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CUATRO NUM. 714. CRONICA UNIVERSAL ILUSTRADA. SlMADRID, 28 DE D 1 CBRE. DE 1906, NÚMERO S U E L TOt 5 CÉNTIMOS LA. ESTATUA DE PITARRA BARCELONA. DESCUBRIMIENTO DEL MONUMENTO AL INSIGNE DRAMATURGO FEDERICO SOLER PITARRA VERIFICADO ANTEAYER. S 0 LEMN 1 S 1 MAMENTE Fot. Moia UNA 1 DE 1 CA i pVurante las horas febriles de insomnio son infinitos los sueños y pesadillas que asaltan la mente. Qué interesante es la psicología de estos actos inconscientes en que la personalidad permanece agazapada y mortecina! La fatiga obliga al cerebro á rumiar los pensamientos. Al reproducirse las escenas vagamente cuando despertamos, podemos poco á poco darnos cuenta del origen de los fantasmas que creó la imaginación: son retazos de lecturas, instantáneas, retratos, hechos sospechados ó temidos, balbuceos del entendimiento, lamentos del corazón, todo revuelto, mezclado, confundido, pero ordenado, como las colecciones de cosas raras é inútiles formadas por un loco ó un niño. Si sospechamos de alguien, le vemos distintamente ejecutar la felonía acusadora, con realidad inexcusable; si tememos una catástrofe, se nos aparece incompleta, pero aterradora; hablamos, corremos, sufrimos, á veces, más que despiertos, y estos sueños nos aniquilan como al pobre Don Juan y no los mármoles del panteón, sino nuestra frágil naturaleza se estreme- ce á impulsos de la palpitación ó de la disnea provocadas por el sistema nervioso perturbado. Eso es lo normal dentro de lo patológico. Dime lo que sueñas y te diré de qué órgano sufres ha escrito un investigador; por la índole de la pesadilla se deduce el género de la dolencia. No tema el lector que le dé un curso de patología refiriendo males, y menos los míos. El dolor ajeno molesta y aleja al sano del paciente. ¿A qué analizar el llamado mecanismo de la muerte? ¡Puede venir por tantos y tan inpensados caminos! Ello es que sin evocarla aparece disfrazada y misteriosa, bella ó repulsiva, redentora ó temible, siempre que los sufrimientos morales ó físicos nos rondan. Yo la vi hace pocas nocnes representada por uno de nuestros Cristos antiguos que se veneran en las poblaciones del Norte. Su rostro expresaba dolorosa angustia tan humana, tan honda, que un medroso pavor invadía mi ser al contemplar la mirada apagada del moribundo que me infundía una pena y desesperanza infinitas, bien en armonía con el estado de mi alma. Yo quería hablar al público, al gran público de una ídeíca y evocaba toda clase ds gentes; á los poderosos y á los humildes, á plebeyos y 3 nobles, á sabios y á ignorantes. Se agrupaban en torno mío, á manera de guardia pretoriana, los periodistas, dispuestos á propagar el proyecto, con todos los medios gráficos de que disponían; veía por centenares á los titulados amigos de la higiene, ansiosos de realizar cosas útiles y buenas; capitaneándolos estaban los elocuentes conferenciantes de Sociedades y Academias, y como eficacísimos auxiliares, los que poseían terrenos, los amantísimos cultivadores de los deportes nobles, los excursionistas, cuantos conocen personalmente tas ventajas de la vida al aire libre. Con la misma rapidez. con que se desarrolla una novela de Julio Verne, yo veía los obstáculos vencidos y el éxito más completo coronaba nuestros esfuerzos. Se habían creado en distintos sitios de la ciudad campos extensos donde los niños se reunían para recrearse, para aprender jugando, para fortalecerse al sol que sale para todos, menos para ellos. La Ciudad Lineal proporcionó un gran espacio; otras entidades improvisaron rústicos refugios que bien pudieran llamarse maternales. Por la mañana, numerosos chicos abandonaban sus pobres casas y acudían hacia aquellos amenos lugares, donde los niños