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M A D R J D MIERCOLES 27 DEMARZODE ¡907. N Ú M SUELTO, 5 CÉNTIMOS) gíg) a ft CRÓNICA UNIVERSAL I L U S T R A D A AÑO 111. NÚM. 662. B 2. É P O C A FALLECIMIENTO DE UN PERIODISTA ILUSTRE MADRID. ENTIERRO DE D. lOSE GUTIÉRREZ ABASCAL, VERIFICADO AYER TARDE. Fots. Goñi EL INSIGNE DR. BERGMANN QUE ACABA DE FALLECER EN WIESBADEN la memoria me falla, ¡y es la pobre tan frágil, que no úo forzalla! Yo lo mismo confundo el Chinchón y el Cazalla. que los tiempos del César con los de Caracalla, que á la madre de Olimpia con el suegro de Olalla, que á Segovia con Burgos. que a Teruel con Vizcalla... Si al Raisuli en Marruecos lo batió la mehalla, con El Guebbas al frente de la fiera morralla cabileña, el Pernales, que á la gente avasalla con su rifle, que á todos sin cesar ametralla, ni los guardias civiles á quien dio la batalla saben dónde se encuentra saben dónde se halla... La pared de un cortijo la convierte en muralla el Pernales, que es mezcla de guerrero y canalla, y en sus robos y atracos no le sirve de valla ni el furor de los maüseris, que en disparos estalla. Viene á ser su osadía una especie de tralla, que enarbolan sus manos y en chasquidos restalla. El ladrón, con la gloria de sus triunfos, se engalla; y en los r s con furia su rebenque rastralla... ¡Oh, qué escena yo haría, si supiera pintalla! ¡Oh, qué asunto tan bello para hacer nno- fallaJ UN MADRILEÑO ILUSTRE oy le lloro como se llora la pérdida de un H padre, de u n amigo excepcional, de un amadísimo maestro, que todo esto fué para mí el ilustre escritor que puso siempre todas sus grandes dotes de inteligencia y de caballerosidad al servicio de la Prensa, siendo uno de sus nás famosos y esforzados paladines. Unida su familia á la mía por vínculos de inquebrantable amistad, yo, cuando era un cMcuelo, fui su amigo predilecto, un amiguito que permanecía casi la mayor parte del tiempo en su casa dándole guerra y revolviéndole sus cuartillas, las cuales volvía á ordenar bondadosamente Anselma, la inolvidable hermana de Gutiérrez Abas cal. Antoñito, como me llamaba entonces, como me llamó siempre, venía á ser para él algo suyo; cuando terminé mi carrera y se enteró de mis propósitos de no ejercerla y dedicarme á emborronar cuartillas, sintióse sinceramente apenado, y me dijo: Antoñito, la carrera literaria es la más ardua, ingrata y penosa de todas las carreras. Mira lo que haces y no te dejes seducir por este ruido de popularidad que acompaña al que escribe y que á tantos ilusos ha conducido á vivir miserablemente. El maestro de periodistas, el cronista brillante, ingenioso, que refería con gracia y sprit inimitables cuanto ocurría en los salones aristocráticos, sabía referir como un costumbrista enamorado del pueblo que retrata su pluma, las fiestas populares callejeras. Con la misma brillantez y galanura describía á la duquesa que para asistir á los toros se engalana con la rica mantilla de casco y la peina de concha, que á la mujer del pueblo que va al espectáculo nuestro nacional, ceñido á su cuerpo el pañolón de Manila. Quería á su pueblo, á su Madrid, como Se quiere á una madre. ¡Cuántas veces he oído de sus labios los elogios más calurosos hacia este adorado rinconcito del mundo! Como dice muy bien otro maestro en las I etras y en el periodismo, el insigne Cavia, al hablar de Gutiérrez Abascal: Madrid ha perdido uno de sus hijos más amantes, quizá el má, s enamorado de la villa y corte, liasta en sus defectos, en los tiempos de desdén y menosprecio donde tan á sus anchas se encuentran los que, no sabiendo cómo menospreciarse a s í mismos, desdeñan sandiamente lo que les rodea les da un poco de vida. v Madrid, me decía al empezar yo á escribir en los periódicos, es, á pesar de lo que afirman los qiie hablan de las cosas sólo de oídas, un pueblo culto y noble que peca por exceso de nobleza; el madrileño neto, el de los barrios bajos, tiene toda la picardía en los labios y toda la nobleza en el corazón. No olvides esto ya que pretendes ser un costumbrista de tu pueblo. La gente del bronce, la castiza, la que desciende de los manólos y chisperos del Ava. piés, retratados insuperablemente por aquel gran sainetero que murió de hambre, el malaventurado D. Ramón de la Cruz, ofrécese al exterior llena de fanfarria y por dentro es humilde. En la valentía y en la gtiapezti se escudan muchos por creer que estfó les hace representar mejor papel entre su gente. E 1 madrileño castizo es un tipo que haDla mucho y no hace nada. Con ser madrileño lo cree todo resuelto en su favor, que todo lo tiene hecho; es gracioso, posee un repertorio copioso de frases picarescas, ingeniosas á ratos, chistosas casi siempre, llenas de intención y de humorismo; sal gorda, claro es, que el pueblo no condimenta sus platos con la sal fina y ática de los atristócratas del talento. Hay vagos entre los madrileños, ¿en dónde no los habrá? pero la mayoría del pueblo trabaja muchísimo, aunque sin grandes resultados. Los de fuera son los que saben sacar mejor partido del Madrid de los madrileños. Antoñito, copia bien la gracia de los de nuestra tierra y huye de las achulapadas groserías que son ios escollos en o ue más fácilmente pueden caer los costumbristas populares. En mi carrera literaria, Gutiérrez Abascal no fué sólo mi consejero, sino mi protector más entusiasta y decidido. ¿Qué mucho que le llore yo ahora como se llora la pérdida de un padre, de un amigo excepcional, de un amadísimo maestro... A yertarde, cuando la inmensa muchedum bre, formada en su mayoría de periodistas y de escritores, se agrupaba en torno del féretro en el cementerio de Santa María, sentí dentro de mi alma un no sé qué de inefable tristeza al contemplar por última vez el rostro de aquel gran hombre que, pudiendo alzarse por su talento y sus prestigios sobre todas las cimas de la vanidad liumana, confoi- móse con ser, por espacio de treinta y seis años, periodista, nada más que periodista. Recordé su vida pública, su apacible y encantadora vida del lugar, la bondad de su corazón tan hermoso como su inteligeucii. estos últimos y para él atormentadores arlos, en que su energía desafiaba á diario á la cruel enfermedad que le iba destruyendo miserablemente su organLsmo... Entregado á todos estos recuerdos, no advertí que me hallaba ya fuera del Camposanto. Dentro de éste quedaba entregado al reposo eterno el amigo venerable, el insigne y bondadoso maestro... dentro de mi corazón quedará eternamente su i- ecuerdo. ANTONIO CASERO QOPLAS DEL MIÉRCOLES. EL REVERSO DE LA MEHALLA (CON LICENCIA DEL ARCIPRESTE DE HITA) l í a tenido el Pernales una recia batalla, en Ignoro cuál punto, que no sé dónde se halla. Para fechas y nombres SINIESTRO FERROVIARIO CHOQUE DE DOS TRENES DE MERCANCÍAS OCURRIDO EN LA ESTACIÓN DE UJO Fot, VUla, OBRA NUEVA MADRID. ESCENA FINAL DE aLA RABALERA ESTRENADA CON FELIZ ÉXITO EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA Fot. Goñí