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A B C MARTES i. DE ENERU DE 1907. PAG. 5. EDICIÓN i. LAS REFORMAS Con verdadero sentimiento, y por causas ajenas á nuestra voluntad, nos vemos obligados á aplazar unos días la implantación de las mejoras que teníamos anunciadas para hoy. Ya anoche llegó la parte de la maquinaria nueva que las reformas que introduciremos en A B C han hecho precisa y, en concepto del montador de la casa J aeningy Baüer, que está realizando el ajuste de la máquina, tal vez dentro de ¡a presente se- mana podamos llevar á la práctica dichas mejoras. fre una revolución durante un año; sólo el hombre continúa en su puesto. Y sin embargo, ¿cómo no esperar la propia felicidad en lo desconocido... Aunque ya nos ha dicho el más humano, es decir, el más amargo de los libros, que las cosas pasan y nosotros pasamos con ellas, he aquí que salimos á recibir al Año Nuevo con todos nuestros amores, con todos nuestros entusiasmos... ¡Año Nuevo! Es una página blanca. Es uña virginidad. Es un misterio... ¡Saludémosle con el corazón estremecido de alegría... 1 Penélope vuelve á empezar de nuevo su labor y nosotros no recordamos ya que con la propia misteriosa tela se vistieron nuestras ilusiones en el año viejo... ANTONIO PALOMERO sidente- -quedan sólo dos minutos para dar por terminada la sesión y el presidente del Consejo desea hacer unas manifestaciones á la Cámara. Si es así- -replicó el orador- -me siento con mucho gusto. Se sentó el Sr. Bores, declaró el Sr. Vega Armijo que las vacaciones serían hasta el día 21, y todos nos marchamos á la calle. El Sr. Bores y Romero había conseguido su propósito; era como el corredor que casi casi cae exhausto poco antes de llegar á la meta. Tal vez había también en su ánimo la certeza de que al dar los. últimos pasos para ganar el premio, nadie le pondrá obstáculos. AZORIN IMPRESIONES PARLAMENTARIAS p L PREMIO ÁL LU- Ayer tarde ha ce- lebrado la Cámara rH, nril, popular española su última sesión de la presente temporada; la nota más saliente de ella nos la. ha ofrecido el Sr. Bores y Romero. Ya desde el primer momento, al pedir dicho diputado que se contase el número de los presentes, y al contemplar cómo los 100 hombres de la mayoría le increpaban, le gritaban, nuestra simpatía fue hacia el Sr. Bores. Venía defendiendo dicho señor desde hace días una pretensión que juzgaba justa; había puesto para lograrla todos los medios; encontróse al principio acompañado de dos ó tres colegas; ayer tarde, cuando se iba á dar la última batalla, cuando era llegado el momento crítico, decisivo, el Sr. Bores y Romero vióse completamente solo. Frente á él tenía una multitud de diputados que voceaban todos á una. Y esta hostilidad colectiva, en masa, de 100 personas que se ponían enfrente de una sola, una que no tenía amparo en la Cámara, que estaba sin auxilio ninguno en su escaño, fue lo que decidió de nuestro afecto y de nuestra simpatía. El hecho es completamente corriente, humano; todo el mundo en la lucha entre un fuerte y un débil, habrá con seguridad tomado pacte por el débil. Y llegó el momento en que se aprobaron los presupuestos y se puso á discusión la vacante de Antequera. Entonces el Sr. Bores y Romero se levantó á hablar. Las razones que dicho diputado alegó para que ivo se declarase la vacante fueron varías; algunas impresionaron realmente á la Cámara. ¿Por qué se declara vacante la mencionada acta y no se declaran también vacantes una de las dos que tienen los señores Canalejas, Weyler y marqués de la Vega de Ai- mijo, y dos de las tres que posee el señor Moret? Si se falta al precepto reglamentario al no declarar vacante una, ¿no se faltará también aljno hacerlo con las demás? Pero lo realmente interesante en este debate es que faltaba poco tiempo para terminar la sesión, y que si el señor Bores lograba estar hablando durante este tiempo, la sesión daríase por acabad y el Congreso no podría resolver nada sobre el asunto. Así lo comprendió el Sr. Bores, y comenzó á explayarse á su sabor en su discurso. El tiempo pasaba; el orador hablaba y hablaba. Pronto se vio que el Sr. Bores comenzaba á cansarse; él mismo acaso dudaba de conseguir su intento. Los espectadores asistíamos á una lucha de resistencia; estábamos ya interesados en este incidente; deseábamos que el orador arribase á la meta. El Sr. Bores se sentía cada vez más fatigado; faltaban sólo doce minutos para terminar la sesión. Entonces el orador pidió unos instantes de reposo. Falta muy poco para terminar la sesión replicó el señor presidente. Y el Sr. Bores, lentamente, con grandes pausas, tornó á hablar y hablar. Se aproximaba la hora de dar por acabadas las tareas. Sr. Bores y Romero- -dijo el preJ DE PALACIO El sábado, 5 del corriente, e verificará, según se ha acordado ya con carácter definitivo, la cacería á que ha de asistir S. M él Rey en. la magnífica finca El Rincón, propiedad de la señora