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B? AÑO C I N C O NUM. 729. CRON 1 CA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. SEMADR 1 D, 12 DE ENERO DE 1907, NUMERO SU EL- TO, 5 CÉNTIMOS VISITA DEL DJRECTOR GENERAL DE PRISIONES SR. NAVARRO REVERTER x AL PENAL DE OCAÑA. EN EL PATJO DEL PRESIDIO Fot, Alasá. dad. Vivimos en unos tiempos en que es necesario, para llegar á alguna parte, hacer muchas Tpf 1 Mercurio de Francia es una de las revistas cosas; no tenemos apenas sosiego ni espacio más acreditadas entre nuestros vecinos; la para leer; leemos precipitadamente los periótienen en gran predicamento los elementos in- dicos; libros, los abrimos con priesa y pasamos dependientes; la sostiene un grupo de escrito- del mismo modo la vista sobre ellos. De suerte res que se hallan apartados de! público medio, y manera que si un señor que nos ofrezca cierburgués; encuentra allí eco toda novedad ex- tas garantías nos da una lista razonada de lo que debemos leer, de sólo lo que es preciso tranjera, sea filosófica ó literaria, y no tienen que leamos, le habremos de estar profundamenabrigo en sus páginas los tópicos corrientes del periodismo y de la literatura industrial. Todo te reconocidos. Esto es lo que pensamos de esto quiere decir que el dicho Mercurio es una primera intención; pronto, sin embargo, rerevista excelente. Uno de sus colaboradores es flexionando más detenidamente, echamos de ver que la taiea de tal tutor ó informador es e) Sr. O. Enrique iVtazel, y siendo colaborador de tal publicación, nos ha de ofrecer desde muy difícil; que la lectura de tal ó cual libro es precisa ó no según nuestro temperamento, luego alguna garantía su trabajo. Hn efecto, el Sr. Mazel, si no una eminen- nuestras condiciones de vida, nuestro modo de ser; es decir, que un hombre que no se haya cia, es un hombre discreto, correcto; ha escrito algunos libros sociológicos; es autor tam- visto á la cabeza de un Gobierno, que no haya bién de algunas fantasías literarias, y en la re- conocido de cerca á ts masas populares, que visíá á que presta su concurso viene trabajando no se haya tropezado á menudo con la inconsciencia y la perversidad de la muchedumbre, desde hace tiempo y es en ella, podemos decir, será inútil que lea El Principe, de Maquiaveuno de sus sostenedores. P es el Sr. Mazel ha publicado recientemente un libro titulado Ce o, ó El Leviathan, de Hobbes, obras capitales del entendimiento humano, puesto que tales 4 ¡u it fitut lire dans sa vis, ó sea, Lo que es preciso que uno isa en su vida. Y á este libro- -editado obras no le dirán nada, ó no harán simplemenpor la nombrada revista- -vamos á dedicar dos te sino revolver en indignación su ingenuidad y su falta de experiencia. Y de la misma mapalabras. Ante todo, un libro que lleva semejante tí- nera quien no haya vivido mucho, conocido tulo ha de excitar desde luego nuestra curiosi- mucho á los hombres y dado muchas vueltas UNA OPINIÓN por el mundo, perderá el tiempo leyendo d Oráculo Manual, de Baltasar Gracián, porque toda la esencia de vida, de análisis psicológico y de mundanidad que esas páginas contienen, se le escapará seguramente. Y esto que se dicí de las obras filosóficas ó políticas, puede aplicarse á las literarias también; no gozará, poi ejemplo, de! a bella descripción de un paisaje, quien no ame la Naturaleza; no podrá apreciar ni disfrutará de una novela analítica (una novela de Stendhal) quien tenga el espíritu sintético y ame las descripciones y el color. Aparte de esto, es necesario advertir que un libra constituye siempre la mitad de la sensación que resulta de la lectura; la otra mitad la ponemos nosotros, nos la proporciona el momento en que leemos, los recuerdos personales que suscita en nosotros la lectura, el estado propicio de nuestro espíritu, etc. etc. Y así, un libro mediano, que no sea preciso leer, puede ser para nosotros una fuente de sugestiones y de placer espiritual, y en cambio otro excelente, de loi que es preciso leer, puede parecemos pesado, absurdo y molesto. ¿Se comprende ya cómo la empresa del señar Mazel y de los que como él han escrito directorios ó guías por el estilo, ha de ser difícil, peliaguda? Así parece; pero quizás el señor Mazel haya acertado, si no en todo, en algo. Con esta esperanza abrimos su librito.