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NUMERO 648 A B C. MIÉRCOLES i3 DE MARZO DE 1907. EDICIÓN i. a PAGINA 3 h s t- í t u EL PARLAMENTO RUSO SAN PETERSBURGO. VISTA GENERAL EXTERIOR DEL PALACIO D E L A DUMA Fot. Croce. 1 AS SEVILLANAS Y LOS INGLESES, POR AZOR! N To liace muchos días, un distinguido escritor- -el Sr. D. Mariano Miguel de Val- -publicaba, en nuestro colega El Liberal, una; crónica dedicada: al bello sexo. Algunas: cosas iniportantesdecía el Sr. Miguel de Val: en esta crónica; pero entre todas ellas sólo vamos á ocuparnos ahora de una. El Sr. DeVal al final de su escrito se indignaba un poco con los viajeros extranacionalés que escriben sobre España, y decía: Al leer las descripciones que los extranjeros hacen de nuestras mujeres, nos reimos, porque aseguran lo de la navaja en la liga. Aquí comienzan ahora nuestros comentarios. Ante todo, ¿á qué viajeros se refiere el querido cronista? A todos los que no son de casa, indudablemente; no se hace especificación en esas palabras de si los viajeros son franceses, italianos, ingleses ó alemanes; á todos los extranjeros alcanza el anatema; ellos dicen que nuestras mujeres- llevan una terrible navaja en la liga. Esta aseveración es trascendental. Ahora bien, ¿es verdad que los extranjeros la hacen? Para contestar á esta pregunta será necesario esclarecer varios puntos. Afirmar que todos los extranjeros dicen de nosotros tal ó cual cosa reprobable, es una generalización; la generalización es uña operación del intelecto que consiste en establecer ó sentar una sentencia que alcanza á todos los hechos comprendidos dentro de una categoría, que es indefectible, que está bien probada, y que, en fin, si tiene alguna excepción, ésta es rara y no destruye de ningún modo la esencia del postulado. Nada hay más peligroso que la generalización; la suelen usar los espíritus sintéticos, prematura y precipitadamente sintéticos; la difusión de la imprenta, el periodismo, abusa de ella lamentablemente (porque la precipitación informativa ú otras causas no permiten el análisis) y de aquí el constante tejer y destejer, el continuo equívoco en que estamos todos los días y la ligereza con que se juzgan hombres y cosas. Pero no nos metamos en un curso de lógica y de filosofía. Tenemos á los viajeros extranjeros esperándonos. Los señores de otras naciones que nos visitan pertenecen á todas las categorías; unos tienen buen seso y otros lo tienen algo liviano. No importa que el viajero sea transes ó sea inglés; lo mismo en Francia que en Inglaterra se publican libros estimables y libros absurdos. Ahora bien, lo de que nuestras mujeres llevan una navaja en la liga, desde luego podemos asegurar que no es un tópico corriente, que no es una de esas cosas de clavo pasado que los extranjeros dicen de nosotros. Acaso se haya dicho en tiempos de Dumas ó de Gautier, pero, ¿vamos á apoyarnos en un dicho aislado para construir una regla general? Y por otra parte, en tiempos de Duinas y de Gautier, ¿es que tendría nada de extraño que algunas mujeres del pueblo, algunas de estas hembras bravias que entusiasman á nuestros coplistas populares, llevasen eti efecto en la hga una navaja? Ahora mismo, ¿estamos seguros de que alguna que otra de estas majas no hace lo mismo? Habría que dilucidar también este extreme, mediante nn previo y no desagradable aforo, investigación ó cacheo, es decir, contrastando debidamente la realidad con la teoría. Y sentado este punto, vamos á ver si en efecto los extranjeros tratan con desafección á nuestras mujeres. Los dos países de Europa que dan más contingente de libros sobre España son Francia é Inglaterra; en Inglaterra se publican más, muchos más que enFrancia; Quedémonos con: Inglaterra. Tenemos ante nosotros una colección de libros ingleses sobre España. Pero en España hay müchos. tipós. de mujer; existe la castellana, la catalana, la valen- ciana, la andaluza, etc. De