DE PEPITA VIDAL fra coy merecí. -do éxito que ob tuvieron sus primeras obras Vibraciones y Cesas que pasan, Pepita Vidal ha tenido el buen acuerdo de reunir en un tomo una nueva colección de bellísimos versos. El libro, primorosamente editado, titúlase Lira andaluza, y va precedido de un prólogo del notable escritor D. Eduardo Zamacois. Tienen los versos de Pepita Pidal una mge. nuídad adorable, una alegría sana, Una frescura de juventud verdaderamente encantadora. Cpmó dice muy bien su prologuista, csus ner vios jóvenes vibran incansables, con vibración optimista; nada le espanta; nada pone sobre Sus labios risueños el mohín del desdén; por eso su libro de oro encanta Sí, es verdad, encanta y atrae y sugestión ¿Y que más se puede pedir á un poeta? LOS SEJE M I E S Y A 6 EHCIAS DE PUBLICIDAD Desde el presente mes de Abril A B C publicará muy frecuentemente (casi todos los días) números de echo páginas, lo que íe permitirá insertar los A N U N C I O S en dos diferente secciones, y á los siguientes y favorables precios: En la P R I M E R A P L A N A en lo números de ocho páginas, y en la Q U I N T A P L A N A en los número de seis páginas, á 5o céntimos línea. En la SEXTA U O C T A V A P L A N A (equivalente á la cuarta plana de los demás diarios) á 40 céntimos línea. La gran circulación ya alcanzada por A B C por su esmeradísima é interesante confección y extraordinaria baratura, se acrecentará notablemente con la citada reforma, pues no tolo su información telegráfica y todos sus servidos seguirán siendo tan completos y perfectos como el de ios mejores diarios españoles, sino que aventajará á todos ellos, publicando magníficos grabados de cuanto notable ocurra en el mundo, grabados no igualados hasta el día por ningún otro periódico c u r v e e A I céntimos; BIBLIOTECA 9 E A 1 3 -Hace cinco minutos que estamos esperando... -replicó Max brutalmente. -No he perdido un instante; pero... ¿me he hecho esperar... Todavía están poniendo el break. ¡Ah! Pardiez; demasiado sé que siempre creéis tener razón... no disení- fe con vos... ¡Sería inútil! Leonida bajó la cabeza sin responder. El cochero subió al pescante, arregló las riendas y preparó la mano. Los dos caballos, de tres cuartos de sangre, se encaparazonaron coquetamente, piafaron y tomaron un trote alto. El break salla del patio de las caballerizas y vino á detenerse delante de la escalinata, después de haber descrito ana curva maestra IV ax de Tréves tenía pasión por los trenes de lujo de estilo irreprochable. Los sportsmen, como hemos dicho, admiraban, sus carruajes en ChantiUy, en la época de las carreras, y el invierno en París, en el paseo de las Acacias. El break de paseo que acáDamos de ver detenerse de ¿ante de ía escalinata merece los honores de una corta descripción. Era una especie de mail- coach descubierto. El pescante, muy alto, cubría toda la delantera, con el objeto de que los caballos colocados debajo del hueco, se. encontrasen más completamente en la mano del conductor. Desdélas banquetas del interior, la vista se extendía Sin obstáculo en todas direcciones. El pescante trasero, alto, permitía á los criaaos ooservar ios caballos y saitar en tierra si algo se desarreglaba i n los arreos. Un aparato doble servía para el tomo en las bajadas. El cofre de detrás contenía un espacio con nieve para las boU- i! i y el de delante la disposición conveniente para un servicio completo de iesa; ésta se ponía como por encanto en el medio del carruaje. Esta obra maestra de comodidad y elegancia, tenía la lirma de Kellner. Generalmente Max guiaba, con un amigo á su lado: aquel día, por excepdón, no se cuidaba de tomar las riendas Jorge de Nerville ofreció su mano á Leonida para ayudarla á suDlr al carruaje, y tomó asiento con Max, enfrente de ella. Santiago Habert se instaló en el pescante al lado del cochero. ¿Adonde va la señora baronesa? -preguntó este último. -Al castillo de la Reine- Blanche- -respondió Mr. de Tréves. El carruaje partió. Las diez daban en la Iglesia de Lamorlaye. Dejaremos correr el break hacia los estanques de Commelles, y rogaremos i nuestros lectores nos acompañen á la aldea de Montgrésin, á una hospedería que su propietaria, Mad. Daval, bautizaba con el pomposo nombre de Hotel á a Campana sus- inanos, la mujer que los aportaba no existía ya para él... ¡Oh, madre adü Ha hecho bien Dios en llamaros á sí... ¡Al menos no veis mis sufrimientos Leonida ocultó su rostro entre las manos, y volvieron á comenzar Itff sollozos. El mudo había temblado primero de emoción, y palidecido después deoSlers Por segunda vez itomó las manos de la joven, mientras que su mirada 4 s? buen perro fiel le decía con elocuencia: -Valor y resignación... Soy vuestro... Yo velaré por vos. Mad. de Tréves, compredíéndolo, dij -Sí; tú me quieres, mi viejo amigo... Me quieres con toda tu sima; U é, te lo agradezco; pero poco puedes hacer por mí... Un movimiento de cabeza fue la única respuesta del arado. Este movimiento de cabeza significaba claramente: ¿Quién sabje? Leonida prosiguió: -Ahora, mi buen Santiago, déjame. Mr. de Tréves me espera; la tardan serviría de pretexto para nuevos insulí Vienes con nosotros? El mudo hizo una señal afirmativa. ¡Bueno; vete... Santiago Habert salió. La joven se ocupó rápidamente de iaa xx a, ¿modificaciones que era preciso hacer en su traje ds mañana. Debemos explicar brevemente á nuestros lectores la extremaba familiaridad y el cariño, completamente paternal por una parte, casi filial por la otra, que exdstía entre el antiguo servidor y la joven ama. Santiago Habert, mudo de nacimiento, era el marido de la nodriza de Leonida. Cuando Mad. Desfontaines, mujer del rico banquero de este nombre, dio i luz á su hija única, el parto fue difícil; el médico prohibió á la madre criar i su hija, y ordenó se buscase en seguida una nodriza. Mr. Desfontaines poseía propiedades bastante considerables en el FrancoCondado, entre otras, un castillo en las cercanías de Versoul, donde pasaba algunas semanas en la temporada de caza todos los años, y donde hacía en pequeña escala la cría de caballos de sangre, bajo la dirección de Santiago Habert, hijo del primer caballerizo de su padre, y muy experto en materias hípicas. La joyen mujer de Santiago acababa de tener un hijo en la Alta Saona, cuando Leonida natía en Lamorlaye. El banquero pensó inmediatamente, en Mariana Ha, bert. Escribió á Santiago que viniese lo más pronto posible con su mujer; que ésta criaría á la niña y él se haría cargo de la inspección de las caballerizas. Santiago hubiera preferido quedarse en el chaíeau, donde había pasado toda su vida, y donde encontraba gratas sus ocupaciones; pero no vadlo y partió con Mariana adonde se hallaba Mád. Dcsfontsüies. Leonida creció... Santiago Habert la quería como si hubiese sído su propia lufa, y. la niña, i devolvía toda la ternura que empleaba eu ella. Me Deftfawtaiaec mnááieivtAa u jgta M