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M: XD 1 rD, DOMl NGO 3 DE MARZO DE 1907. N U M E R O SUELTO, 5 CÉNTIMOS) UNIVERS A L! i U STR A D A. AÑO i 1 J NÚM. 638. R 0 N! CA tjS f tiS 4 jg! f rtir r 2: É P O C A A %il ÍHÍiMlru lBMÍBi p HHHn HUÉSPEDES REGJÜS EN MADRID LLEGADA DEL PRINCIPE GUILLERMO DE HOHENZOLLERN (x) LLEGAPA DE LA INFANTA DONA EULALIA (X) AYER TARDE, A LA ESTACIÓN DE LAS DELICIAS EN LA MAÑANA DE AYER. 1, S, M. EL REY; POR LA ESTACIÓN DEL NORTE. 1, LA INFANTA DOÑA MARÍA TERESA; 2. S. A. EL INFANTE D. CARLOS 2. EL INFANTE D. ALFONSO Fots. Coñl, I OS ENFERMOS EN LOURD E S POR F, A L V A R E Z OSSORIO 351 precioso grabado que apareció en uno de los últimos números de este periódico, muévem e á publicar algunas de las cuartillas, que inéditas pensaba estuviesen siempre, y que, por cierto, emborroné el día á que aquel se refiere y en los dos siguientes, con motivo de mi visita al famoso Santuario y á Ja bella y poética gruta de Massabieille, donde la Purísima Concepción recibe fervorosísimo culto; visita que tengo á gran dicha haber hecho, pues las o terminaré sin indicar algo en orden á los dulces emociones que experimenté y el recueriustautes supremos, á l o m a s culminante, á do de lo que allí vi, perdurarán en mi corazón lo que bastaría, aun sin lo anterior, para destey me servirán con frecuencia, como ya me sirrrar del áuimo tristes y mortales pesimismos. vieron alguna vez desde entonces, de bálsamo Ese momento es el de la solemnísima procesión tranquilizador en ciertos amargos trances de del Santísimo Sacramento, ante los c i ermos- En la vida. ceremoni ¿is religiosas nada igual he presenciaLa Naturaleza, el arte en sus múltiples mado, ni que se le aproxime. nifestaciones, muéstranse esplendorosos en Rompen la marcha algunos centenares de ivourdes, al extremo de no saber qué admirar sacerdotes con velas encendidas, sus estolas y más, si las maravillas de la primera, ó los prisus roquetes blancos como la nieve; t: na mulmores del segundo. Pero de ello nada diré, detitud de fieles, portadores de estandartes y jándolo á plumas aptas para narrar dignamenotras insignias, les siguen con admirable recote lo que para mi menguado numen es inenagimiento, entonando todos unos cánticos tan rrable. agradables y de tal suerte combinados, que, Ni en el aspecto pura y exclusivamente piamás bien que voces humanas, parecen las que doso, ni en el social, ni en otros, fijaré tampoco se escuchan celestes armonías, y cierra, por úlmi atención, que ello exigiría un espacio de timo, la vistosa comitiva el Santísimo, llevado que no dispongo. Tomaré sólo un punto de bajo lujoso palio por alto jerarca de la Iglesia, vista, que creo interesantísimo: el de la candad y ondeando, por cierto, mu próximo á él, en para con los e? ifermos, lo que más fuerte impresión me hizo, lo que me resultó más atractivo y simpático, lo que por su grandeza y espiritual sublimidad dejó en mí profunda é indeleble huella. La caridad, que como divino rocío cae sobre la esterilidad de nuestra existencia para fecundizarla, mitigar nuestras penas y dolores y unimos con suave y no obstante inquebrantable cadena, es, sin duda, la primera de las virtudes y sus ofrendas las más gratas á Dios, que es todo caridad. (Deiis est charitas. Pero se aquilatan las excelencias de esa virtud, si se ejerce, ó con la tierna y desvalida infancia, á la cual, según un pensador, sólo negará sus amores quien sea capaz también de permanecer impasible hasta ante las armonías de los mundos, ó con la ancianidad, ó, sobre todo, con los pobrecitos enfermos, que sin el auxilio de us semejantes sucumbirían irremisiblemente. Pues esa virtud de la caridad para con los enfermos se ostenta en Lourdes de un modo im ponei te, conmovedor, como en ninguna parte quizá. La predicación, que es incesante y encaminada á promover la entusiasta devoción á la Virgen y á recomendar la gratitud hacia lo. s celosos organizadores y directoi es de las peregrinaciones, y hacia cuantos con sus donativos contribuyen á ellas y al socorro y protección dejos enfermos, tiende muy singularmente á consolar á éstos, á infundirles aliento, á aconsejarles resignación, á darles esperanzas, á suministrarles, en defecto de medicinas eficaces para los males físicos, fortaleza de alma, esta terapéutica moral que tanto ayuda á soportar, y aun á disminuir lo acerbo de aquellos males. He ahí lo que durante mi permanencia en Lourdes pude observar, y mentiría si dijese haTERRIBLE NAUFRAGIO ber oído de labios de nadie ni ixna palabra imSITUACIÓN EN QUE QUEDO EL VAPOR INGLES BERLÍN propia de la santidad del lugar, ó inadecuada al objeto que en él nos congregaba. Muchas UNO DE LOS MARINEROS QUE TRABAJARON DENODADAMENTE EN EL SALVAMENTO SUBIENDO AL BUQUE EN BUSCA DE NÁUFRAGOS lágrimas, muda y elocuente expresión de afectos nobilísimos vi derramar, eso sí, j supongo Fot. Photo Nouvelks que para algunos las mías no correrían inadvertidas. Si aquella predicación junto á la gruta, á los pies de la Inmaculada, en los templos, en los asilos y hospitales, cerca de las piscinas, en todc, s partes y á todas horas, con asistencia