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A B C VIERNES n DE ENERO DE i 9 o 7 PAG. 8. EDICIÓN i. ÍVIAPA MUNDI 1 I na enquelte. La Semaine Litteraire de Ginebra ha pedido á muchas personas ilustres sus augurios del Año Nuevo. Éntrelas muchas respuestas recibidas, figura la siguiente de Fa guet: Yo deseo morirme antes que ¡leguen las cosas que preveo han dü iticeder en mi estúpido país. Massenet afirm? Yo creo todavía en! os milagros q u e pueden Hacer muchas personas. Julio Lemaitrc, exclama: Espero den i i compatriotas, q u e y 2 que no se amen, por lo menos vivan en pas unos con otros. Pau! Hervieu escribe: Yo desearía saber por qué la humanidad está aúiv sobre la tierra. Esori ginal el augurio del general Galliffet: Al país, que habitaré próxima- mente en el otro mundo le pronostico: una Re pública, presidida por ¡un Roosevelt; un generalísimo como Oyama, un a l m i r a n t e como Togo; un ministro de. Hacienda, hábil y sabio, como Poincaré; un prefecto de Policía como Lepine. Auguro el libre ejercicio de toáoslas cultos religiosos, y que los ministros vivirán EL alejados de la polilica. Auguro en otra Repúb i ca del porvenir que todos las hombres de vein te á sesenta años que no por la pros y escribe correctamente ocho lenguas, entre ellas el chino. Se dice que un día, el difunto lord Salisbury, en Stckolmo, teniendo noticia de que Osear había escrito aquella mañana seis cartas ca íds idiomas diversos, le dijo en tono de brona: ¿Entonces V. M labra también el chino? ¡Ay, no! -respondió casi humillado el Rey. -Pero espero saberlo, y en seguida ma cartearé con el emperador de la China. Y efectivamente, lo a p r e n d i ó en poco liempo. Osear es muy afirionado á la Botánica, y un día, mientras herborizaba cerca de Stokolmo, encontró al famoso botánico Bonnier, con el que entabló larga conversación. Bonnier, que no lo le propuso qus a morzaran en una posada vecina. -No, venid á mi casa, zs mejor- -díjoleOscar. Cuando llegaron á Palacio Bonnier se detuvo respetuosamente, excusándose. -No, no, q u e r i d o amigo- -exclamó el Rey- -adelante. No es culpa mía si no puedo darle de almorzar más que en NUEVO SHAH DE PERSIA M 0 HAMED- AL 1- M 1 RZA esta su casa. (De L Jíusíraíi. B. Otro día hallándose Osear en un saloncitc peridad de su patria, serán calificados de enfermos, Y por fin, yo auguro que en esa República del hotel de Wiesbaden, se discutía sobre las yo seré un ciudadano útil. ¡Y viva la modestia! formas de Gobierno, y uno de los interlocutoLa verdad, que no se les ha ocurrido gran res proclamaba las excelencias del régimen recosa á los solicitados por el periódico de Gi- publicano. Como Osear callase, uno de los presentes, nebra. dirigiéndose á él, le dijo: I fn santuario. En Roma, á la derecha de la gran escalinata que conduce á la Trinidad del Monte desde la plaza de España, hay una casita en la que murió, el 27 de Febrero de 1820, el exquisito y delicado poeta inglés John Keats. El poeta llegó á Roma después de una intensa vida de dolores, con la esperanza de encontrar bajo el cielo latino la salud que le faltaba; pero al poco tiempo murió, siendo enterrado en el primitivo cementerio inglés de Testaccio, donde se conserva su tumba cubierta de hierbas selváticas. En una lápida de mármol que la cubre, se lee la siguiente inscripción: Esta tumba guarda! os restos mortales de un joven poeta inglés, el cual quiso en su ¡echo de muerte que las siguientes palabras fuesen esculpidas: Jlquí yace uno, cuyo nombre fue escrito en el agua La pequeña casita donde vivió Keats ha sido adquirida por un grupo de escritores americanos en 106.000 liras y será transformada en Museo- biblioteca, donde se conservarán retratos, manuscritos y objetos de todo género, pertenecientes á Keats y á otro insigne escritor, Percy Bisshe Shelley... I I n rey como hay pocos. Ningún monarca existe tan democrático como Osear I de Suecia. El es seguramente el más poliglota de todos, los reyes, pues hab, l EL MARQUES DE HERRERA, NUEVO S U B S E C R E T A R I O D E L MINISTERIO DE ESTADQ Fe LA REINA MARÍA DE HANNOVER, QUE ACABA DE FALLECER