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LES 3o DE ENERO DE 1907. NUMERO SUELTO. 5 CÉNTIMOSifí tjj ira 5 k %i B ii BS w CRÓNICA UNIVERSAL I L U S T R A D A AÑO 111, NÚM, 606. g jg 2 É P O C A S iM KV i ÜOViiíAto EN BARCELONA PORTAL DE LA CASA DE LA RAMBLA DE LAS FLORES, EN DONDE HiZO EXPLOSIÓN EL DaMlNGO UNA BOMBA Y FUE ENCONTRADA OTRA. L OFICIAL y GUARDIAS DE SEGURIDAD QUE LA RECOGIERON Y TRASLADARON. TtNlENTE LUIS DEGORQUE. 2, TENIENTE DE VOLUNTARIOS VETERANOS LUIS DEGORQUE. 5, GUARDIA RAFAEL OLTRA. 4, GUARDIA MANUEL MARTÍNEZ. 5, GUARDIA MARIO SÁNCHEZ Fots. Moragas LREDEDORDEUNODIO, POK j i ALOMERO I a propieaau c sagrada. M o importa que ios ciudadanos, particularmente cuantos pracdcan la honrosa profesión del comercio ó las oienhechoras tareas industriales, olviden esa robusta máxima cuando se ponen en relación con el público; no importa que la fruta del cercado ajeno despierte y active los deseos del orójimo con sus dulces y sabrosos atractivos; 10 importa que los varones justos incluyan oerpetuameute entre sus siete pecados diarios a dinámica inobservancia del noveno mandamiento... Por encima de tan vituperables tropelías, que al cometerse en la sombra llevan ya su justa condenación, la sociedad proclaTua, difunde, ensalza y enaltece este principio venerable, el primero y más fuerte de los que necesita para su salud y para su vida: la propiedad es sagrada. Algunos espíritus canaorosos, aignos, sm duda alguna, de empadronarse en las ciudades c ue rememoran, suelen entretener sus ocios y los nuestros con la apasionada evocación de la Arcadia feliz, de la Edad de Oro y demás prístinas civilizaciones tan absurdas como empalagosas. Y no faltan utópicos redentores, que lanzando al porvenir esos anhelos regresivos, piensan que la Humanidad futura resucitará los tiempos prehistóricos de la moral contemporánea. Afortunadamente, los sueños no tienen electo retroactivo; y en eso se parecen á las leyes que desprecian. El legislador también es un poeta, aunque no lo parezca, porque canta muy cerca de la tierra; y él ha sabido desatender por injustas las nocivas propagandas, sin apadrinar la más leve de sus aspiraciones al formular los códigos fundamentales. A él debemos la consagración definitiva del respeto á la propiedad, y él nos ha hecho comprender, al explicarnos la filosofía de sus leyes, que el hombre mismo ha creado ese derecho, el más natural, el más inalienable- -salvo en las circunstancias dolorosas- -y el más imprescriptible de cuantos le sirven para defenderse de sus semejantes. ¿Ha. y quien olvide que las palabras responden únicamente á las necesidades del espíritu. Pues vea cómo ningún idioma carece de sus correspondientes pronombres posesivos... Eos exaltados que tratan de suprimir la primera persona del singular, pluralizando sus atribuciones y sus goces, ignoran que la sabia Naturaleza no podía desposeer á la especie humana de esa agradable y necesaria variedad de géneros, clases 3 familias que admiramos en otros seres de la escala zoológica... Pero hay uu aspecto de la propiedad, contra el cual concretamos nuestras antipatías qtie jamás se desatan ni se explayan en la pura y serena región de las abstracciones: la propiedad urbana. Nunca se ha dado el caso de que el casero consiga el aprecio, el respeto ni la consideración á que es acreedor, sin duda, hasta por parte de sus acreedores. Eejos de eso, el casero fué siempre mirado con prevención, con hostilidad, con ira, no ya por las gentes analfabetas y por lo tanto incapaces de comprender el secreto de la vida, pero también por los hombres superiores que saben envolver sus instintos en el amplio ropaje de la tolerancia. Tolérase