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NUMERO 668 A B C. MIÉRCOLES 3 DE ABRIL DE 1907. OCHO PAGINAS. EDICIÓN 1. PAGINA 6 ¡i i. í B ¡m í: í: -t; t. vf i- -jt -r J. h- riu. V Fa T a EL ULTIMO ESTRENO DEL GRAN TEATRO MADRID. ESCENA FINAL DE LA EDAD DE HIERRO Fot. A B C E S T R E N A D A R E C I E N T E M E N T E CON E X C E L E N T E É X I T O LA ENTREVISTA DE RAPALLO EL CANCILLER VON BULOW (x) Y SU ACOMPAÑAMIENTO, DIRIGIÉNDOSE A VISITAR A TITTON 1 Fot. Croce ECOS INTERNACIONALES R D U A R D O GR 1 EG El gran compositor no -rasgo Eduardo Grieg es á la vez un pianista de primer orden, digno rival de los Paderewski, Roshental, Sauer y demás grandes virtuosos del piano. A fines de Abril, Grieg dará dos conciertos en Berlín, y para ambos, según los periódicos alemanes, están vendidas ya todas las localidades, desde primeros de Febrero. El ser Grieg menos conocido como ejecutante que como compositor, justifica esta expectación de los aficionados filarmónicos de Berlín. NA HERENCIA PARA Según el corresponsal deun diaLA REINA NATALIA rio i n g l é s en Belgrado, la reina Natalia de Servia, que, como es sabido, pasa en Biarritz la mayor parte del año, acaba de heredar 600.000 francos, por virtud del fallo del- Tribunal Supremo de Bukarest, que la ha declarado heredera única de las propiedades de los Obrenowitch, en Rumania. aficionados á libros raros, y libreros se han y disputado estos días, en l salones de subaslos tas de Londres y París, algunos ejemplares muy curiosos, pagando por ellos precios verdaderamente extraordinarios. Mr. Quaritch, el famoso librero de Londres, ha pagado 3.600 libras esterlinas por una colección de las obras de Shakespeare, impresa en 1623. En París, vanos amateurs han comprado un ejemplarde Mademoisdle de Maúpin, de Gautier, tirado en papel del Japón, el año 1883, por Conquet, en 751 francos. Les Fleurs du Mal, de Baudelaire, edición original de 1857, con encuademación de Meunier, 760 francos; un ejemplar en papel de Holanda de L Assommoir, de Zola, ilustrado por Gilí, con seis grabados de Goeneutte y con encuademación en cuero laIBROS RAROS u sobrina del gran filántropo D. José Moreno de Mora, fundador de los hospitales y escuelasasilo que llevan su nombre. Lucía la reina de la fiesta un rico traje de corte, de raso blanco, adornado con encajes de Bruselas, delantero bordado con perlas y brillantes, diadema de piedras preciosas y otras ioyas, cuyo valor asciende á 80.000 duros. Ocupaban el estrado la corte de honor, la j Junta directiva del Ateneo, el gobernador civil, el gobernador militar, duque de Najera, el alcalde, el capitán general del departamento, el alcalde de San Fernando, otras autoridades y el mantenedor, Sr. López Muñoz. Después de ser leídas las poesías premiadas, el presidente del Ateneo, Sr. Viescá, pronunció un- discurso de presentación del mantenedor, y dio las gracias á cuantos habían contribuido al mayor esplendor del festival. Dedicó frases de gran elocuencia al ilustre y querido hijo de Cádiz, D. Segismundo Moret, y para el Sr. López Muñoz, que le substituía en el coiiietido de mantenedor, para el cual había sido designado aquél. Fue aplaudidísimo. Luego, cuando el poeta premiado, Pepe Rodao, designó á la reina de la fiesta, resonó en el teatro una estruendosa salva de aplausos. El autor de la ornamentación del teatro, don Manuel Mayol, artista gaditano, ha sido felicitadísirno por el admirable efecto que presenta el trono de la reina, adornado con guirnalE L HUNDIMIENTO DEL TERCER DEPOSITO VISITA DE INSPECCIÓN REALIZADA AYER TARDE POR EL TRIBUNAL QUE ENTIENDE das de flores combinadas con luces eléctricas. EN EL PROCESO, i, EL PRESIDENTE DE LA SECCIÓN, SR. HIGUERA; El discurso del mantenedor fue grandilo. i, EL INGENIERO SR. SANTA MARÍA; 3, EL INGENIERO SR. RIBERA Fot. Goñi. cuente y aplaudido con frenesí. Comenzó pidiendo benevolencia por haberse atrevido á brado por Meunier, 1.000 francos, y, por últisubstituir al Sr. Moret, á quien alejan de su mo, un ejemplar único de Nos oiseaux, de Theupueblo, dijo, penas que todos sentimos Reriet, edición Launette 1886, con ilustraciones en J OR TELÉGRAFO cordó á Castelar y á Moret, gaditanos ilustres CÁDIZ, i, 8 M. colores de Giacomelli, que alcanzó 1 a suma de cuyos méritos ensalzó. 