Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C M I É R C O L E S 9 DE E N E R O D E 1907. PAG. 8. K P C i U N i, a PARÉNTESIS Andan ahora las autoridades y los periódicos dándole vueltas al asunto de la mendicidad, esa llaga social que tanto nos perjudica, por lo que tiene de corrosiva, y que tanto nos desprestigia ante los ojos de la humanidad. Danle vueltas al asunto, hoy, como todos los años, y como medida eficaz, se hacen talas de mendigos, se los recoge, encierra y expulsa. Pero esa tala de mendigos no da ningún feliz resultado; todos los años se ejecuta una tala igual, y siempre renace la cosecha de la mendicidad como una hierba mala. ¿Por qué, Sencillamente, porque al mendigo le ampara la sociedad. Esto parece una paradoja, pero no lo es. La sociedad, que oficialmente busca la manera de OS MENDIGOS le lleva al teatro, se le rien sus graciaSj nadie tiene una palabra de ira contra esa hez social, y cuando algún guardia se atreve á detener un golfo ó un mendigo, el sentimentalismo negligente del pueblo se pone de parte del detenido, y los mismos periódicos salen á su defensa hilvanando aquellos sueltos piadosos en que se habla del atropello inicuo del pobre gorrión del arroyo del muchacho hambriento etc. etc. Y por ser negligente y perezosa esta bondad, no se detiene á considerar que la piedad es otra cosa distinta, que el deber también es un sentimiento muy opuesto al sentimentalismo ambulante, y que la piedad, en suma, hay que reservarla para grandes y más altas ocasiones. Los otros pueblos, que acaso sean más justos que piadosos, suelen velar, no sólo por una parte llagada de la sociedad, sino por la socie- de todos, y que todos somos iguales... Pero la fortaleza y el bienestar de los pueblos no se basan sobre tan negligentes y perezosos sentimentalismos. Es, por tanto, una cuestión interna, y rio de simple legislación. Es un instinto tradicional, es una endemia antigua, es un error metido en la entraña popular. Mientras no se eduquen los sentimientos del pueblo, llevándole por caminos más firmes é infiltrándole una bondad más sólida y humana, cuanto hagan las autoridades no servirá de nada. La autoridad expulsa al mendigo, el pueblo lo llama y protege después... Es, finalmente, cuestión de decir estas verdades sin titubeos ni circunloquios. Ir contra c ertos prejuicios del pueblo. Decir la verdad a! pueblo, y no halagarle sus sentimentalismos y negligencias. J. MARÍA SALAVERR 1 A v í. MADRID. UNA ESCENA DEL PRIMER ACTO DE MONNA VANNA CUYO ESTRENO SE VERIFICO AYER TARDE Fot. A B C. shuyentar al mendigo, particularmente, y por dad entera y sana, á la cual procuran defender SOCIEDAD FOTOGRÁFICA lo bajo, protege al mendigo de una manera efi- de la infección. En aquellos pueblos, ia labor DE MADRID cacisima, dándole el apoyo de la bondad. No de las autoridades es casi nula en este respeeto, es, pues, la mendicidad un resultado de la po- pues el mismo pueblo se encarga de hacer justip n Junta general celebrada por dicha Sociebreza de un pueblo, de la pereza, de la des- cia y de ahuyentar al mendigo: el mendigo, dad fue acordada por unanimidad la elecorganización de un pueblo; el origen de la per- que es un facineroso como cualquier otro de ción de la candidatura siguiente para la junta manencia del mendigo consiste siempre en la los que se encarcelan por robar. Un alemán directiva: protección que le dispensa la bondad socia! y conocí yo, que cuando algún hombre se le Socio protector, S, M el Rey D. A IonMadrid es uno de los pueblos más negligente- acercaba á pedirle limosna, no se contentaba so XIII; presidente honorario, D. Santiago mente bondadosos que pueden darse... sólo con negársela, sino que se enfurecía y Ramón y Caja! presidente efectivo, excelentíapostrofaba al hombre, igual que hubiera he- simo señor conde de Esteban Collantes; vice. Madrid padece de una exageración de la bondad; es un- pueblo sentimental, bondadoso, cho con un timador que atentase contra su bol- presidente primero, excelentísimo señor geneextremad? nxzrite sentimental y bondadoso. sillo... Mientras que nosotros, más bondado- ral D. José de la Fuente; vicepresidente sesos, ó más negligentes, oímos la petición del gundo, excelentísimo señor general D. Felipe Merced á ese negligente sentimentalismo, el golfo, que casi ha desaparecido de todas las mendigo con cierto rubor, le contestamos con iVlartín del Yerro; vocales: señor conde de un perdone, hermano y ante la insistencia grandes urbes; el golfo, que ha tenido que deManila, D. Blas Gurruchaga, don Emilio autoritaria del mendigo, concluímos por darla rivar en París hasta la condición de apache, en Larroca D. Alfredo Mahou D Diegc Madrid continúa siendo un individuo legal, lo que pide. Tal como si comprendiésemos, en Quiroga y D. Ramón González, secretario urbano y hasta poético. Se mima ai golfo, se. nuestro feternalisino sentimental, que todo es general, D. Joaquín Fungairiño; vicesec itRti