al casero como se toleran los propios defectos físicos, para cuya corrección nos sentimos impotentes. Nos sometemos á su yugo inevitable, con la misma resignación que nos sugiere el cumplimiento de las leyes físicas. Le aceptamos como un mal necesario... ¡Y así en todos los países, en todos los tiempos, en todas las civilizaciones, más ó menos dignas de este nombre... Se le burla, se le persigue, se le veía procuramos su desaparición y el exter- pago del recibo, si no queremos salir con nuestros trastos por la puerta, ó por el tejado, como ese pobre inquilino de la calle de Ercilla, qu ha sufrido la pena correspondiente á quien se atreve á vivir en un piso cuarto... ¿No son bastantes razones para remachar el odio que ai casero- -en abstracto- -dedica- -en coiicreto- -el inquilino? H e aquí un ensayo de la psicología de ese odio secular y permanente. Bueno es consignar que es por completo romántico é inofensivo, que ni crea ni destruye... Bien que para destruir y crear algo, tendría que convencer á los humanos de la imposible y necesaria expansión territorial en medio de los campos, fuera de las ciudades aborrecibles... ¿Qué mayor felicidad que una choza, si el hombre puede decir verdaderamente es mía NUESTROS GRABADOS edicada toda ella á Barcelona está nuestra información gráfica de ho en la cual insertamos dos fotografías relacionadas con el último- ¡ojalá sea el último de verdad! -atentado de los terroristas, del cual hemos dado cuenta minuciosa en nuestros telefonemas, y itna del acto solemne de imponer al teniente D. Emilio Maíllo y fuerzas de la Guardia civil á sus órdenes, que capturaron en 23 de Diciembre último la partida carlista del supuesto general Moore, las cruces del Mérito Militar pensionadas, que por tan eminente servicio les han sido concedidas. Ea imposición se realizó en el patio del cuartel de Jaime I, ante el capitán general, Sr. Einares y las fuerzas de la guarnición. CEREMONIA MILITAR BARCELONA. ACTO DE IMPONER LAS CRUCES DEL MÉRITO MILITAR QUE LES HAN SIDO CONCEDIDAS A LOS GUARDIAS CIVILES QUE CAPTURARON A LA PARTIDA CARLISTA DEL TITULADO GENERAL MOORE minio de su raza. Inspira folletos, libros y co- canse la cabeza fatigada; nuestros son los limentarios en su contra. Le hacemos blanco de bros que nos consuelan, y las mantas que nos nuestros chistes, de nuestras frases y de nues- abrigan, y los cuadros que nos recrean y el tras sátiras; y es término para las más terri- gato que nos da envidia... ¡Todo es nuestro, bles comparaciones... El odio al casero es tan menos el cuarto que habitamos... ¿Cómo no tiembla en nuestros labios esta frase injusta, antiguo como el inquilino... ¿Porqué causa? Yo no trato de molestar a t a n respetable clase, m i casa ¡Ay... Mal sumados cuantos recique pondría sobre mi cabeza después de ha- bos de inquilinato pagó un ciudadano que berme decapitado; yo la considero tan mere- muera en la flor de su vida, la suma sería suficedora del respeto individual y colectivo como ciente para adquirir la propiedad definitiva á todas sus hermanas, las gloriosas poseedoras del cuarto que habitara... Y sin embargo, nuesde la felicidad terrena. Pero encuentro una tra casa es siempre del oasero... ¿Cómo no ha justificación del odio secu. lar y permanente de ser eterno el odio, si el dolor es permaque la dedicamos, y así me atrevo á declarar- nente? lo, con todas las salvedades y miramientos que Cierto que ei paga la pena que acaso merezson costumbre en parecidas circunstancias. ca la propiedad que simboliza; peronosotrospaEllo proviene, tal vez, de cierta confusión gamos el recibo de una servidumbre que tamperceptiva, hija de nuestra falta de meditación bién