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MADRID LUNES! D E ABRIL D E 1907. N Ú M E R O SUELTO, 5 CÉNTIMOS B fmesatsui fmEVMsmi f Smmiean UnViiinMim 5l TM ltl TM tll i CRÓNICA UNÍ VERSAL ILUSTRADA. AÑO IIL NUM. 666 2: ÉPOCA LOS S U C B O h DL. V -vp) UECOS UNA CALLE DE UXDA CAMPAMENTO DE KABILEÑOS DE LAS INMEDIACIONES DE UXDA vida y del mundo. L a forma en que ellos exponen su filosofía, su experiencia, sus impresiones, son estudios sobre las costumbres, observaciones morales, ensayos. Claro está que esta orientación ética y filosófica puede también proporcionárnosla un artista; el autor de una novela ó de un poema, es desde luego un filósofo. Artista en el viejo sentido de la palabra quiere decir filósofo; si abrimos el vocabulario italiano- español que Lorenzo Franciosini compuso en el siglo xvii, veremos que artista significa filósofo, el que se dedica á la filosofía No le llamamos hoy filósofo á un novelador ó á un poeta lírico; pueden ellos serloi lo son iadwdablemeute; pero no, como creerá el vulgo, porque en sus novelas ó en sus poemas haya una tesis, un propósito didáctico; las tesis y los propósitos didácticos son cosas que no han entrado en el arte hasta estos tiempos de democracia, de pedagogismo y de pedantería. Un artista es filósofo por su manera de ver las cosas, por su modo de sentir la Naturaleza; en él observamos cómo un espíritu reacciona ante lo exterior; su actitud ante el misterio de la vida, su situación ante un trance crítico, decisivo; su manera de orientarse espiritualmente, son cosas que j) ueden enseñarnos y dirigir nuestro espíritu por u n camino de luz, sin necesidad de declamaciones, peroratas y antipáticas tendenciosidades. Miguel de Montaigne es uno de estos supremos filósofos. No tiene sistema; no ha formulado ninguna vasta concepción del Universo, de la vida y del hombre; pero él nos h a dicho qué es lo que á él le parece de ésta ó la otra cosa que encontramos en la vida diaria; él h a escrito sobre lo que vemos en nuestras casas, en la calle, en el campo; él ha expresado su sentir ante tal situación en que él se ha visto y nosotros podemos taml ín vernos. El resultado de estas observaciones son los Ensayos. Ahora, acercándonos más al filósofo, convendría saber qué es lo que se dice en estos Ensayos, ó sea, cuál es el ideal de vida del filósofo y cómo, por qué causas ha llegado á él. Pero esto acaso lo digamos otro día; hoy sean estas líneas sólo un anuncio del bello libro del señor Warwick Bond. i LÉASE Por haber ocurrido una avería importante en una de las máquinas de nuestro periódico dejamos de publicar hoy el Suplemento LAM U ET TLM CASA, Precio del número í CÉJ TIMOS en toda España. C O B R E UN FILÓSOFO. POR A 20 R 1 N El filósofo de quien quiero hablar dos palacras es Montaigne. Este filósofo, aparte de áu personalidad, tiene para nosotros los españoles cierto interés especial; su segundo apellido era franca, castizamente español; INIontaigne se llamaba Miguel Eyquen y López; su madre llevaba el nombre que pudiera llevar una española de Burgos, Toledo ó Salamanca: Autonla López. El nombre de Montaigne proviene de la tierra donde la familia radicó; así entre nosotros, las familias de Baroja, de Maeztu, de Nebrija ó Lebrija, por ejemplo, no llevan 5 US apellidos originarios, sino el de aquellos pueblos en que ban vivido los ascendientes. Sobre Montaigne acaban de publicarse dos libros importantes; tal es el motivo de estas líneas. Uno de dichos libros es francés; el otro, inglés. El libro francés lo h a escrito el señor Fortunato Strowski, profesor en la Universidad de Burdeos; es una obra voluminosa; pro orciona al lector una exacta idea del filósofo; os que amen á Montaigne deben leerla. El libro inglés es pequeñito; de él voy únicamente á hablar en esta ocasión. El autor de este libro es el Sr, R. Warwick Bond; el título: Moniaigne; el editor, un editor de Londres: Henry Frowde. Se trata de una obra altamente simpática; ante todo no tiene más que 93 páginas; después el papel es ese papel grueso, poroso, silencioso, que no ofende la vista con reflejos desagradables, ni alborota al doblarlo ú hojearlo; luego las letras son claras, y espaciadas l a s líneas; y por último, este librito, está redactado por un espíritu perspicaz, cuidadoso, agudo. Al hablar de IMontaigne es preciso hacei una distinción previa. Montaigne es un filósofo; pero, qué clase de filósofo es? H a y dos clases de filósofos: unos en abstracto; otros en concreto. Los primeros son unos idealizadores, unos soñadores, en el