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MADRID, SABfl DO 9 DE MARZO DE 1 7. NÚMERO EXTRA 10 C É N T l M O S) g í P ta fk l) ii I 1 1 CRÓNICA UNTVER 1 L U S T R A D A r AÑO 111 NUM, 644. W o h jia 1 1- wi ll Ihií XlMi y m i,9 K m, íi lk BBi 9 ÍÍB 1 S l telEattiBJII EN EL PRESENTE N U M EXTRAORDINARIO Incluimos el supíemertto ilustrado de dieciséis páginas G E N T E M E N U D A que deben exigir todos nuestros suscriptores y compradores. PRECIO: DIEZ C É N T I M O S EN TODA ESPAÑA y B C EN B A R C E L O N A POR MIGUEL S. OLIYER j E N T l D O POLÍTICO I as guerras suelen parecerse todas en tore sí, y, por lo mismo, son generalmente deplorables. Están, pues, en lo justo quienes han sacado partido de la campaña de Inglaterra en el Transvaal para compararla con la nuestra en Cuba y deducir que allá se iban en cuanto á procedimientos militares. Inglaterra venció militarmente, tras no pocos reveses, en virtud de su formidable potencia efectiva, de sus grandes recursos económicos y también por no haber hallado obstáculos de orden internacional. España sucumbió por todo lo contrario. Sin embargo, sería mutilar y empequeñecer la cuestión, reducirla á un paralelo ó examen comparativo de las dos insurrecciones, desligado de sus antecedentes políticos y de sus consecuencias. La guerra, como nadie ignora, no es más que un medio temporal y mecánico. No basta para establecer aquel orden moral duradero del cual viven, como de su propia atmósfera, las sociedades organizadas. No poUN DOCUMENTO NOTABLE cos desastres se han originado de despreciar, EJECUTORIA DEL REGIMIENTO DEL REY. DESTINADA A S. M. D. ALFONSO Xlll en la práctica, semejante principio. Así después del Zanjón y de la obra de Martínez CamPOR DICHO CUERPO Fot. Goñi. pos, que fué uno de los grandes patriotas de entonces seguidos. Todos conocían la verdad; uo es la que debe acometerse desde el Gobiernuestro país y casi el último de los grandes no, coii leyes y con reformas. Digo más: que nadie apenas se atrevió á proclamarla. soldados previsores y con rasgos ¿Por qué? Por miedo á las corrientes popula- ninguna reforma total, esencial, de ese linaje, En mi crónica anterior aludía á la extrañeza, será posible ni definitiva si no la precede la 6 la impresión de exotismo que deja en áni- res. Mas ¿en virtud de qué avenida ó or qué reforma ó elaboración de un verdadero espírímos españoles el informe del Almirantazgo in- razón desbordan estas corrientes? Porque en la tu nacional, reflexivo y cousciente, impuesto glés sobre las últimas maniobras. ¿Qué no pue- lucha de partidos casi nadie pensó en que ma- de las necesidades de la vida moderna; que se de decirse de la lectura de la Prensa inglesa y ñana debería gobernar y no se hizo en mucho sienta en comunión con ella y la acepte de ele las noticias que simultáneamente nos lle- tiempo más que campañas tendenciosas, de buen grado; que abandone hasta donde sea excitación, de agitación, de adulteración congan de Londres y de Pretoria? ijQsible las influencias fatales del meridionaAquella impresión se repite más fuerte, más tinua. Por todo ello, se me figura que la princi- lismo y busque la razón y el objetivo de los pronunciada, más inexplicable. N o después de actos no en los dictados de la pasión y de la nn pacto y una sumisión; después de u n triun- pal obra política que está por hacer en España lo militar absoluto, el Gobierno británico ofrece al Transvaal determinado régimen, determinada autonomía y, sin vacilaciones ni regateos ni aplazamientos indefinidos, lo implanta, aun antes de lo que pudieran esperar los mismos boers. Y viene el primer Ministerio colonial y ¿quiwes son los ministros? Pues los principales sostenedores y caudillos de la campaña: Botha al frente de ellos. Las armas dirimieron el pleito, con toda su dureza, con todo su rigor, con toda su crueldad si se quiere; mas no se fió á ellas otra cosa que asegurar, de momento, el dominio maten a l y desplegar la acción dinámica puramente indispensable. Las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse encima. De este aforismo ha hecho Inglaterra oportuna aplicación, buscando la estabilidad del nuevo régimen en ataduras espirituales y en corrientes de mutuo lealismo y simpatía. Hasta tal punto, que solicita del general Botha el honor de recibirle en Londres y tenerle por huésped. Lo que más debe sorprendemos, y seguramente lo que más contrasta con nuestra índole, no es este proceso político, aisladamente considerado: es el sistema psicológico á que responde y obedece. Para hacer posible u n a reconciliación semejante, no basta el pensamiento de los hombres de Estado, ni la decisión de los Gobiernos, ni siquiera el espíritu d e u n a mayoría parlamentaria. Requiérese también la cooperación del sentimiento popular y de todo lo que yo llamo psicología colectiva. Requiérese el instinto de las grandes m. asas. Es muy difícü y muy expuesto bogar, corriente arriba, contra los movimientos nacionales desbordados. Nadie que conozca la historia íntima de los últimos treinta años en Es aña ignorará que había los lenguajes: el de a tertulia y el del Diario de Sesiones, el de la realidad y el d e las ficciones parlamentarias y pseudo- patrióticas. A pesar de todo, muy poco se h a venido haciendo, después de la lección, para ponerlos en armonía