simbolizamos, lo cual es más lamentable sobre la verdadera naturaleza de las cosas... y por ser más tangible y deletéreo. Y hemos de áiln pudiera decirse de las casas, pues que nos cuidar su finca, para hacer más cruel ese sarreferimos á la propiedad urbana... Mas lo cier- casmo, dejándole en beneficio cuantas mejoras to es que el espíritu se irrita al considerar que nos in. spire nuestra propia comodidad. Y hasta esa propiedad jamás podrá ser nuestra, en la su misma negligencia ó contumacia para cumverdadera acepción de la palabra, por grande plir las disposiciones de salubridad y de hique sea el personal esfuerzo y modestas las giene, han de ser suplidas por nosotros... ¡El ya sabe que procuraremos, por la cuenta que necesidades particulares. Sabemos, en efecto, que, cumplidas las con- nos tiene, alejar de las habitaciones los gérmediciones estipuladas, podemos adquirir un tra- nes de cualquier enfermedad que nos obligara je, un sombrero, una camisa, unas botas, ó á pagarle el último recibo! Inexorable como el cualquier bagatela por el estilo, que serán Destino, en sus paredes nos encierra sin prenuestras hasta que lleguen las nuevas genera- ocuparse de nuestra vida. ciones de su especie que las desprecien por Ea conglomeración urbana, última fórmula gastadas ó por inservibles... Sabemos que, ya del Derecho político en las sociedades cultas, cumplida la sentencia bíblica, el pan que par- colabora también en ese odio... Pequeños son timos y devoramos es nuestro, aunque esté mal los cuartos que habi, amos, porque así lo exicocido y falto de peso... Y sabemos también gen las necesidades de la misma propiedad; la que después del discreto aprendizaje del fasti- casa de enfrente nos roba el recreo de la vista dio, podremos adquirir la más dulce y encan- y el encanto de los pulmones; la de atrás nos tadora de las propiedades. prohibe saludar al padre Sol, á quien tanto Nuestro es el lecho donde reposamos; nues- queremos y admiramos. Y unas disposiciones tro es el sillón, siempre blando porque tiene transitorias y otras permanentes de los conun respaldo relleno por la ilusión para ¡jue des: 1 tratQg. de. inqiülijDato. nos obligan al oportuno POLÍTICA EUROPEA (DE N U E S T R O CORRESPONSAL) LONDRES, 2 b 1 A CONFERENCIA ANUAL Acaba de téri DEL LABOUR PARTY tninarenBel fast la conferencia anual del Eabour party sin que sus trabajos hayan sido por esta vez de fértiles resultados. Eo único que üe eiia puede deducirse con toda precisión, es que las clases obreras en Inglaterra no están todavía dominadas por el socialismo. En una proposición francamente socialista, Mr. Atkinson afirmaba que el objeto supremo del Eabour party debe ser la supresión deí sistema actual del capitalismo, reemplazándole por el sistema de propiedad y de intervención públicas, que aseguraría á los obreros é: resultado completo de sus trabajos Eos representantes obreros rehusaron á comprometer las Trade Unions en una profesión de fe tan explícita, y la resolución fué rechazada por la mayoría d e 835.000 votos contra 98.000, puesto que cada delegado usaba de un número de votos proporcional á la importancia de la Trade Unión por él representada. Mr. Kair Hardie y otros socialistas notables, preveyendo la derrota, quisieron evitarla combatiendo la proposición. Mr. Kair decía: Eas Trade Unions n o deben comprometerse sin estar previamente convencidas del valor de socialismo. Es preciso preparar antes al pue blo. Conviene notar que las 1 ráele Unions representan tan sólo una parte de la clase obrera, y que los independientes no estaban representados en la Conferencia. Sin esa circunstancia la mayoría antisocialista todavía hubiera sido más fuerte.