marquesa de Manzanedo, madre del duque de Santoña. El Rey, con el príncipe de Baviera, paseó ayer por la Casa de Campo, y la Reina Victoria con la duquesa de San Carlos, por las calles de la población. S M. la Reina doña María Cristina se hallaba ayer ligeramente acatarrada. Pasado mañana se celebrará en el 1 egio alcázar el acostumbrado banquete cpn que Si Majestad el Rey obsequia especialmente ai Cuerpo diplomático acreditado en Madrid. Siguiendo tradicional costumbre, ayer, come último día de año, se cantó un Te Deum en la Real Capilla. El Rey recibió anoche en audiencia al nuncio de Su Santidad y al embajador de Inglaterra. AÑO NUEVO A penas acabamos de despedir al año viejo que cumplió su misión sobre la tierra, ya hemos de saludar al año nuevo que viene i realizar fin para que fue creado... No se ha desvanecido en los espacios el eco triste y seco de la última campanada de las doce, cuando se oye el alegre repiqueteo que nos anuncia la gloria de una nueva existencia... Y nuestra mano, que enviaba un adiós se recoge presurosa en un signo de bienvenida... ¿Dónde está esa línea divisoria de lo que acaba y de lo que empieza... ¿Dónde la hora, el minuto, el instante que deba considerarse como presente, para que en él podamos llorar ante la tumba del año que fue, ó sonreír junto á la cuna del íño que será? He aquí la terrible venganza del Tiempo contra los pobres seres que quisieron sorprender su arcano. El se dio todo entero, para que por entero lo disfrutásemos, y nosotros le hemos dividido y subdividido, temerosos de su propia grandeza. Así ha nacido nuestra pequenez. Al despreciar su eternidad hemos hecho fugaces nuestras horas. Sujetos estamos á las terribles leyes que nosotros mismos forjáramos para amarrarle... ¡Y el Padre bondadoso y sonriente, se ha convertido en tirano insoportable! El hombre verdaderamente grande, seria aquel que pusiera todas las energías de su voluntad en no aprender jamás esas divisiones dolorosas. El que no quisiera saber que hay años, meses, semanas, días, horas y minutos. El que ignorara todas las fechas de su historia. El que pudiera decir plenamente: ¡Vivo! sin empañar el curso cristalino de sus aguas con las impuras pequeneces estancadas en el fondo de la corriente... ¡El gozaría de un presente eterno; feliz por no poner su nombre ni un número á sus instantes que pasaron; evocador perpetuo de un mañana que no tendría número ni nombre... I Pero nosotros, pobres hombres vulgares que nos ufanamos de conocer esos pequeños secretos, estamos condenados de por vida á ver pasar constantemente un año y otro año, con sus meses más ó menos iguales, con sus días más ó menos parecidos, con sus horas más 6 menos idénticas... Si fuéramos verdaderamente justos, en todo balance anual nos encontraríamos la perfecta monotonía de nuestra vida. Sumadas las venturas y las tristezas del ño que se acaba, vienen á resultar tantas á tantas, salvo error ú omisión, ó con escasa diferencia... Pero el hombre, aunque presume de estar bien templado para soportar la desgracia, jamás olvida sus horas tristes y casi nunca recuerda las venturas. Por eso decimos que fue malo todo año que acaba, y esperamos al año nuevo como á una salvadora promesa... ¡Oh, misérrima condición humana... La tierra su- LAS DOCE UVAS C? ra cerca de la media noche. La hora de las apariciones misteriosas, la en que celebran sus aquelarres las brujas. La Puerta del Sol, bañada por la luz violeta de sus globos eléctricos y por los destellos amarillos de su farola central, iba poblándose de gentes, que miraban de vez en cuando las transparentes esferas del reloj que domina eJ ediñcio de Gobernación. Muchas de aquellas gentes misteriosas llevaban paquetitos en las manos. Las que no habían tenido precaución de salir de sus hogares con tan precioso adminículo, no se quedaban sin él. Hombres y mujeres, provistos de cesta conteniendo cucuruchos abiertos, les proveían. ¡A perra gorda la suertel- -decían. ¡Diez céntimos doce! -pregonaban otros. Las dos manecillas de cada una de las esferas iban aproximándose más y más según transcurría el tiempo; por fin se juntaron en hermética conjunción. La vibrante campana dejó sonar cuatro tañidos; su hermana mayor empezó la serie de las 12 notas monocordes. Y un rumor vago, primero, y ruidoso y en sordecedor después, se produjo entre todas aquellas gentes que cubrían las aceras de la anchurosa plaza y que se enracimaban en torno de las farolas. Hombres, mujeres y chicos metían y sacaban apresurados la mano en el paqúetito ó en el cucurucho, y á cada nota de la campana del reloj llevaban la mano á la boca. -Una- -decían- -y una uva, dozava parte de felicidad futura almacenada para el nuevo año, era masticada con rapidez Y así fueron sonando las doce campanadas y las doce uvas correspondientes trasladando su albergue desde el cucurucho ó el paquete á la boca del aspirante á bienandanzas y felicidades en el año 1907.