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A B C JUEVES 20 DE DICIEMBRE DE 1906. PAü. 4. EDICIÓN i. vender pan en Madrid á 34 céntimos el kilo. Dados esos antecedentes y en vista de esas cifras, urge que I Gobierno adopte medidas cnérg cas, pues lo que sucede no tiene sentido común, no existe razonamiento capaz de explicarlo. La buena cosecha de este año nos hizo concebir la esperanza de que bajaría el pan, y hora nos amenazan con subirlo, resultando comprobado una vez más que en nuestro país nunca sucede en la práctica lo que en teoría es Indudable. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla: porque á medida que se van abaratando las mercancías les conviene más á los intermediarios mantener los precios- -llámense ésos Intermediarios abastecedores ó vendedores al por menor, -buscando así mayor margen de beneficio en su provecho. Resulta indudable que, hasta ahora, cuantas rebajas han tenido en España los artículos de gran consumo sólo han servido para aumentar el beneficio de los intermediarios, sin que el consumidor haya llegado á enterarse de a quéHas. Y eso ha ocurrido también con la baja de los cambios. Su descenso debía producir una baja en el precio de muchos artículos. Estaban aquéllos hace poco tiempo á 36 por 100 y valen hoy 9 por 100. ¿Cuestan ahora menos de lo que costaban antes los artículos cuya alza se Justificaba con la del cambio? No, por la razón siguiente: ¿Suben los francos? Pues á elevar los precios. ¿Bajan aquéllos? Pues á sostener les precios de las mercancías, porque todavía no se ha dado salida á l s existencias acumuladas, y esas existencias son inagotables. Así razona el vendedor y así el precio no baja nunca. Otro ejemplo: Cuando el azúcar costaba á los intermediarios, que hoy protestan contra la reforma del impuesto, alrededor de 1,15 pesetas el kilo, lo vendían lo mismo que ahora que les cuesta 0,92; es decir, ganando en cada kilo 23 céntimos más que antes. Y es que no existiendo relaciones directas entre el productor y el consumidor, los intermediarios pueden imponer su voluntad, sobre todo, si están sindicados. En otros países donde hay mayores iniciativas comerciales, no sucede jamás loque en España, porque si un comerciante expende su mercancía con un beneficio de 25 por 100, pronto se establece al lado otro comerciante que se contenta con el 1 5. Aauí no existen esas iniciativas, sino en casos de competencia originada por irreflexión ó p o pasión personales y por eso los intermediarios s. can partido de un verdadero monopolio oculto, tan malo para el público como los demás monopolios. Algo hay que hacer á fin de evitarlo, principalmente en lo que se refiere al pan, base de la alimentación del pobre. Y á cambio del impuesto transitorio á los trigos extranjeros, hubiese sido lógico pedir á los productores, ya que han manifestado que pueden vender en Madrid el pan á 34 céntimos el klio, que estableciesen en la corte tahonas reguladoras. Lo que sucede es realmente escandaloso. Y á la amenaza de subir el pan, es preciso, indispensable, contestar con la exigencia de que inmediatamente lo rebajen. Sobrados medios tiene el Gobierno para lograr que esa exigencia tea atendida. Ayer, en aquella casa de Tócame Roque no se ganó para sustos. Pasado el nublado, cuando ya la discusión de presupuestos se deslizaba casi plácida, el novel ministro de Marina tuvo que interrumpir su discurso y salir escapado de la sala, con gran sorpresa de los presentes. ¿Qué ocurría? Fuego á bordo En efecto, el ministerio de Marina estaba ardiendo. Por fortuna, el siniestro se dominó pronto, pero la gente se va escamando, porque en menos de un mes van incendiados dos Ministerios. Indudablemente el Gobierno está que echa chispas. Ayer empezó la recogida de mendigos en las calles de Madrid, por orden del gobernador. Todos los gobernadores hacen lo mismo cuando empiezan, pero si el actual se mantiene firme en sus propósitos, habrá que hacerle una estatua, porque otra cosa no puede hacérsele. Lo viene siendo todo. Se publicó el bando referente á las ferias de Navidad y á la suspensión del precepto del descanso dominical hasta el día de Reyes. La felicidad, pues, se nos entra por la plaza Mayor y por la de Santa Cruz. Terminó- -todo termina en la vida- -el juicio sobre el robo de la caja de Tranvías. Para todos los procesados ha habido condena. Lo que no se sabe es si habrá pesetas para la caja robada. Accidentes hubo varios y muy sensibles. Todos ellos del trabajo; uno, por romperse un andamio de la calle de Don Pedro y otro por hundimiento en un pozo negro en la calle de Bravo Murillo. Total, un muerto y cuatro heridos. Buena Navidad para cinco desgraciadas familias. Por la noche estreno en Price de ¡Abafo ¡os Consumos! conigual éxito que el obtenido por el ministro de Hacienda con su obra ¡1 ransfot mo los Consumos! IMPRESIONES PARLAMENTARIAS I O DE LAS CAVoy á relatar con bre- MADRID AL DJA I o más saliente del día fue, en el orden re creativo, la sesión del Congreso y el intidente ocurrido al tratarse de las capitanías generales. ¡Natural es que dé tanta guerra asunto que del ministerio de este ramo depende El espectáculo fue magno, despampanantes, de los que