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MADRID, JUEVES 7 DE FEBRERO DE 1907. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTINVOS B BC K CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. AÑO 111. NÚM. 614. i S 2. É P O C A LA NIEVE EN MADRID ASPECTO DE LA PLAZA DE CASTELAR A LOS POCOS MOMENTOS DE COMENZAR LA N E V A D A DE AYER Fot. A B C. DIQUE FLOTANTE BARCELONA. EL VAPOR LEÓN Xlll EN EL DJQUE FLOTANTE DEL PUERTO DE BARCELONA Fot. Delgr g. 1 AS NECESIDADES D E L HOMBRE, POR ALVARO CALZADO. En nuestro último artículo decíamos que el dinero valía cada día menos y que las necesidades del hombre eran cada día mayores. Ambas circunstancias, ó mejor dicbo, ambos fenómenos, puramente económicos, obligan al hombre á trabajar hoj mucho más de lo que antes trabajaba. Esa era la consecuencia que sacábamos déla baja del interés del dinero; esa es la conclusión que también sacaremos al examinar ahora cómo se desarrollan y se multiplican las necesidades humanas. Federico B á s t i a t d é d á qfíe aumentan éstas porque el alma, tal como Dios la ha creado, tal como se manifiesta mientras está unida al cuerpo, es decir, desde la cuna hasta la tumba, es una fuente inagotable de deseos. El deseo no es más que la aspiración á un goce ó el impiilso que nos hace huir de una pena; es, en resumidas cuentas, la tendencia hacia el bienestar. Pero las necesidades delahumanidad son variables, y, en general, progresivas. E. stán dotadas de tal elasticidad, hasta en lo relativo á la alimentación, que puede aumentar ó disminuir en lina región el consumo sin que se produzcan perturbaciones graves. Si aumenta, sea por un crecimiento de la producción, sea por el abaratamiento de las subsistencias, sea por cualquier otra causa, el hombre satisface mejor sus necesidades; si disminuye, éstas se restringen y hay, por lo tanto, mayor miseria. Pero en ambos casos vive y cumple su misión en la tierra. Existen razas sobrias; la nuestra puede vaINCENDIO FOKVvID XFiLK nagloriarse de ser ima de ellas. Un inglés, un SEVILLA. LOS ALMACENES DE ACEITE DE SAN RAFAEL. alemán, un francés, no podrían contentarse con los alimentos que son suficientes para el manPROPIEDAD DE LOS SRES. DE LUCA DE TENA, Fot. Barrera tenimiento de un español, de un italiano ó de DESPUÉS DEL JNCENDIO QUE LOS DESTRUYO EN LA NOCHE DEL LUNES ULTIMO xm árabe. Pues bien; amoldándose al medio ambiente despiiés de una larga serie de privaciones, nes intuitivas; ella debe, en lo posible, indicar efecto, porque la segunda no obraría sin el imgradualmente impuestas por las circunstan- la dirección que deben seguir nuestros deseos pulso de la primera. cias, acabarían los primero. j por ser tan sobrios y señalarnos las consecuencias que para el Por eso no conviene deplorar, como lo hacen hombre tiene el entregarse en absoluto á sus algunos filósofos, el aumento constante d é l a s como los segundos. De esto resulta que al estudiar las necesida- instintos. Estos instintos pueden llevarnos por necesidades de la humanidad, á no ser que des del género humano, es preciso tener en buen ó por mal camino, á nuestra pérdida, ó al también se repruebe el continuo aumento de cuenta su elasticidad, y esa elasticidad es ma- perfeccionamiento progresivo de la humanidad. los medios de existencia y el incesante acreyor cuando más industriosos y más civilizados La misión de la moral consiste en estudiar todo centamiento de los bienes de diversa índole son los pueblos. Con el progreso son más nu- esto, para indicarnos, ya que el hombre obede- que la facultad creadora del hombre- -aquí nos merosas y más intensas las exigencias de la ce á un irresistible imijulso que le obliga á bus- referimos á la industria- -nos ha proporcionacar el bienestar, qué camino han de emprender do. Reprobar todo eso sería algo así como abonaturaleza humana. Pero el hombre civilizado no se preocupa nuestros instintos para que no constituyan un minar del progreso. exclusivamente de su alimentación. Por abun- peligro. Al hablar el otro día del dinero, de su mayor La misión de la Economía política es dis- abundancia y de su menor valor, decíamos que dantes que sean los alimentos, no puede vivir sin hogar, sin combustibles, sin ropa. Además, tinta; no le corresponde guiarnos en lo rela- ¡el hombre, por rico que fuera, se veina cada día el ser humano, según el rango qxie ocupa en el tivo a l a s necesidades que el hombre debe ó no más obligado á trabajar. Al hablar hoy de las mundo, según los hábitos adquiridos, se crea satisfacer, sino indicarnos los medios de satis- necesidades humanas, de su constante aumennecesidades, que por ser algo artificiales, no facerlas. Por eso las considera tal como se pre- to, llegamos á la misma conclusión. Si las nesentan, sin exainiuíir si son ó no racionales. dejan por eso de ser indispensables. cesidades del hombre aumentan, si á medida Contra la satisfacción de las necesidades, 1 Y es lógico que así sea porque las leyes na- (pie se van desarrrollando éstas, hallamos á cada día mayores, de la humanidad, se han ele- turales de la producción, de la distribución y nuestro alcance el medio de satisfacerlas, es vado voces elocuentes. Juan Jacobo Rousseau, del consumo de las cosas que son objeto de que la Naturaleza nos impulsa á