y para evitar que en lo sucesivo vuelva á prevalecer el segundo sobre el primero, con mengua de los intereses de la patria. Claro que para esto se requiere cierta valentía de alma, como que es más fácil camino adular las falsas nociones y prejuicios de la multitud que esforzarse en la obra heroica de orientarla y depurarla de sus dulces y gratos errores. ¿Cuánto tiempo necesitaríamos para trasladar el centro de gravedad de nuestra política desde el XTS b Lto pasional al sentido utilitario, razonable, sereno, que da á las cosas su justo valor, que escoge fríamente el camino más corto, la menor resistencia? Claro que, en tal aspecto, mucho puede hacer un gran político; pero ha de empezar por influir sobre la muchedumbre, por moldearla y prepararla. Pocas veces conducirá esta conducta á la pojiularidad, tal como suele entenderse, y de ahí nue exista una horrorosa mixtificación del criterio en las clases políticas y directoras en general. H e pensado siempre que si hubiera resultado posible una inquisición exacta de lo que pensaban, de lo que pensaban de veras y en hP Ml- CARÉME EN PAftil: su fuero interno, ministros, ex ministros, dipuLA S R T A G E O R G E T T E J U T E A U tados, senadores, generales, publicistas, el 90 RfilNA P B 1 AS RE 3 NAS DE LA FIESTA CARNAVALESCA Fot. Branger. por 100 hubiera resultado hostil á los métodos intolerancia, sino en lo. de la conveniencia, la posibilidad y la utilidad, á que se reduce la mecánica política de los pueblos previsores. Sin esa previa labor educativa, toda obra de grandes alientos fracasará por falta de atmósfera. No podrá resistir las presiones de u n medio hostil. A un lado toda concesión parecería desmesurada y humillante; al otro lado parecería mezquina, insincera y hecha á precario. Sin que u n a gran acción pedagógica transforme, en el transcurso de varias generaciones, la mentalidad colectiva y dulcifique nuestro sistema nervioso alborotado, no será posible que transijamos nuestros pleitos con la efusión 5 elegancia de espíritu que ahora admiramos. Ni habría vencedores, que, no obstante su victoria, conceden y atraen, ni vencidos que no se sintieran huraños ó irreconciliables. NUESTROS GRABADOS 1 Bu documento notable. Publicamos hoy u n a reproducción fotográfica de la ejecutoria del regimiento inmemorial del Rey, núm. 1, del Arma de Infantería, destinada á S. M. D. Alfonso X I I I por el mencionado Cuerpo. E n el documento se consignan los numerosos hechos de armas y timbres de gloria que ilustran la historia del regimiento. 1 a Mi- Caréme en París. Se ha verificado eii la capital francesa la animadísima, tradicional y carnavalesca fiesta de la Mi- Carime. La reina elegida este año ha sido Mlle. Georgette Juteau, cuyo retrato reproducimos hoy. OPLAS DEL SABADC A TORIBIO A tí q ué eres en la corte de las figuras primeras, y tan popular te h as hecho por tu audacia y pior tus muecas: á ti que has llegado á célebre sin las luchas que eso cresta, sin ser político hui ro ni modernista poeUta, á ti te canta mi musa, é insjúrada por tu tema, repite en casos dis tintos: ¡Toribio, saca la U ngtia! Si oyes que las ¡lecciones que ton rapidez se acercan van á producir asoimbro por legales y sinceras... Que Maura tiene á sus huestes sometidas y sujetasi y va á mandar un q uinquenio, ¡Toribio, saca la len s ¡iia! Si á más de cuatr o señoraí ves en paseos y en lüestas en coche y en automóvil luciendo gasas y sedas, y ves que gastan lo mismo que las que tienen g ran renta uo preguntes de que. viven... ¡I Toribio, saca la leu frita! Si algún autor nca ¿iplicc de la crítica protesta y asegura que eso es arte y que al público recr ea y que es el mejor tea tro porque es el que más enseña, después de oir sus ra zones, ¡Toribio, saca la lena uaH! Si ves un viejo ele jante con aires de calavera que dándolas de Tenorio corre tras una doncel la, y almibarado la sigut í, y decidido se acerca y la requiere de amoi es, ¡Toribio, saca la lengvta! CELSO LUCJO SILUETAS PARISIENSES CLAUDE FARRERE P lene i ouys, el fa- m oso autor de Afrodiia, fué el primero cj ue leyei ido los cuentos en concurso presentados, adivi nó al artista delicado y exquisito, cuyo libro se encuentra hoy en todas las manos, y si bien es cierto que entonces no pudo lograr que lo premiasen, el tiempo se h a encargado de lemostrar que no se había equivocado en su juilcio. Entonces, el mismo Pierr i Louys, hombre de olfato literario finísimo, st i impuso la tarea de buscar al desconocido que se ocultaba bajo el seudónimo de Claude Fari ere, y cuando lo hubo encontrado y se enteró de que iba á publicar un libro, espontáneame: nte le ofreció un prólogo. Kn honor á la verdad no pi lede decirse que Himiareda de opio pasase inadvertida cuando vio la luz pública, pero sí pued e afirmarse que la reputación de su autor no t r anspus o las vallas de ese recinto en donde il parecer viven aislados los escritores. Y este fracaso relativo tal vez hubiera bastado para desanimar á un principiante cualquiera, pero ci 5i no Claude Farrére vive lejos de los bulevares, uo frecuenta tertulias de café ni asiste á eus ayos generales, no se enteró de que su libro se había ahogado entre los machos que diariamente se pubhcan, y animado por los aplausos de amigos y colegas consagró todos sus esfueri DS á componer una novela.