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M A D R I D MIERCOL E S 1 6 D E ENERO DE 1907. N Ú M E R O SUELTO, 5 CÉNTIMOS) gíf K l lj i (i ifflWH l 1 W IIKMWIT J Í CRCmiCA U N I V E R S AL 1 L U S T R A D A AÑO 111. N Ú M 592. ig i á 2 -E P O C y 1 i- J fc iimlHisíJ tjJ íiljawiewftj. taW (ULri Uiíj (l t LA CUESTIÓN RELlGlUSA t N FRANCIA VISTA EXTERIOR DEL PALACIO DE LA MUETTE. PROPIEDAD DEL CONDE DE FRANQUEVILLE DONDE SE CELEBRA LA ASAMBLEA DE OBISPOS. SALÓN DEL PALACIO DISPUESTO PAKA LA REUNIÓN El- JSCOPAL Fot. Al. Branger. LA CUESTIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA BILBAO LA MANIFSTACION CATÓLICA DE PROTESTA CONTRA LA LEY DE ASOCIACIONES, CELEBRADA EL DOMINGO ULTIMO. a, SAN SEBASTIÁN. ASPECTO DE LA PLAZA DE TOROS AL SALIR EL PUBLICO DEL MITIN A FAVOR DE LA LEY DE ASOCIACIONES, VERIFICADO EL MISMO DÍA Fots. Zorratiuín y Fre- deric, AYER Y HOY POR E. SELLES Bfa bien modesto el hogar del periódico antiguo: un piso alquilado por poco precio en una casa de vecindad. Las piezas contiguas al recibimiento servían para oficina de la administración. La sala principal, para la redacción. El gabinete, para despacho del director. Y las piezas interiores, para las faenas de plegar, cerrar, fajar, correo y distribución á los repartidores. Con tan escasa habitación y tan reducido espacio bastaba á las necesidades usuales. Los periódicos carecían, por lo general, de imprenta suya; tenían contratadas l a composición y la tirada. Los diarios ricos, los grandes, por aristocráticos ó por populares, que gastaban el lujo admirado de la imprenta propia, solían aposentarla en la misma casa para comodidad, pero con estrechez de los servicios; las cajas y cajistas en el comedor y, á veces, hasta en la cocina; la máquina en un sótano, en una dependencia de la planta baja y, á veces, en una cochera. Eran los locales lóbregos de día, y mal alumbrados de noche; la sala de la redacción más bien chica que amplia, y más bien sucia que limpia, y aun siendo limpia y amplia, siempre irad ahora esas casas nuevas. Semejan parevuelta; la mesa, una para to los redacto 5 lacios de potentados y magnates. En ellos res. Y con este pobre menaje y cu. neldos tan pobres como el menaje, los periodisLc; -ucri- habita no ya la comodidad, sino el lujo y hasbían aquellas hojas, que con ser de papel v ta el arte. Las oficinas, independientes y apromalo, eran fuertes como de acero; á veces apa- i; ci- l.i: í i su objeto. La administración es como sionadas y quizá injustas, pero creyentes y vi (riles, que dirigían decisivamente la opinión, hacían y deshacían Gobiernos, conmovían ala muchedumbre, stiscitaban revoluciones y derrumbaban poderes históricos. El contenido del periódico no era mas rico ni más variado que el continente. Un artículo de fondo doctrinal, pesado y tan largo que frecuentemente se dividía en series numeradas, á número por día, resultando, al fin, un libro publicado á trozos. Otro segundo fondo de polémica y discusión también política. Tercer artículo, comentario de sucesos políticos. Y muchos sueltos sobre el mismo asunto. Y noticias pocas y políticas. Y luego la gacetilla tratando el propio tema en tonos festivos, prosados ó rimados. Y allá, en el piso bajo del periódico, conát) materia inferior, el folletín literario, la novela, también de propaganda y de tendencias políticas análogas á las del periódico y adecuadas al pensar y al sentir de sus lecto; es. En suma, política y política desde la cabeza al pie de imprenta. Era la fiebre de los tiempos; encendía la sangre, estaba en el corazón y en la cabeza de aquella sociedad. Cierto es que había corazones para sentirla y cabezas para dirigirla. M el escritorio de un Banco, donde en lugar del papel de los líilletes se maneja el papel de cinco céntimos. Gabinetes separados, mesas elegantes, salones decorados, luz y anchura por todas partes. El periodista parece allí un gran í eñor que trabaja por recreo. La imprenta es una fábrica en movimiento. Máquinas limpias y abrillantadas, aparatos de fundición, de estereotipia, de fotografía, de grabado llenan las enormes galerías. El vapor ó la electricidad mueven con mano invisible toda aquella maquinaria que, con rotación incansable como los tumbos del mar, arroja oleadas de papel blanco, donde el pensamiento va estampando su beso fecundante. La fotografía copia, y luego el fotograbado multiplica el suceso vivo con su decoración propia y sus actores auténticos. Y el contenido del periódico es tan rico, tan variado, tan movido como el taller donde se escribe y se imprime. Es enciclopédico en miniatura, porc ue enseña de todo un poco; es universal porque se dirige á todos los intereses y clases; es cosmopolita porque trae la vida de todas partes, y á todas partes la lleva. Ac uellas hojas obran el milagro de transmitir el don de ubicuidad á quien pone los ojos en ellas. Desde su altura se domina el mundo entero, y se ven y conocen sus sucesos á la vez, y casi cuando están pasando. El párrafo pesado, de doctrinas tan embusteras como las fábulas viejas, la monotonía abrumadora de la política van desapareciendo de los periódicos. El público prefiere con razón lo que le interesa, lo verdadero, lo útil. lo práctico. El progreso d é l a ciencia y de la industria, el fomento de las riquezas materiales, los adelantos de la vida, en la sociedad, en el hogar, ocupan ya los lugares de pref- erencia. Y hasta recrea más un cuento fantástico que la expo. sición de un programa de Gobierno ó el relato de un debate político, porque sabiendo que en unos y otros hay mentirá, siquiera en el cuento hay literatura. Las gentes estimen más una receta para la cocina, que iutía fórmula de partido. Y así como la Administración se va apartando de la política para dignificarse, así el periodismo tiende á libertarse d e l politiqueo para conservarse. ¿Quiérese con esto desterrar la poi- tica de los dominios del periódico, como Platón desterraba á los poetas para la paz de la República. Sin llegar á tanto, es de advertir un hecho que responde á un estado social. La Prensa nueva aloja ya en lugar secundario lapolítica siguiendo las orientaciones de la opinión, que evidentemente mira con justo desdén y repugnancia ese arte inferior que se ha convertido en artilugio, y ese hervidero de codicias, vanidades, intrigas y deslealtad, en que parecen haberse ahogado el sentido moral y la razón humana bajo una ola hueca de palabrería. La Prensa de ayer fué de un partido; la de hoy ha de ser nacional si quiere vivir. EuaBNio SELLES