trabajar. Tedecidido paitidario de su limitación, decía que nuestras necesidades, no varían, sean éstas titi- nemos apetitos, aspiraciones, necesidades; para el hombre ha empezado á emprender el cami- les ó perjudiciales. Esas leyes son como los satisfacerlas, al lado del instinto que nos imno de la degradación cuando ha pensado en principios fundamentales é invariables de la I iilsa á mejorar las condiciones de nuestra exissnbstituir por una cabana las cuevas prehistó- mecánica, que resultan idénticos, trátese de una tencia, la Naturaleza ha colocado los medios ricas y el follaje de las selvas, cuando ha inven- máquina de guerra, de un instrumento de des- para que podamos realizar nuestros deseos. tado el arco y las flechas, renunciando á utili- trucción y de muerte, ó trátese de un motor Esa ley de que hablábamos el otro día al deque puede abaratar considerablemente el cos- cir que el dinero vale menos y que la única rizar sus uñas y sus dientes. queza verdadera y sólida es el trabajo, se ve, Otros defensores de la limitación de las ne- te de producción de un artículo útil. Con lo dicho hemos querido demostrar que por lo tanto, confirmada al estudiar el aumencesidades del hombre, menos radicales c ue Rousseau, ven en la generalización de la aspi- el hombre es el único ser viviente que posee la to de las necesidades del hombre. Tienen que ración al bienestar el origen de todos nuestros facultad de aumentar sin cesar las necesidades trabajar lo mismo los ricos que los pobres, males, porque con ella se desarrolla la avidez, ligadas á su propia existencia. Añadiremos que porque los capitales rentan cada día menos y la envidia y otros instintos reprensibles; predi- tiene otra facultad, la de aumentar al mismo porque, si no se dedican al trabajo productivo, can el desprecio de los goces, la resignación tiempo los medios adecuados para satisfacer esa renta, ya disniinuída, no será suficiente esas necesidades. Estas dos facultades son in- para satisfacer necesidades que todos los días ante el sufrimiento A l a ética corresponde señalarlos escollos con separables y se completan; tienen entre sí la crecen. los cuales pueden tropezar nuestras aspiracio- misma relación que existe entre la causa y el NUESTROS CJI. RA. BA. DOS I a nieve en Madrid. Por separado damos noticia de la tremenda nevada que ayer cayó incesantemente sobre Madrid y que cubrió todas las calles 3- edificios con una espesa capa de blancura. Durantelo más copioso de la nevada obtuvimos la instantánea de la plaza de Castelar que en esta página reproducimos. T r i q u e flotante. En el dique flotante del puerto de Barce lona ha sido levantado el vapor Leófi XIII, de la Compañía Transatlántica, de iootoneladas, el primero de la citada Compañía que ha utilizado para su limpieza de fondos el expresado dique. IJicha operación se llevó á cabo en unas tres horas, pudiendo ser bajado al día siguiente limpio y pintado, lo que patentiza una vez más la indiscutible utilidad de esta clase de instalaciones de carenado, que tantos beneficios reportan á la marina mercante. 1 ncendio formidable. Los señores de Luca de Tena, de Sevilla, copropietarios con nuestro director de importantes neg ocios industriales y mercantiles en la mencionada capital andaluza y de los ijeriódicos Blanco y Negro y A B C, acaban de sufrir irna pérdida de muchos miles de pesetas, con el incendio de los almacenes de San Rafael, en los cuales tenían depositadas grandes cantidades de aceite. Ocurría esto la víspera del banquete celebrado en la casa de estos periódicos para honrar á dos ingenios, andaluces también, á los ilustres hermanos Alvarez Quintero. La vida tiene contrastes, como éste que dejamos consignado; pero esos mismos contrastes deben aceptarse como una justificación más de la tesis en quesebasa El genio alegre, y saber dominar las contrariedades en vez de dejarse vencer por ellas. Ocurra lo que ocurra, y aun en los momentos más penosos, alegrémonos de haber nacido. i tí k. j J Lf Ul 1 T V j PARISIENSES V l C T O R l E N SARDOU Yo me decía la otra tarde cruzando el bulevar de Corcelles, que ver á un escritor célebre en esta tierra es más difícil que ver al Papa en Roma, y en verdad que lo siento. Una silueta de Victorien Sardou, á quien el Gobierno acaba de distinguir nombrándole gran oficial de la Legión de Honor, vendría que ni pintada, pero en e. stos momentos, ver al gran dramaturgo debe de ser más difícil que 5 ver á Clemenceau... Y todas estas cosas las pensaba disfrutando de una temperatura de ocho grados bajo cero, que por cierto no incitaba á la reflexión, y dispuesto estaba á renunciar á mi idea cuando vi pasar á un cartero que, á pesar del terrible frío, sudaba la gota gorda. Sin saber por qué, me encaré con el pobre hombre, que tenía motivos sobrados para sudar, pues su espalda se doblaba bajo el peso de un enorme paquete de cartas que amenazaba concluir con la sólida correa de donde colgaba la reglamentaria cajita de madera. ¡Cuántas relaciones tiene la gente rica! -le dije, recordando que me hallaba en el barrio chic, -y ¡cuánto escribe! Así entablamos conversación, y a s í supe que el enorme paquete era todo ¡santo Dios! para un hombre solo, y que ese hombre era Victorien bardou. Casi estaba dispuesto á ompadecerle, pero