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M ADRl D, D O M I N G O 24 DE FEBRERO DE 1907. NÚM. SUELTO, 5 CÉNTIMOS w iS CRÓNICA UNTVETl S A L II U S T R A D A AÑO ni NÚM. 63i. k k 0 r ríter f r m f i X M Jf NlT íí v t. -í i 4 ft i gbl Sif i i wl 15 jíw iS ja áfiJw iC L 5 í w AseditrAfl r j ví í íí í s P f í UNA MEJORA IMPORTANTE ALCOY. EL JADUCTO CANALEJAS, QUE HOY SERA INAUGURADO OFICIALMENTE CON ASISTENCIA DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO, CUYO APELLIDO LLEVA, Y DEL DIRECTOR GENERAL DE OBRAS PUBLICAS Fot Bíanquer HOMENAJE A VALERA HOMENAJE A LOS QUINTERO MADRID. REPRESENTACIÓN DEL DIALOGO FILOSOFICO- AMOROSO ASCLEPIGENIA MADRID, LOS HERMANOS ALVAREZ QUINTERO, D. JOAQUÍN (1) Y D SERAFÍN Í 2 RODEADOS DE LOS COMENSALES QUE DIERON AYER UN BANQUETE EN SU HONOR VERIFICADA AYER TARDE EN LA FIESTA DADA EN EL ATENEO, EN EL RESTAURANT DEL CAFE INGLES Fots. A B C EN HONOR y CONMEMORACIÓN DE SU AUTOR EL INOLVIDABLE D. JUAN VALERA J EACCIÓN MORAL. POR AZORIN El Sr. Carnegie es tino de los hombres más ricos del mundo; ahora este señor acaba de publicar su segundo manifiesto al pueblo. El primero vio la luz en di Pall Malí Gazeite; é segundo en la Review of Reviews; o n uno y otro el Sr. Carnegie habla de la riqueza y da sobre ella su opinión. No conocemos el primero de estos dos documentos; pero hemos leído atentamente el segundo y sobre él vamos á hacer algunas breves reflexiones. En primer lugar, la declaración que sorpren- de en el último manifiesto del Sr. Carnegie es la de que sus herederos serán los hijos del pueblo, el pueblo mismo. El millonario americano tiene herederos legales; él no quiere cometer con éstos una desafección; pero él entiende que en la formación de una riqueza industrial, territorial entra: de una parte, la iniciativa particular; de otra las condiciones sociales en que la fortuna se ha formado. Es decir, para que el lector lo entienda con toda claridad: que un industrial ó un comerciante que se establecen en un país, si logran hacer una gran fortuna durante su vida, será porque el pueblo, la sociedad en que se han establecido, h a aumentado rápidamente en sus necesida- des, ha consumido en progresión creciente lo que el industrial ó el comerciante producían ó vendían; y así á este crecimiento de la población y de sus demandas debe atribuirse la riqueza del productor afortunado. ¿Quién duda que al ensanche de una ciudad se debe el súbito 3 -enorme precio de algunas tierras de sus aledaños que, de repente, de bancales ó huertas se convierten en solares? Esta es la opinión del Sr. Carnegie; él ha hecho así su fortuna; él ha visto que las demás fortunas se hacen, de este modo; no niega él la parte correspondiente á la iniciativa particular, al esfuerzo y talento del emprendedor; no causará él á sus herederos después de su muer- te un dolor más profundo quizá que el de sti defunción; pero él dice en su manifiesto: El 92 por 100 de mi fortuna será para el pueblo; el ocho restante para mis herederos Sise considera que este señor posee un número exorbitante de millones de duros, podemos conjeturar que sus herederos no quedarán malparados, á pesar del pequeño tanto por ciento qup les asigna. Pero hay en ei manifiesto del Sr. Carnegie otro punto que es el que principalmente ha puesto la pluma en nuestras manos. El millonario americano habla del concepto que éi cree que se tendrá en lo futuro sobre el hombre de dinero, sobre el potentado, sobre el ate-