1.530 francos. on brillantez extraordinaria se ha celebrado Continuó elogiando al Ateneo de Cádiz, que en el Gran Teatro la fiesta de los Juegos sigue las corrientes modernas y ha presentado TRANVÍA DESCARRILADO florales. La sala estaba artística y espléndida- para el certamen, cuya fiesta se celebraba, temente engalanada, y la llenaba distinguidísi- mas relacionados con el trabajo, la industria, LONDRES, 2, 10 M. ma concurrencia. Él trono instalado en la es- el arte, la poesía, la navegación y la cuestión n Croydon, yendo á toda velocidad un tran- cena era un nimbo de luz, sobre el cual se des- social; es, decir, todo lo que debe pensarse para vía eléctrico, descarriló, resultando heri- tacaba la arrogante figura de la reina de los caminar por la senda del progreso y solucioi Juegos florales, Srta. Micaela Picardo Gómez, nar los problemas nacionales. dos 32 viajeros. c E BIBLIOTECA DE A B C 12 LAS DOS BARONESAS 9 f tí Tomó entre sus manos una de las pequeñas de Leoniday la U vó á sus labios... ¡Este casamiento! ¡Este casamiento maldito! ¿Por qué le habéis exigido de mí, madre mía? Según vos, era un gran honor para mí el ser baronesa de Treves. Hija obediente y no teniendo ningún conocimiento de la vida, me casé con Max por obedeceros... El decía que me amaba... lo decía con dulce y tierna voz... ¿Podía yo negarme á creerlo? Mentía, sin embargo! ¡Mentía con descaro este caballero tan orgulloso de su nombre... No era a mí á qien quería, Bino á los millones de mi dote... Uaa vez oue estos millones estuvieron en -Bien sabéis que no hablo de un peligro de ese género- -murmuró Leonida La suegra se alzó de hombros y exclamó en tono despreciativo: -Vuestra mujer habrá soñado con caballos desbocados, carruajes rotos. Pues se trata de un sueño; lo apostaría. ¿Me engaño? -No, señora- -respondió Leonida levantando la cabeza y mirando de frente á su suegra. -No os engañáis. Se trata, con efecto, de un sueño, de un sueño horrible. Max y Germana de Treves acogieron esta confesión con una carcajada. Jorge de Nerville se quedó callado, lo que, por otra parte, le sucedía siempre que su tía y primo tomaban á su cargo el humillar y herir á la joven, y Dios sabe que estas ocasiones de silencio eran frecuentes. Leonida prosiguió con calor: ¡Reíos, señora, reíos todo lo que queráis! Tal vez lloréis pronto. La vida de vuestro hijo está en peligro. El sueño que me espanta me ha hecho ver á Max pálido, ensangrentado y tendido en tierra, y este sueño es un aviso, estoy segura. La prueba la tendréis demasiado pronto. -jBasta, querida mía! -interrumpió imperiosamente el barón. -No nos molestéis con vuestras manías; bien veis que las encontramos ridiculas. -No salgáis, Max... ¡Cómo! ¿Todavía? ¡Todavía y siempre; La baronesa viuda se levantó. -En verdad- -dijo- -admiro la paciencia de vuestro marido. Yo, su madre, no me atrevería á contradecirle, como vos lo hacéis, y á contrariar su voluntad con una insistencia de tan dudoso gusto... Lo repito, son costumbres malísimas, que tienen su origen en una educación vulgar y descuidada. Sois burguesa hasta la medula de los huesos, querida, y más es, burguesa mezquina, sin tacto, sin ingenio, sin inteligencia... Todo eso en interés de mi hijo, hubiese querido yo modificarlo en la medida de lo posible... Lo he intentado vanamente... La materia es rebelde... ¡Sois incorregible... ¡Oh! completamente incorregible- -asintió Max, apoyando un dedo sobre un timbre. Leonida volvió la cabeza para ocultar las gruesas lágrimas que rodaban por sus mejillas. Un criado se presentó preguntando: ¿Ha llamado el señor? -Sí... Que pongan el break de paseo... Vamos á salir dentro de veinte minutos. ¿Qué tronco? -Los caballos nuevos... Santiago Habert nos acompañará... -Está bien, señor. El criado salió. ¿Vendréis, madre mía? -preguntó el barón. -Decididamente no- -respondió ella. -Prefiero no salir por Ir. mañana. -No tenemos tiempo más que para arreglarnos... -repuso- -Yo estoy dispuesto... -respondió Mr. de Nerville. -Y yo lo estaré dentro de cinco minutos- -dijo Leonida dejando su asiento.