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A B C VIERNES 21 DE DICIEMBRE DE 1006. PAG. 4. EDICIÓN i. cado. El miéreoíes en el último renglón de la nota oficiosa del Consejo se decía lo siguiente: Se acordó el ascenso de un corone! á general de brigada. Estas palabras eran muy sigO O R LA MAÑANA. La sesión debía nificativas. ¿No era esto sentar un precedente? -abrirse á las nueve. ¿No era esto decirle a! señor ministro de la A las ocho y media he llegado á ls Cámara; los Guerra que se necesitaría el acuerdo del Con ¿jieres estaban en ella desde las siete. Cuando Síjo para nombramientos similares? Además, yo he llegado había un tumo de ellos, sin uni- ¿no se le podía haber hecho al presidente del forme, colocados alrededor de la mesa del sa- Consejo estas preguntas: rS ¡S. S. conocía ón de Conferencias y distribuyéndose las cita- las opiniones particulares sobre este asunto del ciones á ¡os diputados para la sesión de la tar- Sr. Weyler, ¿cómo lo l evó a! ministerio? ¿Es 4 e. Estaba aún bastante frío el local; a limpte- que se hacía solidario S. S. de sus ideas? ¿No no se había acabado todavía de hacer. Han implicaba nombramiento tai un compromiso? ranscurrido unos minutos; á las nueve rae- Al llevarlo al ministerio, ¿aceptaba ó rechazaba ios veinticinco ha aparecido el señor minis- S. S. sus ideas, ro de Marina; un momento después ha enAZORIN trado su ayudante. A las nueve menos diez y siete ha hecho su entrada en la Cámara el primer diputado; ia sido éste el Sr. Merelles, ACADEMIA DE representante de Rib ¿dabia y uno de los ñus JURISPRUDENCIA tntiguos parlamentarios; detrás de ¿1 ha entraCesión inaugura! do el Sr. Pérez (D Vicente) y luego el señor Anoche se celebró la apertura del curso Requejo. En el cafetín aún no había preparado actual en b Rea! Academia de Jurisprudencia Rada; he preguntado al encargado de él y he y Legislación, con la brillantez y solemnidad sabido que no se le había notificado la sesión que son peculiares en la docta Corporación. matutina. Hasta las nueve los señores procuraDieron realce al acto ilustres personalid. 1 e. doies de Común no han podido desayunarse que miden sus armas á diario en las lu; a en la Cámara. Hay en el Congreso, apatte del candentes de la política y en las más temp da. favabo reservado á los diputados, una diminudel foro, y una numerosa y d sü. iguida concuta palangana, una pastilla chiquita de jabón y rrencia, en la que tenía brillante representauna toalla; tampoco ni la tal hazaleja ni el tal ción la juventud intelectual, acudió desde priibón estaban en su sitio para que pudiéramos mera hora á rendir un justo homenaje de simavarnos las manos ios mortales que no disfrup tía y de cariño al nuevo presidente de la amos de un acta. Academia, el eminente sociólogo é ilustre homA. ¡as nueve y dos minutos ha entrado en el bi ¿público Sr. Dato. af ¿el Sr. Moret. KYO propongo- -ha dicho El acto dio comienzo á las diez en punto, y 1 ilustre orador- -que se acuñe una moneda de á dicha hora tomaron asiento en el estrado oro, por lo menos del valor de cinco duros, presidencial el ministro de Gracia y Justicia, para los que hemos venido esta mañana Ha- que declaró abierta h se ion, el nuevo presibía en este momento en la Cámara 24 diputa- dente, Sr, Dato, y los Sres. Canalejas, mardos. A las nueve y veinte han comenzado á qués de Lema, Gómez de la Serna, Ureña 5 sonar Jos timbres, y cinco minutos después e! Conde y Luqtie, Pons y Umbert, Tabernillas, Presidente ha declarado abierta la sesión. Martin Vena, Valentín Gjrn zo y Planelles. Poco después de abierta ¡a sesión llegó á la Academia el ministro de Instrucción pública, D O R LA TARDE P r tárete na conti nuado el asunto de las Sr. Jimeno, siéndole cedida la presidencia por capitanías. Yo- -ha dicho el Sr. Weyler- -no su compañero el Sr. Barroso. puedo decir nada sobre esta cuestión; cuando emoria del secretario. le trate en Consejo defenderé los intereses del Como resumen del curso anterior, el Ejércitos. Si el ministro de la Guerra no tie- secretario general, Sr. Gómez de ¡a Serna, le opinión, ¿por qué se sienta en ese banco? leyó un discurso elocuente y muy sentido, en üa preguntado el Sr. Soríano. Yo no he dicho el que después de despedirse de su cargo de ipie no tengo opinión- -ha replicado el señor secretario, hizo una á modo de revista de cuanBTeyler; -sino que, como ministro de la Gue- tos hechos importantes se realizaron dentro de rra, no me creo autoi izado á exponer la que la Academia en el citado curso. tengo como particular Y e! señor marqués de Estos hechos, claro es, fueron de especie h Vega de Armijo ha añadido por su parte: intelectual, pero de una intelectualidad glorio Cuando nos reunamos en Consejo trataremos sa y eficiente, puesto que los trabajos de exáel asunto; entonces lo haremos de acuerdo plicación científica que se realizan en el recinto con el país, la opinión y el Ejército Es, solemne de la Academia, luego se difunden pues, imposible saber lo que opina e! Gobíerpor todas las esferas de la nación, y fructifican 10 ha resumido el Sr. Soriano. Hay dispa- copiosamente. idad de criterio en los ministros, luego existe Para testimoniar el valor y la eficiencia de ina crisis latente ha manifestado á continuaestos trabajos, bastará recoger, del mismo disron e! Sr. B res y Romero. Se ha presentado curso pronunciado