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M A D R I D A ACOURO LES i3 DE F D E 1 9 0 7 N U M s u EL TO 5 CENTS. íg) g t íl J MIÜDifllÍllia CRÓNICA U N I V E R SAL I L U S T R A D A AÑO N Ú M 620. m 2 É P O C A p U E N T O DE CARNAVAL, P O R MANUEL LINARES IVAS A CABEZA Era al caer de la tarde. Aquí puede ponerse una descrip DEL OSO ción de cómo cae la tarde... que tendría cierta novedad. Entre la apiñada mucliedumbre que por Recoletos y la Castellana se deslizaba contemplando las máscaras zarrapastrosas y escasas de aquella tarde de Carnaval, destacábase un grupo de seis ó siete personas chillonamente disfrazadas. Aquí puede colocarse una leve ironía con la diferencia entre los propósitos de diversión que lleva la gente y lo poco que la gente se divierte... que también tendría una relativa novedad. Apunto estas dos notas por si alguna vez me decido á convertir el cuento en novela... y continúo. Un hombre, disfrazado de oso, era conducido por otro hombre, disfrazado de hombre nada más. Un chico pretendía aparentar que era un perro, y el resto de la comitiva, hombres y mujeres, aparentando que eran mujeres y hombres. Pero lo que llamaba la atención hacia aquella vulgar comparsa no eran sus trajes ni su conjunto, sino el aire de tristeza aburrida, dcinsoportable cansancio que se desprendía de todos ellos. Con su actitud melancólica y fati gosaiban diciendo: Voy disfrazado porque estamos en Carnaval; pero ¡no me divierto, no V el público, mirándoles compasivo y burlón, arecíacontestarles: Ya seque no te diviertes, ya lo sé... pero yo tampoco disfruto excesivamente... ¡y vamos andando! De pronto, el hombre que iba disfrazado de hombre dio un grito agudo y sonoro, hizo un molinete alrededor de su cabeza con el grueso palo en que se apoyaba al andar, y la comparsa se detuvo, mientras la gente, formando círculo, se agrupaba curiosa y dispuesta á recrearse con la broma que seguramente emoezaría entonces. -Señoras y señores... Tengo el honor de presentar á ustedes á Saturno, el oso menos civilizado de Europa y parte de América. La gente no comprendió bien á qué parte de América podría referirse el orador, pero su misma ignorancia la impresionó. -Le llamamos Saturno en memoria de aquel otro Saturno que hubo en tiempos antiguos y se comía á sus hijos. En el público se oyó un murmullo de espanto y de indignación contra aquel oso de la antigüedad que así trataba á la familia... -Conocida ya la fiereza de este animal... -el dludido creyó caso de conciencia hacer una inclinación reverente, -comprenderéis el peligro de haberlo domesticado. Y, sin embargo, lo está. ¿Queréis que baile... ¡Pues á bailar! Y empezó la danza, pausada y torpe. El hombre se esforzaba noblemente en hacer el oso; el chiquillo hacía el perro con la mayor naturalidad posible, y las otras máscaras chillaban y brincaban con horrísona algarabía. La gente, no encontrándole novedad ni gracia, continuaba su camino, molestada por otra gente que venía atraída por los gritos y el escándalo. Cuando terminó la parte de baile imitativo, el hombre menos disfrazado, llevándose la mano al mugriento sombrero, lo tendió hacia el público, -Ya han visto las habilidades del oso; veamos ahora la generosidad de ustedes... Pero el público se llamó á engaño, comprendiendo que toda la broma consistía en sacarle dinero. Una broma que no era de absoluta novedad... En vano el domador honorario les animaba. -Una perrita, señores, una perrita... El niño, disfrazado de perro, intentando un chiste de situación, ladraba cada vez que oía decir lo de la perrita. -Vamos, señores, una perrita para el perro y para el oso. Entre los curiosos había un nombre de unos cincuenta años, huesudo, largo, flaco, con cara seria y ademán taciturno. Fué el único que se llevó la mano al bolsillo para entregar la solicitada limosna. -Gracias, caballero, en nombre del oso. El caballero del ademán taciturno y la cara seria, y flaco, largo, huesudo... adelantó un paso, y tocándose cortésmente el ala de su sombrero, le preguntó: ¿Tiexre usted la amabilidad de decirme cuál es el oso... El domador quedóse inmóvil. La ira, ó tal vez la duda, le cortó la acción y la palabra. -Bien está de oso el que lleva la piel- -siguió diciendo imperturbable el señor huesudo; -pero no le quitemos su mérito al que discurrió el disfraz. Y cortésmente, saludando de nuevo, añadió como quien se rectifica: -Si es disfraz... que yo no lo afirmo. El domador continuaba inmóvil sin poder digerir ni expresar su legítima cólera. El señor huesudo triunfaba, y como todos los triunfadores y casi todos los tontos, se sonreía despreciativo. Y entonces ocurrió un trance norrible, trágico. Trágico en martes de Carnaval. El oso se quitó la cabeza de oso, mostrando la suya natural: desgraciadamente, perdió en el cambio... y la gente se echó á reir. En la vida y en el teatro pasa algunas veces que la expresión de la cara no responde al gesto que se intenta expresar, y el propio ac or destruye el efecto que perseguía, hablar bastante bien, se puso