estas mujeres, ¿cuál es la qué puede llamar, la que llamará mas la atención de un extranjero, de un inglés? Contestemos sin vacilar: la andaluza. Pero dentro de Andalucía existen también varias regiones; cada una tiene su tipo de mujer. Tornemos á preguntar: ¿qué tipo, de mujer éntrelas andaluzas, atraerá- más á un extranjero? Contestemos también sin vacilan. la sevillana. Nos encontramos, pues, con una serie de señores ingleses ante las bellas y atractivas sevillanas. ¿Qué es lo que piensan estos viajeros CASIMIRO PER 1 ER i r EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA, FALLECIDO AYER EN PARÍS de las símpáticaá y fiiíás mujeres qíie Meítt ante sí? Vamos á verlo. EÍ libro fundamental, el libro- matriz del cual arrancan todos los que se han escrito sobre España es La Alhambra, de Washington Irving; muy posterior á él es el de Teófilo Gautier. El atractivo: supremo en la mujer andaluza es la gracia, la elegáncía: d sus movimientos, de su manera de andar. Irving nota: esta cualidad, caracteriza convelía, a este tipo de mujer; él estuvo casi: enamoraídodurante un momento de una bella viudaíandíiluza. Su paso- -dice- -era firme y: elástico; íéas ojos estaban llenos de fuego. Herstép úasfirm and elastic: he aquí en cuatro palabrastodo un retrato. Después del libro de Irving viene en; el orden cronológico el considerable Manual- para viajeros en España de Ricardo Ford. No. se ha escrito sobre nuestro país un übro: más, concienzudo- -á veces injusto- -que este Manual. Pero Ford, como Irving, hace justicia á las sevillanas y elogia también su distinción y su I encanto al andar; sus elogios no pueden ser 1 más gratos. Aparte de esta guía, contamos, como la más reputada, con la del Sr. O Shea. De igual modo este viajero dedica su atención alas sevillanas. Las sevillanas- -dice O Shea- -constituyen el más lindo tipo de belleza andaluza; muestran unos profundos negros ojos, á veces adormilados, á veces llenos de fuego; ellas poseen un peculiar meneo, sal, y con indescriptible encanto, naturalidad y gracia en cada movimiento. En 1873, otro viajero. realizó una excursión por España y publicó después un libro titulado Through Spain. bv rail; el viajero se llamaba Alfredo Elwes; él dice también que la característica de las sevillanas es su manera de andar pero el Sr. Elwes deplora dos cosas: una el que las sevillanas usen ahora, tacones muy altos y muy finos que las exponen á accidentes y les estorban la marcha; otra, el que el Ayuntamiento de Sevilla tenga tan descuidado el empedrado délas calles, que las sevillanas no pueden caminar bien sobre él y mostrar toda su gracia. Si continuara en la Alcaldía de la bella ciudad el querido amigo y cumplidísimo caballero que hasta hace poco la ha desempeñado, yo me atrevería á rogarle que no consintiese que en Sevilla haya ninguna calle mal empedrada. En la colección titulada Las ciudades medioevales y que publica en Londres el editor Dent, figuran dos volúmenes dedicados á dos ciudades españolas: Sevilla y Toledo. Del de Sevilla es autor el Sr. Walter M. Galuchan. Es discreta la obra de este señor, y en el capítulo titulado Sevilla al día, él dedica cuatro ó seis páginas á hacer el elogio dé las mujeres sevillanas; en estas páginas cita el autorías opiniones de otros varios escritores y todos convienen en admirar la elegancia y la gracia de estas bellas andaluzas. Su suave, su firme y su gracioso paso- -dice el Sr. Galuchan- -proclama su andalucismo. No queremos cansar mucho al lector y vamos á terminar. Todos estos testimonios que hemos aducido pertenecen al sexo fuerte; lo valioso aquí, tratándose de apreciar la hermosura de un tipo de mujer, sería un elogio de otras mujeres; la rivalidad, Ja emulación que puede existir entre unas y otras, darían más valor á la alabanza. Aduciremos también esta prueba. En la conocida colección Tauchnit? existe una obra en dos volúmenes titulada