siempre de los enfermos, es edificante, lo es 1114 s, si cabe, todavía, contemplar cómo son atendidos éstos y cómo los conducen en cochecitos, en camillas, eu brazos, ó como es posible, sus famimilias, ó amigos ó extraños que acaloradameii te suelen disputarse tal cometido. Y es atior. i ocasión de proclamarlo. Entre esos abnegados protectores de la humanidad doliente descuellan los brancandicrs, miembros de numerosísima y muy extendida Corporación, en l a q u e incansables, militan sacerdotes y seglares, l; i juventud y la edad madiu a, que compiten cu su febril cuanto laudable afán de socorrer i los enfermos, coad 3 uvados por benditas damas que, á los ¡ilaceres que su fortuna podría ofrecerlas eu aristocráticas playas ó estaciones veraniegas de moda, prefieren consagrarse á la meritoria, mas también penosísima misión de cuidar con exquisito esmero, con esa delicadeza, ¡hay que verlo! que la mujer vincula, á paralíticos, tuberculosos, cancerosos, leprosos, etcétera, exánimes, moribundos muchos de ellos, acompañándoles en 1 sus rezos, dándoles la alimentación y los medicamentos- dispuestos por los doctores, y, en suma, haciendo todo lo que puede integrar el más alto é ideal ejemplo de caridad cristiana. No es providencia visible del género humano, frase d e Granrhnontaigne, únicamente la madre de familia. H a y en Í. 1 mundo, digo yo, además de ésta, otras providencias, otros ángeles tutelares de los que sufren; otros seres privilegiados y compasivos que se dedican, por su suerte, á la más beneficiosa de las grangerías, al comercio más lucrativo, si bien exige un caudal inmenso, inagotable de amor al prójimo: el comercio con el cielo, que es lícito, en sentir del gran Fenelón, cuando refiriéndose á las limosnas, que no valen ni inás ni menos que otras mil buenas acciones, las de los braiicandiers, verbigracia, aseguraba, que ellas equivalían á letras de cambio sobre la eternidad, donde al llegar las encontraríamos pagaderas á la vista. N la ocasión á que estas líneas se contraen, It bandera nacional belga, cuyo ministro del Interior y de Instrucción pública, Mr. de Trooz, formaba entre los 3.000 peregrinos, sus compatriotas, que el 5 de vSeptiembre de 1806 llega ron á Lourdes con el obispo de Lieja y ¡460 enfermos... La animación crece, á lo que contribuyen una tarde luminosa, espléndida, el clamoreo ensordecedor de quince ó veinte ruil personas y el alegre repique de las campan. as de la Basílica al entrar la procesión en la explanada y pasar por delante de la colosal escultura de la Virgen coronada, colosal por su tamaño y poi lo felizmente que el artista supo modelarla. ¡Que imagen de tan soberana hermosura! A u n lado y otro de dicha explanada t; stán los enfermos, y á todos va aproximándose el sacerdote con el Santísimo, mientras otro que despacio camina por el eje ó centro de la misma ex jlanada, hace con poderosa voz y acentos los más insinuantes, entre otras, estas invccaciones: ¡Os adoramos, os amarnos, Señor, y f Vos pone nos nuestra esperanza Vos sois la resurrección v la vida, inÁ Señor v mi Dios. ¡Salvadnos. Señor, gue perecemosi ¡Señor, si Vos lo quere is, pode is curarme Decid una sola palabra, y sanaré. esús, hijo de María, ¡ienedpiedad de mil Jesús, hijo de David, ¡apiadaos de nor olros! ¡Ve? iid, Señor, en nueslra ayuda; apresuraos 4 socorrernos! Señor, el que os ama está enfermo. Señor, haced qtic yo vea. Señor, haced que yo ande. Señor, haced que yo oiga. ¡Madre del Salvador, salud de los enfermos, niega por nosotros! La inmensa muchedumbre que, compuesta por personas de distintas edades, categorías y nacionalidad, extrañas las más, unas á otras, presencia el paso de la procesión en la explanada, ó desde las escalinatas y rampas de la- Basílica, el atrio del Rosario, ó el Calvario, en las alturas del monte, repite unánime las invocaciones, y con el sacerdote hinca la rodilla en tierra y eleva las manos al cielo al cantar adoreinus in mterjium... parce Domine... el mos ira te esse matrem y el símbolo de nuestra fe, ¡Qué coros. Dios mío... Jamás dejarán de resonar en mis oídos, como no se apartará tampoco nunca de mi memoria aquella inacabable falanje de enfermos, por la salud do quienes se elevaban tan férvidas preces, y qne en sus palabras, en sus miradas, en sus adeni anes y en todo revelaban el agradecimiento y las esperanzas que surgían en sus pechos. No hay descripción posible. S ó l o presenciándolo cabe apreciar y sentir el efecto de n esjaectáculo semejante. Rodeado del clero, da la bendición el oflciante (es el momento en que está hecha la fotografía de A B C) y el pueblo se retira, para volver más tarde á otra procesión, L. de las antorchas, rosario de despedida y salutación á la Virgen. Nada más tierno y deslumbrador. La moral racional, por sí sola, la filantropía, amor ó tendencia á lo bueno, no menos natural que á lo malo, es imposible llegue, salvo casos aislados é infrecuentes, á las cimas que en la práctica de la caridad se llega en Lourdes. Es preciso para ello el auxilio de la religión; el impulso de una idea superior, que nos j coaforte é inspire, y á la hora del sacrificio