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MADRID. DOMINGO 3 DE FEBRERO DE 1907. NÚM. SUELTO, 5 CÉNTIMOS íst ast V K l f W J j n P n W 5 (VnJlUL UTSIJC CRÓNICA UNIVERS A L 1 1 USTRADA AÑO 4 r lfty ifci to f lDW N Ú M 610. X. t km k. m V- K f jPV ilii6l: n! i Jnss ltiiri. J 7. w ig, i iJiai... -í 2, LA CATÁSTROFE DE REDEN LA ENTRADA DÉ LOS POZOS DE LA MINA AL CONOCERSE LAS PRIMERAS NOTICIAS DEL SINIESTRO SEPULTADOS BAJO LA NIEVE LA ALDEA DE HOSPITALET, EN LOS PIRINEOS. DESPUÉS DE LA AVALANCHA QUE ENTERRO EN NIEVE TODAS LAS CASAS Fots Photo NouvelJes. ministros que, naturalmente, no le hicieron caso. Los compañeros no le conocían y no k concedieron beligerancia. Iba á retirarse aburrido, descorazonado, cuando salió solo, despacio, encendiendo un cigarro, un viejo simpático, á quien Anselmo conocía sólo por ios retratos. Era Sagasta, presidente del Consejo. D. Práxedes creyó que se trataba de uno de tantos pretendientes que le asediaban. La facha del que se le acercaba indicaba más bien un sablista. Iba á darle unas monedas, pero Lacasa le atajó. Refirió al presidente el caso en pocas palabras. Tal tono de sinceridad vio cu ellas Sagasta, y tan grande era el corazón dé este inolvidabíe patricio que le tendió la mano y le dijo: Í- -Suba usted conmigo ai coche y vamos á casa, que aquí hace frío. En la casa de la plaza de Celenque, aonde entonces vivía D, Práxedes, el bueno de Anselmo fué obsequiado con un té con pastas, con un magnífico habano y con lo que en aquellas circunstancias valía más: una relación del Consejo de ministros que acababa de celebrarse, tan completa como no la pudo publicar ningún diario de Madrid. Saga, sta, excelente riojano, y acasa, nooiote aragonés, simpatizaron para siempre. No sé si Lacasa vive; si exis. e no me dejará mentir. Era en aquellos tiempos decano de los periodistas, en la tribuna de la Prensa del Congreso, y compañero muy querido, L. Jesús Lozano, esclavo de las cuartillas y del movimiento continuo, cuyo problema creía él sinceramente haber resuelto, y hacíamoj todas las semanas un periódico, La Inlibusia, escrito por cuantos en la tribuna trabajábamos, y reproducido por el primitivo procedimiento de la geleitina. De sus ejemplares participaba hasta el presidente de la Cámara, entonces Martos, y en su texto aparecía la firma de periodistas que ya murieron, como Calixto Ballesteros, Miralles, Alvarez Builla, González Fortis, y otros que aún bullimos por la casa cerno Mariano Perpén, Fernando Soldevilla, Melchor Cautín, Ramón Cárdenas, Ricardo Peris, Ricardo Bermúdez y el que estos recuerdos evoca, para pensar, como decía al principio, si encierra una verdad aquello de cualquier tiempo pasado fue nicjor, ó SÍ es ley inexorable y universal el sentir más apego á la vida manifestándose ese sentimienI to en mirar con egoísmo á lo pasado, aunque desde los tiempos bíblicos se sepa que muchas veces mirar atrás cueste al escaso de decisión quedar convertido en estatua de sal. iS 1 AS ESTATUAS DE SAL, POR ÁNGEL M. CASTELL ¿Encerrará una verdad la sobadísima frase poética de cnalqw er tiempo pasado fue mejor ó será que, por inmutable ley de la Naturaleza, cuando nos hacemos viejos nos inclinamos fatalmente á ponderar y envidiar aquellos días que, según otra frase poética, y ésta inspirada, sin duda por Pero Grullo, no- volverán? Oid á los viejos de hoy y os dirán que no ha habido mejores cantantes que Tamberlik y Mario, ni mejores actores que Romea y Valero, ni novelistas que mejores veladas de invierno hayan hecho pasar, al amor del cjlásico brasero encerrado en la camilla de falda volandera, que Pérez Escrich 3 Fernández y González, ni ca laveradas como las que se corrían en Capellanes y en Pol, ni fiestas aristocráticas como las que daban las Montijo y las Medinaceli... Es indudable que el egoísmo de vivirnos iiace mirar á lo que pasó, más por deseo de volver á empezar que por enojo con el presente; con este presente que recordarán también con alalianza los jóvenes de hoy, cuando, pasadlos veinte ó treinta años, disfruten un progre so que ahora no se puede ni prever. Veinticinco hará qvie muchos que hoy peinamos canas rendíamos culto idolátrico á Sitiesio Delgado, cuyo Madrid Cómico era nuestro sueño, el colmo de nuestras aspiraciones. A su buzóu llevábamos nuestros versos para esperar ansiosos la aparición del primer número, que nos proporcionaba en su sección de Correspondencia particular la alegría inmensa de la aceptación ó la amarga pena de la negativa, amén de un varapalo. Tímidamente nos deslizábamos en la cervecería, el