á gruñir bastante mal. Otro, en su Ingar, hubiera querido seguir li.i blaudo... pero él tuvo la oportunidad de colocarse la cabeza impidiéndose voluntariamente el seguir su discui 50 y estropear quizá el c- fccto. A varios oradores, en el Congreso, les ha UL ijudicado no tener á mano alguna cabeza de u. ío que ponerse... NUESTROS GRABADOS p n el Colegio de San Carlos. Por separado hablamos extensamente de la nueva cátedra de Operaciones inaugurada en el Colegio de Medicina y que desempeña el ilustre Dr. Guedea, á la cual se refiere el grabado que aparece en primer término en esta página, p r l viaje de los reyes de Inglaterra. Minuciosamente hemos dado cuenta del iaje que han realizado á París, de riguroso incógnito, los reyes de Inglaterra. Del momenLo en que se embarcaban para atravesar el Canal de la Mancha, de regreso á su país, se obtuvo la interesante fotografía que en estíí número reproducimos. W f OPLAS DEL MIÉRCOLES. E L Fl N A L D E M O M O Pasáronlos bailes, pasó ya el bureo, la broma, el confetti y los caramelos; no más papelitos hasta el venidero Carnaval chistoso del año bisiesto (si es que de aquí á un año Momo no se ha muerto. Bebés, bailannas, mascarones neutros, á vuestra envoltura retornad muy luego, aunque os pese niuchij no ser de otro sexo. Alegres de oficio, dichosos ingenuos, bailarines rancios, calaveras hueros, -J- VÍ- -á quien una noche traer suele su entierro, apartad la vista del carnavalesco mundo de la farsa, volved á ser serios; pensad en que es polvo vuestro frágil cuerpo y si pulvis sois 110 seréis eternos. Deje ya la carne plaza al abadejo que es manjar más sano, sccundum los médicosai jamón autócrata substituya el huevo ó el pobre potaje de nabos y grelos; la humilde sardina de Vigo y Laredo del cebón robusto ocupará el puesto y de la chuleta de vaca ó de cerdo la obscura lenteja, la espinaca, el puerro y el rico escabeche de rueda ó de ruedo, donde sus mauitas lava el pescadero. ROBERTO DE PALACIO EN EL COLLGIO DE SAN CARLOS 1 NUEVA CÁTEDRA DE OPERACIONES, A CARGO DEL DP. GUEDEA, INAUGURADA R E C I E N T E M E N T E Fot. A B C. Pero volvamos al oso. Por lo visto tenía nial genio ó estaba identificado con su papel de fiera, y además pensaba que es lícito dar brumas, pero ya no lo es tanto recibirlas, y encarándose con el preguntador, le dijo: -Con usted voy á hablar yo, caballero. El domador intervino: Tú no hablas... -Que sí. -Que no. Las máscaras chillaron. El público se arremolinó presintiendo palos y bofetadas... El chico, olvidándose de que interinamente era un perro, se echó á llorar, y abrazado á las piernas del oso, gritaba, desaforado: ¡No hables, papá, no hables... La gente, al oír que el perro se declaraba hijo del oso, contraviniendo las leyes prolíficas consagrada. aplaudió entusiasmada y gozosa. Era un desenlace, un final... Y el oso tuvo en acjuel momento tina idea genial. Si aplaudían estaban contentos: si estaban contestos era el instante de que pagasen, y ecliaudo á un lado su enojo puso la cara legítima sonriente, y presentando al público líi cabeza de oso á modo de bandeja: peiTÍta, señores- -les elijo. El hombre fosco echó unas perras más; algunos espectadores, deseosos de pdz y de concordia, contribuyeron también. Y el oso, haciendo sonar los cuartos recogidos, exclamó: -Nos propusimos que alguien agara nuestra diversión; ¿la van pagando... Pues ya ven ustedes que no son los osos los que tienen más vacía la cabeza. Y observando que se reían ahora á costa del señor flaco, tuvo conmiseración del vencido, sin insistir, tras de aquella declaración fundamental y filosófica, volvió á integrarse la cabeza ajena en la suya pro jia, sintiéndose oso otra vez. Evidentemente era modesto. Y después de ECOS INTERNACIONALES N BUSTO D E LA REINA Según los periódicos i n D E E S P A Ñ A gleses, el famoso escultor Conrado Dressler, ha terminado un busto en mármol, representando á la Reina Victoria, que es una verdadera maravilla. I- a princesa Henry de Battenberg estuvo hace pocos días en el estudio del ilustre artista citado, acompañada por la princesa de Schleswig Holstein y miss Bultell y le felicitó expresivamente por su obra. u Uno de los días que han pasado recientemente en París los Soberanos ingleses, almorzó la reina Alejandra en casa de una dama inglesa amiga suya. La reina Alejandra celebró las excelencias de los manjares, á cuyas amables frases contes tó la dueña de la casa, diciendo que eran el mejor elogio para la cocinera que había preparaclo el almuerzo, una antijíua servidora de la casa, de origen danés. Su graciosa Majestad manifestó deseos ce conocer a l a servidora nacida en su país, por lo cual no hubo más remedio que enviar una EL VIAJE DF LOS REYES DE INGLATERRA orden á la cocina, mandando á la cocinera aue se presentase al final del almuerzo. SS. MM. BRITÁNICAS EDUARDO Vil T ALEJANDRA, EMBARCÁNDOSE A SU REGRESO A INGLA Tf- RRA, DESPUÉS DE LA VJblTA QUE ACABAN DE HACER A PARÍS Fot. TopicaJ. Costó no poco trabajo convencer á la sirvienNA ANÉCDOTA REGÍ A