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MADRID, SÁBADO 23 DE MARZO DE 1907. NÚMERO EXTRA 10 CÉNTlMOS) g) f CRÓNICA U N l V E I t SAL I L U S T R A D A AÑO IIL N Ü M 658. S 2 É P O C A í. inw. i. yw in I 11- -II- 11,1 II, Mili. vMmm ium mm maakp immmimÉmaim EN EL PRESENTE N U M EXTRAORDINARIO incluimos el süptemento ilustrado de dieciséis páginas G E N T E M E N U D A que deben exigir iodos nuestros suscriphres y compradores, PRECIO: DIEZ CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA ÜM- ifi r i; Í- iÍE V 4, IGNORANCIAS YANQUIS, POR LUIS P A R Í S E n los momentos en que, á pesar de todas las seguridades oficiales, la declaración de guerra entre la República de los Estados Unidos y el Japón continúa siendo una eventualidadpróxima, tiene verdadero interés de infor mación periodística el darse cuenta del estado de la opinión pública en América del Norte. I os yanquis se ocupan muy poco de los asuntos de política internacional. Consagrada su atención á los negocios, apenas tienen tiempo que perder en divagaciones que no les interesan, y se, da el caso frecuente de que al tratar por incidencia en la vida privada y en la vida pública de asuntos exteriores, cometan errores gravísimos, que en el fondo sólo acusan una positiva ignorancia. Por lo general, los yanquis desprecian á los japoneses. Creen sinceramente que jamás un país tan lejano y tan pequeño tendrá la audacia de atacarles, y cuando se les liace observar que ese país tan lejano y tan pequeño cuenta con cerca de 50 millones de habitantes y posee un Ejército y una Marina formidables, los yanquis contestan con una sonrisa entremezclada de sorpresa incrédula, acabando por responder: ¡Bah! Después de todo, es igual Nosotros somos más fuertes. Hemos derrotado á ios españoles... y además no somos rusos. Hasta aquí un fragmento de correspondencia qiie á un gran periódico de Europa le escribe su enviado especial en California, con ocasión del conflicto yanqui- nipón. E n efecto, el vanidoso empaque de los norteamericanos corre parejas con su ignorancia para lado aquello aüe no constituya el obíeti- Éh, H r y UNA FOTOGRAFÍA INTERESANTE LTJMO RETRATO DE LOS ESPOSOS BERTHELQT Fot. Pheío Houvelles vo de sus negocios. Aparte de su bminesSt la clase media americana, la gran masa yanqui no se interesa por nada ni por nadie, ni por el arte, ni por la ciencia. I, a cultura media, que en Alemania, por ejemplo, raya á tan grande altura y que constituye la verdadera fuerza de tan admirable pueblo, en el Norte de América es absolutamente negativa. Tan sólo en los grandes centros, en Nueva York, en Chicago, en Boston... donde los refinamientos de la vida moderna han alcanzado un grado y una superioridad material de que en Europa no tenemos ni idea remota, los ricos, los afortunados poseedores de grandes capitales, que viajan constantemente, que se han educado bajo el influjo de otro ambiente y de otras enseñanzas vedadas á la, masa neutra absorbida por el véi tigo de la lucha cotidiana cada vez más febril y más dura, viven en una esfera de intelectualidad y. de cultura, elevadas. De ese medio social, que pudiéramos llamai aristocrático y privilegiado, surgen los estadistas, los políticos, los artistas, los hombres de ciencia que dominan al pueblo yanqui. Gracias á ellos, merced á su influencia, Roosevelt ha podido obligar al Estado de California á revocar acuerdos que hacían inminente la declaración de guerra. Hace muy poco tiempo, Camilo Saint Sáens, al regresar de su expedición á Nueva York, describía de un modo soberano la impresión de contraste que le había producido este desnivel de cultura entre, las clases elevadas y el común délas gentes yanquis. El ilustre artista deducía del estado caótico en que la mentalidad de aquel pueblo se encuentra, un porvenir, lejano aún, en que de aquella masa surgirá una civilización, un arte nuevo, poderoso y fecundo, que apenas puede vislumbrarse ahora por los espíritus más sutiles. E n efecto, ahora, con motivo de las noticias alarmantes que la Prensa americana llegó á publicar en un momento dado, el orgullo na cional, arrogante yjactancioso, recordaba el rá pido triunfo obtenido por sus armas en Cuba y en Filipinas. Ea Prensa amarilla princi pálmente, acentuando su chauvinismo por odio á Roosevelt, que en las elecciones de Nueva York acaba de derrotar á Hearts sti propietario, se hacía eco de los alardes de populachera ignorancia sin quehubiese nadielobastante sereno para recordarles que habernos derrotado en Cuba y en Filipinas nada significaba ni podía sigiiifieat como precedente formal