buen sentido de la palabra; entre éstos, algunos, los más altos, han logrado sistcraatizar de una manera nueva sus ideas sobre el mundo, sobre la vida, sobre nuestro conocimiento de lo exterior, es decir, que son autores de sistemas filosóficos originales; después, otros, con menos potencialidad de pensamiento ó porque han aceptado como bueno alfenno de los sistemas construidos, se han adherido á ellos, han divagado sobre ellos y los han propagado, bien en toda su pureza ó bien con variantes y matices de otros. Tales son los filósofos en abstracto; sus sistemas están, pueden estar claros, definidos, terminantes; leyéndolos, estudiándolos atentamente, tendremos ideas sobre la moral, sobre el derecho, sobre la política. Nuestro pensamiento s e habrá trazado su orientación, su ideal (en uno ú otro sentido) Ahora bien: todo este sistema filosófico que nosotros poseemos; todo este ideal, ¿qué consecuencias ha de tener en la vida? Lo importante no es tener un sistema fnosüíico; lo importante no es el que nos hagamos un plan general en lo referente á la ética, á la política, al derecho y al arte, sino ver qué resultado van á producir prácticamen- ECOS DE LONDRES LONDRES, 27 DE MARZO DE J 907, UL 7 ADEÍD. GO: ic í ADOR DE MARRAKEX Y HERMANO DEL SULTÁN ABD- EL- AZIS Fots. Rittwagen. qué es lo que según la doctrina del maestro debíamos hacer en tal ó cual caso concreto, en éste ó el otro trance crítico, ¿cuál sería su contestación? No sería ninguna. Las filosofías en abstracto no sirven para nada práctico; son bellas contracciones m e n t a l e s representan esfuerzos enormes del espíritu; pero casi se podría afirmar con D. Juan Val era que la humanidad no las echaría de menos si no existiesen. Añadiré inmf diatamente para no exagerar, para poner la balanza en su justo medio, que las grandes concepciones filosóficas s i r v e n únicamente como orientaciones generales del pensamiento, cono guías genéricas; pero que luego, dentro de ellas, otros filósofos han deliacer la aplicación práctica del pensamiento. Esta aplicación que hacen otros filósofos puede no ser intencionada, sistemática; estos filósofos podríamos decir que son iilósofos sin saberlo, ó al menos sin proponérselo; ellos nos cuentan sencillamente sus impresiones de la te estas ideas, ó sea, cómo en el VÍVÍT prosaico, diario, menudo, nos comportaremos nosotrcs en tal ó cual trance con arreglo á nuestra concepción del mundo y de la vida. La prueba de la gran dificultad que hay en resolver este conflicto, en solucionar este problema nos lo han dado recientemente dos filósoíos: Schopenhauer y Nietzsche. El primero ha estado desconocido durante muchos años; es decir, se hacía pasar por Schopenhauer un Schopenhauer falso, ridiculo; una porción de dislates, incongruencias y absurdos se cometían en su nombre. Y ahora mismo que le conocemos bien, si somos schopenhaurianos convencidos, si estamos empapados de la doctrina del filósofo, ¿conoceremos también cómo hemos de traducir la doctrina á la vida? Respecto á Nietzsche, el caso es más notable. Multitud de jóvenes van, por ahí diciendo que son nietzchanos furiosos y hacen y dicen cosas absurdas y disparatadas; afortunadamente, la racha va pasando. Pero, si B estos jóvenes les preguntáramos o s ASUNTOS D E La Prensa conserva MARRUECOS dora y unionista ex presa s u incondicio nal adhesión al Gobierno francés, con motivo del asesinato del Dr. Mauchamp. El Times opina que las medidas adoptadas por el Gobierno francés en este asunto, merecerán la completa aprobación de los franceses excepción hecha de los pacifistas que tienen por costumbre cerrar los ojos á la realidad. El citado periódico añade: En este país será apjrobada también la conducta del Gobierno republicano y no hay para qué decir que las Potencias serán de la m W a opinión, reconociendo que en ciertos casos, ciertas medidas resultan justas é inevitables. En cuanto á la especie lanzada á la publicidad por algunos periódicos franceses de que el último crimen perpetrado por los moros h a obedecido á instigaciones, ó, mejor dicho, á la actitud adoptada por Alemania, opina The Times que es muy aventurado tenerla como verosímil á no ser que los acontecimientos otiligasen á considerarla así. El Morning Post dice que es indudable que la misión de Francia en el Norte de África la impone la obligación de hacer honor á su representación y de volver por los fueros de la civilización europea ultrajada actualmente en Marruecos; y esto es á la postre lo que en el actual caso concreto debe realizar Francia. I