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MADRID, JUFVES 17 DE ENERO D E 1907. NUMERO S U E L T O 5 CÉNTIMOS í f i f í a í a K CRÓNICA U N I V E R SAL 1 L U S T R A D A AÑO 111. NÚM. 593. ii 2. É P O C A TM m Mk 1 wiw ifP iww v iwiiipiiip m 9 9 mmw 3 I TERREMOTOS EN JAMAICA VISTA DE LA CIUDAD DE KINGSTON, QUE ACABA DE SER DESTRUIDA POR UN TEMBLOR DE TIERRA LA CUESTIÓN DE MARRUECOS TÁNGER. EMBARQUE EN EL VAPOR lELPlS DE NUMEROSOS MARROQUÍES. PEREGRINOS A LA MECA UNOS Y FUGITIVOS OTROS A la prohibición de su drama Lor, hJios del Sol no le ha dado gran importancia. Por otra parte, Gorki no estaba muy contento de su obra, escrita hace dos años v aue á él le parecía ya de corte anticuado. Gorki sueña con una gran obra de arte, de finitiva, en la que puedan aparecer sintetizadas todas las aspiraciones, todos los dolores y todas las angustias de la presente generación. Esta obra sería un drama; pero el propósito es tan grande y la empresa tan extraordinaria, que Gorki atin no h a podido concretar su pensamiento. Con Gorki vive u n escritor anárquico ruso Leónidas Andreieff, que ha concluido un dra ma que se titula Ignis Zanas. El drama está saturado de h ndo pesimismo, y sus personajes son una creación ul tra- terrestre, al modo dantesco. i p n a n d o el tranvía se detiene en los Cuatro bellísimo. Y á ratos también, un rebaño de ove Caminos, el viajero siente una impresión jas que hay en una hondonada, deja oir el tinde extraordinario asombro; es aquello tan par- tineo pastoril de las esquilas, rumor grato al ticular, tan exótico y confuso, que uno se oído de todo hombre bueno... figura haber llegado á un pueblo distante, quiLos suburbios, los arrabales de Madrid son zá á un arrabal de Oriente. Aquello no parece feos, sucios, pobres, repugnantes. Pío Baroja tina prolongación de la corte de un reino; los ha contado en sus liltimas novelas de tal aquello es una mezcla de cosas singulares y modo, que el lector siente una sensación de absurdas, nn crntraste violento y agrio, con- extraño espanto. Madrid está sitiado por una jtinto de noi. is u jiLorescas, ó liistes, ó nause- hvieste de casas, barrios y escondrijos, nido de ab iiidas, inatiite- ros, -reíu. gio de In hamp- i, antro en íjnnAllí se ve una carretera enfangada, con char- de se fraguan las inmxmdicias de carnes, emcos negros adonde fueron á dar las iximundi- butidos y alcoholes que envenenan á los macias de una semana; allí se ven las casucp. s drileños. Madrid parece u n a ciudad inmensa bajas y los solares vacíos; allí las gallinas que que ha caído por sorpresa en un lugar cualpicotean por entre las personas, los puestos de quiera de la llanura, entre pueblos raquíticos fntta junto al fango, las sartenes que chirrían, y campos desolados. Así como el viajero que la grasa qite atufa, los chillidos, los cantos, las va en un tren, antes de llegar á una ciudad voces, las disputas; los perros famélicos que se grande, va contemplando los huertos mejor espulgan al sol, caras de hombres ambiguos, cultivados, las casas más bellas, los pueblecimantas subidas hasta la nariz, chvilapas llenas llos mejores, los jardines, los talleres, todo lo de desgaire y gentileza, soldados, húsares bo- que es avanzada de la civilización; así conio nitos y jactanciosos, que arrastran majestuo- los alrededores de París indican por sí mismos samente sus sables. Unos ríen aqiií, otros bai- que París está cerca, á Madrid se llega, al conlan allá, otros se incomodan más lejos. I, as trario, como por sorpresa. Campos rasos, puesartenes no cesan de freír; un vaho de grasa blos insignificantes, casuchas feas; de repente circula por todo el ámbito aquel. Y á la puerta para el tren y u n empleado grita: ¡Madrid... de las tiendas, ofrecidos como en homenaje á ¿Por qué, sin embargo, no había de estar la glotonería de la umchedumbre, se ven alh Madrid circundado de parques, casitas de reunos cerdos enteros, grandes como novillos, creo, huertas, granjas de