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A B C SÁBADO i5 DE DICIEMBRE DS 1906. PAG. 4. EDICIÓN 1. Blanca la escucha con espanto, y hace un Sapremo esfuerzo para que nadie advierta su impresión. El marido de Blanca, que no tiene Otras aspiraciones que las de ser senador, por. KS es un cargo muy decorativo, felicita á Flofrencio, al que vaticina un brillante porvenir, admitiendo la yernocracia de Cerdella. Nos otros, más perspicaces que el bueno de Chinchilla, nos percatamos de que Blanca es ia imante de Florencio. S asú termina e! acto primero, que produjo T t excelente impresión. En el segundo, Florencio, abogado de moda, se decide á sacrificar á la ambición de ser mínistrable algún día el amor de Blanca, generoso, noble, desinteresado. Sil matrimonio de conveniencia le pondrá rápidamente en las alturas, y ante la vanidad de que su nombre se baraje y ruede en las combinaciones políticas, no vacila en matar el único sentimiento noble de los humanos, el amor. Ni las caricias incitadoras de Blanca, que al buscarle le- ciñe blandamente, mimosamente sus brazos como si se le ofreciera de nuevo, ni el sacrificio de la mujer dispuesta á todas las audaces empresas por salvar su cariño fanático, hallan en aquel hombre un generoso eco, un revivir de la ilusión primera. ¡Imposible! -dice Florencio- ¡imposible! V con esa palabra que despierta el humillado amor propio de Blanca, termina la escena y el tcto, que fue aplaudido entusiásticamente, saliendo Linares Rivas varias veces al palco escénico. Del segundo a! tercer acto han pasado cuatro años. Blanca ha sufrido grave enfermedad, sus cabellos encanecieron, la herida fue honda, pero ya una total indiferencia ha borrado el candente recuerdo. or el contrario, sobre Florencia pésala nostalgia de aquel amor que no supo retenar; es influyente, parlamentario prestigioso, próximo ministro, logró cuanto soñaba, pero á costa de un matrimonio sin cariño, egoísta, frío. Todo lo daría por la reconquista de Blanca; pero Blanca ya no le escucha, ya no se conmueve ante sus protestas ardientes y con ademán de suprema indiferencia le devuelve su misma atormentadora frase: ¡Imposible, Florencio, imposible! Y aauel hombre se siente morir. Este acto fue acogido con cortés aplauso. Nada más. Esta es, así ligeramente contada, la nueva comedía d i Linares Rivas, como todas las suyas, felicísima de diálogo y de discreteo. María Guerrero, principalmente en la escena final del acto segundo, admirable. Ternura, caricias, mimosidades, todo lo prodigó con arte supremo. Fue la comedia de Linares, para fa insigne actriz, una victoria franca y completa. Y hago extensivos mis elogios á Nieves Suárez, Svas. Salvador y Salverda, y á los señores Díaz de Mendoza (Fernando y Mariano) y Santiago, sintiendo que apremios de tiempo y espacio me impidan hacer más detenidas apreciaciones. La obra ha sido puesta con inusitada esplendidez, respondiendo, como siempre, á las tradiciones de aquella casa. Yli vecindad, harto breve por desgracia, con una elegante espectadora, me permite comunicar á las lectoras algo que á ellas interesa: cuestión de trapos. María Guerrero ha vestido en el primer acto un traje de tul blanco pailleté en plata con cinturón de tisú y volante en el bajo de la falda, de plata también, forma Imperio. En la cabeza un oiseau de paradis blanco. En el acto segundo un vestido del mismo estilo, de terciopelo de cuadritos bordado en oro antiguo, con mangas de encajes y gasas bordadas, y en el acto último, traje de terciopelo negro con adornos blancos y encajes de Bruselas. La Seta. Süárez, un vestido forma princesa, de color amarillo estampado, con adornos de terciopelo verde y guirnalda d egianimes en el escote. La Sra. Salverda, traje hechura princesa, con gasas rosa sobre fondo blanco y el tu! de encima de pailleté en plata, con adornos y cinta Liberty azul. La Srta. Cancio, vestido de tul blanco y negro, con incrustaciones de encaje negro y crema. Y Jas Sras. Salvador, Bofill y Srta. Asquerino, elegantes trajes de sociedad. La decoración del primeréelo es de un gran efecto de visualidad y de riqueza. Es del pintor escenógrafo italiano Rovescallj y reproduce un salón estilo Luis XV, de tono gris peria con adornos de plata. Este salón comunica con otro del mismo gusto, que se ve por un amplio cristal- luna; los entrepaños imitan damasco y el marco es de madera y oro. La primera habitación tiene dos puertas vidrieras con cristales corridos. La araña es toda de cristal tallado y en ella hay 5o luces. Los candelabros son de plata lisa unos, otros de plata tallada y algunos de biscuit y bronce. La mesa del centro es maqueada con incrustaciones artísticas, y las mesius de juego, doradas sobre nogal. En el fondo del segundo salón hay una sillería Luis XV, tapices imitación de gobelinos y un magnífico tapete de Smirna. El alumbrado de esta decoración suma un total de 6.400 bujías. En el acto segundo vemos un elegante despacho con zócalo de roble y entrepaños modern