confortan el espíritu y recrean el cuerpo. Después de todo lo que viene ocurriendo, el general que se calce el entorchado podrá con razón ostentar la nota de valor, acreditado P 1 TANJAS cidente relativo a las capitanías. Yo deseo- -ha dicho el Sr. Soriano- -saber qu criterio tiene el Gobierno en este asunto. Es preciso que el Sr. Weyler acuda á esta Cámara y sepamos de una vez, clara y terminantemente, á qué atenernos Lo mismo digo yo- -ha manifestado por su parte- el Sr. Bores y Romero; -yo he escrito esta mañana una carta al Sr. Weyler diciéndole si podría venir al Congreso; él ha contestado que vendría el viernes ó el sábado. Sospecho, señores diputados, que el Sr. Weyler espera á que se cierren las Cortes para obrar con libertad. Además, en el banco azul hay ministros partidarios de las capitanías y ministros que tienen una opinión contraria. ¿Qué contradicción es ésta? No hay contradicción, Sr. Bores y Romero- -ha replicado el señor conde de Romanones; -el asurio no ha sido tratado todavía en Consejo de ministros y por lo tanto no se puede aún hablar de disparidad de criterios Pero, ¿su señoría no era en el Ministerio López Domínguez contrario á la provisión de las capitanías? ha interrumpido el Sr. Soriano. Se ha quedado un momento silencioso el señor conde de Romanones; movía entretanto la cabeza y sonreía con cierta sonrisa enigmática. Necesita ser pensada la contestación- -ha dicho al cabo. -Y añadiré que es preciso para hablar de este asunto que el Consejo de ministros haya decidido. Y luego agrega estas palabras: No puede pasar por la cabeza de ningún ministro el realizar el nombramiento sin acuerdo del Consejo Y el otro Gobierno, ¿tomó acuerdo? ha interrumpido el Sr. Lerroux. No hay lazo ninguno de responsabilidad entre este Gobierno y aquél re- plica el ministro. Y á seguida, un poco enaraecido, como diciendo más de lo que se proponía decir: La responsabilidad será para mí sí, habiendo formado parte del Gobierno aquél, siguiera en éste después de acordar el nombramiento La Cámara acoge con aprobación estas manifestaciones terminantes del ministro; suenan algunos aplausos. Y el señor ministro de Instrucción pública, por su parte, declara que cuando el Consejo de ministros resuelva, habrá ocasión de hablar. A la carta mía- -torna á decir el señor Bores- -el Sr. Weyler ha contestado rogándome que no me ocupe del asunto, y que si lo hacía, él no era el llamado á contestar El debate va tomando proporciones de incidente pintoresco. El señor conde de Romanones está un poco nervioso. ¡Señores- -exclama él- -este debate es irregular! La lectura de la carta del Sr. Weyler es irregular también! Si el debate, al decir del señor conde es irregular, la alusión va dirigida A Sr. La viña, que es quien preside la sesión. ¡Yo no falto á la cortesía leyendo esta carta! -grita el Sr. Bores. ¡Es una carta política! ¡Orden del dial exclama el Sr. Liviña. Y aquí comienza el pequeño tumulto. Los Sres. Soriano y Romeo tenían pedida la palabra; los dos protestan, gritan. Durante un momento parece que el presidente va á dominarlos; pero se pone en pie el Sr. Salmerón; tras él se levanta toda la minoría. Todos vociferan y golpean los pupitres. ¡Orden del día! repite el presidente. ¡No habla aquí nadie! vocifera el jefe republicano. ¡Tienen razón! grita el Sr. Maura. Todos los republicanos comienzan á marcharse de los bancos; el rebullicio es considerable. ¡Pido la palabra! grita el Sr. Conde de Romanones. Y entonces se restablece el silencio. El señor conde pronuncia unas palabras de concordia, de paz; el Sr. Laviña replica con otras igualmente conciliadoras y el Sr. Romeo puede hablar al ñu. El nombramiento de un capitán general- -dice el Sr. Romeo- -está ya acordado. Como hay que mandar tropas en África j no hay en el Ejército español jerarquía superior á las francesas, se hará el nombramientc para que unas y otras tropas puedan ser mandadas por un español. Y en estas circunstancias especiales, se fundarán para cambiar de opinión los ministros que en el Gobierno anterior votaron contra el nombramiento. Ya el Sr. Canalejas ha ocupado la presidencia, ¿Vendrá mañana el Sr. Weyler? le pregunta el Sr. Soriano. Mañana vendrá el Sr. Weyler contesta el Sr. Canalejas, Y á seguida con suma discreción y tacto hace el señor presidente que retire el Sr. Laviña la dimisión que había presentado. AZORJN DE PALACIO S. M el Rey asistió ayer á la cacería á c bailo que, como todos los miércoles, se celebre en la Venta de la Rubia. Con D. Alfonso fueron desde Palacio, es dos automóviles, el infante D. Carlos y e príncipe Reniero de Borbón, y además lo! marqueses de Viana y Nevares, D. Rodrigo Aivarez de Toledo y el Dr. Glendining. Los cazadores corrieron varias libres, y al anochecer merendaron en el chalet de la Sociedad La Caza. SS. M M las Reinas doña Victoria y doña María Cristina pasearon en carruaje por lapo blación é hicieron compras en algunas joyerías. S. M la Reina recibió ayer en audiencia á la marquesa de Bayamo y á las condesas de Fuenteblanca, Torrejón y Castilleja de Guzmán, con sus hijas. A S. M el Rey cumplimentaron el arzobispo de Granada, el Sr. Hernández Faiarnes y el marqués de Benicarló.