labranza, pueblos colgados de garfios, chorreando sangre, feos. limpios, todo eso que es tan fácil conseguir, á Ivs aquello un conjunto sorprendente, origi- poco esfuerzo que se pusiese en una eniprcísa nal hasta el extremo. Tiene tanto sabor aquel de expansión urbana, en la conqirista de los cuadro popular, que está pidiendo t; u poeta de suburbios por Madrid? veras que supiese fijarlo en versos, en dramas, en saínetes. J. M. a SALAVERRIA Un Goya literato que pudiese expresar definitivamente el cuadro ínterLso, vario y típico del bajo pueblo de Madrid, y que anulase también definitivamente l a suma d e oquedades con que el género chico ha pretendido expresar el ambiente popular de los siiburbios Allí está vibrando el alma desgraciada de 1 Í muchedumbre, que se ha cansado en seis lar gos días de trabajo, que quiere abrir su alm á la alegría y que no sabe abrirla sino amonto nándose, gritando, voceando, bebiendo del vino encabezado, hartándose de embutidos envenenados. Un ruido de infierno, un frenesí de embriaguez llena aquel espacio irregular donde se hacinan los hombres, los perros, el humo, e! fango, las morcillas negras, los cerdos muertos, las risas, las blasfemias, la m ú s i c a jacarandosa y romántica de los organillos. Más allá se ven los campos rasos, los desmontes, las veredas por donde van las perso ñas más pausadas y discretas. A espaldas de la carretera, cuando se ha dejado de oir 37 de ver tanto rxiido loco y tanta fealdad, los ojos quedan encantados con el espectáculo pacífico de las huertecillas, las casas limpias, las veredas que rayan los altozanos, y allá abajo lo. s campos de Amauiel, y más abajo las colinas de la Moncloa, y allá lejos la llanura, y más lejos aún la sierra, blanca de nieve. El canaliUo pasa por entre los recodos del terreno, tranquilo y puro, símbolo de la sencillez fecunda, y en su margen crecen los chopos, esos arbole afilados que quieren elevarse angustiosamentLal cielo. Algún hombre trabaja en su huerta apartado como un discípulo de Horacio, del ruido mundanal, y cava con su azada, y v a r e moviendo la tierra que luego ha de despertar con flores y con frutos. Un grupo de gente ha EL OBISPO DE DIJON. MONSFÑOR DADOencendido fuego para guisar la merienda; los LLE, QUE FUE A ROMA PARA RECIBIR DEL niños brincan muy contento los hombres soplan el fue ¿ü; uos mozuelas garbosas bailan, PAPA INSTRUCCIONES RELA ION ADAS CON riendo locamente, y el humo de la hoguera LA ASAMBLEA DE OBISPOS FRANCESES sube manso y recto en aquel ambiente de paz y de reposo virgiliano. E l aol adorna todas las IElÍÍ J (Bli -l cosas Corre buen T OS SUBURBIOS D E M A- tibio. con su dorada luz. se sabe un dónde, aire MAPAMUNDI A ratos viene, no de un DRID, POR J M SALAVE- retazo de la música de un organillo, y en la R L REY ÓSCAR 7 Suecia disfruta calma y dicha de la hora y del paisaje, la múde dos millones y medio RRIA. sica aquella suena de un modo romántico y de lista civil. No es mucho para un Soberano que ha de sostener el esplendor de una corte, pero también debe notarse que Suecia sólo tiene cuatro millones de habitantes. El rey Osear posee, de sus bienes particulares, una renta de 800.000 francos. El Monarca hace la vida de u n modesto burgués; pasea por las calles á pie, se para á charlar con cualquier persona que conoce, y frecuenta los cafés. Este invierno, por el mal estado de su salud, apeaae- ui ale de PaJacio. ESGRACIADA E N Una notable actriz parisina, de la que EL JUEGO callan el nombre los diarios de la metrópoli francesa, ha perdiNA INUNDACIÓN Fl número de piado recientemente al hacarrat la sünia de 100,000 nos c o n s t r u i d o s DE PlAI OS este año en los Esfrancos. ¡Qué abatida estará la pobre! tados Unidos, según uu cálculo hecho por el Musical Age, dc Nueva York, se aproxima á A CALVE NO SE CASA I os periódicos 300.000, mientras en 1905 fueron 251.957, y en 900 no llegaron á 166.536. de Nueva York publican un telegrama del pseudo- marido de deEs un