por el Sr. Gómez de la ina proposición incidental y el Sr. Moróte se Serna, la cantidad de nombres eminentes en la ia levantado á defenderla. Su principal argupolítica, en la magistratura, en el magisterio mento ha sido éste: No hay méritos en los español, que figuran como autores de confeespirantes á capitanes generales para que les rencias leídas en la Academia. Por esta sabia sea concedida tan alta gerarquía. No tenemos institución han pasado Silvela, Canalejas, Satampoco ejército bastante para ello Luego e! lillas, Bergamín, Romero Robledo, JoanStrol, Sr. Soriano ha insistido sobre que no se puede etcétera, etc. y cada uno de ellos aportó su hacer una separación entre el ministro y el pzrparte de conocimientos, redactando Memorias tfcular; si se tiene una opinión como particuque luego fueron discutidas brillantemente, y lar, debe tenerse también como ministro. Y se pronunciando conferencias que honran á la! ia levantado el Sr. Mau a. Puesto que el ciencia española. Gobierno declara que este asunto está por deTambién dedicó un sentidísimo recuerdo á -ha dicho el ilustre jefe de! partido conservador- -no tiene desde luego estado par- los académicos fallecidos durante el curso ú tilamentario, y por lo tanto nosotros no tene- rno. El Sr. Gómez de la Serna fue muy aplaudido. Ros nsds que hacer aquí IMPRESIONES PARLAMENTAR! AS El Sr. Dato fue acaso el primer político moderno que llevó en España al terreno de la practica los últimos adelantos de la sociología. Dentro de las limitaciones que el partido conservador, en donde milita, le había de señalar, abandonando el campo de las exageraciones y de las teorías más brillantes que asequibles, supo traer á la re. lidad mejoras de índole social que procurasen remedios á la clase proletaria, evitasen conflictos y abriesen el camino á futuras reformas de índole real y prudente Prueba del éxito de sus campañas es! estimación leal, sincera, con que la cla pr letataria premió aquellas mejoras del ministio conservador. En el mismo Valencia, pueblo tan turbado por las pasiones políticas extremas, la masa obrera, cuando el Sr. Dato visitó la población levantina, le recibió con un cariño que sólo prestan aquellas masas radicales á sus personas favoritas, tal vez las que más les prometen y menos les dan. Con estos antecedentes, el discurso de! se ñor Dato en la sesión inaugursl de U Academia de Ju -r rudencia, no podía tíner ctro tema que e los asuntos sociales. Al desarrollo de estos asuntos se dedicó, en efecto, el trabajo del ilustre político, trabajo que, está repleto, no sólo de ciencia y de erudición, sino de lo que vsle más todavía, de noble afín y de un cariño por todo lo que es desgracia, debilidad y abandono. El cuerpo del discurso estuvo dedicado á uft recuento de problemas referentes á la infancia, á la protección del desvalido y del sin voluntad, á la tutela del Estado sobre el delincuente precoz, sobre el huérfano, sobre la parte más débil de la sociedad. Habló de la herencia fisiológica luminosa mente. En la herencia apreciada por los filósofos, dijo, se defina un capital, de igual manera que en la herencia apreciada por ios jurisconsultos. Un padre puede transmitir á su hijo un capital orgánico, que es el de su propio ser y un espita económico, que es e! de sus haberes. De donde toma fuerza el conferenciante para ponderar la necesidad de la protección á la madre, y como consecuencia la de la infancia. Proteger la vida, la sucesión de la vida, la conservación de la raza, es el primero de los deberes del Estado. Si las madres españolas no caen en el des iz limitador de las madres francesas, en cambio hay entre nosotros una mortandad infantil que ofrece el mismo resultado que en Francia: la limitación. Como medida evitadora de estos males, se requiere establecer fundaciones de defensa, como La gola de leche, implantada en Guipúzcoa antes que en ningún otro lado, y acudir á leyes de protección. Luego el Sr. Dato se extendió en curiosas consideraciones sobre el altruismo y sus formas de expresión, sobre la vigorosa piedad de las naciones fuertes, tan eficaz y tan distinta á la piedad de los pueblos perezosos, documentando todas sus opiniones con estadísticas y con palabras de los primeros sociólogos modernos. Y terminó el hermoso trabajo, en que tan bien se mezclan la ciencia y el amor, el estudio y el sentimiento, con una invocación á las fuerzas vivas de la nación para que se consagren todas á proteger la juventud abandonada, viciosa ó delincuente, primer escalón que hay que salvar para llegar á la rehabilitación de la Patria. No hay para qué decir que las últimas palabras del Sr. Dato fueron acogidas con una cariñosa y delirante ovación. Acto seguido el ministro de Instrucción pú blica declaró abierto e! curso de 1906 9 0 7 1 a concurrencia. N o es posible, dentro del corto espacio de que disponemos, citar á todas las ilustres personalidades que asistieron al acto, limitándonos, por lo tanto, á recordar los nombres de los Sres. Salillas, Andrade, general Echa- Este as el resumen de la cuestión. El señor presidente del Consejo ha estado hábil y correcto. LOÍ promovedores del debate pudieron haber sacado de él un partido que no han sa- p l discurso del Sr. Dato. Al levantarse á leer su discurso el nuevo presidente de la Corporación, es saludado con una prolongada salva de aplausos.