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NUMERO A B C. MARTES ¡9 DE MARZO DÉ 1007. OCFTO PAGINAS EDICIÓN 1. PAGINA 3 Mam ESPAÑA INDUSTRIAL SAN JUAN DE AZNALFARACHE (SEVILLA) EMBARCADERO DE MINERAL DE HIERRO DE LA SOCIEDAD MINAS DE CALA, RECIENTEMENTE INAUGURADO anterior, pasa muchas menos horas ante los Vbros, pero sabe más qne el que lee mucho, sin descanso. El hombre de los muehos libros se pasará- fe: vida metido en una biblioteca; no saDe tarde en tarde aparece en la Prensa pe- brá nada de lo que acontece por el mundo; lueriódica H tópico al que me propongo dedicar go, cuando quiera escribir algo, hará unos tounas líneas. Aparece este tópico cuando se trata de juzgar á un hombre político; el político á quien se juzga no suele estar muy acepto en el periódico en que sale á colación, y para demostrarle ai lector que dicho personaje no tiene enjundia mental, ni sabe por donde se anda, ni es posible que haga nada sólido por su país, se acumulan al cunas consideraciones más ó menos atinadas y se dice er. tre ellas, incidentalmente tai vez, qnc el tal personaje no habla correctamente ó no tiene mucha ortografía al escribir, ó sea, verbigracia, que dice anedocta QRADOS DÉLA CULTURA, POR AZORIN mos muy gruesos ó unos artículos muy largos, llenos, repletos de mil citas; no tendrá idea de lá realidad; si es escritor político, soñará con cosas imposibles; pretenderá teéíiz T en un momento sueños y planes quiméricos, fantásticos; no advertirá que la vida es cosa que no por anécdota y andarán por anduvieran. Si con esto se quiere cubrir de ridículo á un hombre, desdorarle, he de confesar que yo misr mo me declaro también desdorado, abochornado, puesto que muchas veces he dicho y digo andarán por anduvieran, y se me escapan descui- dos ortográficos y gramaticales que los cajistas ó el corrector tienen la bondad de enmendar. El hecho, á mi entender, no puede decir nada ni en favor ni en contra de un político ó de un literato los espíritus observadores y desapasionados convendrán en ello; pero como existen muchas personas que dan importancia á estas triquiñuelas; como hay muchos señores que conceden interés capital á la forma, á lo externo, á lo brillante y desatienden el espíritu, el ritmo del pensamiento, la esencia de las cosas, para estos señores serán escritas las líneas qne van á continuación. En primer lugar, un hombre puede ser culto de muy diversas maneras, en distintos grados. La cultura más tosca, la que más salta á la vista, la que llama la atención del vulgo es la cultura de los libros, lo que llamamos erudición. En tiempos en que predomina de un modo imperativo, ya un tanto insoportable, el culto á la letra de molde, un hombre que haya leído muchas cosas, infinitas cosas y que se dé maña para demostrárnoslo, será por fuerza un hombre qué nos infundirá respeto, que admiraremos y consideraremos como un sabio. Sin embargo, esta cultura es muy fácil de adquirir: en vez de estar poniendo piedra sobre piedra en un edificio en construcción, ó en lugar de estar golpeando horas y horas un hierro candente sobre el yunque, este aspirante á erudito, á hombre culto, no tendrá más que hacer sino sentarse ante una mesa, poner en ella un alto rimero de libros é irlos leyendo poco á poco. Al cabo de los años, el tal lector será ún formidable compendió, cifra y resumen de cultura. Lo que ha hecho él, puede hacerlo cualquiera. Este es el primer grado de la cultura. Vamos con el segundo. El segundo podemos considerarlo como una derivación del primero, es decir, un complemento; aquí también se trata de erudición literaria; pero el erudito ya no siente la superstición de la letra de molde; él se ha librado de esta esclavitud; él sabe que los libros son cosa secundaria, que es preciso saber leerlos, y que es necesario que hagamos en ellos una. selección para que nuestro cerebro no se atiborre de cosas inútiles y no leamos lo que no ha de aumentar nuestra ciencia ni ha de proporcionarnos satisfacción. Como conseenéncia An n ji wibre lee menos que el Fot. H. de Pérez Romero. es posible violentar, con la cual es preciso contemporizar, á la cual es preciso que nos acomodemos, buena p mala; será, en r- eso, lucicln, el tal hombre culto, un iluso uri pedánte yün escritor de papeles, sin consistencia. En cambio el que sabe seleccionar sus libros y no les concede sino un valor relativo, los citará poco en sus escritos, se habrá apropiado su substancia, será sobrio, parco, en sus tarabajos y acaso la ironía, el desdén y la indulgencia salgan por los puntos de su pluma ó corran por sus palabras. Este es el segundo grado de cultura. El tercero, la cultura más alta, la más exquisita, puede darse sin conocimiento ninguno de libros; á este estado es á lo que Montaigne llamaba le, docta ignorancia, es decir, un estado en que sabemos lo que no sabemos; sabemos lo reducido que es el campo de los conocimientos humanos; sabemos cuan frágil es el intelecto del hombre; sabemos lo inmensa que es la región de lo desconocido, de ló que no conoceremos jamás; sabemos que ni los libros ni la ciencia nos enseñarán nunca el misterio de las cosas; sabemos que aunque conozcamos todos los sistemas, todas las filosofías que han imaginado los hombres en el curso de los siglos, no sabremos nada. Estamos convencidos de todo esto, y por lo tanto, nuestro estudio no son los libros, si. no la vida, los seres que nos rodean. Nuestro espíritu no conoce, puede no conocer ningún libro; si escribimos una carta, acaso incurramos en una falta de ortografía; es posible también que no sepamos decir correctamente tal ó cual vocablo. Pero la observación, el sentido medio de la vida, -el equilibrio, la agudeza, la sencillez, la discreción, la intuición rápida de las cosas, harán del espíritu dé este hombre uno de los más bellos intelectos que podamos encontrar. Este hombre no sabrá nada; no habrá leído nada; no sabrá escribir; no sabrá hablar correctamente; pero tendrá la cultura exquisita, suprema, del matiz de las cosas; él sabrá verlas á una luz verdadera; él por lo tanto podrá juzgar de ellas con un juicio exacto y profundo, y cuatro palabras que cambiemos con él, serán para nosotros más gratas y de más provecho que una conferencia llena de citas que oigamos á un hombre atiborrado de libros y correcto en su ortografía y en su prosodia. Este es el tercer grado de la cultura. No insistiremos mucho en ello; todos en la vida diaria tropezamos con labriegos, con gente campesina, que no ha leído nada y que atesora una profunda filosofía; todos conocemos á eruditos formidables que no saben nada. Nonos paremos en lo externo de las cosas; el saber ó no saber tal ó cual regla de la gramática no implica incultura. El primer grado de la cultura es el de los libros; el segundo, el de los pocos libros; el tercero, el de las cosas. ABC ENTIERRO DE UN EX PRESIDENTE l PONT- SUR- SE 1 NE. CONDUCCIÓN DEL CADÁVER DE CASIMIR PERIER, EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA, AL PANTEÓN DE FAMILIA Fot. Branger. I PUBLICA HOY OCHO PÁGINAS CJNCO CÉNTIMOS NUMERO C 11 N EN TODA ESPAÑA