aumento vertiginoso; pero tratándose los 5 anquis, no nos asombra nada. -XKX. -la Calvé- -un rico americano que actualmente se halla en París- -desmintiendo enérgicamente su matrimonio con la hermosa cantante, á A B C EN EL EXTRANJERO la que jamás ha conocido. Ea fantástica boda de la Calvé va, por lo visto, á hacer compañía con otras también imaginarias de la bella Otero. No hay quien entre por uvas. DE NUESTRO CORRESPONSAL ESPECIAL DR. FRANCO F L H I j O DE LA MELBA En casa d e la Melba- -la céleI j r. NF. itü 1 9 0 7 bre cantante que acaba de reaparecer con éxi- I OS D O C U M E N T O S v an á dar mucho que to entusiasta en la Opera, de Nueva York- -se DE LA NUNC! AT J P ha celebrado el matrimonio del hijo de la Mel- ba con la hija de un coronel. escribir, los d o c u A la ceremonia asi. stieron más de 500 invita TURA DE P A R Í S ai. entos embargados dos, todos pertenecientes á la más alta aristoen el edificio de la cracia inglesa. ex Nunciatura apostólica, en París, por el GoEa familia Real estaba representada por el bierno francés. Acerca de ellos he tenido notipríncipe Francisco de Teck. cias de origen fidedigno, que- me avjresuro. á I, a Melba ha regalado á los esposos nn mag- comunicar. nífico castillo d e Irlanda, para su residencia, El juez de instrucción que intervino on la y la no despreciable renta de 40.000 francos diligencia, entendiendo ue el emivargo se veH 1 año. rificaba en el domicilio particular de monseñor Montagnini, no se tomó eltraliajo de en ¡Lo que dan de sí los gorgoritos! trar en disquisiciones jurídicas m u y sutiles, y el embargo de todos O QUE HACE U u amigo personal d e consideró legítimo de la clase que fuesen, los documentos, fuesen en j Máximo Gorki, que ac- contrados en la casa del prelado romano ex tualmente se halla en Ca- pulsado. El examen de los expedientes embargados pri, ha comunicado al Fungólo las siguientes confirmó la presunción de que la mayor parte noticias. Gorki, que permanecerá en Capua dos me- del archivo de la Nunciatura liabía sido oculto ses, ha terminado su gran novela Madre, que en lugar seguro, en el Vaticano, como dije et 2 yz. ha comenzado á publicarse en el folletín de una de mis últimas cartas. Pero los que han quedado constitu en revelui diario de Nrreva York. Ea acción de la novela ocurre en la época de laciones trascendentales. Ellos demuestran la. los primeros apóstoles del socialismo ruso, en ingerencias sistemáticas de los nuncios que ha habido en París hasta la fecha; constituyen 1? el reinado de Alejandro II. Gorki sufre una leve bronquitis, y su salud, prueba de que éstos no han cesado de comuen general, es muy delicada en estos últimos nicarse directamente con los obispos. 110 obsmeses; pero así y todo no ha querido suspen- tante ser éstos funcionarios del Gobierno y reder ni por un momento la pronta terminación cibir sus haberes del presupuesto de Culios de su novela Madre, destinando el producto de ponen de manifiesto que las ingerencias de lo9 su venta á la propaganda electoral del partido nuncios han pasado algunas veces la frontera como cuando el rey Humberto fué invitado socialista luso. Gorki pertenece, como es sabido, á la frac- por el emperador Guillermo para asistir á una ción socialista que estima necesaria la insu- revista militar en Alsacia. Entonces el n. uncia rrección armada para salir de la presente si- se apresuró á aconsejar á Mous. Stanipf. obispo de Estrasburgo, que se abstuviera, como e! tuación. La opinión personal de Gorki es que la Dunia clero de su diócesis, de rendir homenaje alga. debe tomar la iniciativa de la convocatoria de no al rey de Italia. El rey Humberto no fu la Constituyente, provocando en el Gobierno por fin, á Estrasburgo, pero las órdcuej de reáictos de violencia, que encontrarán necesaria- ferencia habían circulado. Eos expedientes embargados descubren las mente en el pueblo la respuesta, con un levanrelaciones constantes que h a n existido cutre tamiento 13 U L ESDE