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I? AÑO CUATRO. NUM. 704. CRÓNICA UN I VERSAL ILUSTRADA. MADRID, 17 DE D 1 CBRE. DE 1906, NUMERO SU EL TO, 5 CÉNTIMOS EN LA ACADEMIA DE SAN FERNANDO t- H v. S TÍ Mfi 4 Mi í- t. i r Í Í ÍÍ É! i -ii i -i vi 1 j i a O L E M N E SESIÓN CELEBRADA AYER T A R D E PARA RECEPCIÓN D E L NUEVO A C A D É M I C O SR LÁZARO (1) MESA PRESIDENCIAL: 2, Sr. Aviles. 3, Sr. Serrano Fatigati. Sr. Obispo de Madrid- Alcalá. 5, Sr. Martin. 6, Sr. Fernández Casanova. y, Sr. Fetrant. 8. Sr. Repullcs. Fot. A B C MARRUECOS Y EL ACTA DE ALGECIRAS O Q U E H E M O S Tres sesiones en el PERDIDO n a d o y dos en el- -Congreso se celebraron para la ratificación del acta de Algeciras. Se pronunciaron discursos elocuentísimos y se han dicho cosas poco oportunas; pero en realidad se ha dicho muy poco ó nada de lo que representaba esa ratificación para los intereses españoles en general, y para los de nuestros compatriotas residentes en Marruecos, cuyos derechos adquiridos destruye. O Donnel! aunque menos comprometido que están actualmente Francia y España con el mundo entero, no hubiera cruzado el Estrecho en 1859, si no hubiera fijado anticipadamente las condiciones de ls futura paz con Marruecos; por ÍSO tuvo ciue aceptar, después deWad 1 Ras y la completa derrota de los moros, las mismas que se habían propuesto ante los sucesos de Tetuán. Gran Cristiano, no obstante, pactó con Muley Abbas ciertas ventajas muy positivas para los españoles, aun cuando otros las compartiesen, por su vecindad y la facilidad con que allí se aclimata nuestra raza; se convino encerrarlas en un Tratado de Comercio, que se firmó en Madrid ei 20 de Noviembre de 1861, pues moros y cristianos cumplieron su palabra, y cuyas ratificaciones se cambiaron en Tánger en 2 de Abril de 1862. Aprobado por e! Sultán, votado por las Cortes españolas y sancionado por la Reina de España, ha regido y regirá hasta 3i de Diciembre del presente año de 190 Ó. Gracias á ese Tratado ha podido crecer nuestra colonia en Marruecos y disfrutar ventaías eme ahora se concluyen. Éntrelos mu- chos privilegios que disfrutábamos, adquiridos con el triunfo de aquella guerra de 1859 al 60, había el siguiente: ÍVo se podrá obligar á los subditos BAJO NINGÚN PRETEXTO, apagar españoles, impuestos ó con- tribuciones. Las Cortes españoles, a! ratificar el acta de Algeciras, han dado al traste con ese y otros privilegios, sin que nadie diera importancia á semejante pérdida. Es un golpe muy duro para nuestra colonia. Y con esto hemos liquidado lo poco positi vo que logramos en la gloriosa guerra da África. No se nos oculta que esos privilegios no po dían durar mucho tiempo más; pero da grim lo poco que se estudia entre nosotros aquell que tanto afecta á la vida de la nación: poco diputados había en el salón de sesiones; tr cosa hubiera sido si se tratase de un nombra