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CUATRO. NUM. 711. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. EN EL GRAN TEATRO S? MADR 1 D, 24 DE D 1 CBRE. DE 1906. NUMERO SU ELTO, 5 CÉNTIMOS í- itoi? i tÉPPP LAS SRTAS. BLANC Y LORETO PRADO, EN EL DÚO DE LAS CARTAS DE LA PESADILLA OBRA ESTRENADA ANTEANOCHE Fot. A B C A B C EN BARCELONA Pocas paginas tan dolorosas y elocuenTRISTEZA tes recuerdo haber Itido como esas que acaba de publicar el ilustre Una mu no y que ha titulado: Sobre ¡a europeización. Ni aun hurgando en los libros y en el Epistolario de Ganivet fuera posible hallar una confidencia más esplícita, una manifestación más franca de la sensibilidad española en frente del problema de la civilización. Ni aun acudiendo á Valera y su s añejas repugnancias de procer hacia cuanto trasciende á vida práctica y progreso material, hallaríamos un grito más agudo. Tales son las que siente el solitario de Salamanca hacia todo lo que pasa por principios directores del espíritu europeo moderno, hacia la ortodoxia científica de hoy, hacia sus métodos hacia sus tendencias De aquí su retorno á la vieja sabiduría africana á lá sabidupL CULTO A LA ría popular, a cuanto escandaliza á los fariseos y saduceos del intelectualismo. De aquí la oposición entre sabiduría y ciencia, entre muerte- -único objeto de la vida- -y la vida misma. Por todo ello no le preocupa á Unamuno que los españoles seamos, en lo espiritual, refractarios á la cultura moderna. ¿Es que no se puede vivir y morir, pregunta, sobre todo morir, morir bien, fuera de esa dichosa culturaPero el hecho es que no sólo somos refractarios á ella en lo espiritual, sino también en lo material é indispensable, incluso en aquello que reclama imperiosamente la vida... para la muerte. Este y no otro me parece el sentido general de la palabra europeización; éste es el que solemos darle, al lado de acá del Ebro: el de un medio, el de un supuesto, el de un instrumento para nuestra propia cultura. Yo veo que, utilizando el mismo arsenal del progreso, coexisten en el mundo diversas civilizaciones nacionales, diversos tipos de aglomeración espiritual. El peligro está, por lo tanto, en que al defender este autoctonisráo psicológico no se sirva un nuevo anestésico á quien se halla tan necesitado de estimulantes como nosotros para poder emprender la conquista de tales herramientas. No sé ver, en cambio, que nuestra renuncia del progreso sea completa. Nos abstenemos de la producción, en cuanto á la vida moderna, pero sin renunciar á su disfrute. No inventamos lámparas incandescentes, por ejemplo, pero nos alumbramos con ellas. Sin embargo, un candil bastaría para las vigilias de un pueblo en inaceración, tal como los místicos racionalistas lo quisieran, y así no fuéramos miserablemente tributarios de todo el mundo. Es ley de nuestros tiempos, repulsiva ó simpática, pero fatal, la que pudiéramos llamar de la autoproducción; quien no se basta á sí mismo, desaparece ó sucumbe en definitiva. Adoptar el instrumental del progreso contemporáneo no supone tanto variar de espíritu como de conducta. Es simplemente un acto defensivo, un act de independencia nacional. Por lo demás, los vuelos del espíritu, que es infinitamente más individualista de lo que se supone, no dependen de que haya ó no estruendo comercial en las ciudades ó quietudes y silencios de Pompeya. Todas las balas de algodóa