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MÍ A D R I D DOMINGO DEMARZODEÍ 907. N Ú M E R O SUELTO, 5 C ÉNTl MOS f) f) f ii id CRÓNICA U N I V E R S A 1. I T AÑO in. NÚM 665. ía f) f íf 2 É P O C A EL ESTIÍbMÜ ü b ANOCIib TEATRO ESPAÑOL. ESCENA DEL ACTO SEGUNDO DE LA OBRA DE BERNSTEIN, EL LADRÓN REPRESENTADA ANOCHE A BENEFICIO DE MARÍA GUERRERO Fot. A B C A B C EN BARCELONA, POR MIGUEL S, OLIVER De dos recientes acuer Ayuntamiento de Barcelona conviene dar noticia: el rino referente á la celebración del centenario de Jaime I el Coiiqitislador. y el otro que concierne á la expedición de catalanes y aragoneses á Grecia. Kn 1208 vino al mundo uno de los hombres más verdaderamente grandes que han ilustrado la Historia de Kspaña. La obra política y militar que dejó como lej ado, extraordinaria para su tiempo, recibió de la Providencia la consagración de las cosas definitivas. No perteneció á aquel linaje de epopeyas, brillantes, pero efímeras y sin solide que se desvanecen en cuanto deja de alentarlas el infhíjo personal de quien las llevó á término. I a Historia respetó consolidó esa obra, haciéndosela suya, y ciñó á las sienes del Co zt uis ador a. que la. aureola que resplandece sobre los patriarcas y organizadores de un pueblo. Kn resumen, puede decirse que el hijo de Pedro el Católico fijó para siempre el contenido territorial de la confederación aragonesa, tanto or medio de la incorporación de N alencia y de Mallorca, como poniendo término, con el tratado de Corbell, al ensueño del Imperio pirenaico y á las obstinadas aspiraciones de amalgama con Provenza, cuya unión no bendijo el cielo: según aiistera frase de IMilá. Al mismo tiempo organizó su contenido social y puso las grandes piedras angulares de su estructura política y económica, con el libro del Consulado de mar para Cataluña, el fuero de Huesca para Aragón 3 los de JNIallorca 5 Valencia para esos nuevos territorios. Sobre tan vasta cimentación descansó todo el futuro edificio que, á despecho de adaptaciones y retoques, de demoliciones y cuarteaniientos, pasó á integrar el patrimonio comtin de los Reyes Católicos 5 conservó sus líneas generales hasta el definitivo naufragio del régimen de franquicia, democrático y popular á la esoañola, en 1714. Puede decirse cpie de aquel gran impulso surgió plenamente la vida civil 5 se originó el tránsito désele la férrea dureza de los castillos al grato tumulto de la plaza pública en las ciudades y al hervir de una burguesía de navegantes, mercaderes y productores que fueron el nervio y el músculo y la sangre de dichos Estados. Una de las condiciones que más resplandecen en la figura de Jaime I es el esfuerzo, omliilateral diríamos, con que atendió á todas las exigencias de una civilización naciente y á todas las demandas de sus distintos pueblos, de suerte que cada uno de éstos lo reputase por especialmente stiyo y supiese dejar en todos la dulce creencia de su predilección. No fué exclusivamente rey de su familia, de su comarca, de su palacio, de su espada. La tradición conserva su nombre y su recuerdo, con una intensidad asombrosa que no se observa para los de sus descendientes. El R. o- y En Jau? ie es todavía ol Rej por excelencia; el padre y bienhechor de sus pueblos; el primer ciudadano mucho más que el primer funcionario ptiblico. De este modo el ilustre suegro del no menos ilustre D. A. lfonso el Sabiohz. dejado en la con- 1 EL CULTOADSÉALnO P o MARÍA GUERRERO EMINENTE PRIMERA ACTRIZ DEL TEATRO ESPAÑOL LA REINA DE PORTUGAL hN 5. M. DOPÍA AMELIA DESEM 3 ARCAND 0 DE SU YATg ciencia popular un sedimento ó testimonio inusitado y ciertamente muy ¡superior al testimonio erudito. Este fenómeno, casi excepcional, de la persistencia de su recuerdo éntrelas muchedumbres indoctas; este sobrevivir de su nombre en boca de rústicos pastores y de zafias lugareñas que yo mismo he observado, con íntima emoción, en infinidad de ocasiones, constitu 5 e el tributo más grande que pueda recibir monarca alguno. No puede llamarse gloria completa aquella que no invade las capas obscuras de la sociedad y no consigue hacer vibrar al unísono los corazones sencillos. Apoderarse del alma de los humildes, vivir en ella como en un tabernáculo 3- pasar por el intermedio de ella á la posteridad más remota, esa es gloria suprema, gloria perfecta, luz del sol que, como decía Goethe, cae sobre todo: sobre la flor y sobre la boñiga de vaca. Más brillante y aparatosa, pero, cu cambio, menos duradera y feliz, fué la expedición á Atenas por los almogávares de Roger de Flor. Con esto se relaciona otro acuerdo del Aj- untamiento, de pensionar con esplendidez la historia definitiva de este episodio que prepara el catedrático de Literatura española de esta Universidad, Dr. D. ylntonio Rubio y Llixch, después de reunir muy cerca de 400 documentos inéditos que pronto serán dados á la estampa con el título de Diploma ario del OricnJe Caln! á 7i Esta colección será la más rica de cuantas se han publicado sobre el Oriente latino en general, incluyendo los trabajos de Bouchon, Hopf y Gregorovius. A semejante asunto ha dedicado Rubio y Línchelos terceras partes áe. su vida, habiendo recorrido Grecia y las prin- cipales ciudades italianas en busca de docuFot. Franzen- mentos, habiendo estudiado los cronistas m e dievales y los modernos historiadores griegos, como Stamatiades y Chalcocondilas, 5 habiendo publicado en el Boldin de la Academia de la Historia, eit las Memorias de la de Buenas Letras y en folletos y opttsculos aparte, avances muy suljstaiiciosos de su investigación, que alcanza también á las hazañas de la compañía franca de. Navarray del maestre Juan Fernández de Heredüx. Aquella gran calaverada de que fué actor y cronista el delicioso Muntaner, y de que fué amplificador Moneada, tres siglos más tarde, en un castellano magnífico, pertenece al mundo de las cosas estupendas y temerarias. Timnle el Blanco, segxin la sagaz intuición de Amador de los Ríos, viene á ser la trascripción y sulilimación poética y novelística de la expedición á Grecia y de su caudillo. En aquella ultima cnizada vibra el vocerío ensordecedor que anima los. versos de la Jcrmalemm. e libérala. Aquel ptiñado de hombres duros, fieros, enteles, pero heroicos j esforzados, detieneu po. sesenta años la invasión turca, y sostienen el vacilante poder de Europa, que las afeminacio nes de los últimos Paleólogos habían hecho caer de sus manos. Atenas, esplendor y souiisa del mundo antiguo, de donde emanan, aun para nosotros, toda luz y todo canon imperoccuero, se había borrado cíe la concieticia de la humanidad. Fué preciso que el Renaciniientv) y los grandes artistas y humanistas italianos p ra restaurar la visión helénica y reconstruir aquella conciencia y recuerdo desvanecidos. P u e s Fot. Barrer I bien; el único doc iincnto quo, á ni. iiuera de an-