bilis- chih, donde se reunían y murmuraban de lo lindo los entonces más preclaros ingenios de la corte. Estar cerca de ellos, oír sus comentarios, codearnos con los maestros, era proporcionarnos por dos reales un rato de íelicidad. Ivuis Taboada y Eduardo del Palacio hacían frases y chistes que esculpíamos en nuestra memoria. ¿Te has fijado en Fulano? -decía un día Llana á Taboada, refiriéndose á un actor que acababa de dejar la tertulia, -tiene siempre los hombros Henos de caspa. -No es caspa- -contestaba Taboada, -es el serrín que se le sale de la cabeza. Otro día, el mismo Taboada daba noticias á Lustonó, que acababa de salir de una casa de salud, de las novedades qué había por Madrid. ¿Cómo va el Círculo Literario? -pregunTEATRO DE LA taba Lustonó, refiriéndose á la Sociedad es- LOS NOTABLES ARTISTAS SICILIANOS MlMl AGUGLIA FERRAU Y CAV. G. GRASSO, tablecida entonces en el entresuelo del popuEN UNA ESCENA DE TIERRA BAJA OBRA QUE REPRESENTAR. A. N MUY EN BREVE larísimo café de Madrid. -Mu -mal, chico; no hay una peseta. Figúrate que para ahorrarnos una escalera hemos Puerta del Sol (la, primera de la izquierda de sin cuento. Llegó un día á Madrid sin tener I a catástrofe de Reden. la puerta principal) Allí escribía sus cartas á que comer y entró de ordenanza en una agen- La emoción que las primeras noticias ae nombrado bibliotecario á Vital Aza... Una tarde contaba Matoses que yendo con los periódicos de provincias, cuya representa- cia telegráfica que había fundado Carlos Mala- la terrible catástrofe de Reden, en el distrito Eduardo del Palacio por la calle de Sevilla se cii n ostentaba, Julio Vargas, el ilustre maestro garriga. Los negocios para la empresa iban minero de Sarrebruck, produjeron entreaquehabían encontrado con X, un cómico muy de muchos periodistas. Allí ejercía funciones mal. llos habitantes, fué inmensa. A la entrada de lo? Una noche había un L- onsejo ae ministros pozos acudieron todos en busca de noticias, malo, que antes había tenido vena de escritor. de capellán Anselmo Lacasa, el hombre más bueno que ha comido pan, el periodista más importantísimo. En él iba á plantearse la cri- aun sin sospechar la extensión del siniestro- ¿Qué haces? -le había preguntado Eduardo. trabajador que ha habido en Madrid, el tipo sis. Los redactores de la Agencia no parecie- en el enalban perdido la vida tantos infelices- -Nada; cstov i arado- -contestó el desdichamás acabado de la honradez. Siempre afeita- ron por la redacción. El director, furioso, llamó obreros. Del momento de referencia publicado actor. do, vestido siempre de negro, por suscripción á Lacasa y y le dijo: eo que ahora te dejas la barba... mos en el presente número una fotografía. entre los compañeros le compramos un bone- -Va a usted á la Presidencia, y cuando sal- -Sí... ¡ya ves! hasta que me contraten... te que se ponía siempre en el jaulón mientras gan los ministros se entera usted de lo que han ¡Pues. tela pisarás, te la pisarás! Cepultados bajo la nieve. Eran los tiempos en que Salvador Rueda escribía cuartillas para sus periódicos y para tratado. ¡Pero si no conozco a naciie; si estoy tan Hospitalet es una aldea situada en la verempezaba á deslumhrar en El Globo con sus ar- la Agencia de Perpén. De su figura, de sus tículos descriptivos de la Alhambra de Grana- bondades y de su bonete le vino el sobrenom- mal vestidol- -se atrevió á objetar el pobre An- tiente francesa de los Pirineos, que ha estado da, y Pepe Roure hacía sus primeras armas en bre de Z Lacasa, que él aceptaba con fruición. selmo, que ganaba una peseta diaria para á punto de desaparecer bajo una formidable avalancha de nieve, que cubrió todo el poblaLa Opinión, publicando artículos tan bellísimos Cómo se hizo Lacasa uno de los mejores no- todo... ¡Nada! -replicó el iracundo jefe; -haga us- do. De sus efectos da idea uno de nuestros como La Venus de espuma El incendio de ticieros políticos de aquellos tiempos, es también digno de contarse. liijo de buena familia, ted lo que le digo, y si no consigúela noticia grabados de hoy. El vecindario de Plospitalet Roma... Existía el jaulón, locaí destinado á los perio- una, calaverada disculpable en los pocos años, no vuelva usted por aquí. Mañana cierro la tuvo que practicar aberturas á los tejados de las casas para poder salir de éstas. distas en el ministerio de la Gobernación y si- pero, imperdonable en una academia militar Agencia. Lacasa fué a la j. lesidencia. vio saar a los tuado en el entresuelo con una ventana á la donde estudiaba, le hizo pasar tribulaciones NUESTROS GR HADOS