síyte. El sofá y las butacas son de cuero color guinda, y de estilo inglés, y la sillería, de cuero tallado y roble. La biblioteca tiene tres cuerpos de nogal y en la repisa se ven vasos antiguos. Sobre un elegante caballete está colocado un cuadro antiguo de la galería del duque de Tamames, completando el mobiliario un bargeño auténtico, una mesa Luis XV v un hermoso tapiz. Esta decoración es de los Sres. Amorós y Blancas La del tercer acto, es la misma del primero. Y no va más. FLOR 1 DOR J O V E D A D E S La amordazada, m e l ó drama en dos partes y nueve cuadros, de Pierre Decourselle y Paul Ranget, versión castellana de José Zaldívar. Un éxito, un verdadero éxito; pero ¡ayl he sufrido mucho viendo cómo la pobre Paulina paga culpas que nunca cometió ¿y todo por qué? Por no ceder á las nada honestas pretensiones del barón de Taverny, un baróncito que se las trae. ¡Pobre Paulina! A los tres meses de haber quedado viuda, acude una mañana á una fonda- -muy parecida á nuestra posada del Peine- -á recoger el último suspiro de su hermano Enrique Megret, y mientras ella cumple ese deber piadoso, el conde del Revel, aconsejado por Taverny, manda á un servidor á casa de Paulina para que la robe los dos hijos que tuvo en su matrimonio. El servidor, cotvhaiagos y confites, consigue trasladar á los dos niños, Cristian é Isabel, desde los Cuatro Caminos, ó cosa así, nada menos que á París, á la plaza de la Concordia. Y con esto termina la primera parte, que al buen público de la Plaza de la Ceba le parece muy flojita, porque en los dos cuadros de que consta no ha habido nada más que una muerte repentina y el robo de los dos muchachos. Al empezar! a segunda parte, han pasado dieciocho años. La pobre Paulir. tiene otra niña, Germana, que nació á los seis meses de morir papá y un niño, Raimundo Megrat- hijo del hermano de Paulina y que ésta recogió af faffecer Enu aue Megret. Paulina se encuentra á punto de quedarse con el gabi en mitad de los Campos Elíseos, cuando Taverny, que no ha perdido la esperanza c e hacer suya á la mujer que tanto! e apasiona, se presenta en su casa, la insulta porque ella se niega á otorgarle su cariño, y, en ese momento ¡zas! se presenta Raimundo, sediento de vengar la ofensa hecha á la que él creía era su madre. Taverny descubre el secreto y dice á Raimundo que él no es hijo de Paulina, si no de Enrique Megret, condenado á trabajos forzados por el delito de robo. Y Taverny se marcha tan tranquilo, como diciendo, ¡ahí queda eso! Pasan más años y nos encontramos i bordo de un paquebot. Raimundo viene en él de África, donde luchó bravamente contra el in el marroquí y en el mismo barco viajan el conda de! Revé! Isabel, la niña robada á Paulina y Taverny, que ya que no pudo hacerse nm? nte de la madre pretende casarse con h hiia. ¡Por lo visto, le tira la familia! En el paquebot se declara un formidable in cendio, y gracias a! arrojo de Raimundo no perecen en él el cono e, el barón, Isabei y ¡hasta el apuntador! ¡Es mucho hombre ese Raimundo! De vuelta á París y momentos antes de celebrarse la boda de Isabe! con Taverny, se presenta Paulina en casa del conde del Revei, ya enterada de todo, y ¡pum! misterio descubierto; el crimina! queda desenmascarado; tiiunfa la verdad; Paulina recupera sus hijos y Raimundo, que está enamorado de Isabe! prepara alegremente su enlace, convidando á toda la Francia y prometiendo llevar un coche- barco Muy guapa y muy acertada! a Srta. Ve ázquez; discretísima la Sra. Luna y aplaudidos repetidas veces los Sres. Vico, Tatay v Velázquez. Las dos decoraciones nuevas de Garí valieron á éste grandes aplausos. También fueron aclamados delirantemente al fina! de la obra los actores y el traductor. -T. DE SOCÍEDAD El jueves falleció en esta corte doña I- gbe Corral y Usera, viuda de D. Luis SilveJa, dama virtuosa y muy apreciada ñor ¡a bondad de su carácter. El entierro se verificará ho á las diez de la mañana. A toda la distinguida familia de la finada, y muy especialmente á su hijo D. Eugenio Silvela, ex fiscal del Tribunal Supremo, y á su hijo político D Félix Llanos y Torriglia, estimado amigo nuestro y colaborador, enviamos la ex presión de nuestro más sentido pésame. La falta de espacio nos impide publicar laa notas que nuestro compañero 1 ubryk nos en vía esta madrugada relativas á la recepción habida anoche en la espléndida morada de la marquesa de Squilache. DE SAN SEBASTIAN POR TELÉFONO SOBADO, 5, 3 M. A ugustos viajeros Esta madrugada, á la una, han pasj. de en el sudexpreso, los príncipes de Baviera y la infanta doña Paz. No bajaron del vagón Una comisión de señoras de la aristocracia que había acudido á la estación á esperar á los ilustres viajeros, ofreciéronles preciosos bouquets. Los Príncipes y la Infanta conversaron afablemente con las damas que formaban la comisión, continuando seguidamente su viaje pa ra Madrid. emporal. Reina gran temporal sobre Ja costa. El mar está furioso, haciendo imposible ia nava- gación. -Ir abra.